Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

7 dic 2014

El Terror de los Austrias.................................................................. Javier Marías

Pérez-Reverte sigue empeñado en propiciar mi descrédito ante los que me rodean regalándome armas. No sé si me estoy convirtiendo en su terror o en su hazmerreír.

Hará once meses, en una columna titulada Noches armadas de Reyes, conté que Arturo Pérez-Reverte había adoptado la costumbre de regalarme cada Navidad un arma.
Ya expliqué entonces, para que los numerosos pazguatos no se escandalizaran, que se trata de perfectas réplicas y que las pistolas no disparan
. (Los cuchillos ya son otra historia y he preferido no someterlos a prueba, no vaya a sajarme un dedo jugando.) Y enumeré la colección atesorada: el bonito casco de los que llevaban los ingleses en la India, en Isandlwana, en el paso de Jaybar y en otros lugares exóticos, y con el cual en la cabeza me había pillado una periodista extranjera que no pudo evitar preguntarme con sorna: “¿Qué tal se le ha dado hoy la caza del tigre?”
 Tener en casa tan favorecedores tocados lo invita a uno a encasquetárselos de vez en cuando; luego se pone a sus asuntos –por ejemplo, escribir un artículo– y se olvida de lo que lleva encima, un desastre.
 La bayoneta de Kalashnikov, el puñal Fairbairn-Sykes, el de marine americano.
 Y las armas de fuego: un Colt de 1873, una Webley & Scott de 1915 y, en la Navidad pasada, una Luger de 1908 que Arturo me entregó en la Real Academia Española y con la que aterrorizamos a los miembros más rígidos (recuerdo que uno, espantado –ve conspiraciones por doquier, por las muchas malévolas en que participa–, corrió a esconderse bajo su propio sillón de la Sala de Plenos; no sé si pensó que íbamos derechos por él o si nos confundió con anarquistas de principios de siglo, como salidos de una novela de Conrad).
Sin duda para evitarles más alarmas a nuestros colegas, la mayoría gente recia y duradera pero en edad a la que sientan regular los sustos, me llamó el Capitán una tarde, mientras yo estudiaba a Sherlock Holmes, como relaté hace un par de domingos.
 “¿Vas a estar en casa?”, me preguntó. “Es que tengo algo voluminoso que darte, y no es cuestión de cargar hasta la Academia con ello.
 Si estás ahí te lo acerco. Ando por tu zona, por los Austrias”.
No pensaba moverme, ya que estaba resolviendo un caso, concretamente el del asesinato del propio Holmes a manos de su creador, Conan Doyle
. Así que al cabo de diez minutos le abrí la puerta.
 Le brillaban los ojos como si trajera un tesoro o acabara de hacer un descubrimiento científico, y al hombro cargaba, en efecto, algo alargado y no ligero.
 Como yo estaba imbuido de Holmes, especulé antes de que abriera la zarrapastrosa bolsa de plástico que envolvía el objeto (probablemente de contrabando).
 Para entonces ya había comprendido que, pese a mi columna de hacía un año, y a que le había rogado que pusiera término a su escalada armamentística (la colección me estaba haciendo quedar como un belicista sanguinario ante quienes visitan mi piso), no se resistía a seguir armándome, justamente en las fechas en que todo el mundo (aunque de boquilla) se desea paz y buena voluntad y estrellas y bienaventuranza.
Temí que se tratara de una bazuca o un mortero.
 Pero no, con un ademán experto lo que extrajo de la bolsa fue una metralleta Sten que montó en un periquete y que me alargó muy ufano:
 “Qué, qué te parece. Una Sten, ya sabes, la que utilizaban los comandos aliados en la Segunda Guerra Mundial, la que lanzaban desde el aire a los resistentes y partisanos para combatir a los nazis, la que se encasquilló en el atentado a Heydrich”. “Estás loco”, le dije, pero la verdad es que en seguida le pedí que me enseñara su funcionamiento.
Y al poco me regañaba: “La coges mal. Como eres zurdo …”
 A mí me pareció, por el contrario, que era un arma ideada para zurdos, pues el abultado cargador queda a la izquierda y para un diestro ha de resultar un estorbo.
 Luego se largó, tan satisfecho como había venido: “Cuéntaselo a Tano, se morirá de envidia y sabrá manejarla
. Préstasela”.
Qué, qué te parece. Una Sten, ya sabes, la que utilizaban los comandos aliados en la Segunda Guerra Mundial”
En los siguientes días, al bailotear con la Sten en los brazos, vi sobresalto en los ojos de Aurora, que viene a trabajar a casa tres mañanas por semana.
 No le debe de hacer gracia la escalada. No sé si por temor o por guasa, se despidió llamándome “mi comandante”
. Cuando subió Mercedes, que trabaja conmigo otras tres mañanas y que, por una serie de azares, sabe muchísimo ahora de armas, me espetó al ver la pieza: “¿Qué haces con un subfusil desmontable? O no, es más bien pistola ametralladora”, precisó con pedantería. Y a continuación me miró con preocupación profunda: “¿Qué va a ser lo próximo? ¿Un cañón?
 Te veo por muy mal camino”. Poco después vino a visitarme Carme, que ya me había tildado de Pancho Villa un año antes
. “¿Qué, qué vas a tomar al asalto?”, me dijo aguantándose la risa. “¿Los cielos, como esos, o simplemente La Moncloa? ¿O vas a entrenarte primero con El Riojano?” (Pastelería en la que, por cierto, son muy amables conmigo.)
Al día siguiente vino un periodista alemán muy competente y simpático, Paul Ingendaay, y nada más ver la Sten alzó los brazos y exclamó: “Me rindo, y me acojo inmediatamente a la Convención de Ginebra”.
Así que ya ven: Arturo sigue empeñado en propiciar mi descrédito ante los que me rodean.
 No sé si me estoy convirtiendo en su terror o en su hazmerreír.
 Lo único que me consuela es imaginar cómo deben de ver al Capitán Alatriste sus allegados; porque si yo, sin querer, poseo ya el arsenal mencionado, no quiero ni imaginar cómo tendrá él su casa. Seguro que de los techos cuelgan aviones Messerschmitt y Lancaster, como en el Imperial War Museum de Londres, y que la piscina se la ocupan U-Boote, es decir, submarinos.
elpaissemanal@elpais.es

 

Tiempo de Proust........................................................................... Antonio Muñoz Molina

En busca del tiempo perdido' tiene una arquitectura tan severa como la 'Divina Comedia', con su ascensión alegórica desde las tinieblas a la luz.

 

Marcel Proust.

El tiempo de la lectura de Proust no se parece a ningún otro
. Es un retiro más largo y más sostenido que el de los enfermos de La montaña mágica, una dedicación asidua que puede ocuparle a uno las mejores horas de la vida. James Joyce requería, para su Ulises, un lector ideal, aquejado de un insomnio ideal.
 A Proust habría que dedicarle, idealmente, una temporada de quietud e indolencia de al menos varios meses, un veraneo tan prolongado como el que disfruta el narrador de En busca del tiempo perdido en el Gran Hotel de la playa inventada de Balbec, en Normandía, donde conoce a su amigo Robert de Saint-Loup y al pintor Elstir, que le ofrece lecciones fundamentales sobre el arte y sobre la percepción estética de la realidad, y donde descubre a una pandilla de jeunes filles en fleurs que están inspiradas en parte por sus propios recuerdos y sus fantasías y en parte por el coro de "muchachas flores" que desafían y aturden con sus tentaciones al héroe ignorante y muy joven de Parsifal.
Harían falta unos meses de dedicación lectora exclusiva para disfrutar plenamente de una novela que es más larga que ninguna otra y no se parece a ninguna otra, aunque abarca en su flujo toda la tradición de Balzac, de Flaubert y los grandes maestros rusos, la lleva a su plenitud al mismo tiempo que la subvierte y la transforma
. Igual que Joyce se remonta a Shakespeare, Proust alimenta su voz narrativa con el ejemplo de Montaigne, y a partir de él de la escuela de los moralistas y los memorialistas franceses, los maestros de la brevedad lapidaria y los de la efusión confesional.
 El yo narrador de Proust tiene su precedente no en los novelistas, sino en Montaigne, en Pascal, en La Bruyère, en Rousseau, en Chateaubriand, en la primera persona de la prosa de Baudelaire: por eso es, al mismo tiempo, desmedido y conciso, riguroso y desorganizado.
Harían falta unos meses de dedicación lectora exclusiva para disfrutar plenamente de una novela que es más larga que ninguna otra
En busca del tiempo perdido tiene una arquitectura tan severa como la Divina Comedia, con su ascensión alegórica desde las tinieblas a la luz, a través de una peregrinación de aprendizaje y penitencia; pero ese armazón sostiene una escritura de una libertad incesante, de una capacidad de divagación y exploración de caminos laterales tan rica como la de un ensayo de Montaigne o un capítulo de la primera parte del Quijote
. En 1908, en una carta a un amigo, Proust enumera los proyectos que tiene entre manos
: "Un estudio sobre la nobleza, una novela parisina, un ensayo sobre Saint-Beuve y Flaubert, un ensayo sobre las mujeres, un ensayo sobre la pederastia, un estudio sobre las vitrales, otro sobre las lápidas sepulcrales, otro sobre la novela"
. Lo que descubre muy poco después, de golpe, es que la razón de que ninguno de esos proyectos saliera adelante por separado es que todos, aunque parezcan tan distintos, son en realidad facetas o fragmentos de una forma superior que todavía no se ha revelado, en gran parte porque no existen modelos anteriores en los que sostenerla: esa forma necesaria no existe y él, Proust, tiene que inventarla, como inventó Balzac tres generaciones atrás la deslumbrante composición unitaria de la Comedia humana.
Lo que desconcierta al principio y luego seduce en Proust y lo vuelve adictivo es su capacidad de abarcarlo todo, de prestar a todo una atención idéntica, desmenuzadora, exigente, obsesiva, la misma que hace falta para leer su novela.
Tal como se había propuesto en aquella carta a su amigo, escribe sobre la nobleza, sobre París, sobre las mujeres, sobre Flaubert, sobre la pederastia, sobre los vitrales, sobre las lápidas, sobre las novelas. Pero también escribe, con detallada erudición, sobre la clase media y la clase trabajadora y los sirvientes, sobre Venecia, sobre compositores reales y compositores inventados, sobre pintura, sobre arquitectura, sobre óptica, sobre heterosexualidad, sobre botánica, sobre física, sobre medicina, sobre los automóviles, sobre los aeroplanos, sobre los teléfonos, sobre los rayos X, sobre los dirigibles, sobre la posteridad, sobre antisemitismo, sobre la guerra, sobre las mentiras de la vida social, sobre el tiempo perdido, sobre los trances de máxima intensidad en los que el tiempo se detiene y se salva, sobre la amistad, sobre los pájaros, sobre el deseo, sobre las modas femeninas, sobre el fetichismo, sobre la fisiología y la psicología de las percepciones, sobre posibilidades como la revolución social o como lo que él llama el fototeléfono.
Por un prodigio constructivo, no hay dispersión ni desperdicio en tanta variedad; ni un solo elemento, por secundario o accidental que parezca, está desconectado de la trama general: todos se trenzan orgánicamente entre sí, remitiendo los unos a los otros, en un juego de resonancias que atraviesa la obra entera, de la primera página a la última.
 Casi en cada una de ellas hay más frases breves y sintéticas de lo que parece, súbitas como epigramas y como greguerías.
 Pero cuando la frase se dilata más allá del final de una página nunca lo hace por acumulación o enumeración, a la manera de Walt Whitman.
Una frase larga de Proust está tan rigurosamente articulada como una de esas ecuaciones de los matemáticos que se extienden sobre toda la superficie de una pizarra, o como la fórmula de una reacción química complicada, pero cristalina.
 Hay que leerlas muy despacio, con atención absoluta
 Hay que volver a ellas cuando se las ha percibido en toda su extensión como se vuelve sobre una melodía para reconocerla, para advertir cómo se despliega nota tras nota.
Lo que desconcierta al principio y luego seduce en Proust y lo vuelve adictivo es su capacidad de abarcarlo todo
Pero la voz de Proust no es solo su estilo
. De Flaubert aprendió que la prosa narrativa debe someterse a la misma exigencia de rigor que el lenguaje poético, pero también el deleite de prestar atención a las vulgaridades y a las bellezas del habla, de ejercitar la parodia y el pastiche.
 Esa voz tan limpia del estilo de Proust se transforma sin esfuerzo aparente y con diversión bien visible en las voces de los personajes, cada una tan distinta de las otras como el sonido verdadero de una voz humana, tan característica, tan reveladora como si estuviéramos escuchando a alguien que conocemos muy bien y que nos dice más por sus entonaciones y sus amaneramientos verbales que por el contenido de sus palabras: el enérgico cretino Bloch, el Swann desengañado y sabio que se finge frívolo por buen tono, el pomposo experto M. de Norpois, que recita como misteriosos oráculos los lugares comunes más deteriorados de la política y del periodismo, la duquesa de Germantes, con su gracia baldía, la criada Françoise, con la solemnidad arcaica del francés popular, la chismosa y tirana Madame Verdurin, que es uno de los grandes personajes cómicos de la literatura.
Vuelvo a esas voces porque vuelvo a Proust, una vez más, no leyendo pasajes al azar, que también me gusta mucho, sino desde el principio de À la recherche, con plena determinación y entrega, como si tuviera por delante varios meses de retiro y holganza para dedicarme exclusivamente a esa lectura. Acabo de terminar el segundo volumen y he empezado sin pausa el tercero.
 El tiempo de Proust establece sus largas duraciones secretas en el interior del otro tiempo atareado de la vida.

Podemos se consolida pese al desgaste y el PP acentúa su hundimiento Fernando Garea Madrid 3422 El PSOE encabeza la intención de voto con el 27% El PP, en caída libre,

Podemos pierde impulso tras la exposición de sus líderes y planes.

 

La exposición pública y el aterrizaje en el escenario político como partido han frenado la tendencia ascendente y sostenida desde mayo de Podemos.
 Eso no significa que se desinfle o que no mantenga sus opciones a ser la fuerza más votada en unas elecciones generales, pero sí que los ciudadanos le someten a idéntico escrutinio que al resto de partidos y eso le ocasiona los mismos altibajos tras un ascenso continuo.
Según el sondeo de Metroscopia para EL PAÍS, Podemos tendría una estimación de voto del 25%, superado por el 27% del PSOE y por encima del 20% que logra el PP. Hace un mes era el partido de Pablo Iglesias el que superaba a los dos que han gobernado en España en 26 años de democracia constitucional.

Desde aquella encuesta hasta esta, Podemos ha vivido un mes cargado de acontecimientos; desde su constitución formal en partido político a la controversia sobre el contrato de Íñigo Errejón, su número dos, en la Universidad de Málaga, incluyendo la presentación de la base de su programa económico y el repliegue mediático después de una sobreexposición.
 El propio Iglesias ha pasado de contertulio que formula críticas a líder entrevistado al que se le piden respuestas sobre asuntos concretos y se le cuestionan sus posiciones.
 Se mide en esta encuesta el grado de aceptación de sus nuevas bases programáticas, alejadas de las propuestas más radicales de las elecciones europeas.
En el momento en el que se hizo la anterior encuesta se vivía el impacto de casos notables de corrupción, como ha demostrado esta semana el espectacular incremento en más de 20 puntos del grado de preocupación de los ciudadanos sobre la corrupción, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
En términos deportivos, Podemos ya está en el terreno de juego compitiendo con el resto y, sobre todo, escrutado con lupa.
 Con el paso del tiempo, como es obvio, va teniendo más pasado y una estructura que incrementa los puntos de rozamiento con la realidad, el margen de error y la presión mediática.
El futuro lo conserva porque mantiene la tendencia a disputar la hegemonía política a PSOE y PP, consolidando su capacidad para hacer saltar por los aires lo que se conoce como bipartidismo.
 De hecho, en voto directo, es decir, sin cocina ni ponderación de ningún tipo de dato previo, Podemos sigue estando por delante, con el 18%, aunque en el anterior sondeo tuvo el 22,2%, en plena ebullición política a su favor.
Para conocer su evolución y la consolidación de sus posibilidades es preciso aún esperar la tendencia de futuras encuestas.
Su líder no ha tenido un buen mes como flamante secretario general, según el sondeo, que refleja un descenso de su imagen que se corresponde con hechos relevantes como su ausencia de las televisiones tras una mala actuación en una entrevista con Ana Pastor en La Sexta.
Pese a ello, es el líder político mejor valorado de todos, o en términos más precisos, el líder menos negativamente evaluado: del saldo positivo de noviembre (+ 1 punto) pasa a uno negativo de -17 puntos (con un 51% de desaprobación frente a un 34% de aprobación).
En el análisis de las tendencias globales, el PSOE resiste gracias a una mayor movilización de sus electores.
 El partido de Pedro Sánchez ha subido en fidelidad de voto del 35% al 49%, es decir, que ha logrado recuperar una parte del electorado que le abandonó antes.
 De hecho, en las generales de hace tres años, los socialistas tuvieron el 28,7% en voto válido y ahora la estimación es del 27,7%. No es el mejor dato de Sánchez, pero sí es superior al mes anterior y le permite mantener opciones de ser el más votado.
La estrategia de la dirección del PSOE es, precisamente, la de intentar recuperar los posibles votantes que le dieron la espalda en favor de la abstención y de Podemos
. Confían en que el escrutinio a Podemos provocará la vuelta de esos electores que apoyan ahora a Iglesias, que cifran en un tercio.
El objetivo del PSOE son las elecciones municipales y autonómicas de mayo, en las que parte de un resultado tan pésimo en 2011 que cualquier avance podrá considerarse como un éxito
. Aquellos comicios fueron los más desastrosos para los socialistas y no es probable que pueda bajar más aún.
 Recuperar el gobierno de una comunidad o alguna capital de provincia puede considerarse como una victoria en el PSOE, lastrado, además, por la fragmentación del voto de la izquierda en nuevas candidaturas.
El panorama que dibuja la encuesta reparte casi de forma similar en tres partidos las posibilidades de ganar las elecciones. El PP, con un 20%, es el que más bajo está y presenta una trayectoria hacia la caída libre.
 El partido de Mariano Rajoy paga como ninguno el malestar ciudadano y, especialmente, el clima de corrupción.
 Está a más de 14 puntos de su voto en las generales de hace tres años, con tendencia a pasar de la mayoría absoluta a ser la tercera fuerza.
 Es el partido que más acusa el descrédito político y la desmovilización de los electores, que se traduce en una elevada abstención.
 El porcentaje de votantes del PP que dicen ahora que no votarán solo es compensado por el de ciudadanos que nunca iban a las urnas y ahora apoyarían a Podemos si mantiene esa movilización durante un año.
Ese dato tan negativo en este momento es, paradójicamente, la única fuente de esperanza del PP, porque no son votantes que se le hayan ido a otras opciones, sino que prefieren quedarse en casa. Convencerles o insuflarles el miedo por una eventual victoria de Podemos es su forma de recuperar ese terreno perdido.
 Rajoy había basado su éxito en la reforma fiscal y en la mejora de la economía, pero no hay noticia de ese efecto. Para que fuera así, deberían hacerse visibles tres factores: que la recuperación fuera real, que los ciudadanos la perciban y que, además, la atribuyan al mérito del Gobierno.
 Hoy por hoy esa percepción y esas tres condiciones no se transmiten en la encuesta, porque se mantiene el pesimismo ciudadano y porque pesan más otros factores, como el descrédito político.
 Los días en los que se recogían los datos de la encuesta se produjo la dimisión de la ministra de Sanidad, Ana Mato, precisamente, por su vinculación a la red corrupta Gürtel.
 Y no parece percibirse el discurso de regeneración que intentó hacer en el Congreso al día siguiente el presidente del Gobierno.
No ayuda nada la imagen gastada de Rajoy. Ocho de cada 10 españoles desaprueban su gestión —el 79%— y solo un 19% le da un aprobado.
 Eso quiere decir que el disgusto o malestar de los votantes del PP con su líder es notable, lo que cuestiona su credibilidad y capacidad para convencer a esos electores para que salgan de la abstención decidida y acudan a las urnas. Soraya Sáenz de Santamaría mantiene también una valoración muy negativa, por debajo del resto de líderes.
 Por encima de todos ellos sigue en valoración positiva el Rey. En menos de tres años al frente de un Gobierno con mayoría absoluta y con un poder institucional que nunca antes había tenido nadie en democracia, Rajoy es ahora el líder político con peor valoración.
Hay una ligera recuperación de IU y UPyD, a falta de confirmación en los próximos meses. Alberto Garzón, futuro líder previsiblemente de IU, parte con una valoración positiva solo superada por Iglesias, aunque se le conoce mucho menos.

6 dic 2014

Madonna: eterno regreso a la provocación........................................... Xavi Sancho...

A los 56 años, la reina del pop ofrece una nueva imagen de sí misma con unas fotos en las que muestra sus pechos.Tras tres décadas de carrera, pretende continuar con su particular revolución sexual.

 

Madonna para la colección primavera/verano 2015 de Versace. / Versace

¿Qué le queda por hacer a una mujer que lleva provocando desde principios de los años ochenta del pasado siglo? ¿Cómo puede cuestionar el status quo del mundo del pop en el año 2014 una señora que ha salido en pantalla derramando cera sobre el miembro viril de Willem Dafoe, una señora que editó un documental que versaba sobre humanos que se metían en su cama y un libro titulado Sex,una señora que escribió una canción sobre el aborto en 1986 y que puso un Jesucristo negro del que se enamoraba en un videoclip? Pues con algo tan simple como aparecer mostrando los pezones en lo que parece el año internacional del trasero.
Mientras una diva pequeña como Jennifer Lopez va al gimnasio y trata de recuperar su puesto en el trono mundial del mejor culo, una diva grande, como Madonna, da la vuelta al paradigma morfológico y reclama su centralidad, algo que ya logró de la mano del diseñador Jean Paul Gaultier hace más de una década con los sujetadores en forma de cono, cuya reformulación en tiempos recientes ha dado tantas alegrías mediáticas a otras estrellas como Lady Gaga o Katy Perry.
Tal vez puede parecer un movimiento casi infantil, sobre todo ahora cuando ya nada parece que pueda escandalizar, y si lo hace, el escándalo dura lo que el sistema tarda en asimilarlo, embotellarlo y venderlo.
 Ahí están esas célebres imágenes de Madonna, que ya han dado varias vueltas al mundo, en las que, a sus 56 años, sale mostrando sus pechos para la revista Interview, pero también esas otras instantáneas que se han filtrado y en las que aparece la diva sin pasar por la chapa y pintura del Photoshop
. Para sorpresa de muchos, la autora de Ray of Light es una mujer de 56 años que casi parece tenerlos, no ese ser sobrenatural que ella y muchos de sus seguidores llevan armando durante más de una década con el tan fútil como innecesario afán por ignorar el paso del tiempo.
Madonna para la revista Interview. / Versace
Para Chris Márquez, presidente del club de fans de Madonna desde 1987 (el Photoshop se lanzó en enero de 1990), director de dareStar, revista en castellano consagrada a la diva y fundador de la web Divinamadonna, estas fotos “ponen en evidencia el edadismo [la discriminación de una persona por su edad] contra el que siempre ha luchado Madonna. Las mujeres adultas no solo sufren sexismo, sino edadismo”.
Y añade: “A partir de cierta edad, a una mujer no se le permite ser aventurera, no se le permite ser sexual. Eso es espantoso. Mucha gente cuando ve una foto de una mujer de más de 50 mostrando los pechos dice: ‘¡Oh, eso es patético!, ¿se cree que tiene 20 años?, que deje de actuar así’
. Madonna con estas fotos tan solo nos dice: ¿A quién le importa? ¿Y qué pasa si lo hago? Quiero decir: ¿hay alguna regla? ¿se supone que deberías morirte a los 40? Esta es una de las mil razones por la que la amamos. Sus convicciones las lleva hasta el final”.
Hablar de convenciones cuando se trata de un producto de la industria pop puede sonar exagerado, pero ahora, como en la frase que promocionaba la secuela del filme Los indestructibles (el título encaja de forma casi mágica), parece que Madonna ha vuelto, y esta vez es personal.
La Ciccone ha despachado más de 300 millones de discos desde que arrancara su carera
. Es la cuarta artista que más ha vendido en la historia y la mujer que más álbumes ha colocado en Estados Unidos (65,5 millones). En los últimos 25 años, 9,7 millones de seres humanos de toda orientación sexual, clase social e inquietudes vitales han acudido a sus conciertos. Su última gira recaudó más de 300 millones de dólares (242 millones de euros), cifra que ayudó a colocarla en 2013 como la artista musical más rica del planeta, según Forbes, con unos beneficios de 125 millones.
Madonna, en su viaje a Malaui del pasado mes de noviembre. / AFP
Pero Madonna es voraz. Va a lanzar un nuevo disco y es la nueva imagen de Versace para esta próxima temporada de primavera/verano. En las imágenes que han salido esta semana, aparece saturada de Photoshop, pero logra que este recurso, en vez de convertirse en una trampa estética para parecer más joven y lozana, se presente como una forma de jugar con la memoria colectiva sobre la imagen que de ella se conserva. Parece tramposo. Lo es. ¿Funciona? Eso parece. Así que Madonna vuelve otra vez como lo ha hecho ya mil veces, y lo ha logrado siempre sin parecer jamás que antes de volver se había ido.
“Ella es mucho más que una cantante. Creo que esto, además de hablar de ella como plataforma multimedia, productiva y digital muy exitosa e inteligente, habla también de un público que comprende que algo pasa con Madonna: vivimos tiempos de transformación y convergencia, y ella es un gran exponente de todo esto”, explica Gabriela Pedranti, coordinadora del BA (Hons) Fashion Marketing and Communication en el IED Barcelona
. “A lo mejor, nos vemos reflejados en sus imágenes de los últimos 30 años. Hace poco escuché una frase divertida, que representa esto: ‘Si el mundo estallara pero quedaran Los Simpson, los extraterrestres entenderían la historia occidental de los últimos 30 años’. Yo creo que entenderían mucho de esos años si también quedaran registros de las distintas épocas de Madonna”.
¿Y qué aspecto parece que tendrá esta nueva época de la diva? Los lanzamientos de esta mujer no son meros acontecimientos musicales y comerciales, sino ejercicios que marcaron el camino a seguir y, más tarde, trabajos de certificación del estado de las cosas. Es decir, una suerte de debate sobre el estado de la nación pop.
Madonna en Interview. / Interview
Con Confessions on a Dance Floor incluso inició un revival, el de la música disco. Cuando aún no se sabía que los revivals iban a definir la primera década del siglo XXI. De momento, ha trascendido que ha estado trabajando con el productor y DJ Avicii, quien parece el encargado de incrustarla en la escena de la EDM —esa suerte de música electrónica que se define más por las botellas de champán que se consumen en los clubes que por sus aportaciones al devenir de la música—. También ha enrolado a Diplo, el hombre que con más talento y osadía ha fagocitado las raíces africanas y caribeñas hasta trasladarlas a las pistas de baile y a las listas de lo mejor del año de los medios occidentales, ya sea produciendo discos de MIA o al frente de Major Lazer. “Normalmente, no siento la necesidad de escribir éxitos, pero con un artista de este calibre te ves obligado a ir más allá de tus propios límites, de superarte”, ha declarado este último, actual pareja de Katy Perry.
“Ella simplemente es la diva. Es la reina del pop. Fue la primera. Todas beben de sus fuentes y todas la adoran. La mayoría de cantantes actuales no esconden su admiración. No hay ninguna pupila que se precie que no haya rendido homenaje a la maestra”, comenta Chris Márquez, el presidente de su club de fans. Y en sus palabras se explicita algo realmente fascinante: el pop nació como una celebración del ahora, se desarrolló en una época en la que a los 25 años ya se era mayor para descifrar sus códigos, que evolucionaban de forma supersónica con el único fin de reclutar adolescentes con la misma velocidad con la que se descartaban a quienes parecían mayores.
A diferencia del rock, donde la gerontocracia impone su autenticidad y su canon, y con eso espera perpetuarse, el pop es un poco hoy y bastante mañana. No necesita luchar contra el tiempo, porque el tiempo es suyo. Así que en un esquema como este ninguna de las estrellas que podrían competir con Madonna en 2014 o cuestionar a la diva, con el afán de apropiarse del momento, se equivoca. Todos la quieren. Pero ella se quiere más.