Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

19 may 2014

Lindsey Wixson: "Debes aceptar lo que te hace diferente" La belleza imperfecta seduce.

Lindsey Wixson: "Debes aceptar lo que te hace diferente"

La belleza imperfecta seduce. Con 17 años, su diastema y su boca de geisha la convirtieron en la «supermodelo adolescente de Estados Unidos». Tres años después, sigue entre las mejores.

 

Lindsey Wixson 
 
Lindsey Wixson lleva vestido Private Dance Dress de maya con strass de María Escoté, cadena de oro amarillo de Lizzie Mandler y aros en metal dorado de Helene Zubeldia.

En 2011, Lindsey Wixson (20) tenía 17 años cuando se convirtió en «la top model teen de Estados Unidos»
. Quizá en el instituto de Wichita (Kansas) no fuera una adolescente más, pero tenía los mismos sueños que cualquier otra chica de su edad. Para ella, como para sus amigas –que no habían posado ante el objetivo de Steven Meisel ni habían protagonizado una gran campaña–, elegir el vestido del baile de graduación era lo más importante.
 La única diferencia estaba en la etiqueta de la prenda: en la de Lindsey ponía Jason Wu. «Fue un sueño hecho realidad. Mis padres se sentían muy orgullosos
. Sabían que la gente de la industria hablaba de mí, pero no podían creer que el mismo modisto que vestía a Michelle Obama hubiese creado un diseño exclusivo para mí», recuerda ahora en voz alta. ¿Su fórmula para mantenerse con los pies en el suelo en una industria acostumbrada a crear reinas efímeras? «Volver a casa».
Si hace dos años Models.com la situaba en el puesto 11 de su ranking, hoy, en el 20, sigue siendo una de las más solicitadas, sin haber tenido, como otras, que hacer las maletas y mudarse a Manhattan. «Nunca me he planteado cambiar de casa; vivir en Los Ángeles o la Gran Manzana es demasiado costoso [según un estudio de la consultora Mercer de 2013, Nueva York es la ciudad más cara del continente americano, debido, en parte, a la subida del precio de los alquileres]. Tampoco es el estilo de vida al que estoy acostumbrada. Yo he crecido en Whichita, que debe de tener unos 300.000 habitantes [según el último censo, más de 630.000]. Tenemos una ciudad, pero no es una gran urbe cosmopolita.
 Y aunque es gratificante que la gente te reconozca por tu trabajo, me siento más cómoda en un lugar tranquilo, rodeada de naturaleza, con mis amigos y la gente que de verdad me quiere».


Lindsey Wixson 
 
Lindsey ha comprado una casa en Kansas, quizá el estado más conservador de la unión. «En realidad, solo la pagué, pero no está a mi nombre; quería liberar a mi hermana de su hipoteca», observa. En el Medio Oeste no hay grandes almacenes como Macy’s. «Allí se organizan mercadillos en los que la gente vende lo que ya no quiere: trastos, muebles antiguos, moda vintage… y revistas viejas por 10 centavos. Yo tenía 12 años cuando empecé a interesarme por la moda.
 Me fascinaba pasar las páginas de los números que encontraba de Vogue», asegura mientras se prueba una de las pelucas.
 Dicen de ella que, durante las semanas de la moda, calcula la cantidad de desfiles que puede hacer al día por el estado de su cabello.
 Extensiones, fijadores, recogidos… Ser modelo perjudica seriamente la salud de cualquier melena. «Por eso siempre llevo un acondicionador de Bumble and Bumble», confiesa. «Aunque la clave es ser más selectiva en lugar de decir sí a todo».
Con una belleza casi hipnótica, su pequeña boca de geisha y su diastema seducen al equipo. «Te aseguro que no siempre fue así», insiste. «En el colegio, algunos niños pueden ser crueles. Es un serio problema.
 Por suerte, cuando sales al mundo real, la gente te juzga por tu personalidad. No tiene sentido preocuparse tanto por el físico.
 Debes aceptar lo que te hace diferente».
 Como dice Lagerfeld, «la clave para triunfar es no ser perfecta».

Lindsey Wixson 
Lindsey Wixson
 




 

Nieves Álvarez y el lobo......................................................................Carlos Risco


Vestido y falda de Prada, sandalias Birkenstock, anillo Sara Lasry y pendiente Maria Black para Net-à-Porter. En los labios, acentuando su forma natural, brillo efecto mojado Gloss Volupté de Yves Saint Laurent. Las pestañas tienen más volumen gracias a la máscara Volume Effet Faux Cils Baby Doll de Yves Saint Laurent. / Realización: Nono Vázquez / Nacho Alegre
Con la luz justa y otra perspectiva, Madrid deja de ser un poblachón manchego venido a más y juega a ser una señora capital, europea y culta.
 Será la primavera, o incluso un ojo que anhela algo distinto, pero al entrar en este viejo edificio del centro por su ascensor de madera y hierro, se nos antoja estar en París o en Viena, como si todas las casas de la ciudad también tuviesen paredes de paños pasteados en desconchón y bibliotecas sesudas con olor a tabaco viejo y a vidas repensadas.
 Dentro de este apartamento “bohemio-chic” (diría alguno) y “muy Truffaut” (diría otro), sucede la sesión de fotos con Nieves Álvarez.
 La modelo madrileña también ha venido a transformarse, a ser, una vez más, otra cosa
. A habitar otra piel. A desgarbarse.
 Un pequeño séquito la maquilla en el baño y el fotógrafo, catalán, fuma largamente en la terraza, queriendo ver en el horizonte de antenas su ciudad mediterránea.
 El final del invierno transforma a todos.
“Hola, soy Nieves”. La modelo, altísima, yegual, estatuaria, ensarta en dos besos al periodista acercando desde allá arriba su cara afilada en pómulos, sus labios voluptuosos y decidores, su sonrisa de boca y ojos.
 La Álvarez está que se sale por todos sus ángulos e inunda la sala circular donde estamos, liberando el aire cargado de adentro, ese aire respirado tantas veces, que ahora también quiere ser distinto y llamarse entonces fragancia
. De cerca, la modelo, la top de extremidades como palos, suelta su electricidad de hueso largo, su exuberancia de niña de minué.
En décimas de segundo se ha sacudido algo de ese polvo cósmico que Yves Saint Laurent, John Galliano o Karl Lagerfeld quisieron encontrar en ella, envolviéndola de alta costura como quien viste a una virgen para después adorarla como se adoraría a la mujer esencial.
“¿Pongo liquid face?”, pregunta sonriendo, mientras compone el rostro como una herramienta de Photoshop, sorbiéndose el propio gesto
. Maquilladores, estilistas, fotógrafos, camarógrafos, periodistas, directores de arte, todo el séquito ríe.
Más polvo cósmico. La realidad pierde rigidez y se prepara para la transformación.
 Las risas, el sol, el aire renovado. La sensación de disfrute se instala plácida e irremediablemente.
¿Le gustará a la modelo eso de transformarse en una mujer desgarbada? “Sí, me gusta que me transformen y que cada día sea una película diferente”, responde
. “Como modelo me suelen sofisticar mucho
. Pocas veces me dan la posibilidad de ser natural”.
Camiseta American Vintage, pantalón Tommy Hilfiger Collection y braguita Calvin Klein.
 El rubor de las mejillas es propio, pero convenientemente acentuado por el maquillaje en mousse Kiss & Blush Baby Doll de Yves Saint Laurent. / Nacho Alegre

Palabra de modelo

Estiran a la Álvarez en un sillón.
 El estilista persigue el encaje de tela escondido bajo la falda.
 Ella pone cara de maniquí, como invitando a algún ser imaginario a que la encarne durante esta sesión.
“Posar es crear un personaje a medida. Es igual que ser actriz, pero sin actuar
. Siempre digo que soy una actriz de cine mudo”, dice la modelo, que, como en la sublimación de los intérpretes, encuentra en sí misma ecos de esos mismos personajes:
“Me imagino ser otra, esa que no puedo ser.
 Se trata de soñar”, asegura sonriendo, dejando ver en sus ojos dos planetas brillantes.
Ni el matrimonio, ni los hijos, ni las pasarelas, ni la televisión han transformado las fantasías de aquella niña que soñaba con vestirse de mujer baraja para hacerle verónicas a un toro.
“Soy muy flamenca y muy taurina”, asegura.
 Por eso, cuando se la ve en Las Ventas, con gafas de sol de cupletera, se ríe por dentro, porque no va a figurar, sino a disfrutar.
 “Me gusta mucho aprender, me gusta mucho vivir”, dice cambiando el tono por una voz apasionada que anuncia ya los signos de exclamación. Hace unos días subió a Instagram una foto de su fiesta a puerta cerrada en un tablao flamenco.
“A mí no me lleves a una discoteca donde pongan música suave. ¡A mí dame caña!”. Palabra de modelo.
Después de haberse llevado mal con su cuerpo y de haber vivido una vida medio francesa y medio americana, cumple los 40 en Madrid con esa cara de beatitud de quien siente el aletazo de la divinidad en el ejercicio de su arte, cualquiera que este sea.
Decía el matador Juan Belmonte que en la vida, como en los toros, quien sabe parar, domina; y Nieves Álvarez, o tal vez la flamenca que lleva dentro, conoce bien los tiempos de la lidia y no se detiene, sino que se inventa nuevos lances, del diseño de ropa a la televisión (presenta en TVE el único programa español de la parrilla dedicado exclusivamente a su gremio, Solo moda).
“No puedo parar, así que empecé a hacer mi colección de ropa de niños, después me surgió el programa de televisión...”, espeta, como celebrando el lado amable de una profesión “de tigres y leones y egos enormes” donde ha luchado contra su propia soledad.
“No soy una mujer que se abra fácilmente.
 Nunca tuve tropecientos amigos, tampoco iba a fiestas, me he encerrado mucho en mí misma”.
Sudadera Pintón, short Antik Batik y sandalias Birkenstock.
 Una puede resultar sexy, pero sin imperfecciones en la piel, gracias al corrector Touche Éclat Collector Wild de Yves Saint Laurent. / Nacho Alegre
“¡Vivan los 40!”, exclama.
 Y resopla: “No me cambiaría por mí a los 18”.
 Tal vez porque sabe que para tener una visión nueva del futuro es necesaria una visión nueva del pasado, así que en su renacimiento se ha reconciliado con su cuerpo y jura que no busca a la niña que pasó por su rostro:
“La madurez física y mental que tengo ahora es mucho mejor, tengo otra seguridad como mujer”. Y sentencia en ráfaga: “No me asusta envejecer. No pretendo no tener arrugas. No lucho contra el espejo”
. Pero a quien no quiere aniquilar es a su niña interior, esa criatura que no entiende “la maldad ni la mala educación” y le hace parecer “un poco naíf”.
 Nieves Álvarez y la belleza rilkeana, el inicio de “aquello terrible que todavía podemos soportar”.
Interrumpen la conversación para corroborar su talla de sujetador. ¿Cogemos la B, entonces?, le preguntan. “Sí, la B”, responde.
 Se van.
La modelo mira ahora al entrevistador y dice: “Es que no soy nada”
. Pero esta nada de 1,80 se sabe mujer “muy fuerte”, con “una capacidad de aguante brutal” en el que caben las explosiones fortuitas: “Una cosa es que sea paciente, otra que sea boba”, dice, con risita de tremenda.
Y regala una máxima vital: “Todos tenemos problemas, dudas, inquietudes, pero yo ante las dificultades me crezco y lucho. No me rindo fácilmente”.
 Aunque reconoce que también necesita volverse adentro. Para las modelos, el ruido del mundo también está hecho de silencios: “
Soy una mujer de lágrima fácil, pero cuando caigo en momentos de melancolía sé frenarme”
. Tal vez por su vida consciente, cuando la modelo no se siente bella por dentro y tiene que exudar belleza para una cámara desconocida, entra en diálogo íntimo con lo que lleva puesto, se funde en el personaje y se da a su arte. “Hay que saber sentir la ropa.
 Cuando me ponen un traje de alta costura pienso cómo sería esa mujer que lo lleva.
 Lo importante de una modelo es que sepa llevar”
. De nuevo, la modelo como actriz que posa como instrumento de libertad.
Y convence.
 Tal vez porque a través de los actores, de los modelos, los humanos podemos darnos cuenta de que no estamos aprisionados en nosotros mismos.
Chaqueta beisbolera New Era, braguitas Masscob y sandalias Birkenstock.
 La indumentaria juguetona no es óbice para una piel luminosa y perfecta: aquí, Nieves lo consigue con el nuevo fondo de maquillaje Le Teint Touche Éclat de Yves Saint Laurent. / Nacho Alegre
La sesión sigue
. Nieves Álvarez ha vuelto a transformarse
. No sabemos en qué personaje se ha metido, pero sonríe.
Vestido, sujetador y braguita Dolce & Gabbana, sandalias Gucci y collar Pomellato. 
La piel se mantiene vital y luminosa, sin signos visibles de edad, con el Serum Forever Light Creator de Yves Saint Laurent. / Nacho Alegre

Mariano, páter familias.............................................................Luz Sánchez-Mellado


Mariano Rajoy durante una ofrenda al Apóstol de la Catedral de Santiago. / DIEGO CRESPO (EFE)

Queridos hermanos, ¿no estamos en mayo, el mes mariano por antonomasia, signifique lo que signifique antonomasia, que ni lo sé ni me importa, pero queda superculto puesto así, a voleo, en cualquier contexto?
 Al grano, que me ramifico más que los brazos de Esperanza Gracia anunciando su consultoría de capital-riesgo. ¿No es este el mes de las rosas? ¿El de la exaltación del amor a los progenitores? ¿El del día de la madre que nos parió a cada uno de nosotros, dicho sea con el debido respeto al alumbramiento, ya sea por donde yo te diga o por cesárea programada, que es más fino
? Pues eso. Desde aquí os emplazo, creyentes, agnósticos y ateazos: venid y vamos todos con flores a Mariano.
¿Que qué Mariano?
 Hijos de mi vida, con tanta final histórica estáis a por esféricos y hay que explicároslo todo.
 Pues Mariano, Mariano: a secas.
El calvo de Forges no, que acaba de cumplir 50 tacos y está el pobre sopesando si pide o no hora en Svenson para reforestarse el cartón y capear la pitopausia.
 Hablo del presidente.
 Del líder.
De ese señor que llama al pan, pan; al vino, vino; y al aborto, asunto.
 Porque sí, incrédulos, agoreros, cenizos: vale que lo del paro aún está pendiente de que San Isidro, la Virgen del Rocío y Santa Teresa cuadren agendas y se pongan una tarde a ello, pero en La Moncloa ya se ha obrado un milagro.
 Ahora resulta que Mariano Rajoy, ese padre de la patria, es el nuevo páter familias por antonomasia —¿ves cómo la sinécdoque funciona?—, según acaba de autoproclamarse en un vídeo pagado por todos que ríete tú de las homilías de DJ Rouco Varela con el homo obispus Reig Plà de telonero.
Que hay que dignificar, visibilizar y promover la familia, declama, dramático, el presidente, como si a los papás, las mamás y los niños les tiraran piedras los antisistema
. Que les desahucien, les corten la luz y coman pan con pan por culpa de la herencia de Zapatero es una cosa.
 Pero de ahí a que les echen en cara ser una familia como está mandado va un mundo
. En un extremo estaremos de acuerdo, Mariano: cada uno es de su padre y de su madre.
 O al menos de su óvulo y su espermatozoide, porque desde que los de la Dexeus se empeñaran en traer a España todo ese invento de la reproducción asistida, la fecundación in vitro y los niños probeta, empezamos a mezclar peras con manzanas, que dice la alcaldesa Botella, y así no hay quien se aclare.
Porque vamos a ver, Mariano, ¿de qué familias estás hablando? ¿De las monoparentales? ¿De las homosexuales? ¿De las reconstituidas? ¿De las biológicas? ¿De las políticas?
 Dices en tu vídeo que es en la familia donde se aprende que “por muy duras que sean las discusiones, nunca se pueden romper los lazos” entre las personas.
Y es ahora cuando me cuadra todo
. Apuesto a que ha sido el CNI y no Vasile el que ha enviado a Rosa Benito a reencontrase con Amador Mohedano en la isla de Supervivientes con la misión secreta de recuperar para la marca España a ese matrimonio por antonomasia que, por mucho que discuta, se ve a la legua que se quiere, se cuida y se respeta.

Rubén Darío y la hija del jardinero........................................................................................................ Amelia Castilla ....

La relación entre el poeta nicaragüense, casado, y Francisca Sánchez, con la que tuvo cuatro hijos, enfrentó a la pareja a los convencionalismos de inicios del siglo XX.

Rubén Darío y Francisca Sánchez.

El argumento parece calcado de las novelas románticas del siglo XIX.
 La relación sentimental entre Francisca Sánchez, hija del jardinero del Palacio Real, y el poeta Rubén Darío (1867-1916) fue un folletín decimonónico
. La princesa Paca, la novela que Plaza & Janes publica el próximo jueves, recrea un idilio que duró 16 años (se conocieron en 1899 y se despidieron en el puerto de Barcelona en 1914) y del que nacieron cuatro vástagos
. La novela desvela la vida de una mujer valiente que se enfrentó a los convencionalismos de la época para vivir con el hombre que amaba
. Hasta ahora, los biógrafos del poeta la habían tachado de analfabeta y mantenida pero bajo su inspiración escribió Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas.
  La compleja relación sentimental (él estaba casado con una nicaragüense apodada la Garza morena) se aliña en el libro con pinceladas del sustrato político y literario de la época. Junto a personajes como Emilia Pardo Bazán, Valle-Inclán, Azorín, Ramiro de Maeztu y los hermanos Machado, que lo reverenciaban como el gran maestro del simbolismo moderno, la novela recrea también la figura del poeta como pionero y defensor de lo que denominó como la patria del idioma.
La lengua, decía entonces, era el único puente capaz de sortear todos los océanos.
 Una idea que Carlos Fuentes redefinió un siglo más tarde como el territorio de la Mancha.
Rosa Villacastín, nieta de Paca, ha escrito una novela basada en sus cartas
La peculiar pareja se conoció en los jardines del Palacio Real, la mañana en que el poeta presentó sus credenciales a la reina María Cristina que ejercía como regente de Alfonso XIII.
 El poeta, que en ese momento iba acompañado de Valle-Inclán, uno de sus grandes amigos españoles, ya había publicado Azul y ejercía en Madrid como corresponsal de La Nación de Buenos Aires. En el caso de la pareja se puede hablar de un flechazo
. Él estaba casado con Rosario Murillo, de la que se dice que coqueteaba con la magia negra, la santería y la Macumba.
El autor de Prosas profanas nunca consiguió divorciarse de ella pese a que el poeta influyó notablemente para que en Nicaragua se aprobara una ley del divorcio, que se conoció como la Ley Darío.

Vida en misivas

Ruben Darío mezcló periodismo y diplomacia a lo largo de toda su vida, lo que le llevó a ser un gran viajero.
 Su primera profesión le dio para vivir más que pertenecer al cuerpo diplomático, que a cambio le permitió visitar casi todo el continente americano y Europa.
Tanto viaje hizo que pocas veces estuviera presente en los nacimientos de sus hijos: Si con Francisca Sánchez tuvo cuatro —dos murieron de bebés, otro con tres años y solo el pequeño, Rubén Darío Sánchez, sobrevivió a la pareja— con sus dos esposas precedentes tuvo sendos vástagos
. Ese ir y venir provocó una ingente cantidad de cartas entre Darío, su familia y sus amigos, en especial con Paca.
Para completar el folletín, la novela la firman la periodista Rosa Villacastín (nieta de Francisca Sánchez) y el escritor Manuel Francisco Reina
. Como heredera universal del poeta nicaragüense, su compañera guardó en un baúl durante décadas cartas, manuscritos, facturas, colaboraciones periodísticas, recetas de comida centroamericana y hasta los cuadernos con tapas de hule en los que aprendió a leer y a escribi
r. Entre los documentos se guardaban, entre otros manuscritos, los originales de Salutación del optimista y otros poemas cuya publicación se adelantó en algunas revistas de la época y que luego fueron reunidos en Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas, cuidadosamente editados por su amigo Juan Ramón Jiménez.
Todo el material (6.000 documentos) fue donado en 1956 a la Universidad Complutense de Madrid pero en poder de la nieta quedaron algunas de las cartas que su abuela quiso conservar y que guardó durante cincuenta años como recuerdo de esa relación.
 Algunas de esas misivas, en las que el poeta se refiera a ella como coneja y se despide como Tatay (papaíto), se hacen públicas ahora, acompañando la novela.
A través de las cartas, se siguen las idas y venidas de la política nicaragüense, plagada de intrigas políticas, pero también las presiones políticas y los problemas económicos de una de las grandes figuras literarias del XIX al XX.
La propia Villacastín, que fue criada por su abuela hasta los 16 años y conocía de primera mano la aventura que había vivido al lado del Príncipe de las letras hispanas, catalogó todo el material para la Universidad durante años.
 Desde el principio, los autores descartaron la idea de reunir todo el material en una biografía
. A su juicio una novela pesa más y llega a un público más amplio.
 “He cumplido un sueño”, contó la periodista al referirse al libro en el que rinde homenaje a una mujer “arriesgada”.
“Su gran mérito, aparte del amor, fue dotarle de una estabilidad de la que había carecido desde niño. Supo adaptarse a la difícil vida que supone compartirlo todo con un genio”.
 Como compensación en ese equilibrio que se establece entre las parejas, Darío se convirtió en su Pigmalión
. La transformó en una mujer refinada y le enseñó las cuatro reglas. “Hasta ahora los biógrafos del poeta se referían a ella como una mantenida y una analfabeta pero esa imagen se rompe en la novela”, añade Manuel Francisco Reina.