Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

27 oct 2014

Hace 50 años................................................................Miquel Jurado

Todo empezó la mañana del 18 de febrero de 1965, en 'Ràdioscope'

 

El cantautor Joan Manuel Serrat. / Jordi Socías

Todo empezó la mañana del 18 de febrero de 1965. Ràdioscope era uno de los programas más populares de la radio catalana, se retransmitía a diario y en directo desde el estudio Toresky de Radio Barcelona.
 Esa mañana Salvador Escamilla, su creador, presentó a un joven del Poble Sec barcelonés que había escrito algunas canciones en catalán
. Y no solo le abrió las ondas de la radio más escuchada del momento sino que lo recomendó a la discográfica Edigsa, la que cortaba el bacalao en cosas de cançó catalana
. Así, en cosa de pocas semanas un aún desconocido Joan Manuel Serrat pasó a grabar su primer disco, e incorporarse, previo examen, a Els Setze Jutges (fue el miembro número trece) e iniciar sus primeros conciertos públicos (el primero en mayo de ese año en Esplugues de Llobregat).
Ahí comenzó todo pero la historia había empezado un poco antes, exactamente el 27 de diciembre de 1943
. Ese día al segundo hijo de Josep y Ángeles le pusieron por nombre Joan Manuel
. Un niño espabilado que estudiaría para perito agrícola mientras aprendía a manejarse con una guitarra y se dejaba impresionar tanto por la canción francesa como por la copla, la zarzuela o el tango.
 De esa impresión surgió El mocador, su primera canción, y el inicio de una de las carreras artísticas más importantes del siglo XX. Una carrera que ya comenzó como tal. Serrat no entró en Els Setze Jutges con una idea de reivindicación de la lengua y la cultura o como una afición complementaria a un trabajo "más serio"
. Serrat quería ser cantante y estaba dispuesto a conseguirlo, probablemente por ello fue el primer Jutge que se profesionalizó y el único de los trece iniciales que edificó una carrera de continuidad que le llevará a celebrar el próximo febrero los primeros cincuenta años en la profesión (una cifra que se dice rápido pero de la que muy pocos en la Península pueden presumir).
En cosa de pocas semanas un aún desconocido Joan Manuel Serrat pasó a grabar su primer disco, e incorporarse, previo examen, a Els Setze Jutges
A aquel primer mocador, que figuraba también en su primer disco, siguieron algunas canciones que marcarían indefectiblemente el panorama catalán (y la estela aún dura): Ara que tinc vint anys, Cançó de matinada, Paraules d'amor o La tieta
. Ya en 1967 Serrat realizó sus primeros conciertos en solitario en el barcelonés Palau de la Música Catalana, la meca soñada de cualquier músico, e inmediatamente después protagonizó su primer especial televisivo cantando en catalán para todo el estado.
El paso siguiente era lógico y coherente: cantar en castellano, a pesar de la oposición de muchos de sus compañeros de la cançó, y de ahí a Eurovisión, que todavía era un festival serio, un simple suspiro
. Pero todo se lió alrededor de ese festival, al final Serrat declinó participar (fue Massiel y ganó) pero dejó la canción grabada en varios idiomas para demostrar su apertura de miras.
 Su público ya no era solo el catalán o el español, su público estaba en todo el mundo y se lanzó a demostrarlo.
Mientras América Latina le abría las puertas de par en par, en España la censura franquista maltrataba alguna de sus canciones y más tras su encierro en Montserrat protestando contra el juicio de Burgos en 1970 o, en 1975, sus declaraciones contra los fusilamientos del régimen español.
La continuación fue un año de exilio, un regreso apoteósico y su imagen convertida en uno de los iconos de la transición apoyando a Felipe González.
Lleva más de veinte años diciendo que hace veinte años que dice que tiene veinte años, que todavía tiene fuerza, que no tiene el alma muerta y siente hervir la sangre. Y los que quedan
A partir de ahí Serrat ha vivido con un pie en la Península y otro en el continente americano y sería difícil afirmar en qué lado del Atlántico es más querido y respetado.
 En Argentina o Chile lo sienten tan suyo como en el mismísimo Poble Sec barcelonés.
 Y, en realidad, así es porque Serrat ha conseguido convertirse en un sentimiento colectivo fácilmente compartible más allá de atisbos geográficos
. Los Cantares o la Saeta de Antonio Machado, el Para la libertad de Miguel Hernández o sus propias Mediterráneo, Hoy puede ser un gran día, Pare o Tu nombre me sabe a yerba son ya canciones populares en todo el sentido de la palabra, de esas (pocas) que se seguirán cantando incluso cuando su autor haya desaparecido de la memoria colectiva porque son canciones que forman parte de esa memoria colectiva independientemente de quien haya sido su autor.
De la guitarra solitaria a la orquesta sinfónica, de las canciones propias a las versiones de la nova cançó o del cancionero latinoamericano, de la música tradicional a la poesía con mayúsculas (de Machado a Salvat Papasseit), de la democracia a la ecología, del amor al desamor, ...
Todo cabe en el universo serratiano, el de todos, y escuchándole en cualquiera de esos contextos se comprende que no es casual que lleve ya (el galimatías es suyo) más de veinte años diciendo que hace veinte años que dice que tiene veinte años, que todavía tiene fuerza, que no tiene el alma muerta y siente hervir la sangre.
Y los que quedan.

La irresistible estética burguesa......................................................Toni Torrecilla

Adineradas, feministas y cultas. Así eran las ladies europeas de finales de los 60.

 Una imagen de distinción que sigue imitándose.

La irresistible estética burguesa 
Angelina Jolie saludando, el pasado 10 de octubre, a la reina de Inglaterra poco antes de ser nombrada dama y recibir la gran cruz de la Orden de San Miguel y San Jorge.  

Nos vestimos, ante todo, para dejar claro quiénes somos o quiénes queremos ser

. En ese sentido, elegir un estilo que simboliza a una determinada clase social, que no es la nuestra, sería una ficción», nos cuenta María Garrido, doctora en Comunicación y autora del libro Revistas femeninas de alta gama, crónica de un desdén (Ed. Comunicación Social). Un comentario referido a la imagen que lució recientemente Angelina Jolie al ser nombrada dama de honor por la reina de Inglaterra.

 Su look reinterpretaba el armario de la aristocracia y la alta burguesía de finales de la década de los 60, con Catherine Deneuve, Romy Schneider o Jean Seberg como referentes. Mujeres que inspiran las colecciones de otoño-invierno 2014/2015 de firmas como Boss by Jason Wu, Carven, Salvatore Ferragamo, Givenchy o Roberto Cavalli.

La irresistible estética burguesa 
Para Laura Luceño, doctora del Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid (UPM), la atracción de los estadounidenses por la estética de las clases altas europeas tiene una explicación: «Las tendencias en el vestir se inician en el Viejo Continente, en las cortes de los soberanos, como uno de sus privilegios.
 En otras palabras, la moda nace en Occidente; y Estados Unidos forma parte de esa cultura, de ahí que la alta sociedad europea todavía sea un referente al otro lado del Atlántico».
Por su parte, Rafael Muñoz, periodista de RTVE y autor del blog La vida al bies, entiende que la elección de Jolie, como ocurrió con Madonna en su época británica, «es un guiño a la historia del país, pero también conlleva el deseo de gustar, de querer ser aceptada, de encajar en ese nuevo escenario.
 No es casualidad que su traje fuera de los ingleses Ralph & Russo».

La irresistible estética burguesa
Catherine Deneuve, con gabardina anudada y camisa de gasa con lazo
 
Terreno seguro (de estilo). El regreso a la sobriedad de hace cinco décadas –cuando estallaba la emancipación femenina, el flower power, la psicodelia y los primeros movimientos hippies– guarda similitudes con la actualidad, según el escritor Francisco de Sousa Congosto, autor de Introducción a la historia de la indumentaria en España (Ed. Istmo)
. «Entonces la moda europea se afianzó frente a la pujanza norteamericana», explica. «Se apostó por una línea sinuosa, centrada en blusones y suéteres.
 Y como novedad se introdujo el cinturón-joya o cadena como complemento a los trajes sastres», continúa. Fueron las actrices de la Nouvelle Vague las que usaron estas prendas como uniforme. «Eran mujeres complejas, instruidas, interesadas por los pensamientos existencialistas; deseaban emanciparse, si no lo estaban ya; y eran conscientes de su cuerpo y sus deseos.
 Ellas se distanciaron de los usos generales de la época
. Y fue precisamente su singularidad la que las hizo tan atractivas», explica María Garrido.
 «Que esa imagen vuelva ahora a la pasarela es fruto de una necesidad: recordar los derechos que las mujeres consiguieron y que hoy parece que peligran», concluye Rafael Muñoz.

La irresistible estética burguesa
Fotograma de El discreto encanto de la burguesía (Luis Buñuel, 1972)

Aureliano Buendía y Pablo Iglesias........................................... Luisgé Martín

La idea de que basta con cambiar a los que mandan para corregir el rumbo es perversa y traerá frustración.

En Cien años de soledad,que es una novela más política de lo que se suele recordar, los conservadores y los liberales libran una formidable guerra. 
 Después de muchas batallas, el coronel Aureliano Buendía, jefe militar de los liberales, recibe a los representantes políticos de su propio partido, que han estado negociando la paz con el Gobierno conservador y que le traen una lista de demandas:
 “Pedían, en primer término, renunciar a la revisión de los títulos de propiedad de la tierra para recuperar el apoyo de los terratenientes liberales.
 Pedían, en segundo término, renunciar a la lucha contra la influencia clerical para obtener el respaldo del pueblo católico.
 Pedían, por último, renunciar a las aspiraciones de igualdad de derechos entre los hijos naturales y los legítimos para preservar la integridad de los hogares”
. Cuando terminan de exponer los términos de su acuerdo, el coronel Aureliano Buendía sonríe y les responde
: “Quiere decir que sólo estamos luchando por el poder”.

La izquierda democrática, sin embargo, tiene que enfrentarse siempre a esa paradoja: su propósito es hacer desaparecer las alienaciones de la sociedad, pero para ello tiene que conseguir ser votada por los alienados, que están sometidos o hechizados por los poderes dominantes.
 Recuérdese la célebre disputa entre Clara Campoamor y Victoria Kent en el debate parlamentario celebrado en 1931 sobre el sufragio femenino
. Buena parte de la izquierda se opuso en aquel debate al derecho al voto de las mujeres, alegando que su proximidad ideológica con la Iglesia católica y su falta de “reflexión y de espíritu crítico” las hermanaba demasiado con los partidos de derechas y que con ellas se acabaría arrastrando a la República hacia el conservadurismo más feroz.
El trabajo de Felipe González hasta 1982 consistió en aglutinar a esa mayoría social en torno a un proyecto común progresista
Los ciudadanos sometidos y humillados a los que la izquierda democrática invoca, en efecto, no son siempre demasiado ilustrados, disponen de una información manipulada o parcial, y tienen en muchos casos intereses personales contradictorios: unos ahorros que no quieren perder, una fe religiosa conservadora, unos minúsculos privilegios laborales o un sentimiento de patria xenófobo, por ejemplo.
 Pero a todos esos ciudadanos se les necesita para construir una mayoría política y con todos ellos hay que pactar, por lo tanto, para poder lograrla. ¿Es eso luchar sólo por el poder, como decía el coronel Aureliano Buendía, o es tener una estrategia racional y pragmática para cambiar las cosas?
El trabajo de Felipe González hasta 1982 consistió en aglutinar a esa mayoría social en torno a un proyecto común progresista.
El trabajo de Pablo Iglesias, ahora, parece querer ir por el mismo camino.
 Desde que Podemosobtuvo su espectacular resultado en las elecciones europeas de mayo, es muy difícil encontrar unas declaraciones suyas —o de su equipo más próximo— que no pueda suscribir cualquier ciudadano de izquierdas, moderado o radical.
 Desde muchas trincheras se les sigue acusando de leninistas, bolivarianos y utópicos, pero su discurso es ya sólo reformista y regenerador, como se demuestra en el esbozo de programa electoral aprobado en su asamblea fundacional del pasado fin de semana.
 Incluso sus propuestas económicas revolucionarias, tan impugnadas por expertos de todo tipo, han entrado en una fase de matización permanente y de condicionalidad, como si siguieran aquel consejo sabio de Ortega: “El verdadero revolucionario lo que tiene que hacer es dejar de pronunciar vocablos retóricos y ponerse a estudiar economía”.
“La única diferencia actual entre liberales y conservadores es que los liberales van a misa de cinco y los conservadores van a misa de ocho”, dice el coronel Aureliano Buendía muchos años después de aquella primera reunión
. Ésa es probablemente la sensación que tiene una buena parte de la sociedad española después de tres décadas de gobiernos alternativos de PP y PSOE. No es cierto que uno y otro sean lo mismo, pero sí existen indicadores reales que avalan la idea: la igualdad —la gran bandera de la izquierda— no ha aumentado más con los gobiernos progresistas.
 El coeficiente de Gini, que mide los niveles de desigualdad de los países, ha ido mejorando o empeorando en España al compás de la situación económica general, no del color de los gobiernos.
 Y eso, junto con la corrupción, es lo que ha terminado desencantando a muchos votantes antiguos de la izquierda y a la mayoría de los jóvenes: la creencia de que la acción política era irrelevante.
La casta viene de la gente; no ha llegado a España en platillos volantes
Podemos, como Rajoy (aunque con más juicio que él), ha hecho bandera del sentido común, no de la ideología
. No reivindican la revolución, sino una utopía casi doméstica. “Asaltar los cielos”, de momento, consiste sólo en construir un país decente y que funcione. Iglesias reconoce que es inviable hacer de repente un cambio global que transforme el capitalismo y reconoce que no es posible construir una sociedad sin injusticias, pero sí aspira a construir una en la que “no haya alguien con dieciocho cuartos de baño en su casa y otro al que se le comen las moscas”
. El mensaje tal vez es populista, porque lo complicado no es enunciar el objetivo, sino alcanzarlo tomando decisiones concretas en este mundo concreto, que es el único que existe.
 Pero seguramente en la situación de descomposición en que nos encontramos, laberíntica, un cierto grado de populismo tenga la virtud de ayudar a reformular los principios políticos gangrenados con los que convivimos desde hace años, y eso ya de por sí sería una buena noticia
. Cambiar el lenguaje, la mirada.
Sigue habiendo en el discurso de Podemos, sin embargo, una mancha negra que amenaza con convertir tarde o temprano su éxito en desengaño: la insistencia —en un país donde el que no defrauda es porque no tiene la ocasión de hacerlo, y no por convencimiento ético— de que todos los problemas los causan los que mandan.
 La casta viene de la gente, no ha llegado a España en platillos volantes, y cualquier intento de regeneración política pasa en consecuencia por poner patas arriba la cultura nacional del pelotazo, la pillería, el escaqueo y el clientelismo
. Desde el arrabal hasta el palacio de la Zarzuela.
 La hipótesis de que basta con cambiar a la clase dirigente para enderezar el rumbo es perversa y traerá frustración en el futuro.
El gran reto de Podemos, en cualquier caso, es conciliar al coronel Aureliano Buendía con los emisarios políticos de su partido
. Es decir, reunir a una mayoría social suficiente —con las renuncias que eso comporte— sin olvidar que el objetivo final no es alcanzar el poder, sino defender las libertades, construir una sociedad más igualitaria (no más pobre) y reivindicar esa fraternidad tan arrumbada desde hace décadas en todos los programas políticos.

 Lograr, en fin, que en la misa de cinco y en la misa de ocho empiecen a cambiar las parábolas del sermón.
Luisgé Martín es escritor.

 

El marido de Teresa Romero recibe el alta tras cumplir la cuarentena.................................. El País / Pilar Álvarez

ATLAS

Javier Limón, el marido de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, ha recibido el alta del hospital Carlos III de Madrid tras cumplir este lunes con la cuarentena de 21 días sin que se le detectara presencia del virus de ébola.
 Ha abandonado el centro en el coche de su abogado, que iba al volante, y tiene previsto ofrecer una rueda de prensa a las 18.00 para "agradecer el apoyo" recibido durante el internamiento por él y por su esposa, según ha señalado su despacho de abogados en un comunicado.
Limón ha indicado a la salida que quiere descansar cuando a las 9.45 ha dejado el centro por la salida del complejo del Instituto Carlos III, a unos 400 metros de la entrada del centro sanitario donde permanecían esperando periodistas y cámaras de televisión.
 El pasado miércoles, el marido de Teresa Romero indicó a EL PAÍS que lo más duro de la reclusión había sido "no poder defender" a la auxiliar.
 “Le atacaron para echarle la culpa de todo mientras ella estaba medio muriéndose”, señaló.
En el centro hospitalario permanecían hasta este mañana en observación un total de 11 personas que tuvieron contacto con Romero antes de que se confirmara su contagio por ébola
. A lo largo de la mañana, 10 de ellos ya han recibido el alta y han salido del hospital
. El único que permanecerá en el centro es el vecino de Fuenlabrada que viajó en la misma ambulancia que Teresa Romero. Este paciente sigue en observación por otras razones clínicas, según ha indicado una portavoz del hospital La Paz- Carlos III.

Así y excluyendo este caso, esta noche ya solo dormirá en el Carlos III la auxiliar de enfermería Teresa Romero
. Aunque el pasado martes dio negativo en la última prueba PCR del ébola y se le considera libre del virus, la paciente debe permanecer aislada aún unos días, según los criterios que marca la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Uno de los médicos que atendió a Romero en el hospital de Alcorcón cuando ingresó de urgencia el pasado 6 de octubre ha dicho al salir del Carlos II que lo primero que quiere es “darle ánimos a Teresa”.
“Si el precio a pagar por salvar una vida iba a ser el aislamiento, lo volvería a hacer”, ha asegurado el médico interno residente (MIR) Javier Solana
. Ha hecho también un llamamiento a la sociedad (y a los Gobiernos del primer mundo) para que entiendan que hay miles de personas en África que están sufriendo por el ébola, que se ha cobrado ya casi 5.000 muertes y ha infectado a más 10.000 personas.
"Vivimos en un mundo globalizado en el que los problemas son globalizados", ha afirmado este médico.
Otros que han salido del hospital este lunes son un celador, cuatro enfermeras que tuvieron contacto con Teresa Romero y cuatro médicos de Alcorcón, el SUMMA y el Carlos III, entre ellos el doctor Juan Manuel Parra Ramírez, que atendió a la auxiliar de enfermería en el hospital de Alcorcón.
 Ante los periodistas, Parra ha celebrado que todo haya "terminado bien" y ha reconocido que el periodo de aislamiento ha sido "duro".
 Pero ha asegurado que también volvería a hacerlo: "Soy médico de urgencias, es mi trabajo". Ahora, lo que quiere hacer es olvidar todo, "respirar un poco" y abrazar a su familia.
Sobre la carta que envió a sus superiores tras atender a Romero (en la que denunciaba fallos en el protocolo, entre ellos que el traje de protección, que tuvo que ponerse más de doce veces, le estaba pequeño), Parra no ha querido opinar sobre si servirá para algo o no.
"Ya se verá, tiempo habrá", ha concluido.
La semana pasada ya se dio de alta a cinco de las personas ingresadas.
 Se trata de las dos peluqueras que depilaron a Teresa Romero antes de saber que tenía el virus, la médico de familia que la atendió en el centro de salud de Alcorcón cuando notó malestar, una limpiadora de este mismo centro y una amiga de la auxiliar de enfermería.