21 dic 2014
20 dic 2014
Ron con Coca-Cola...................................................... Boris Izaguirre
El peinado puede decir mucho de un hombre. Y nadie ha preguntado quién es el referente del pequeño Nicolás. ¿Doña Sofía, Camilo Sesto o José María Aznar? Siempre cabezas mayores que él.
El Pequeño Nicolás, ayer a su salida de los juzgados de Plaza de Castilla. / LUIS SEVILLANO
El rublo se hunde, el embargo se suaviza y en peluquería se consolidan dos estéticas políticas bien definidas: la coleta de Pablo Iglesias y el tupé a golpe de secador y favores del Pequeño Nicolás.
El peinado puede decir mucho de un caballero.
En las cabelleras que lucen Iglesias y el Pequeño Nicolás hay, antes que nada, fe en la buena calidad del pelaje del varón español.
La melena de Iglesias, asilvestrada, casi sedosa y con cuerpo, te habla de un hombre de la calle. De bicicleta, aire libre y campus
Recogido en coleta por control, atado por comodidad pero que cuando se lo suelta, ¡ay!, se desata la envidia en unos y pavor en otros.
¡Algunos se dan cuenta de que se les puede caer el pelo! La acicalada cabellera del Pequeño Nicolás es más de interior: salones, pasillos, moqueta y coches oficiales.
Es una coiffure distinta a la de Pablo, y curiosamente defendida por alguien más joven.
Tanto indagar sobre el sumario del Pequeño Nicolás y nadie se ha preguntado quién es su referente en peluquería. ¿Doña Sofía, Camilo Sesto o José María Aznar?
Siempre cabezas mayores que él. ¿Puede ser que el estilo Pequeño Nicolás sea el resultado de lo que el culto a lo retro puede generar en personas jóvenes?
Ya no tan joven ni tan retro, Pedro Sánchez anda a la greña con Susana Díaz, una andaluza de pelo decidido y rubio.
En televisión están encantados recordándole a Sánchez que su peor enemigo es Susana, capaz de hacerle la puñeta en cualquier momento.
Pero Sánchez tiene algo que Díaz no posee: su sonrisa y voz funcionan como un bálsamo para los presentadores de televisión, tanto masculinos como femeninos.
Tanto de la mañana como de la tarde. Allí donde Pedro seduce Susana pierde, incapaz de domar las puntas quebradizas de su melena.
Que es también su discurso.
Parece una bobada, pero la peluquería es muy importante en la cultura europea.
Esta semana se nos han puesto los pelos de punta al enterarnos de que la Infanta Cristina depositó su multa de casi 600.000 euros en una cuenta equivocada.
¿Quién lleva las cuentas de esa familia? Pero suavemente, como resbala el ron con cola por la garganta, la Infanta pudo enmendar el error e ingresó correctamente la multa en 24 horas.
Qué lástima que no hubiera tenido esa destreza para desviar a su esposo de las cosas que llevaron a que su padre abdicara el primer lunes de junio.
Un mal trago y una resaca que ya casi hemos digerido.
Ahora la gran preocupación es qué va a hacer Letizia mientras Felipe esté leyendo su primer discurso de Nochebuena
. En los programas de humor y opinión a los que acudo durante la promoción de mi novela Un Jardín Al Norte, me sugieren formar parte de un sketch sobre ese momento
. Por supuesto el sketch nunca se realiza pero me sorprende que en las diferentes cadenas se repita la misma idea.
“¿Es que no piensas en lo que estará haciendo Letizia mientras el Rey lee su discurso?”, me preguntan las redactoras.
Pues no, la verdad que no me lo pregunto, en primer lugar porque Letizia no es una regidora, esa persona que hace aplaudir al público y anuncia a los presentadores que vuelven de publicidad. No, Letizia es la Reina y en mi plebeya opinión, ella debería leer un discurso siempre que quiera. Y soltarse el moño un poco. No es que le falten tablas, ni cosas por decir.
En una de esas tardes de entrevistas y promoción, observé un rato el análisis que en un programa hacían del sumario Nikolai, que es como se llama el dossier sobre el Pequeño Nicolás. Este mes no se habla de otra cosa. Ahora muchos recuerdan haber comido o cenado con el hombre de moda. “Parecía como ido” me dijo alguien. “Luego he pensado que estaba en trance al ver a tantos de sus famosos reunidos a su alrededor”.
Ese es un aspecto que a muchos nos fascina del Pequeño Nicolás, pero que no puede excusar lo conseguido: dinero fácil, fama prestada, una neurótica mezcla de ambición y banalidad que le propulsó a crearse convincentes identidades de mentira
. No puedo dejar de ver ese peinado a medio camino del de Camilo Sesto de Ya no puedo más y un juez británico con peluca.
Por primera vez caí en la cuenta que hay una cierta corriente estética entre el Pequeño Nicolás y El Bigotes, aquel crudo pero atildado personaje de Gürtel, el hombre que regalaba objetos muy caros a la familia del presidente Camps o al que se pusiera por delante.
Sí, El Bigotes y el Pequeño Nicolás gustan de ahuecar el nudo de sus corbatas con esa manera de andar como si alguien o algo muy gordo estuviera protegiéndoles mientras avanzan embargados hacia un remolino de ansiedad.
¿Vamos nosotros también hacia allí? Pues no, felizmente al parecer vamos hacia un mañana donde por fin podrás tomarte un ron con Coca-Cola en una Cuba sin embargo.
Felipe ‘el hipster’.......................................................................... Luz Sánchez-Mellado
Los hombres de pelo en papada son los nuevos machos alfa. Y ahí el que ha estado listo es el Rey de España, un monarca con toda la barba.
Felipe VI en su retrato oficial con el uniforme del Ejército del Aire. / Casa de S.M. el Rey / Gorka Lejarcegi
No sé tú, pero yo ya estoy empachada de Navidad sin empezar los
atracones propiamente dichos
. Con la maratón de ágapes de compromiso, he subido dos tallas y he hundido mi reputación bajo mínimos
. Porque, no sé tú, pero yo tengo la tasa de sociabilidad como la de Olvido Hormigos: directamente proporcional a la de alcoholemia.
A palo seco, no le pregunto qué tal ni a mi cónyuge, no sea que me lo cuente.
Pero es oler el Lambrusco y subirme a la mesa a bailar ante el sursuncorda, si es preciso.
Eso fue lo que me ocurrió, por lo visto, en la cena del curro.
Y digo por lo visto, porque acabo de verme haciéndole un twerking al SEO del grupo en una foto que ha subido él mismo a la intranet para fomentar el espíritu de equipo.
Estoy muerta, así te lo digo.
He dicho un SEO, sí.
A un CEO se le ficha de lejos con su trajefaja y su corbatamanta, pero de qué iba a pensar una que ese Adán de jersey de bolas y barba de profeta era el pez gordo del posicionamiento digital de la casa. Competente no sé, pero grosero es un rato, el hipster ese.
“Encima de borde, bizca” reza el comentario más fino que ha generado la imagen entre los compañeros
. Total, porque se ve que, en el fragor del balanceo, se me desplazaron las prótesis del Women Secret y salgo con una mirando al PP y otra a Podemos.
Si eso no es mobbing, que venga Torres Dulce y lo diga.
En fin, qué bonito es el amor al prójimo, sobre todo en Nochebuena. Más falsos que Judas, es lo que somos.
Mucha noche de paz, mucho amigo invisible y mucho Ferrero Rocher en vena, pero aquí, quién más, quién menos, está temiendo ciertas veladas con según qué miembros de su familia biológica y/o política.
Si no, que se lo digan a Sus Majestades los Reyes. ¿Que cuáles? Jolines, qué lío, que diría Ana Mato. Todos: los sénior y los júnior. Porque digo yo que en algún momento tendrán que juntarse con la hija y hermana pródiga, perdón, Cristina.
Si no por lo de sangre de su sangre, por lo de sentar a una pobre a la mesa, porque, no sé tú, pero yo apoquino 600.000 de multa para intentar librarme del banquillo, y me quedo tiritando hasta la próxima nómina.
Pero, a lo que iba, que blanquear trapos sucios pasa en las mejores familias.
Aquí, en según qué círculos, o eres un tío con toda la barba, o no eres líder de nada.
En pecho no sé, ya he dicho que solo socializo yendo ciega, pero los hombres de pelo en papada son los nuevos machos alfa.
Y ahí el que ha estado listo es el Rey de España. ¿Que qué Rey? Jopetas, qué barullo, que diría Ana Botella. El hijo, que, desde que abdicó, el padre no da un ruido. Solo tienes que verle vestido de mandamás de los Ejércitos.
Porque lleva colgando todos los atributos del cargo: galones y borlas incluidas, que si no, cualquiera diría que, con esa barba de hipster, Felipe es el nuevo SEO de esa Firma.
Y ahora es cuando me vas a llamar sexista, y no voy a llevarte la contraria.
Me juego el bigote —soy de barba rala, nunca llegaré a nada— a que eso es cosa de Ella, y yo la aplaudo.
Además de megamoderno, a Felipe se le está poniendo cara de apóstol. Y si Obama y Castro se arreglaron con la mediación de un Papa ¿no se van a arreglar Artur y Mariano con la de un santo propiamente dicho?
. Con la maratón de ágapes de compromiso, he subido dos tallas y he hundido mi reputación bajo mínimos
. Porque, no sé tú, pero yo tengo la tasa de sociabilidad como la de Olvido Hormigos: directamente proporcional a la de alcoholemia.
A palo seco, no le pregunto qué tal ni a mi cónyuge, no sea que me lo cuente.
Pero es oler el Lambrusco y subirme a la mesa a bailar ante el sursuncorda, si es preciso.
Eso fue lo que me ocurrió, por lo visto, en la cena del curro.
Y digo por lo visto, porque acabo de verme haciéndole un twerking al SEO del grupo en una foto que ha subido él mismo a la intranet para fomentar el espíritu de equipo.
Estoy muerta, así te lo digo.
He dicho un SEO, sí.
A un CEO se le ficha de lejos con su trajefaja y su corbatamanta, pero de qué iba a pensar una que ese Adán de jersey de bolas y barba de profeta era el pez gordo del posicionamiento digital de la casa. Competente no sé, pero grosero es un rato, el hipster ese.
“Encima de borde, bizca” reza el comentario más fino que ha generado la imagen entre los compañeros
. Total, porque se ve que, en el fragor del balanceo, se me desplazaron las prótesis del Women Secret y salgo con una mirando al PP y otra a Podemos.
Si eso no es mobbing, que venga Torres Dulce y lo diga.
En fin, qué bonito es el amor al prójimo, sobre todo en Nochebuena. Más falsos que Judas, es lo que somos.
Mucha noche de paz, mucho amigo invisible y mucho Ferrero Rocher en vena, pero aquí, quién más, quién menos, está temiendo ciertas veladas con según qué miembros de su familia biológica y/o política.
Si no, que se lo digan a Sus Majestades los Reyes. ¿Que cuáles? Jolines, qué lío, que diría Ana Mato. Todos: los sénior y los júnior. Porque digo yo que en algún momento tendrán que juntarse con la hija y hermana pródiga, perdón, Cristina.
Si no por lo de sangre de su sangre, por lo de sentar a una pobre a la mesa, porque, no sé tú, pero yo apoquino 600.000 de multa para intentar librarme del banquillo, y me quedo tiritando hasta la próxima nómina.
Pero, a lo que iba, que blanquear trapos sucios pasa en las mejores familias.
Aquí, en según qué círculos, o eres un tío con toda la barba, o no eres líder de nada.
En pecho no sé, ya he dicho que solo socializo yendo ciega, pero los hombres de pelo en papada son los nuevos machos alfa.
Y ahí el que ha estado listo es el Rey de España. ¿Que qué Rey? Jopetas, qué barullo, que diría Ana Botella. El hijo, que, desde que abdicó, el padre no da un ruido. Solo tienes que verle vestido de mandamás de los Ejércitos.
Porque lleva colgando todos los atributos del cargo: galones y borlas incluidas, que si no, cualquiera diría que, con esa barba de hipster, Felipe es el nuevo SEO de esa Firma.
Y ahora es cuando me vas a llamar sexista, y no voy a llevarte la contraria.
Me juego el bigote —soy de barba rala, nunca llegaré a nada— a que eso es cosa de Ella, y yo la aplaudo.
Además de megamoderno, a Felipe se le está poniendo cara de apóstol. Y si Obama y Castro se arreglaron con la mediación de un Papa ¿no se van a arreglar Artur y Mariano con la de un santo propiamente dicho?
Rania de Jordania: mujer de Estado, reina de Instagram................................ Carmen Rengel
La Mujer a la que imita Letizia de España
El proceso ha sido pausado, suave, pero ya es firme, visible.
La monarca siempre elegante y afable lleva meses subiendo poco a poco las revoluciones de su labor como consorte de rey Abdalá II.
No es sólo la preciada acompañante, no es sólo la madre amorosa, no es sólo la primera dama entregada a obras sociales.
Es una mujer de Estado capaz de subirse a un atril a gritarle al Estado Islámico (IS) que su intento de “secuestrar” al mundo árabe va a fracasar.
Su discurso contra el radicalismo religioso en un acto en Abu Dabi le ha granjeado estos días la atención de la prensa internacional.
Rania, de 44 años, acudió a Emiratos Árabes Unidos para amadrinar un encuentro tecnológico y mediático de Medio Oriente cuando relegó su discurso dulce —“El futuro está en vuestras manos. Con vuestro talento nuestra región estará en la vanguardia del mundo”— a favor de uno contundente, de mandataria indignada.
La reina acusó al IS de intentar llevar a los árabes “a la época de las tinieblas”, de usar valores del islam “manipulados”.
“Los extremistas históricamente se basan en la complacencia de los moderados
. Piensan que no vamos a hacer nada para frenarlos. Y no es así”, enfatizó.
Unas palabras que podría haber pronunciado su esposo, que ha puesto Jordania a disposición de la coalición internacional comandada por Estados Unidos que lucha contra los yihadistas en Irak y Siria.
No había frivolidad alguna en sus palabras.
Sin flores en sus manos, sin besos a niños, dio un puñetazo sobre la mesa.
No ha sido el único en una semana. The Huffington Post le ha publicado una tribuna que lleva casi tres millones de me gustas en Facebook, en la que toma el papel de la madre que se compadece por la decena larga de escolares asesinados por los talibanes en Pakistán, o por los que sistemáticamente son perseguidos por terroristas en Yemen o Nigeria en nombre de un islam rigorista.
“Mi islam no es así. Condena el asesinato de niños”, se duele.
Ya este verano y el pasado octubre se comprometió políticamente, además, desde su cuenta de Instagram, en la que suma ya 365.000 seguidores.
Lo hizo con los palestinos, a cuyo pueblo pertenece —nació como Rania Al Yassin en Kuwait, donde su familia estaba refugiada—. Publicó imágenes de niños heridos en la ofensiva de Israel (de los 2.200 muertos, 538 eran menores) y festejó la reapertura a los fieles de la Explanada de las Mezquitas (que los judíos reclaman como Monte del Templo), cerrada desde 1967 por Israel tras el ataque a un rabino ultranacionalista.
Una imagen festiva pero reivindicativa.
Analistas como Fahd Jeitan escriben que “este viraje trata de estabilizar su imagen”
. Se vio resentida durante las primaveras árabes, iniciadas en diciembre de 2010 y que salpicaron a Jordania en menor medida que a países como Egipto o Siria
. Cuajaron manifestaciones en Ammán reclamando más apertura y transparencia a Abdalá II. La respuesta de su compañero fue tibia y lenta, pero en parte detuvo la rabia. Elecciones, mejoras legislativas… Rania se ocultó. Su imagen, de hecho, no estaba sirviendo para calmar a sus súbditos. En febrero de 2011 fue acusada por 36 tribus locales de facilitar la compra de tierras de pastoreo y labor para su familia.
También apoyó una ley para que las mujeres transmitieran la ciudadanía que, lejos de una cuestión progresista, se entendió como un coladero para legalizar a más palestinos.
Y en medio, su 40 cumpleaños en el desierto del Sur, ostentación desbordada cuando la región y su propio país ardían.
Ya esta primavera, la reina comenzó a estar nuevamente más visible, volcada en tareas sociales como el apoyo a la alfabetización de mayores o la asistencia materno infantil.
En los últimos meses ha acelerado esa salida.
La estampa que pregona es la de mujer que va a la oficina, despacha y tiene citas de trabajo, una voz oficial de Jordania, con influencia como la que, en dos ocasiones, le ha reconocido la revista Forbes, colocándola entre las cien mujeres más influyentes del mundo.
Su figura no se relaciona ahora con sus viajes al extranjero para buscar costosos trajes y joyas, para codearse con la aristocracia y la gente bien
. Es una etapa de exhibición que hoy no casa con su país.
Con los días, abunda por el contrario su vertiente más tradicional: es la primera que encumbra a Hussein, el príncipe heredero, cuando viste el uniforme nacional o cuando regresa a Jordania tras un curso en Reino Unido, una madre elogiosa sin rubor; se dedica a rescatar fotos que evidencien el cariño entre su esposo y su padre, el rey Hussein; se prodiga en el lucimiento de trajes con bordados tradicionales cuando asiste a actos oficiales; participa en ritos religiosos.
Su empeño más reciente se resume en dos hastags: #LoveJo y #OurArabWorld.
Ambos tratan de reforzar la imagen positiva de su país y del mundo árabe frente a la temible corriente de rechazo en Occidente, alentada por islamismos como el del IS.
Tras un periodo de silencio, la esposa de Abdalá II regresa a la vida pública y a las redes sociales más políticamente comprometida y dispuesta a acabar con la imagen de frivolidad que proyectó.
La reina Rania de Jordania ha cambiado de piel.
El proceso ha sido pausado, suave, pero ya es firme, visible.
La monarca siempre elegante y afable lleva meses subiendo poco a poco las revoluciones de su labor como consorte de rey Abdalá II.
No es sólo la preciada acompañante, no es sólo la madre amorosa, no es sólo la primera dama entregada a obras sociales.
Es una mujer de Estado capaz de subirse a un atril a gritarle al Estado Islámico (IS) que su intento de “secuestrar” al mundo árabe va a fracasar.
Su discurso contra el radicalismo religioso en un acto en Abu Dabi le ha granjeado estos días la atención de la prensa internacional.
Rania, de 44 años, acudió a Emiratos Árabes Unidos para amadrinar un encuentro tecnológico y mediático de Medio Oriente cuando relegó su discurso dulce —“El futuro está en vuestras manos. Con vuestro talento nuestra región estará en la vanguardia del mundo”— a favor de uno contundente, de mandataria indignada.
La reina acusó al IS de intentar llevar a los árabes “a la época de las tinieblas”, de usar valores del islam “manipulados”.
“Los extremistas históricamente se basan en la complacencia de los moderados
. Piensan que no vamos a hacer nada para frenarlos. Y no es así”, enfatizó.
Unas palabras que podría haber pronunciado su esposo, que ha puesto Jordania a disposición de la coalición internacional comandada por Estados Unidos que lucha contra los yihadistas en Irak y Siria.
No había frivolidad alguna en sus palabras.
Sin flores en sus manos, sin besos a niños, dio un puñetazo sobre la mesa.
No ha sido el único en una semana. The Huffington Post le ha publicado una tribuna que lleva casi tres millones de me gustas en Facebook, en la que toma el papel de la madre que se compadece por la decena larga de escolares asesinados por los talibanes en Pakistán, o por los que sistemáticamente son perseguidos por terroristas en Yemen o Nigeria en nombre de un islam rigorista.
“Mi islam no es así. Condena el asesinato de niños”, se duele.
Ya este verano y el pasado octubre se comprometió políticamente, además, desde su cuenta de Instagram, en la que suma ya 365.000 seguidores.
Lo hizo con los palestinos, a cuyo pueblo pertenece —nació como Rania Al Yassin en Kuwait, donde su familia estaba refugiada—. Publicó imágenes de niños heridos en la ofensiva de Israel (de los 2.200 muertos, 538 eran menores) y festejó la reapertura a los fieles de la Explanada de las Mezquitas (que los judíos reclaman como Monte del Templo), cerrada desde 1967 por Israel tras el ataque a un rabino ultranacionalista.
Una imagen festiva pero reivindicativa.
Analistas como Fahd Jeitan escriben que “este viraje trata de estabilizar su imagen”
. Se vio resentida durante las primaveras árabes, iniciadas en diciembre de 2010 y que salpicaron a Jordania en menor medida que a países como Egipto o Siria
. Cuajaron manifestaciones en Ammán reclamando más apertura y transparencia a Abdalá II. La respuesta de su compañero fue tibia y lenta, pero en parte detuvo la rabia. Elecciones, mejoras legislativas… Rania se ocultó. Su imagen, de hecho, no estaba sirviendo para calmar a sus súbditos. En febrero de 2011 fue acusada por 36 tribus locales de facilitar la compra de tierras de pastoreo y labor para su familia.
También apoyó una ley para que las mujeres transmitieran la ciudadanía que, lejos de una cuestión progresista, se entendió como un coladero para legalizar a más palestinos.
Y en medio, su 40 cumpleaños en el desierto del Sur, ostentación desbordada cuando la región y su propio país ardían.
Ya esta primavera, la reina comenzó a estar nuevamente más visible, volcada en tareas sociales como el apoyo a la alfabetización de mayores o la asistencia materno infantil.
En los últimos meses ha acelerado esa salida.
La estampa que pregona es la de mujer que va a la oficina, despacha y tiene citas de trabajo, una voz oficial de Jordania, con influencia como la que, en dos ocasiones, le ha reconocido la revista Forbes, colocándola entre las cien mujeres más influyentes del mundo.
Su figura no se relaciona ahora con sus viajes al extranjero para buscar costosos trajes y joyas, para codearse con la aristocracia y la gente bien
. Es una etapa de exhibición que hoy no casa con su país.
Con los días, abunda por el contrario su vertiente más tradicional: es la primera que encumbra a Hussein, el príncipe heredero, cuando viste el uniforme nacional o cuando regresa a Jordania tras un curso en Reino Unido, una madre elogiosa sin rubor; se dedica a rescatar fotos que evidencien el cariño entre su esposo y su padre, el rey Hussein; se prodiga en el lucimiento de trajes con bordados tradicionales cuando asiste a actos oficiales; participa en ritos religiosos.
Su empeño más reciente se resume en dos hastags: #LoveJo y #OurArabWorld.
Ambos tratan de reforzar la imagen positiva de su país y del mundo árabe frente a la temible corriente de rechazo en Occidente, alentada por islamismos como el del IS.
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