Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

24 may 2014

Divorciada de lujo.....................................................................Rodrigo Carrizo Couto

Elena Ribolovleva ha protagonizado la separación más cara de la historia

Tras una guerra matrimonial de seis años, con acusaciones de robo y cárcel de por medio, su multimillonario exmarido ruso deberá pagarle 3.200 millones de euros

 

Elena Ribolovleva, en una fotografía reciente. / marc ninghetto

Las orillas del Lago Lemán son una tierra de excepcional belleza en la cual viven muchos de los ricos y poderosos de este mundo.
 Desde los viñedos de Lavaux hasta Montreux, y desde Lausana a Ginebra, abundan las casas espectaculares.
 Pero en este quién es quién de las grandes fortunas, hay un barrio que brilla con luz propia y que para los suizos representa algo parecido al Olimpo: se trata de Cologny.
Situado a las puertas de Ginebra, a tiro de piedra del famoso chorro de agua y del club náutico, en este barrio viven altos cargos de organismos internacionales, capitanes de empresa, millonarios disfrutando del exilio fiscal, hijos de dictadores varios y una exestudiante de medicina siberiana de 46 años cuyo nombre de soltera es Elena Chuprakova.
En la antigua Unión Soviética, la joven se consagró con fervor al estudio de las matemáticas, espoleada por una madre ingeniera “que solo creía en el valor del trabajo duro”.
Tras casarse en 1987 con un compañero de estudios de la Facultad de Medicina de Perm, pasó a llamarse Elena Ribolovleva.
 Su ya exmarido es Dmitri Ribolovlev, propietario del equipo de fútbol AS de Mónaco, situado hoy en el puesto 119 de las mayores fortunas del mundo que publica la revista Forbes, con activos valorados en unos 7.400 millones de euros. Dmitri Ribolovlev pertenece a esa casta de oligarcas que de forma oscura supieron hacer fortunas inimaginables tras la caída de la URSS en 1991.
En su caso, los miles de millones provienen de minas de potasio, que le valieron el mote de “rey de los fertilizantes”.
 Tras comprar las minas de Berezniki y convertirse en patrón de la minera Uralkali, pasó una temporada en la cárcel en 1996, acusado de haber mandado asesinar al director de la empresa rival, Neftejimik. Blanqueado por la justicia rusa, se instala en Ginebra con su mujer e hija.
 En 2010, sometido a presiones del círculo de Putin, vende sus empresas y se muda de forma definitiva a Montecarlo.
Dmitri y Elena tuvieron dos hijas, Ekaterina, nacida en 1989 que vive en Estados Unidos, y Anna, nacida en 2001.
 El pasado lunes 13 se hizo público un fallo del Juzgado de Primera Instancia de Ginebra poniendo fin a la unión y accediendo a conceder a Elena la friolera de 4.020.555.987,80 francos suizos, o 3.200 millones de euros en concepto de finiquito tras un proceso de divorcio que ha durado seis años y que fue definido por la prensa rusa como “una guerra despiadada”.
 Según el fallo, la custodia de la pequeña Anna queda en manos de su madre.
La atractiva rusa acoge en su mansión de Ginebra a grandes artistas
Tan despiadada llegó a ser esa guerra, que el 24 de febrero de 2014 Elena fue arrestada en el aeropuerto de Larnaca, Chipre, acusada por su exmarido de haber “robado” un anillo con diamantes de 25 millones de dólares.
 Detenida durante varios días, Elena terminó siendo liberada al probar con la factura de compra que el anillo había sido un regalo de su marido ofrecido en los días de vino y rosas.
Pero volvamos al inicio
. Una de las consecuencias directas del juicio de divorcio es que Elena posee ahora algo conocido en el ambiente como “El Agujero de Cologny”.
 Una mansión en disputa que estuvo en el origen de esta guerra matrimonial. Dmitri Ribolovlev tenían la intención de crear en este espacio privilegiado un Petit Trianon, al estilo del Palacio de Versalles
. Un espacio apabullante con salas de conciertos, piscinas subterráneas y espacios polideportivos. Aunque, de momento, lo único que puede verse desde el aire es un gigantesco cráter pues las obras no han podido ser iniciadas.
 De ahí el mote del curioso lugar.
A diferencia de su glamuroso exmarido, en sus raras apariciones públicas, Elena se presenta como una persona discreta, instalada en Suiza buscando calidad de vida y una educación inmejorable para su hija.
 Y hablando de hijos, la prensa rusa daba cuenta de un dato curioso: mientras que Elena “pone todo el peso en una educación de excelencia y valores éticos”, su exmarido permitiría a su hija mayor todos los excesos a los que tan aficionados parecen muchos oligarcas rusos.
Desde la compra del piso más caro de Nueva York por 65 millones de euros hasta hacerse por 125 millones con la isla Skorpios, que fuera propiedad del legendario armador griego Aristóteles Onassis, nada parece demasiado para Dmitri Ribolovlev.
Cuando la pequeña Anna tenía 11 años, su padre le propuso un viaje a Los Ángeles, donde “podría tomar el té con Lady Gaga o Britney Spears”, pero la madre quiso recordarle que si eso ocurría “no era porque fueran sus amigas, sino porque su padre les pagaba docenas de millones de dólares para que así lo hicieran”.
La ambiciosa Elena afirma en una inusual entrevista concedida a la revista Bilan, “apreciar el sentido de las reglas, la fiabilidad y el civismo” de los suizos, mientras hace gala de su “integración al modo de vida helvético” y del dominio de la lengua francesa.
Al mismo tiempo acusa a su ex de “nunca haberse adaptado al modo de vida occidental”
. Una de las razones de la ruptura, a la que se sumarían supuestas infidelidades sistemáticas.
En general, la atractiva rusa se esfuerza en presentarse como amante de las artes, interesada en la fotografía de calidad o la música clásica.
 Tan es así que, disfrazada de mecenas, frecuenta el muy exclusivo Festival de Verbier, estación de esquí de alto standing, donde se codea con la crema de los artistas, y no es raro que acoja algunos de esos músicos en residencia en su propia mansión de Ginebra.
 También ayuda a financiar el Festival de Bellerive y ha creado una fundación “para apoyar todas las formas de arte”.
 Al igual que muchas damas de la alta sociedad ginebrina, ocupa sus horas en cursos de enología, gastronomía, aprendiendo a bailar tango o dedicándose al remo.
Pero que nadie crea que Elena Ribolovleva verá sus 3.200 millones de euros la semana próxima. Desde un primer momento, Anne Reiser, abogada de su exmarido, ha hecho saber que “el monto pretendido por la demandante sería objeto de una revisión”, lo que demuestra que habrá sin lugar a dudas una apelación.
 Los representantes de Dmitri Ribolovlev dejaron bien claro que el finiquito de los ya célebres 3.200 millones de euros “no tiene un carácter definitivo”, lo que hace pensar que seguiremos oyendo hablar del matrimonio que ha protagonizado el divorcio más claro de la historia hasta el momento por mucho tiempo.

Macho Alfalfa..........................................................................................Luz Sánchez-Mellado

Lejos de mí la tentación de exhibir mi superioridad intelectual, pero llevo una temporada dando primicias como panes y nadie me echa cuenta.

Don Felipe y doña Letizia posan con sus hijas en la foto oficial.

No me quito la negra de encima.
A mi suerte, me refiero, quietos parados los delicados de espíritu
. A ver si ahora que estoy con la guardia bajo mínimos, va a venir algún purista a tacharme de xenófoba, de racista o, lo que sería mucho peor para mi reposicionamiento en el mercado de seminuevas, de lesbiana tiquismiquis.
 Porque aquí, en según en qué círculos, lo de cogérsela con papel de fumar se ha quedado más obsoleto que los SMS
. Hoy día, en lo tocante a la opinión publicada —la pública se la transpira a litros excepto el día de las elecciones—, los vigilantes de la decencia se la cogen con el brazo incorrupto de Santa Teresa. Y no miro a nadie, Fernández Díaz.
San Jorge y Cierra España está que se desvive por el prójimo.
 Después de protegernos con cuchillas del asalto de los subsaharianos, el ministro más pío del Ejecutivo quiere librarnos del mal gusto y limpiar Twitter de los cafres que insultan de tú a tú a los poderosos, habrase visto.
Así, de oficio, sin denuncia previa ni encomendarse más que a sus santos testículos.
 Por eso te digo que a mí me ha debido de echar mal de ojo alguno al que no le gustan las negritas. Las tipográficas, matizo, porque las subsaharianas que sobreviven a las concertinas tienen su público. Ya me dirás tú si no, a cuenta de qué, justo ahora que he pillado una uveítis —inflamación de la úvea de los ojos, nada venéreo, malpensados— que ríete tú de los Simpson, y me han vetado las pantallas, van las redes sociales y se ponen al rojo vivo.
 Así que así ando, rajando de oído. Dando palos de ciega a tientas y a locas como una tertuliana del debate de Supervivientes.
 Para lo que ha quedado una.
O mucho me equivoco, o eso va a ser mobbing de ese.
 Y eso sí que no lo consiento, porque una tiene un orgullo, y un amor propio y un prurito profesional y del otro que no se calma ni con Dermovagisil en vena.
 Lejos de mí la tentación de exhibir mi superioridad intelectual para no parecer una feminista de las de dildo entre las piernas aprovechándose del nuevo sexo débil, pero llevo una temporada dando primicias como panes y nadie me echa cuenta.
 Que Cañete es un Macho Alfalfa Ibérico de Bellota ya lo puse yo negro sobre blanco antes de que el candidato profiriera el Rebuzno propiamente dicho
. Que Sus Majestades Juan Carlos y Sofía están más compenetrados que nunca por la cuenta que les tiene ya lo certificó servidora antes de que sorprendieran con que esta noche van juntos a no sé qué partido en Lisboa.
 Y lo de que Letizia tuitea ya se lo barruntaba esta menda antes de que Zarzuela lanzara @casareal a bombo y platillo.
Por cierto, qué aburrimiento de cuenta, Alteza
. De acuerdo que es una plataforma institucional, que usted ni pincha ni corta, y que no van a estar todo el día subiendo selfies, pero de ahí a los soporíferos retratos con que han compartido con los mortales su décimo aniversario hay un término medio
. Ahora, yo que ustedes, mantenía las claves fuera del alcance de las niñas, o cualquier día les tuitean un “caca, culo, pedo, pis”, o lo que se diga ahora en los coles, y las empapela Fernández Díaz por injurias.

 

Fútbol y reflexión........................................................................................... Boris Izaguirre

Letizia ha demostrado que sabe cómo defender la Monarquía. Pero no se le reconocen esos reflejos de recién llegada. Como sucede en el filme de Grace Kelly.

 

Nicole Kidman y Tim Roth, en el estreno de la película sobre Grace Kelly en el festival de Cannes. / GETTY

Uno de los errores de las elecciones europeas ha sido su coincidencia con dos auténticas celebraciones comunitarias: Eurovisión y la final de Champions.
 Para un determinado público, Conchita Wurst, la barbuda ganadora del festival, es este año la más genuina representante que puedan elegir.
 Y para muchos otros, cualquiera que sea el equipo que consiga ganar la copa más europea de todas, también será el máximo representante de los valores europeos en liza.
Así, los políticos quedan como segundones bien pagados viviendo en su microclima, mostrando su lejanía con la realidad al no saber ver que estas elecciones iban a acabar emparedadas entre sendos fenómenos de masas: la música pop y el fútbol.
En el aparente frenesí de los últimos días de campaña, las disculpas de Cañete perdieron toda importancia ante la aparición de la placenta de yegua, un esotérico pero poderoso milagro que viene de los Balcanes para aliviar las lesiones del futbolista Diego Costa.
 Su experta administradora es una mujer con nombre y aspecto de poderosa hechicera, Marijana Kovacevic, con rostro pálido, mirada intensa y sabiduría centenaria.
 Bajo el flequillo luce una sonrisa de tanta fuerza dental que te hace pensar que la ingesta de placenta de yegua no solo te hace más fuerte, sino un pelín más equino
. Pero lo cierto es que la doctora Kovacevic vuelve a poner la atención de la ciencia y el deporte en esas tierras misteriosas y violentas donde, así como abundan las yeguas superfértiles, revolotean vampiros y aún se cree en los milagros.
 Si Costa juega en Lisboa y lo hace bien, Kovacevic entrará a formar parte de los nuevos millonarios y la placenta de yegua será un potente sustituto de los batidos de vegetales ácidos que son hasta ahora tendencia.
 Muchos compartimos la idea de que si el Atlético conquistara también la Champions, se acabaría el bipartidismo Barça-Real Madrid y España entraría en una nueva era. Desintoxicada de tanto futbolista millonario y engreído, abierta a que briosos y humildes corceles devuelvan a la placenta de yegua su lugar en el deporte y en la política.
Aunque el fútbol no impide la reflexión, es el peor fin de semana para una convocatoria electoral
. La prensa rosa tiene que vérselas con dos matrimonios principescos celebrando décimo aniversario: los herederos daneses, la cuna del cuento de hadas, y los Asturias, empeñados en ofrecerse como la más normal de las familias principescas.
 Con todo lo que se escribe sobre estos 10 años de Letizia, aún nadie le ha reconocido su habilidad de crear un cortafuegos entre su marido y no solo la prensa, sino también con su hermana menor para distanciarlo de las jaquecas que el caso Urdangarin y la opinión pública podrían acarrearle
. Y haciendo ese cortafuegos, que ha significado alejarse de una infanta y un cuñado con quienes mantenían una estrecha relación, Letizia ha demostrado que sabe cómo defender a la institución incluso de sí misma. Pero no se le reconocen esos reflejos a la recién llegada.
Como también sucede en la recién estrenada película sobre Grace Kelly, son las hijas de la democracia las que mejor saben rescatar y preservar las instituciones europeas más ancianas.
Antes que Letizia soñara siquiera con ser presentadora de las noticias, Grace Kelly contribuyó a prolongar los extraños puentes entre Hollywood, una meritocracia de duras maneras, y Europa, el continente de los castillos y los cuentos de hadas
. En la relamida pero efectiva película, interpretada por una perfecta Nicole Kidman, Kelly es mucho más que una actriz que aprendió a ser princesa, es casi una antecesora de Margaret Thatcher o una Evita Perón en toda regla con maravilloso vestuario y rubio verdadero.
 La película nos deja saber que quien resolvió el grave conflicto político entre la determinación de De Gaulle para que Mónaco y sus ciudadanos pagaran impuestos a Francia y la vehemente negación de Rainiero a aceptarlo fue la mismísima Grace.
 La princesa organizó un Baile de la Cruz Roja con mejor acierto que cualquier cumbre de las Naciones Unidas, actuó una Maria Callas soberbia (igualmente interpretada por Paz Vega) cantando O mio babbino caro para que el general De Gaulle se enterneciera y entendiese cuánto estaba haciendo sufrir a los monegascos
. Con Callas ya en silencio, Grace subió al escenario y, en un discurso que ya quisiera dar mañana domingo el capitán ganador de la Champions (o el vencedor de las elecciones), le dijo al general que ella, Hollywood y su familia monegasca creían en los cuentos de hadas porque en ellos siempre triunfaba el bien.
 Y que el gran privilegio de los privilegiados era garantizar ese bien para los que aspiraban a su existencia y disfrute, eso sí, libre de impuestos.
 Y la Republique cedió. “Viva Grace”, gritaron en la sala de cine donde se proyectaba la película. Viva Europa, me dije yo, que con su fútbol, princesas, festivales y bienestar nos mantiene creyendo que la unión es necesaria y además existe.

23 may 2014

La revolución de los musulmanes adictos a ‘Vogue’................................................................. Laura J. Varo


La jequesa, en una imagen de archivo. / FRANCOIS MORI (AP)

Huda Kuzeiz aún se siente en una especie de limbo.
 En apenas tres meses, la joven universitaria de 19 años residente en Damasco ha pasado de pensar en formas de recogerse el pelo, a navegar por Youtube para aprender cómo colocarse un pañuelo en la cabeza según la ocasión.
 De momento, se las intenta apañar para acertar con cómo vestirse de acuerdo al precepto islámico de no enseñar más que la cara y las manos y no marcar la silueta femenina.
“Muchas musulmanas no saben qué llevar”, comenta sentada con una blusa de llamativo fucsia y un discreto velo blanco en una cafetería del barrio de Hamra, en Beirut, “es muy difícil encontrar ropa (que case con el precepto islámico), necesitamos prendas sueltas, pantalones holgados”.
En lo últimos años, el hiyab ha salido del armario.
 Una nueva generación de jóvenes musulmanas practicantes que, como Huda, han decidido ir veladas exigen su derecho a manifestar sus creencias religiosas sin renunciar a vestir con estilo
. La irrupción de blogueras y diseñadoras hiyabistas (mezcla de hiyab, el velo islámico, y fashionista) ha llenado internet de pañuelos de colores que se cierran y se entrelazan de múltiples formas y estilismos de cardigans y pantalones harem que bien podrían ocupar la portada de Vogue.
Es lo que reivindica Sarah Elanani, una de las estilistas más precoces de la industria de la “moda recatada”
. Británica, de madre palestina y padre egipcio, la joven de 29 años titulada en la Escuela de Moda de Londres ha conseguido consolidarse como diseñadora con prendas pensadas para no enseñar piel. “Cuando arranqué con la marca hace cinco años era una de las dos únicas firmas que hacían ropa para musulmanas”, asegura por correo electrónico, “ahora hay muchas más marcas y blogs interesados en cómo vestir decente pero con estilo”.
Sus abrigos y chaquetas, de cortes geométicos y voluptuosos, están diseñados para evitar que el viento pueda levantar el hiyab
. Sin embargo, las modelos que posan para su tienda online en manga corta y leggins, no llevan pañuelo.
 “Creo que mis diseños son un producto de mi vida”, explica Elanani, “he crecido en Reino Unido, mi estilo es muy británico, de modo que mis diseños, aunque cumplan con las normas de recato, siguen siendo muy llevables de acuerdo a los estándares occidentales”.
El boom ha sido rematado por el nacimiento de marcas especializadas en ropa islámica y revistas de moda como la turca Ala Dergi, considerado el Vogue islámico.
Pero la polémica también ha seguido al destape.
 Algunas de las críticas más duras han llegado desde los propios sectores islámicos y, más sorprendentemente, de mujeres musulmanas que cargan contra lo que consideran la banalización de un precepto religioso cuya máxima es que la mujer no llame la atención.
Cuando en 2013 los autodenominados mipsterz (hipsters musulmanes) lanzaron el video Somewhere in America hubo dos reacciones: la de quienes se resistían a creer que fuese posible rular en un monopatín con tacones de diez centímetros y la de quienes no terminaban de ver cómo el velo islámico podía conjugarse con atuendos directamente reñidos con todo sentido de discreción.
“(Las mipsterz) expresan quiénes son a través de la moda”, responde Hadi Kaakour, estadounidense de origen libanés y fundador del movimiento, “tener raíces extranjeras pero haber crecido en América implica que tu estilo revela ambas influencias de tu personalidad, esta moda es un sincretismo producto de la globalización”. La musa directa de esta pandilla de revolucionarios de lo cool es la glamurosa jequesa qatarí Mozah, una suerte de Grace Kelly árabe.
“Vivimos en el siglo XXI”, reivindica Huda, “tenemos que ir con nuestro tiempo, no puedo vestir ahora como se vestía en los tiempos del profeta Mahoma, no puedo sencillamente vestir abaya (túnica tradicional en los países del Golfo) todo el tiempo, pero sí puedo combinar el hiyab y la moda”.