Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

4 may 2014

La trampa electoral de Ana Botella


SCIAMMARELLA

Los votantes del Partido Popular consideran que Madrid marcha bien y que está bien gestionada
. La práctica totalidad sabe que la alcaldesa es Ana Botella
. Pero no quieren bajo ningún concepto que siga siéndolo. Cuando llegue el momento, en mayo de 2015, votarán a su partido. Y están convencidos de que ganará
. Pero, según revela la encuesta de Metroscopia publicada el viernes por EL PAÍS, el 76% desea que el PP elija a otra persona como candidata.
Botella es consciente de lo uno y de lo otro. “Me siento orgullosa”, dijo el lunes sobre su gestión, “se requería coraje”.
 Pero, aunque desea seguir al frente del Ayuntamiento, evita proclamarlo.
 “Llegará el momento, a su debido tiempo, de tomar la decisión”. Al contrario que el presidente regional, Ignacio González, ella no requiere abiertamente al líder del PP, Mariano Rajoy, ser la elegida.
Solo pide ser tenida en cuenta: “Estoy segura de que vamos a hablar juntos de eso, como debe hacerse”. Pero no ahora. No es el momento. Ella aduce que no lo es para los ciudadanos. Pero tampoco lo es para ella.
Está convencida de que puede mejorar en los sondeos. Si no comete errores. O si los cometen sus posibles rivales.
 La presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, a la que todos veían como la única candidata capaz de mantener el Ayuntamiento, ha perdido tracción entre sus votantes tras su incidente policial.
La encuesta de Metroscopia da a Botella el 32,5% de votos.
 No solo perdería la mayoría absoluta: se la transmitiría a PSOE e IU. Pero el PP maneja un sondeo propio que le otorga el 38% de votos en el Ayuntamiento. Como partido, independientemente del candidato.
 Esa es la marca que deben alcanzar tanto González (según Metroscopia, lograría el 36,7%) como Botella. Cinco puntos más en el Ayuntamiento. Suficientes para lograr 25 concejales, a cuatro de la mayoría absoluta (que casi ningún otro candidato lograría) pero muy por encima de los 21 que pronostica Metroscopia. Botella lo ve posible. Y gana tiempo.
Pero no solo.
La regidora promete rebajar o eliminar tributos, pero tras las elecciones
“Tengo en la cabeza el futuro de Madrid, independientemente de quién lo encabece”, dijo el lunes. Esa frase resume una doble estrategia: por una parte, “concentrar el 100% de la energía” en los ciudadanos y apartarse de luchas internas que desagradan tanto a ella como a Rajoy.
 Por otra, diseñar un “futuro” para la ciudad a la medida de sus aspiraciones y posibilidades.
Las elecciones primarias del PP durarán meses. Las encuestas serán el juez, pero el terreno de juego lo marcará la alcaldesa.
 Porque lo es, y porque sus rivales en el PP no pueden hacer públicas sus ambiciones sin arriesgarse a indisponer a Rajoy.
 Consciente de ello, Botella, sin decir que quiere ser candidata, está trabajando para que solo ella pueda serlo. O quiera serlo.
Pese al optimismo de los votantes del PP, Madrid no marcha bien. Seis de cada diez ciudadanos creen que va entre regular y muy mal.
 El año pasado, el Ayuntamiento destinó uno de cada tres euros de su presupuesto a pagar una deuda que no mengua.
La alcaldesa ha logrado no gastar más de lo que ingresa a fuerzas de recortar servicios (“tomando decisiones difíciles y haciendo sacrificios”). Pero la ciudad sigue intervenida por el Ministerio de Hacienda, que tiene la última palabra sobre cualquier decisión económica.
 O sea, prácticamente todas. La situación financiera mejora, eso sí, y mejorará más en los próximos años.
 Y Botella, que se atribuye parte del mérito, quiere gestionar también la bonanza.

De hecho, ya lo está haciendo.
 En eso consiste su trampa para el resto de posibles candidatos de su partido. Temerosa de incurrir en déficit ahora que es anticonstitucional, Botella ha recortado de más
. Y le sobra dinero. Pero no le sobra ahora, sino en 2015.
Y, pese a que ni siquiera sabe si será ella la candidata, ha decidido ya cómo gastarlo: bajando impuestos.
Con esta decisión mina el terreno liberal que sostiene a Aguirre entre los votantes del PP, tal y como ha hecho ya en otros temas clave para los conservadores como la lucha contra el terrorismo o el desafío soberanista catalán
. A estandarte de la derecha no le gana nadie, clama su entorno. Y es cierto: por méritos propios y por estar casada con el expresidente del Gobierno José María Aznar.
Ni siquiera los choques de este con Rajoy parecen afectar a las relaciones de la alcaldesa con el líder del PP, que vienen de largo y son de cariño y respeto. Botella jamás le causa problemas: de hecho, no proclamarse candidata cuando puede que él decida prescindir de sus servicios forma parte de esa línea de actuación.
Botella descubrió hace siete meses que la mejora de la economía nacional le iba a permitir contar con 2.400 millones más de lo calculado entre 2014 y 2022 en transferencias de ingresos del Estado.
 Acto seguido, anunció una rebaja del Impuesto de Bienes Inmuebles, que lleva años subiendo a un ritmo del 6%.
 Pero la rebaja se aplicará a partir de 2016. Es decir, puede que no sea ella quien tenga que tomar la decisión. Pero ya ha anunciado que lo hará.
Así se lleva el rédito electoral ahora, que es cuando lo necesita.
 Y, al mismo tiempo, marca la senda a cualquier otro que quiera su puesto, que se vería en problemas en caso de revertir esa decisión
. Lo mismo ocurre con su anuncio de suprimir la tasa de basuras.
 Lo prometió el lunes, pero lo pondrá en marcha en 2015. Y, aun así, ya es prácticamente irreversible en términos electorales.
Esas dos decisiones (como la supresión de los parquímetros fuera de la M-30, que avanzó también ese día) son una enmienda directa a Gallardón.
 Una bofetada que el ministro de Justicia comprende porque también Botella necesita sus bazas electorales.
 La alcaldesa sabe que cerrando las heridas de Gallardón (deuda, instalaciones a medio construir, etcétera) no se ganan unas elecciones
. Hiriéndole, tal vez sí. No lo desea, porque le quiere, pero, tras un cuarto de siglo en el poder, el PP necesita hacerse oposición a sí mismo para ganar
. De hecho, ya lo hizo el propio Gallardón con José María Álvarez del Manzano en 2003.
Los contratos de servicios a 10 años concentran a corto plazo la inversión
La oposición (PSM, IU y UPyD) se olvidó del ahora ministro en cuanto se fue: tenía un rival más fácil en Botella. Pero ésta necesita hacer oposición a Gallardón para construir su propio proyecto. Lo lleva haciendo, de hecho, desde que cerró la crisis del Madrid Arena, hace un año.
Al tiempo, eso sí, que solventa sin abrir la boca los flecos y desaguisados, que también los hay, de la gestión del exalcalde.
La trampa de Botella a sus posibles rivales internos tiene una tercera pata: los contratos integrales
. El Ayuntamiento ha puesto sus principales servicios (desde la limpieza viaria hasta el asfaltado o el cuidado de parques) en manos de empresas privadas con contratos de una década de duración que hipotecan la gestión futura de la ciudad.
Pero gran parte de los beneficios para Madrid los ha concentrado a corto plazo.
El contrato de obras, por ejemplo, prevé un plan de choque de aquí a 2015 para limpiar de baches la ciudad que supone un gran pedazo de la inversión total de todo el contrato. En parte, se justifica por el abandono de años anteriores debido a la crisis.
 Pero también es verdad que Botella saldrá beneficiada electoralmente.
¿Será todo esto suficiente para asegurarse la confianza de Rajoy? El líder del PP no puede permitirse perder la ciudad porque, con ella, podría caer la región y, seis meses después, tal vez La Moncloa. Los seguidores de Aguirre aducen que solo ella puede salvar Madrid, y no elegirla como candidata municipal por la enemistad manifiesta que se profesan ambos convertiría la derrota de Botella en una derrota de Rajoy
. Sin embargo, en el Gobierno se maneja la tesis contraria: quitar a Botella, con lo que esta significa dentro del PP, para luego perder la mayoría absoluta, como parecen pronosticar las encuestas sea quien sea el candidato, sí que haría daño a Rajoy.
Botella, entre tanto, sigue a lo suyo. “Tengo en la cabeza el futuro de Madrid, independientemente de quién lo encabece”.
Un futuro, eso sí, a su medida.

Melanie Griffith, hace saltar las alarmas en Twitter por unos comentarios sobre el matrimonio

Melanie Griffith hace saltar las alrmas en Twitter por unos comentarios
Foto: GETTY 
MADRID, 4 May. (CHANCE) -
   Melanie Griffith ha desatado la polémica en Twitter a través de unos comentarios que ha publicado en el que se plantea el significado del matrimonio y la credibilidad que tiene.
  Unas preguntas que han hecho que muchos se pregunten sobre la situación de su matrimonio con uno de los actores españoles más internacionales, Antonio Banderas.
   "¿Quién cree en el matrimonio y por qué? ¿Y por qué no?" una sorprendente pregunta que lanzaba Melanie y que ponía en alarma a todos sus seguidores.
Pero este comentario no se quedó aquí, si no que retuiteó a una seguidora que había comentado " dos años felizmente divorciada" creando un hastag muy polémico #happilydivorced.

Audrey Hepburn, 85 años de un mito de la moda y el cine

Audrey Hepburn, 85 años de un mito de la moda y el cine.

Audrey Hepburnn 85 años como un mito de la moda y el cine
Foto: GETTY 
   Hoy además de ser un día muy especial para todas las madres del mundo, se cumplen 85 años del nacimiento de todo un mito en el mundo de la moda y del cine, Audrey Hepburn. 
Para recordarla hoy el buscador más usado, Google ha querido homenajear a la actriz con un nuevo 'doodle'.
 Audrey Kathleen Ruston llegaba al mundo un 4 de mayo del año 1929 en Bruselas (Bélgica) y procedía de una familia de clase alta, ya que su madre era una aristócrata de origen holandés y su padre un banquero británico.
 Vivió sus primeros años en Holanda, pero posteriormente se trasladó a Londres.    Allí estudiará Danza y Arte Dramático en la Marie Rambert School lo que le permitió convertirse en toda una estrella gracias a sus apariciones en películas como 'Desayuno con diamantes' (1961, de Blake Edwards"), 'Charada' (1963, de Stanley Donen), 'Sola en la oscuridad' (1967, de Terence Young), y ya en un registro más dramático 'Historia de una monja' (1959, de Fred Zinneman).
 
   Finalmente Hepburn murió de cáncer apendicular en su casa en Suiza a principios de 1993 a la edad de 63 años, pero dejando atrás una vida repleta de éxitos que le permitió situarse en lo más alto de la gran pantalla
. Hoy 85 años después todo el mundo recuerda sus grandes ojos, su cara angelical y sus largas piernas.

Con un magistral Ralph Fiennes Crítica de El gran hotel Budapest: Una habitación con vistas a la genialidad de Wes Anderson

 El Gran Hotel Budapest,
Foto: FOX
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                                MADRID, 21 Mar. (EUROPA PRESS - Israel Arias)
   Llega a los cines El gran hotel Budapest, la última genialidad de Wes Anderson
Una película que cuenta con una legión de estrellas, un ritmo trepidante y una elegancia y poderío visual innegables.
 Una delicia en casi todos los sentidos
   Basada libremente en los textos del autor austriaco Stefan Zweig, la nueva creación del particularísimo Anderson (Moonrise Kingdom, Fantástico Sr. Fox, Life Aquatic, Los Tenenbaums) arranca con una pirueta que nos lleva a profundizar en tres niveles narrativos
. Un arabesco para abrir fuego que nos zambulle en una pomposa y estilizada farsa centroeuropea plagada de personajes extraordinarios que merecerían su propia película.
   Pero el protagonista de El gran hotel Budapest es Gustave H. (Ralph Fiennes), el estricto y soberbio conserje del lujoso hotel
. Un hombre de modales impecables que se rige por dos máximas: el cliente es lo primero y gallina vieja hace buen caldo.
 Y es que, además de estar entregado en cuerpo y alma al hotel y sus clientes, Gustave gusta de disfrutar de dosis de sexo añejo regalando lo segundo, su cuerpo, para el placer de sus inquilinas más ajadas e ilustres.
   Una de ellas, Madame D. (Tilda Swinton) fallece en extrañas circunstancias y le deja en herencia un valioso cuadro renacentista.
 Un testamento que le convertirá en el gran enemigo de la familia de la finada, que le acusa de ser su asesino
. Acompañado por Zero, el nuevo mozo del hotel al que da vida Tony Revolori, Gustave emprenderá una disparatada odisea para limpiar su nombre y hacer cumplir la última voluntad de su concubina.

CUENTO DE ENTREGUERRAS

   Traiciones, crímenes, persecuciones, fugas de prisión, historias de amor e incluso encontronazos con algo parecido a los nazis se van sucediendo en este cuento de entreguerras en el que Anderson maneja con destreza y brillante eficacia todas las herramientas que han hecho de sus formas un estilo inconfundible, una marca.
   Y puede que El gran hotel Budapest carezca de ese encanto infantil que hacía de Moonrise Kingdom una experiencia tan amable y deliciosa, pero la mala baba y malicia que sí tiene su nueva película la convierten en un disfrute perversamente divertido y, muy posiblemente, en el mejor título de su brillante filmografía.
   Anderson alcanza un nuevo nivel gracias al poderío visual y elegancia aristocrática con la que viste su nueva historia, a una notable banda sonora a cuenta del maestro Desplat y, sobre todo, a un ritmo narrativo y una intensidad que hacen imposible que la idea de mirar el reloj cruce siquiera la mente de los inquilinos que, ojipláticos y con una perenne sonrisa en sus labios, ocupan sus las butacas.

UN REPARTO DE LUJO

   Y hablando de inquilinos, además del magistral Fiennes y el joven Revolori, la imponente plantilla del hotel la componen nombres como los de Bill Murray, Jude Law, Willem Dafoe, Tilda Swinton, Harvey Keitel, Edward Norton, Saoirse Ronan, Jeff Goldblum, Adrien Brody, Owen Wilson, Jason Schwartzman o Tom Wilkinson. Casi nada.
   Perversa, demente, melancólica, divertida, ácida, obsesiva, artesanal, ingeniosa, sofisticada... también son muchos los adjetivos que encuentran acomodo en esta caricatura histórica, mezcla de sueño y recuerdo, en la que todo queda distorsionado y exagerado, como ocurre con esas viejas batallitas que se han contado ya demasiadas veces.
 Ni siquiera los nazis son como eran los nazis en la carta de amor a la vieja Europa de Wes Anderson.
   Comprar una entrada para El gran hotel Budapest es comprar 100 minutos en una habitación con vistas a la genialidad.
  Lo dicho, una delicia.