Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

10 oct 2014

Charles Chaplin en sus propias palabras....................................... Aurora Intxausti

El cómico relata con crudeza su infancia en asilos y centros públicos.

 

"No sabía que ponerme y al ir al vestuario pensé que podía ponerme unos pantalones muy holgados, unos zapatones, y añadir al conjunto un bastón y sombrero de hongo". / Getty Images

Fue en el The Canteen de Aldershot cuando por primera vez Charles Chaplin (Londres, 1889-Vevey, 1977) recibió dinero por actuar en un escenario.
 Le llevó su madre, actriz y cantante, al teatro para no dejarlo en casa solo.
 La autobiografía Chaplin (Lumen) es una reedición revisada a la que se le han añadido fragmentos que habían sido suprimidos en la edición en castellano y a la que se ha añadido una serie de fotografías del actor mostrando aspectos de su vida familiar y profesional. “
Se ha rehecho la traducción, que era muy deficiente y faltaban fragmentos completos sin ningún motivo aparente”, indica Andreu Jaume, uno de los responsables de esta nueva edición.
“Se trata un libro muy revelador sobre una de las grandes figuras del siglo XX
. Considero espléndida la narración de su infancia victoriana en la que no oculta detalles de los primeros años de su vida, que fueron terribles”. 
No hay paños calientes a la hora de relatar la caída familiar en la más absoluta pobreza, sus entradas y salidas en los asilos de caridad.
 La enfermedad de su madre o el traslado a la casa de su padre. “Creo que esta parte de la autobiografía ayuda a entender al personaje en toda su trayectoria profesional y artística. 
La recreación urbana que hace de esa Inglaterra de finales del XIX y principios del xx es muy interesante y su obra cinematográfica está reflejada en ella hasta Luces de bohemia”, señala. Los detalles que ofrece Charles Chaplin de esa época demuestran una memoria exquisita.
 “Creo que hasta cuando rueda Candilejas en 1952 está presente ese universo infantil trágico”, explica uno de los responsables de la traducción.
Chaplin se atrevió a ridiculizar a uno de los hombres más importante y más peligrosos de siglo XX, Adolf Hitler. 
“La cara era extremadamente cómica, una mala imitación mía, con su bigote absurdo, su mechón espeso y rebelde y so boca repugnante, pequeña de labios delgados.
 No pude tomar en serio a Hitler”, escribe el autor de El gran dictador. “Demostró que era capaz de criticar a uno de los más poderosos demostrando el absoluto desprecio que sentía hacia él”
. Que un actor decidiese en el 38 a una figura como él demuestra el valor de este hombre
. Es una sátira brutal algo muy asombroso, la rueda entre el 38 y 39 y se estrena en el 40.
 Se vio obligado a acudir a la Casa Blanca y reunirse con el presidente Roosevelt quien después de visionar la película dijo: ‘Su película no está dando muchos quebraderos de cabeza en Argentina’.
Como director, padeció las críticas de algunos sectores del mundo cinematográfico, algo que le traía sin cuidado.
 “Mi técnica es el frutado de haber pensado por mí mismo, de mi propia lógica y de mi propia perspectiva; no está influida por lo que hacen los demás. Si en arte uno debe ir con su época, entonces Rembrandt sería un cero a la izquierda comparado con Van Gogh”, escribe Chaplin al respecto.
 “Creo que es un personaje que lleva hasta las últimas consecuencias su visión de lo que es el arte cinematográfico, concibe el cine como un lenguaje autónomo de la literatura y el teatro.
 Su perfeccionismo es tal que es capaz de tardar tres años en rodar el momento del encuentro de la ciega y el vagabundo en Luces de bohemia. Existe un documental sobre el rodaje que es fantástico”, indica Andreu Jaume.
De la lectura de la autobiografía se desprende que Charles Chaplin era un hombre lleno de contradicciones, muy solitario
. Había conocido la pobreza y se deslumbró por el dinero.
 Le encantaba codearse con la alta sociedad y con personajes públicos.
 Aunque estaba orgulloso de haber sido pobre y no haber renegado de ella.

Detenido el ‘violador del portal’, un año después de haber salido de prisión......................................... M. A. Torres

En 2013 salió de prisión tras 17 años por 74 violaciones, gracias a la 'doctrina Parot'.

Pablo Manuel García Ribado, cuando fue detenido en 1993.

La Guardia Civil ha detenido a Pablo Manuel García Ribado, conocido como el violador del portal, en las afueras del municipio de Trijueque (Guadalajara). Se le investiga como presunto autor de varios delitos de abusos sexuales.
Ha transcurrido casi un año desde que salió de prisión, en noviembre de 2013, tras haber permanecido entre rejas 17 años por cometer más de 150 delitos.
Salió de la cárcel tras la derogación de la doctrina Parot.
García Ribado había sido condenado a 1.716 años de prisión por 74 violaciones y ocho agresiones sexuales cometidas entre el 24 de diciembre de 1990 y el 9 de octubre de 1993.
Antes de entrar en la cárcel, con 26 años de edad, era mecánico. En los últimos meses, según fuentes cercanas a la investigación, ofreció sus servicios como fisioterapeuta en las localidades de Torija y Trijueque, en Guadalajara
. Para no ser identificado, utilizaba una identidad falsa y aprovechaba las sesiones con sus clientes para supuestamente abusar sexualmente de ellas, según ha informado el Ministerio de Interior.

El detenido promocionaba sus servicios a través de carteles que pegaba en negocios y pequeños comercios de la zona
. La investigación empezó por "comentarios en el pueblo sobre su manera de dar masajes", comentan fuentes cercanas a la investigación. La detención se realizó en una calle de la urbanización La Beltraneja cuando se dirigía a un domicilio a prestar sus servicios como fisioterapeuta.
La Guardia Civil continúa con la instrucción de diligencias, que serán remitidas al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de los de Guadalajara.
El delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha, Jesús Labrador, ha confirmado la detención de esta persona y ha pedido prudencia. "Dejemos actuar a los tribunales", ha señalado en Castilla-La Mancha Televisión.

 

Cinco realidades que descubrimos viendo a Morrissey anoche........................................................... Xavi Sancho


CORDON PRESS

Morrissey es ya casi una figura mitológica.
Un ser sobre el que se sigue fabulando, que cada vez que es avistado renueva la teórica a su alrededor.
Desde su sexualidad hasta sus opiniones sobre los plantas, minerales, animales y humanos, pasando por los eternos rumores sobre la salida de los juzgados y vuelta a los escenarios de la banda que le hizo famoso
. El mundo se divide entre los que no saben quién es y los que saben quién es pero aún les cuesta poder decir que lo conocen.
 A poca gente del planeta es tan fácil amarla como odiarla.
 Mozzer es uno de esos curiosos ejemplos de humano, y sus conciertos siempre han sido un reflejo de ese carácter iconoclasta y a la vez panfletario, arisco y a la vez empático, genial y a la vez errático, sexual y a la vez asexuado.
Desde siempre, el de Manchester ha sido, pues, todo a la vez.
 Lo fórmula le ha funcionado como artista y como personaje, sobre el escenario, ante la grabadora de algún periodista y en las narices de millones de fans.
 Pero hay algo que, tras lo visto en Madrid ayer, empieza a necesitar algo más que chapa y pintura. Ahí van cinco síntomas.
1. Morrissey tiene poco dinero
Ha vestido a sus músicos como si fueran suplentes de Osasuna
. Luego, ha decidido traer como soporte para sus proyecciones dos pantallas que parecen sacadas de Cazasubastas.
 En ellas proyecta imágenes fijas de carácter vintage
. Algunas no tienen nada que ver con lo que suena, otras, como el toro y el torero que decoran la interpretación de The bullfighter dies, no son lo que podríamos llamar sutiles.
Pero la sorpresa llega cuando algunas imágenes se quedan ahí arriba proyectadas, inmóviles, observándonos durante dos o tres temas seguidos.
 O peor, cuando otras vuelven a aparecer cuatro canciones más tarde.
2. Que vuelva la era Johnny Marr
Si se reúnen The Smiths, que el repertorio lo escoja, por favor, Johnny Marr.
 De hecho, que llame a Johnny Marr para que le haga el setlist del resto de la gira, pues la verdad es que en el repertorio interpretado en el Palacio de los Deportes no solo falla la elección de temas, sino que incluso es nefasto el orden en que son interpretados
. Empezar con The queen is dead crea unas expectativas demasiado altas, sobre todo, si va a pasar más de una hora hasta que se vuelva a interpretar otra canción de The Smiths, y esta encima es Meat is murder, que a ciertas horas y en según qué circunstancias lo único que provoca en el espectador son unas tremendas ganas de zamparse un durum de ternera.
 Arrancar los bises con Asleep (dormido) es de una chulería preocupante incluso para Mozzer y una redundancia olímpica para muchos de los asistentes.
Podemos, pues, concluir, que en este fluctuante flujo de cariño que provoca que durante aproximadamente cinco años uno piense que el bueno de The Smiths era Marr, y durante el siguiente lustro recule y viva convencido de que no, que el bueno era Morrissey, podamos afirmar que vuelve la era Marr.
 Al menos, este en directo toca Stop me..., Bigmouth..., Panic y There is a light...
3. Deja de tocar y danos una entrevista
Existe un perfil de artista, casi siempre británico, que llegado un punto de su carrera se convierte en un maravilloso entrevistado, hasta el punto de que sus declaraciones al respecto de la raza humana en general son mucho más interesantes, entretenidas y divertidas que sus creaciones.
Le pasó muy pronto a Noel Gallagher y muy tarde a Martin Amis.
 Ahora parece empezar a sucederle a Morrissey, quien sigue editando discos con un porcentaje aceptable de buenos temas (tocar casi todo su último trabajo e ignorar Staircase at the University es tan loco que hasta tiene su gracia), pero gana mucho cuando responde preguntas al respecto de los toros, la Familia Real Británica, los Bekcham o los estadounidenses como raza a estudiar con darwiniano detenimiento.
4. España nunca falla
Cuando sobre el escenario no se emite ningún sonido que merezca la pena, lo mejor es concentrarse en las conversaciones que a uno le rodean
. Para esto, España es el país ideal. El artista estará mejor o peor, pero el público jamás defrauda.
 Allá vamos.
 A la izquierda, una muchacha atormentada por su entrevista de trabajo de esta mañana.
 Aunque la conversación termina abarcando cuatro largos baladones de Mozzer, es posible, en un ejercicio de síntesis que deja las líneas de diálogo de Dustin Hoffman en Rain Man a la altura de un alambicado discurso de Fidel Castro, resumirla en esto: la chica fue a una entrevista de trabajo, le preguntaron si sabía inglés y dijo yes.
 En realidad, la respuesta correcta era no. A partir de ahí, ella y su empático acompañante discuten largo y distendido sobre estrategias que adoptar en una situación como esa.
 Hasta que Morrissey toca Trouble loves me y se les quitan las ganas hasta de hablar.
A la derecha, el listo que todo concierto necesita. Cuando el inglés afirma que los toros son “la vergüenza de España”, él se la guarda.
 Y así, cuando Mozzer acomete el tema de The Smiths Meat is murder, él se la devuelve orgulloso: “En una entrevista decía que iba a tocar temas de los Smiths y no ha tocado ninguna.
 Él sí que es una vergüenza”. Delante alguien dice que Mozzer es el “Raphael versión british”.
 Atrás, uno le pregunta a su acompañante cómo traduciría “United King-dumb”, leyenda que, superpuesta a una imagen de Kate Middleton y el Príncipe Guillermo, decora ahora las pantallas situadas sobre el escenario.
Es una ocurrencia tradicional británica que sustituye Kingdom (Reino) por King-dumb (siendo dumb traducible como bobo, lerdo, tonto). Bien, pues la respuesta que le ofrece al hombre que duda su compañero es esta: “Tío, pues King-Dumb, como de Dumbo, por las orejas, ¿no ves?”.
 Este podía ir a la entrevista de trabajo con la chica y ayudarla con el idioma y a la vez irse de cañas con el listo y volver con una vacuna para el Ébola.
5. Dejad que Mozzer sea Mozzer
Anoche tuvo momentos de brillo (You have killed me fue enorme y How soon is now sigue pareciendo que cayó de un platillo volante), algún arranque de tos y un final esplendoroso en el que hasta se quitó la camisa.
 Repertorio de duelo y tortura pero él sigue siendo genio y figura.

Retorcido y brillante Fincher................................................................................... Carlos Boyero

El mayor aval ante la industria de Alfred Hitchcock, uno de los supremos creadores visuales que ha dado el cine, era que sus películas generaban mucho dinero y que disponían del mejor de los profesionales.
 El público también sabía lo que este les iba a ofrecer. Suspense, miedo, inquietud, entretenimiento. Además, Truffaut y la crítica habían descubierto que el mundo del titiritero también estaba habitado por alma, sentido de culpa, perversión, mordacidad, humor maligno, malvados que poseían mayor interés que los buenos, una poética febril que en el caso de esa película necrofílica y genial llamada Vértigo provoca escalofríos.

Perdida

Dirección: David Fincher.
Intérpretes: Ben Affleck, Rosamund Pike, Neil Patrick Harris, Tyler Perry, Kim Dickens, Patrick Fugit, Carrie Coon. Género: drama. EE UU, 2014.
Duración: 145 minutos.
Pienso en lo que supuso aquel hombre gordo, sabio y tortuoso para el cine estadounidense (también en sus comienzos en Inglaterra, pero menos, su arte tocará el cielo en Hollywood) observando la brillante carrera David Fincher, un director de 52 años cuyo sentido del cine, capacidad para crear desasosiego, complejidad narrativa, facilidad para integrar en sus obsesiones guiones ajenos y para enganchar al espectador en la trama, para que sus imágenes y para que sus personajes dejen poso en el receptor le convierten en lo más parecido al heredero de Hitchcock.
 Hay tres películas suyas que jamás me canso de revisar, como son Seven, Zodiac y El curioso caso de Benjamin Button.
  Y con el tiempo, incluso ha llegado a gustarme mucho La red social, poblada por seres prodigiosos que han transformado el mundo con sus inventos en las redes sociales, pero que a través de la descripción que hace de ellos Fincher y el guion de Aaron Sorkin tambien me parecen niñatos abominables.
Consecuentemente, cada nueva entrega de Fincher me renueva algo tan debilitado como la ilusión de encontrarme con un poderoso narrador de historias.
Y tiene bajones, pero siempre interés.
 La trama de Perdida posee un inicio cristalino del que se va apoderando una turbiedad alarmante. Cuenta la fulgurante pasión entre una pareja de triunfadores, sofisticados, molones, con agilidad mental y lengua afilada y seductora en su expresividad, pletóricos en el deseo mutuo, encantados de su condición de neoyorquinos ilustrados.
 Cinco años más tarde se han tenido que trasladar de ciudad, sus finanzas se tambalean, pero mantienen la apariencia de que en lo esencial continúan los días de vino y rosas.
Tras la desaparición de la mujer con muestras de violencia y la extendida sospecha de que su intachable marido puede habérsela cargado, comienza un misterio en el que nada resulta previsible, desarrollado a dos voces mediante las distintas versiones que ofrece el antiguo matrimonio feliz sobre lo que verdaderamente ha ocurrido.
 Y, por supuesto, nada es lo que parece, verdades y mentiras se mezclan según los intereses del que habla y actúa.
Y la alternancia de esos testimonios que poseen anverso y reverso, en los que conviven la farsa y la realidad, el acorralamiento estupefacto y el juego maquiavélico, el chantaje emocional y los sentimientos terroríficos, conduce a un desenlace que desprecia todas las convenciones, cruel, realista, demoledor.
Y sabiendo que no he visto una obra maestra, descubro que no me he desentendido ni un momento de lo que ocurre en la pantalla durante casi dos horas y media.
Y eso lo consigue el talento de Fincher. También que Ben Affleck, ese actor tan limitado (y director más que curioso) resulte convincente, que te haga creer igualmente que puede ser culpable o inocente.