Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

3 may 2014

'El Gran Hotel Budapest', imperfecto y bello optimismo


Cartel de 'El Gran Hotel Budapest'
El concepto de autor aplicado a un director de cine es algo con lo que siempre he tenido mis más y mis menos —no podría parecerme más ridícula la idea de que la peor cinta de un autor será mejor que aquella de cualquiera que no lo sea—, ya que parece que sólo puede usarse para los realizadores que hacen cierto tipo de películas cuando a la hora de la verdad sería perfectamente aplicable con creadores más conflictivos como Michael Bay.
 Sin embargo, el caso que nos interesa ahora es el de Wes Anderson, un autor indiscutible más allá de la calidad individual de cada una de sus películas.
Me consta que Anderson tiene fervientes defensores y acérrimos detractores de su estilo
. Por mi parte, me sitúo en un punto intermedio que ha hecho que me encanten títulos como ‘Academia Rushmore‘ (‘Rushmore’, 1998) o ‘Moonrise Kingdom‘ (2012), pero también acabé bastante insatisfecho tras el visionado de ‘Life Aquatic‘ (2004) y ‘Viaje a Darjeeling‘ (‘The Darjeeling Limited’, 2007). Con ‘El Gran Hotel Budapest‘ (‘The Grand Hotel Budapest’, 2014) se ha quedado a mitad de camino de ambas realidades, aunque lo positivo sea bastante más abundante que lo negativo.

El encanto de ‘El Gran Hotel Budapest’

Imagen de 'El Gran Hotel Budapest' Una cosa que he ido notando en el cine de Anderson es su creciente optimismo a la hora de contarnos sus particulares historias, algo que alcanza una nueva cima con ‘El Gran Hotel Budapest’ sin renunciar en ningún momento a su muy personal estilo.
Mi compañera Lucía ya nos habló del mismo para mostrar si ligero descontento hacia la película, pero yo sí que he notado, aunque en algunos casos haya sido tiempo después de verla, ciertas diferencias respecto a sus anteriores trabajos que merece la pena destacar.
Lo más llamativo es el uso de unos colores mucho más vivos que transmiten una constante sensación de felicidad que hasta ahora Anderson había ido moderando de forma más o menos pronunciada según el caso.
 Aquí no hay límite alguno y toda ocasión es buena para saturar cualquier plano con un explosión de colores que recalquen ese elogio de lo absurdo que apuntaba Sergio y sobre el que se asientan las raíces de una obra que rehuye lo trascendental en beneficio de un relato ágil en el que el principal objetivo es conseguir la sonrisa del espectador.
Otro rasgo habitual de Anderson es confiar en un grupo de actores que han demostrado su valía dentro de su universo cinematográfico, pero en el caso de ‘El Gran Hotel Budapest’ su eficacia es mucho más moderada, ya que hay ocasiones en las que únicamente sirven para ralentizar y complicar innecesariamente la ligera historia que se nos está contando.
 No faltan varios cameos deliciosos —mi favorito personal es el de Willem Dafoe—, pero hay tal saturación que llegué a desconectar de lo que sucedía en pantalla, un error imperdonable para cualquier película.

Una película mucha más compleja de lo que parece

Ralph Fiennes en 'El Gran Hotel Budapest' Más acertados son las nuevas inclusiones, en especial el dúo protagonista interpretado por un exquisito, carismático y encantador Ralph Fiennes y un solvente Tony Relovori como contrapunto del primero en la que supone su primera aparición en la gran pantalla.
 Impecable resulta también la química entre ambos y la capacidad para hacernos olvidar lo intrascendente de muchas cosas que se nos cuentan por mucho que haya ciertas reflexiones subyacentes interesantes en sí mismas, pero más estimulantes por hacernos pensar a posteriori en ellas que por su acertada integración en el relato, ya que, por ejemplo, creo que todo hubiese funcionado mejor de no haber optado por convertir la trama central en un gigantesco flashback.
Todo ello controlado con una precisión impresionante por parte de Anderson, cuyo trabajo de puesta en escena en ‘El Gran Hotel Budapest’ alcanza tal nivel de perfección obsesiva componiendo cada uno de los planos —sabida es su debilidad por la importancia de lo que hay en el centro de la imagen— y utilizando diversos formatos según el momento histórico que nadie debería tener problemas en admitir que es su obra más lograda en ese apartado.
 Esto también se contagia a otros aspectos técnicos que él mismo supervisó hasta límites casi enfermizos para que nadie pueda osar discutir su reconstrucción histórica.
La cuestión es que por mucho que la forma sea inapelable, el contenido es mucho más débil de lo habitual en él y eso se nota mucho en el momento en el que su capacidad como ejercicio de estilo pierda su capacidad de mantenernos en trance.
 Llamadlo fascinación o necesidad de dejarse llevar, pero Anderson abusa demasiado de ella en este caso y es ahí donde queda claro que su perfeccionismo técnico no encuentra el apoyo necesario en el guión escrito por él mismo inspirándose en la obra de Stefan Zweig.
Tony Revolori en 'El Gran Hotel Budapest' Con todo, ‘El Gran Hotel Budapest’ es una película con suficientes virtudes para que prácticamente cualquier espectador —-y no solamente los hipsters con los que tanto se ha querido vincular, a veces con acierto y otras no tanto, el cine de Anderson— pueda disfrutar de una forma u otra con su visionado, y no me costará entender que haya quien, como sucede en el caso de mi compañero Pablo, celebre su llegada con gran entusiasmo.
 Mucho más modesto es mi parecer, eso sí.

Gabo, de principio a fin...............................................de Antonio Muñoz Molina

Caja con las cenizas de Gabriel García Márquez, el pasado 21 de abril en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. / Rebecca Blackwell / AP

Soy bisexual, ¿por qué no me crees?.................................................. Prado Campos

Un rumor sobre la sexualidad de Kristen Stewart resucitó en Internet el debate sobre la existencia de la bisexualidad. ¿Por qué?.

Kristen Stewart, heterosexual y discreta, durante una visita a España / Juan Naharro Gimenez  (Getty Images)

Internet decidió esta semana que Kristen Stewart era bisexual.
 Hacía tiempo que se estaban publicando en varias revistas del corazón fotos de la protagonista de Crepúsculo y otrora novia-no novia-novia-drama-loquesea de Robert Pattinson con su mejor amiga, Alicia Cargile, pero nunca los rumores sobre la vida íntima de esta actriz habían cuestionado su sexualidad con tanto ahínco.
Dio igual. Al poco se había desarrollado una teoría entera sobre cómo le gustaban los hombres y las mujeres a la vez.
 Y, como suele pasar cada vez que suena la palabra bisexualidad, Internet se llenó de escépticos recordándole a quien quisiera escucharles que la bisexualidad no existe.
 Que es, como dice el tópico, refugio de homosexuales que no quieren asumir su condición, o de personas particularmente libidinosas.
Es algo que lleva ocurriendo desde hace décadas, por mucho que el resto de los casos se dieran con historias más arraigadas en la realidad que la de esta semana.
 Muchas otras actrices han declarado públicamente su bisexualidad, desde Drew Barrymore a Anna Paquin, Megan Fox, Fergie, Angelina Jolie, Lady Gaga, Cynthia Nixon, Amy Winehouse o Evan Rachel Wood, quien además lo reafirmó en su Twitter hace dos años.
 También hay casos de hombres, si bien son menos notables o están más ocultos. Clive Davis, Alan Cumming, David Bowie o el saltador de trampolín inglés Tom Daley –aunque a principios de abril se desdijo y aseguró “soy un hombre gay ahora”– han declarado su condición sexual.
 Pocos varones que reafirman la teoría del estudio estadounidense Bisexual Invisibility, que recoge que un 70% de los hombres que tienen relaciones con hombres se consideran gais frente a un 65% de mujeres que se considera bisexuales.
Tom Daley, el deportista olímpico, se declaró primero bisexual para recular meses después y reconocer que era gay. ¿Ayudó a la causa? / Clive Rose
Este estecipcismo cíclico ante la opción sexual menos mediatizada conduce inevitablemente a la misma pregunta: ¿Qué tiene la bisexualidad para resultarle tan poco creíble a tanta gente?
“No nos respetan”
“Yo no empleo la palabra bisexual porque a nadie le gustan los bisexuales.
Todo el mundo le tira los tratos a los bisexuales… No nos respetan”. Esto decía Cynthia Nixon, una de las protagonistas de Sexo en Nueva York, en una entrevista.
 La falta de respeto, la consideración de que no es una opción sexual sino una “fase” hacia el reconocimiento de la homosexualidad, los estereotipos y clichés sociales que nos etiquetan como a o b, en este caso como homosexuales o heterosexuales, son el día a día al que se enfrentan los bisexuales.
 Es una opción que parece no contemplarse socialmente.
Y la consecuencia más evidente es su invisibilidad.
“La realidad es que la bisexualidad existe
. Es una orientación madura y tan válida como la homosexualidad y la heterosexualidad, pero somos educados en un contexto en la que no se considera una opción válida, solo hay dos opciones y hay que elegir una.
 Cuando alguien sale del armario se asume que es gay o lesbiana pero no se considera que sea una opción posible la bisexualidad.
 De hecho, las personas bisexuales sufrimos en el proceso de descubrir quiénes somos porque nunca se ha considera una opción real. La mayor parte hemos pasado por creernos hetero, homo y, finalmente, aceptar que somos bisexuales”, explica Esperanza Montero, presidenta del COGAM.
 “Yo salí del armario con 20 años como lesbiana y con 30 como bisexual porque me habían educado así y fue una liberación absoluta”, ejemplifica.
Megan Fox se considera a sí misma bisexual
. En realidad lo que dijo fue: "Olivia Wilde es tan sexy que me da ganas de estrangular un buey salvaje con las manos desnudas"
, pero se ha aceptado como declaración de bisexualidad. / Gareth Cattermole (Getty)
Por eso, dice, lo primero que hay que tener claro es qué es la bisexualidad
. Frente a la definición de la RAE –“dicho de una persona que alterna las prácticas homosexuales con las heterosexuales”–, Montero matiza que la bisexualidad es “la capacidad de sentir atracción emocional, sexual, romántica y/o física por personas de más de un género y/o sexo no necesariamente de la misma manera ni con la misma intensidad ni en el mismo tiempo”.
 Y eso último es lo que quiere remarcar porque, además de que la bisexualidad “es un término paraguas” asegura, el componente de tener simultáneamente parejas de distintos sexos es otro de los tópicos que se les cuelgan.
 “No es un cupón
. Hablamos de emociones y no hay que sentir exactamente lo mismo por un hombre que por una mujer porque, realmente, las orientaciones son fluidas. No es una cuestión de porcentajes sino de capacidad de sentir”, afirma.
"La realidad es que los seres humanos somos sexuales y poner etiquetas es como poner barreras al viento.
 Y una forma de control social también en la sexualidad de la población.
La bisexualidad siempre ha generado mucha polémica. Desde que Freud dijo que todos somos bisexuales
. Se ha debatido mucho, incluso dentro de los colectivos LGTB porque se ha considerado como un paso para poder asimilar la homosexualidad cuando, en realidad, hay estudios que sostienen la realidad de la bisexualidad. Desde Kinsey, el primero que estudió el comportamiento sexual, que aseguró que entre el 5-10% de la población es homosexual o heterosexual y el resto se encuadra dentro de escalas de bisexualidad”, explica Cristina Corbella, psicóloga, sexóloga, presidenta de la Asociación Garaia de Bilbao y miembro de la Junta Directiva de la Federación Española de Sociedades de Sexología.

Eclipsados e invisibles
Se acaba antes diciendo las cosas que Angelina Jolie no es que al contrario / Tim P. Whitby
Un estudio estadounidense de 2010, publicado en el Journal of Sexual Medicine, encontró que el 3,1% de los adultos se identifican como bisexuales frente a un 2,5% de gays o lesbianas. En el caso de los adolescentes, el porcentaje subía hasta un 4,9% en el primer caso y bajaba al 1% en el segundo.
 Y las mujeres, arrojaba la investigación, era “sustancialmente más propensas que los hombres a identificarse como bisexual”.
Frente esta realidad, la de calle, la cotidiana, nos demuestra que cuando alguien ve a una pareja de hombre y mujer piensa automáticamente que son heteros, si son dos hombres, gays y si son dos mujeres, lesbianas.
No se contempla otra opción.
No aparece si quiera en nuestro pensamiento.
Y si lo hace, el otro arquetipo es el de “solo es una fase” al reconocimiento de una orientación homosexual. Algo que genera, explica Montero, una doble discriminación. “Parece que ser bisexual es como una excusa o un disfraz para no mostrar tu verdadera homosexualidad cuando la realidad es que existimos. Creen que es una manera como más fácil de salir ahí del armario. Y sufrimos homofobia y bifobia.
El problema es que es muy complicado de demostrar la bisexualidad. Para poder dar a conocer mi orientación sexual o me creen o conocen mi histórico”.
 Y añade que para ver esa impuesta condición binaria (homo-hetero) solo hay que mirar un poco hacia atrás. “Es frecuente asumir que un personaje de ficción o histórico que ha tenido relaciones con personas sus mismo sexo es automáticamente gay o lesbiana porque no se asume que pueda ser bisexual”.
 ¿Ejemplos? Nos cita a Oscar Wilde pero también podríamos nombrar a Marlene Dietrich, Freddie Mercury o Eleanor Roosevelt.
Amy Winehouse, bisexual y efímera / Ian Gavan
Otro estudio realizado con mujeres, recogido por el informe Bisexual Invisility de San Francisco, determinaba la estabilidad de esta orientación sexual.
 Sobre una muestra de mujeres categorizadas como lesbianas, bisexuales o sin etiqueta, la investigación aseguraba que en 10 años “más mujeres adoptaron identidades bisexuales/sin etiquetar a las que renunciaron” así como que de las que se identificaron como bisexuales, el 92% mantenían esa etiqueta o la de sin etiquetar una década después y del 61% de las que comenzaron sin etiqueta lo hicieron de nuevo como tales o bisexuales.
Pero además de la invisibilidad, podríamos decir, social, la presidenta del COGAM señala que también existe la discriminación dentro del colectivo homosexual “porque a veces nos perciben como una orientación que hace uso de determinados privilegios” y el rechazo en la propia pareja “porque se confunde la atracción con las relaciones a la vez con hombres y mujeres
. Como en todo, hay personas monógamas o no pero eso no está relacionado con su orientación sexual.
En COGAM vemos muchos casos de bisexuales cuyas parejas tienen desconfianza, basada en clichés y mitos y en la falta de información, porque piensan que tienen relaciones simultáneas o que no les van a dar algo que necesitan”.

La bisexualidad masculina
Como decíamos antes, y utilizando simplemente los casos más célebres de famosos que han declarado ser bisexuales, la presencia de los hombres es notablemente inferior.
 Las teorías de por qué ocurre esto son tan diversas, y en ocasiones tan peregrinas, que van desde que para las mujeres es más natural por su forma de relacionarse más íntima con las mujeres hasta el ya comentado “camino” para reconocer que es gay.
“Es verdad que, en general y entre comillas, se soporta mejor e incluso se admite algo más la sexualidad de mujeres entre mujeres.
 Entre hombres parece que violenta más pero creo que es por la no valoración de la sexualidad de las mujeres.
 Tradicionalmente la sexualidad de la mujer, independientemente de su orientación, es invisible.
 Solo hay que mirar a los entornos más cercanos y a los calificativos que se escuchan para ver que aún sigue siendo ofensivo que una mujer tenga derecho a manifestarse sexuada.
 En el fondo es un pensamiento tradicional basado en que la sexualidad de las mujeres no es tan importante como la de los hombres.
 Mientras que en el caso de los hombres se cree que lo que está en juego es la masculinidad
. La orientación sexual es más difícil de asumir por un hombre y hacerla pública en una sociedad homófoba con sus barnices progresistas”, agrega Corbella.
A este respecto, Montero confirma que “los hombres bisexuales están más discriminados que incluso los homosexuales.
 Son más invisibles porque no se ha considerado la bisexualidad como una opción real, estructuralmente no hay otra opción
. Siempre hemos sido los grandes desconocidos dentro del movimiento y socialmente”.

 

Pareja de reyes...................................................................Luz Sánchez-Mellado


El rey Juan Carlos y la reina Sofía, en la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II en el Vaticano. / Franco Origlia (Getty)

Llámame cursi, blanda, Igartiburu, incluso, pero hoy estoy más mística que Esperanza Gracia y Sandro Rey juntos.
 Al final va a ser verdad eso de qué bonito es el amor, sobre todo en primavera
. Cuando llega mayo, no sé, estoy como abierta a todo
. Ilusa. Brilla el sol, estallan las glicinias, salen de la osera hordas de chicas con sus shorts intrauterinos, y nada vuelve a ser lo mismo.
 Que a las de mi quinta no nos miran ni los seguratas del aeropuerto, vamos.
 Porque, claro, en cuanto pasamos de 25 grados, o te quitas las medias ultraopacas, o coges una candidiasis de caballo, perdón, yegua, eso es incontrovertible.
 Y así: sin misterio, sin licra, a pelo de la dehesa, las comparaciones son odiosas.
 De tal guisa andaba yo estos días: lánguida, melancólica, asténica, mortificada con lo del tempus fugit, el carpe diem y el gaudeamus igitur, cuando se materializó ante mis ojos el renacimiento del romance de Sus Majestades, y me puse chota yo sola
. Confirmado, coetáneas: hay amor después de los 70.
 Aunque sea por la corona.
Empecé a barruntármelo el Domingo de Resurrección, larga que es una
. Mientras las revistas más pasteleras, perdón, palaciegas, entraban en coma diabético glosando lo monísimas que están las infantitas, yo, que a amargada no me gana nadie, díjeme: date, aquí hay tomate
. La noticia no eran las nietas, sino los abuelos. Ahí tenías a los reales yayos codo con codo, hechos dos chavales, conjuntados en celeste como Felipe y Letizia en los buenos tiempos.
 Vale que cada uno llegó por su lado y que era la primera Pascua que coincidían en la misma provincia desde que, en 2012, él saliera pitando a no sé qué cacería y volviera con la cadera rota y el prestigio por los suelos. Menudencias.
 Ahí había algo.
El martes fueron a la fiesta del Cervantes con Poniatowska, mexicanísima, como su nombre indica. El miércoles, al Cervantes propiamente dicho.
 El sábado, a la cena de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II.
 El domingo, a la santificación de los santos padres en San Pedro, será por santos: ella, de blanco ilusión; él, de terno oscuro, como para festejar urbi et orbi las bodas de oro que nunca celebraron
. El lunes, superarmónicos, recibieron la bendición de Francisco.
 Y de allí, sin perderse de vista, se plantaron en la jura de la ministra Tejerina, te lo prometo. Inseparables, ya te digo.
 Como que, cronómetro en mano, han pasado más tiempo juntos en los últimos ocho días que en los últimos ocho años.
Lo malo es que vuelve la rutina
. Él fue a vender la marca España a sus homólogos del Golfo, y ella quedose en tierra, ya se sabe que los jeques no son de monogamias
. Para eso estaba la ministra Pastor al quite
. El calorazo que habrá pasado esa santa con ese sayón, perdón, abaya, para darle gusto a los jeques no está agradecido ni pagado.
 Mi bochornazo, tampoco, pero eso van a ser los sofocos.
 Menos mal que en La Zarzuela han florecido los capullos. Y aún hay quien dice que lo de la real pareja es una operación de imagen y que cada uno hace su vida. Agoreros.
 Esos no han leído lo de Fermina Daza y Florentino Ariza en El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. ¿No caes?
Sí, mujer: Gabo.