Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

14 may 2014

¿Por qué somos tan obedientes?

Nos sometemos demasiado sumisamente a que nos digan qué pensar y qué hacer

La verdadera rebeldía pasa por asumir nuestra responsabilidad personal y tomar la iniciativa

Para quién se de por aludido y pierda el tiempo en chorradas....

 

Ilustración de João Fazenda

A principios de los años sesenta, el psicólogo norteamericano Stanley Milgram llevó a cabo una serie de experimentos con la finalidad de poner a prueba la predisposición del ser humano a la hora de obedecer las órdenes de una autoridad, aun cuando estas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal
. El equipo de Milgram puso una serie de anuncios en el periódico en los que se reclamaban voluntarios para participar en un Estudio sobre la memoria y el aprendizaje en la Universidad de Yale. Se apuntaron 40 participantes de edades y estratos sociales diferentes.
Todos ellos ignoraban que iban a formar parte de un experimento.
Este requería de tres personas: el director del estudio, el alumno y el profesor. Los dos primeros eran actores compinchados con el equipo de Milgram
. El director del estudio (que lucía una bata blanca) comenzaba explicándoles a los otros dos participantes que la función del “profesor” consistía en aplicar una descarga eléctrica al “alumno” cada vez que fallara una pregunta.
 Seguidamente simulaban un sorteo para repartir dichos roles, de manera que a la persona que actuaba como “cobaya del experimento” siempre le tocara el papel de profesor.
El que no es dueño de sí mismo está
condenado a obedecer”
Friedrich Nietzsche
A continuación, el director del estudio sentaba al actor que interpretaba el rol de alumno en una especie de silla eléctrica, atándole para “impedir movimientos excesivos”
. Se le colocaban unos electrodos en su cuerpo con crema “para evitar quemaduras”, y se remarcaba que las descargas podían llegar a ser “extremadamente dolorosas”.
 Mientras, el voluntario observaba la escena con una mueca de desconcierto
. Luego el director del estudio lo acompañaba a la habitación contigua, separada por una fina pared. Si bien no podían verse, alumno y profesor se escuchaban el uno al otro perfectamente.
Nada más empezar, los dos participantes recibían una descarga real de 45 voltios con el fin de que el cobaya que hacía de profesor comprobara por sí mismo el tipo de dolor que iba a recibir el pupilo cada vez que fallara una pregunta.
 Justo después, el investigador –sentado justo al lado del voluntario– le proporcionaba el material didáctico que debía emplear para potenciar la memoria y el aprendizaje del alumno.
 Se trataba de un test con respuestas múltiples.
 Si la contestación era errónea, el pupilo recibía del profesor una primera descarga de 15 voltios, la cual iría aumentando en intensidad hasta los 450 voltios
. Si era correcta, pasaría a la siguiente pregunta.

Para cultivar la rebeldía

Ilustración de João Fazenda
LIBRO
‘1984’
George Orwell (Austral)
Muestra una sociedad represora y totalitarista, en la que los individuos son adoctrinados para convertirse en esclavos al servicio del Estado y se condena y castiga a quienes desobedecen el orden social establecido.
PELÍCULA
‘Zeitgeist: Addendum’
Peter Joseph
Este documental es una invitación para ejercitar el pensamiento crítico, atreviéndonos a cuestionar y emanciparnos de las instituciones que tanto determinan nuestro modo de pensar y de comportarnos.
CANCIÓN
‘Killing in the name of’
Rage Against the Machine
Una de las canciones más utilizadas en diversos actos de desobediencia civil, pues representa el primer paso hacia la verdadera rebeldía: dejar de hacer lo que la sociedad nos dice que debemos.
En este experimento liderado por Stanley Milgram, el actor que interpretaba el rol de alumno había sido previamente aleccionado para simular dolor y sufrimiento.
 Sin embargo, el voluntario que hacía de profesor estaba convencido de que iba a provocarle descargas eléctricas de verdad.
 Así, a medida que las descargas aumentaban en intensidad, el pupilo empezaba a golpear los puños contra la pared que le separaba del profesor.
 Al llegar a los 150 voltios, se quejaba de su condición de “enfermo del corazón”, y luego, al superar los 270, casi agonizando, suplicaba entre sollozos el fin del experimento.
Al traspasar los 300 voltios, el alumno simulaba una serie de espasmos, e incluso ciertos síntomas previos a sufrir una parada cardiaca.
Por lo general, cuando los cobayas que ejercían el rol de profesores alcanzaban los 75 voltios, se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus alumnos y deseaban parar el experimento
. Sin embargo, la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al superar los 130 voltios, muchos se detenían y preguntaban acerca del propósito del experimento
. Cierto número de voluntarios continuaba, asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias.
En el caso de que el profesor expresara al investigador su deseo de no continuar, este le contestaba imperativamente con alguna de estas afirmaciones: “Continúe, por favor”. “El experimento requiere que usted continúe”
. “Es absolutamente esencial que usted continúe”. “Usted no tiene opción alguna; debe continuar”. Si después de esta última frase el voluntario se negaba a proceder, se paraba el experimento.
 Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas.
Las conclusiones del equipo de Milgram fueron las siguientes: todos los cobayas participantes pararon en cierto punto y cuestionaron el experimento.
 Sin embargo, ninguno de ellos se negó rotundamente a aplicar más descargas antes de alcanzar los 300 voltios
. Aunque muchos se sintieron incómodos al hacerlo, 26 de los 40 voluntarios aplicaron la descarga máxima de 450 voltios…
Ninguno de nosotros hemos elegido nuestro lugar de nacimiento
. Ni tampoco las oportunidades que nos ofreció nuestro entorno social y familiar. Lo cierto es que no es fácil sobrevivir a 16 años de sistema educativo.
Hoy día, muy pocas personas conservan la intuición, la autenticidad y la creatividad innata con la que nacieron. Sin embargo, al entrar en la edad adulta somos libres para decidir nuestro propio camino en la vida.
Por más que a veces la presión de la sociedad pueda ser asfixiante, nadie nos ha apuntado con una pistola a la hora de elegir nuestros estudios, optar para un determinado empleo, solicitar una hipoteca, casarnos o tener hijos
. Y entonces, ¿por qué en general somos tan obedientes? ¿Por qué hacemos lo que se supone que hemos de hacer, siguiendo al pie de la letra las consignas que nos propone el sistema?
La respuesta a estas incómodas preguntas es que estamos demasiado acostumbrados a recibir órdenes.
 Primero, de nuestros padres en casa
. Luego, de los maestros en la escuela. Más tarde, de los jefes en el trabajo. Y finalmente, de los políticos en la sociedad
. Parece que siempre son otros quienes señalan la dirección que han de tomar nuestras decisiones y acciones.
 Tanto es así que en general no utilizamos nuestra iniciativa hasta que alguien desde fuera nos dice que podemos hacerlo.
La obediencia consiste en vernos como
instrumentos que ejecutan la voluntad de otra persona o institución y, por lo tanto, no nos consideramos responsables de nuestros actos” Stanley Milgram
Más allá de someternos sumisamente a la autoridad o de combatirla con violencia, existe un punto intermedio cada vez más adoptado por un mayor número de ciudadanos: la “desobediencia civil”
. Su definición clásica, popularizada en 1849 por el filósofo Henry David Thoreau, alude al “acto de no acatar una norma de la que se tiene obligación de cumplimiento”.
Esto es precisamente lo que hicieron, de forma pacífica, los últimos tres grandes líderes de la historia: Mahatma Gan­dhi (a favor de la independencia de India de Gran Bretaña), Martin Luther King (en pro de los derechos civiles para los afroamericanos en Estados Unidos) y Nelson Mandela, quien dedicó su vida para abolir la segregación racial (apartheid) en Sudáfrica.
¿Y qué hay de nosotros, los ciudadanos de a pie? Más allá de salir a la calle y protestar, el mayor acto de desobediencia civil consiste, por un lado, en tomar las riendas de nuestra vida emocional. Para lograrlo, es esencial que nos emancipemos de las expectativas inconscientes que nuestro entorno social tiene puestas sobre nosotros.
 Solo así podremos seguir la voz de nuestro corazón, convirtiéndonos en quienes estamos destinados a ser.
También es fundamental que aprendamos a hacernos cargo de nosotros mismos a nivel profesional, dejando de depender económicamente de las instituciones establecidas
. Madurar pasa por comprender que en realidad no necesitamos de ninguna figura de autoridad, pues en última instancia cada ser humano es el principal autor de su propia vida.
 Por último, es imprescindible recordarnos de tanto en tanto que la única persona a la que hemos de rendirle cuentas es aquella a la que vemos cada mañana en el espejo.
  jejejejjejejej

Isabel Carrasco fue asesinada tras cinco intentos fallidos en varias semanas

La presidenta de la Diputación leonesa fue seguida por las supuestas autoras

Las autoras llevaban al menos un mes planificando el crimen.


El asesinato de la popular Isabel Carrasco, presidenta de la diputación de León, no fue fruto de un repentino calentón de la víspera
. Las presuntas autoras del crimen, Monserrat González y su hija, Montserrat Triana, habían realizado varias intentonas previas —las fuentes policiales informantes mencionan hasta cinco ensayos—, pero, finalmente, por razones, diversas no llegaron a consumarlo.
 Tal dato sale tanto de sus declaraciones como de las primeras pesquisas policiales, según fuentes de la investigación.
 La mujer ha contado a los investigadores que llevaba dos años dándole vueltas a la idea de matar a la dirigente popular, con quien había tenido amistad.
Montserrat González ha confesado que fue ella la que mató a sangre fría a Isabel Carrasco por rencor, por una inquina acumulada desde que la presidenta de la Diputación de León despidió a su hija en 2011, según han confirmado fuentes policiales
. Ella fue la que empuñó el revólver Taurus que una policía local, amiga de la hija de la ahora asesina confesa, entregó anoche en una comisaría.
 El círculo del crimen parece cerrarse así con todos los elementos: cadáver, arma, móvil (rencor, "inquina personal") y autor material.
Pero quedan por aclarar los papeles de la hija, la agente que se quedó el revólver y cómo la mujer rumió durante dos años, tal y como ha confesado, la idea obsesiva de matar a la persona que consideraba la causante de los males de su hija.
La confesión de la madre se ha producido en las últimas horas.
 Solo ha sido una corroboración de lo que los investigadores ya tenían claro. El asesinato fue gestado durante semanas por la madre -y posiblemente la hija-, que planificaron el crimen al detalle pero sin contar con un elemento clave: los testigos.
 Los agentes están convencidos de que las mujeres hicieron varias esperas a Carrasco en las proximidades de su casa y que el crimen fue perpetrado el lunes pero pudo haber sido antes o después; el día que la política caminase sola por la calle.
Dado que el asesinato se produjo en una pasarela, que la víctima solía atravesar cada lunes por la tarde para acudir a una reunión del PP en León, esto hace pensar a los investigadores que las presuntas asesinas habían seguido previamente los pasos de Carrasco y que por haber advertido algún riesgo o problema para su ejecución desistieron a última hora
. Tal ruta, su camino hacia la sede del PP de León por dicha pasarela en la tarde de cada lunes, le hacía un blanco fácil. En otras jornadas podía variar su horario o ruta, pero ésta era fija.
 Por ello, dado que sólo usaba esta vía a la sede del PP una vez a la semana, la planificación y ensayo del crimen pudo haberse iniciado hace más de un mes.
Igualmente, la declaración de ambas, madre e hija, lejos de ofrecer una exculpación rezuma una obsesión contra la asesinada, que explica el arranque de su motivación.
 Singularmente, la hija, “que estaba obsesionada” con Carrasco, según las fuentes informantes
. Los resultados de la prueba de la parafina se demorará aún varios días, pero la policía cree bien encauzada la investigación con la declaración de ambas y la existencia de un testigo presencial
. La mezcla, a iguales dosis, de obsesión y planificación, desconcierta a los investigadores.
  ..........para BK

 

13 may 2014

Una Belleza


Famoso rico busca 'cash' para sobrevivir

Detrás de las dificultades económicas de Rihanna, Lindsay Lohan o Nicholas Cage encontramos malos asesores y gastos irresponsables. ¿Tan difícil resulta ser millonario?.

 

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El actor Nicholas Cage y la cantante Rihanna.
Foto: Cordon Pres

Algún dinero evita preocupaciones, pero mucho las atrae
. Eso es lo que debe pensar la interminable ristra de celebridades que en los últimos años ha encarado ciertas dificultades por su incapacidad para diseñar un plan patrimonial a su medida.
 La actriz y cantante Lindsay Lohan, la extenista Arantxa Sánchez Vicario o el actor Nicholas Cage son algunos de los ejemplos que han trascendido últimamente.
 La mayoría de los rostros populares que han mordido el polvo achaca sus problemas a sus asesores, aunque lo cierto es que los hay que también comparten un gusto desmedido por el derroche. Rihanna es la incorporación más reciente de este particular elenco, quien hace unas semanas reconocía al portal informativo TMZ que a punto estuvo de caer en desgracia en 2009 por culpa de su "estúpido contable". Ese año desaparecieron de sus cuentas 9 millones de dólares (más de 6 millones de euros) de un patrimonio estimado de 11 millones.
 La responsable del dispendio, según la cantante barbadense, la empresa que entonces gestionaba su dinero, Berdon LLP
. Al parecer, la pobre rentabilidad de la gira Last girl on Earth y la desafortunada compraventa de ciertas propiedades acabaron por rematar su patrimonio.
Los tribunales dirimirán las responsabilidades en un asunto que Rihanna ya ha dejado en manos de sus abogados. Como ella, también Nicholas Cage sufrió problemas similares en 2009. La culpa, naturalmente, de sus asesores.
El protagonista de Leaving Las Vegas exigió ese año a Samuel Levin, su administrador, una indemnización de 20 millones de dólares por los perjuicios ocasionados.
 A saber, una deuda con la Hacienda estadounidense de 6,3 millones de dólares que le obligó a desprenderse de buena parte de sus activos, como el castillo Schloss Neidstein en Alemania o varias residencias en California y Las Vegas
. El causante de los males del actor alegó que todas las operaciones que desembocaron en la deuda con el fisco recibieron la aprobación de Cage. Además destacó el elevado tren de vida de este, quien gustaba de comprar costosos caprichos a placer, como el cráneo del dinosaurio Tarbusaurus que adquirió en una subasta por 276.000 dólares.
El descalabro vital y profesional de Lindsay Lohan se desarrolló paralelamente a su crisis económica. Tras una década de arrestos, fianzas, accidentes de tráfico y carísimas clínicas de desintoxicación, en 2012 la exestrella de la factoría Disney se declaró en bancarrota.
 Un juez bloqueó sus cuentas bancarias por el impago de una multa fiscal de 900.000 dólares
. El actor Charlie Sheen decidió asistirla con 100.000 dólares, pero no fue suficiente. Aunque sus nuevos proyectos profesionales le hayan ayudando a encauzar la situación, hace un mes sufrió otro revés cuando decidieron cancelar la emisión del reality que protagoniza en la cadena de televisión de la empresaria y presentadora Oprah Winfrey por los bajos resultados de audiencia.
 Parece que por el momento su renacimiento transita por caminos empedrados.
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Anna Nichole Smith y Lindsay Lohan.
Foto: Cordon Press
El actor Burt Reynolds es otra de las víctima de la codicia y la mala praxis.
Tras afrontar un divorcio millonario y sufrir las consecuencias de dilapidar el dinero en decenas de casas y cadenas de restaurantes que no le devengaron lo que pretendía, en 2009 se arruinó. Años antes, quien encaró una circunstancia parecida fue Anna Nichole Smith, la playmate fallecida en 2007.
 En su caso el desembolso fue a parar a manos de sus abogados por los honorarios de la larguísima batalla legal que la modelo dio para quedarse con la totalidad de la herencia de su malogrado marido, el magnate petrolero James Howard Marshall.
 Una lucha, por cierto, que tras su muerte tuvo que librar su propia hija, esta vez para esclarecer la identidad de su padre. Cinco hombres reclamaron la paternidad de quien acababa de heredar una fortuna valorada en 80 millones de dólares, pero las pruebas de ADN concluyeron un nombre, el del fotógrafo Larry Birkhead.
El caso más escalofriante lo protagonizó el boxeador Mike Tyson en 2003, que gracias a sus rentables mamporros amasó una fortuna de 400 millones de dólares. Ese año se declaró en bancarrota, y esta vez no hizo falta la intervención de ningún contable inepto. En sus años dorados dilapidó cantidades obscenas de dinero en joyas, fiestas y chicas que no siempre abonaba. Ya saben, entre todos lo mataron y él solo se murió. Esas deudas injustificadas lo llevaron a los tribunales, un terreno proceloso que la actriz Pamela Anderson y la cantante Courtney Love conocen muy bien. La primera construyó una monstruosa mansión que se vio obligada a malvender por orden judicial, y a la viuda de Kurt Cobain el equipo que llevaba Nirvana le sustrajo la nada desdeñable cantidad de 20 millones de dólares.
Pese a que muchos no han conseguido recuperarse de sus adversidades, algunos de los personajes que padecieron estrecheces económicas han resurgido como el ave Fénix y han sabido darle la vuelta a la situación.
 Antes de crear el gigante de los sueños animados, Walt Disney creó la compañía cinematográfica Laugh-O-Gram Studio, que, ahogado por las deudas, acabó cerrando.
El presentador Larry King también vivió una experiencia trémula antes de hacerse rico con su célebre programa de entrevistas: en su juventud fue detenido tras ser acusado de robar a su socio 5.000 dólares, una imputación que no acabó de demostrarse por falta de pruebas
. Los dos vivieron grandes penurias, pero más tarde supieron reinventarse.
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Walt Disney en 1945.
Foto: Cordon Press
En nuestro país también tenemos casos de falta de liquidez entre los rostros populares.
"Yo tengo un hipotecón muy gordo y tengo mis cuentas a cero", confesaba el año pasado la actriz Rossy de Palma en una entrevista
. La extenista Arantxa Sánchez Vicario y el periodista Luis del Olmo vivieron en sus carnes la traición de sus personas de confianza
. A la primera, según explicó en las memorias que vieron la luz el año pasado, le fallaron sus padres, y al segundo lo estafó su administrador y amigo íntimo, quien le hizo perder "el 75% de su patrimonio". Parece que el dinero ha aniquilado más almas que la guerra personas.
 Ante la necesidad de preguntarse por la perfidia que provoca el vil metal, siempre resulta oportuno recurrir a Oscar Wilde −las perlas del escritor se antojan pertinentes ante cualquier desafío vital−: "En estos tiempos los jóvenes piensan que el dinero lo es todo, algo que comprueban cuando se hacen mayores".
Hermitage.....