Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

27 feb 2014

La potencia musical del flamenco............................................ José Manuel Caballero Bonald

El escritor y premio Cervantes, autor del artículo, analiza los orígenes, influencias y manera de tocar la guitarra el artista flamenco fallecido

Paco de Lucía era partidario de la soledad y de la felicidad, y eso reaparece continuamente en su obra.

De izquierda a derecha: Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía y Carlos Saura, en el rodaje de 'Sevillanas'. / EL PAÍS

Paco de Lucía estudió y practicó la guitarra flamenca con una extraordinaria capacidad indagatoria. Se sometió desde muy niño a un riguroso, obstinado, inflexible aprendizaje y asimiló muy a fondo los secretos expresivos de una tradición flamenca nacida y desarrollada en ciertos arrabales de la Baja Andalucía.
Desde su rincón nativo, Paco de Lucía saltó bien pronto al mundo
. Era de natural retraído y ensimismado, pero nada de eso se traspasó a la potencia comunicativa de su música.
También era partidario de la soledad y de la felicidad, y eso sí reaparece de continuo en su obra
. Casi sin apenas ser notado, a través de lentas y perseverantes enseñanzas, pasó de usar la guitarra como acompañamiento del cante a enaltecerla como instrumento de concierto
. Se integró así en una estirpe de guitarristas —Niño Ricardo, Sabicas, Montoya- que aportaron al flamenco toda una serie de memorables conquistas expresivas.
Pero Paco de Lucía impulsó, dotó de un nuevo rango estético, más dinámico, más innovador, lo que ya se había alcanzado en este sentido.
Convertido en uno de los grandes reformadores históricos de la guitarra flamenca, Paco de Lucía quiso llegar a más.
 Su técnica era impecable, de una desaforada perfección, pero él necesitaba ir más allá: necesitaba posponer la técnica a la sensibilidad, supeditar el lenguaje a su libre potencial creador
. A partir de los básicos esquemas musicales del flamenco, ideó nuevas formulaciones complementarias
. Los límites expresivos de los cantes eran en ocasiones insuficientes, o lo eran en razón de sus propios cauces comunicativos. Probó para ello con deslumbrante eficiencia esa correlación de fuerzas que le proporcionaban otros guitarristas eminentes de acento universal —Carlos Santana, Al Di Meola, Eric Clapton—, con quienes se confabuló para articular una manera de entender la poética de la guitarra flamenca absolutamente innovadora.
Se fundamenta así una forma nueva por inusitada de alianza artística
. Por el tejido de la tradición popular empiezan a filtrarse —o a definirse— unos nutrientes cultos. Una eventualidad que, en el mejor de los casos —en este caso— también resultaba enriquecedora.
Paco de Lucía disponía de un virtuosismo enigmático, imprevisible por momentos, literalmente inscrito en un sistema expresivo que podría llamarse —empleando un término muy manoseado— la estética del duende
. Por ahí se perfila el prodigio de llegar adonde nadie había llegado, a una situación límite donde la novedad equivalía a la clarividencia
. La manera de tocar la guitarra de Paco de Lucía era su forma de sacar a flote la intimidad.
 Y en esa intimidad se juntaban con similar lucidez el conocimiento y la intuición, lo aprendido y lo adivinado, una especie de cabal síntesis creadora.
 No me refiero ya a sus falsetas, es decir, a esas inolvidables filigranas ornamentales con que solía acompañar al cante, sino a la exigente estructura melódica, a la exquisita plenitud de su obra de solista.
Casi sin proponérselo, Paco de Lucía llegó a ser un auténtico compositor.
 Llevaba en la sangre, como suele decirse, una admirable propensión a los traspasos musicales de la experiencia.
 Es lo que hizo siempre con un lenguaje originalísimo y una asombrosa destreza imaginativa.
 Y todo eso sin esgrimir nunca ninguna clase de alharacas o vanas complacencias.
 Amaba la música con tanta honestidad como la vida.
 Con él, la guitarra flamenca alcanzó un fin de trayecto o, más propiamente, una virtud extrema que también podría llamarse —como he apuntado más arriba— una situación límite
. Lo demás es silencio.

 

El motivo que me empujó a la música.................Alejandro Sanz

Alejandro Sanz recuerda su estrecha vinculación familiar con el guitarrista flamenco.

Retrato a contraluz de Paco de Lucía junto a su guitarra en 1994. / Chema Conesa
Paco de Lucía es pura historia de mi vida.
 No es solo que mi padre y él se conocieran de chicos, no es solo que desde chico el nombre de Paco fuera como hablar de un héroe en Algeciras.
 Conocí a Paco cuándo en verano visitaba su casa de El Rinconcillo, él y sus hermanos, Pepe y Ramón y también toda la chiquillería que revoloteábamos alrededor de esa familia... tocando la guitarra a todas horas, soñando con un ole que saliera de la boca del maestro dirigido a cualquiera de nosotros
. No es solo que Paco fuera la inspiración.. el motivo por el que me dediqué a la música...
Es que era el padrino de mi hijo Dylan, que, hoy, cómo son las cosas de la vida, se ha levantado enfermo y triste, incluso sin conocer las desgraciadas noticias que nos iba a traer este ingrato día de febrero.
Me ha dado por pensar, claro, en cómo lo estará pasando la familia y también de qué manera estarán transcurriendo, lentas y dolorosas, las cosas en Algeciras, donde todo el mundo conocía y quería a Paco.
 Ellos, mi padre y el maestro, se trataron en aquellos años juveniles.
Y cuando Paco ya era toda una figura, también pero menos.
 Luego, con el tiempo, echó a andar mi carrera musical. Él me llamó un buen día, sus hijas querían conocer al inexperto cantante que yo era por aquel entonces, imagínense.
Después, disfruté algún tiempo de una especie de peña inolvidable en Madrid: la Banda del Tío Pringue.
Un puñado de amigos de infancia que junto a Pepe de Lucía y el propio Paco me dejaron disfrutar de las noches de los viernes... Quedábamos unos cuantos, nos dábamos unas vueltas por La Latina, nos dejábamos caer por los tablaos y no parábamos de reír y de disfrutar de las cosas de la vida.
Porque a Paco le gustaba entre otras cosas... reírse y en ello invertía mucha de su energía, era profundo pero también era tremendamente generoso con las debilidades de los demás y le quitaba importancia a la solemnidad.
Y así lo recuerdo; en nuestra última conversación mantenida por mensajes de teléfono, epílogo fatal a unos meses en los que nos vimos constantemente, aquí en Madrid o allá en Mallorca, o en México nos reíamos pensando que en Cuba quizá le tenían pinchada la línea
. En aquella charla también planeamos una próxima visita a México, que no, ya nunca será.
Podía parecer reservado, pero que nadie se confunda: era una persona genial en el trato.
 Tal vez no muchos le conocían, pero todos le querían.
 Músicos y aficionados. Yo creo que eso era porque transpiraba una enorme capacidad intelectual y emocional.
 Y, créanme, sus generosidades eran de las que cambiaban las cosas
. Un empujón suyo podía mover montañas.
 Recuerdo especialmente una entrevista en EL PAÍS en la que dijo que se sentía más cerca de Alejandro Sanz que de muchos otros músicos.
 En un tiempo en el que lo más fácil y obvio era la crítica, él estuvo allí el primero con un apoyo que nunca, ni por un momento, retiró.
Por todo lo cual, hoy me siento tan triste como si se hubieran muerto mi padre y mi madre al mismo tiempo
. Gracias Paco, comparito... tú te vas.. y nosotros nos quedamos… ya sabes lo que quiero decir.

 

El último día de Paco de Lucía

La familia se recluye en la guarida del artista frente al Caribe a la espera de que se produzca la repatriación del cuerpo.

Paco de Lucía y Juan Anyélica, de pesca en el Caribe mexicano.

Este miércoles a la playa de Paco de Lucía solo le falta Paco de Lucía
. Unos 20 turistas, en su mayoría estadounidenses, toman el sol sobre camas balinesas. Los vecinos del artista, también extranjeros, se bañan en una piscina privada encastrada sobre la arena
. No se habían enterado de su muerte y reciben la noticia con cara de extrañeza, como si nunca hubieran sabido que vivían al lado de un mito
. En Xpu-há, un lugar del Caribe mexicano a medio camino entre Playa del Carmen y Tulum, nadie repara en los carteles de “no pasar, propiedad privada” que protegen la finca del flamenco, como tampoco ven a Marta Poot, una amiga de la familia, sentada sobre la arena blanca llorando.
“No vuelve a nacer otro Paco de Lucía”, dice.
El artista llegó a México el domingo
. Venía de Cuba. En los últimos años le gustaba pasar temporadas en la isla.
Decía que allí sus hijos, de 13 y ocho años, podían jugar en la calle como lo hacían antes los niños en España.
 Los que lo vieron dicen que estaba más delgado y que se le notaba un poco de ansiedad.
 Hacía dos semanas que había dejado de fumar. México era, lo fue hasta el último día, su retiro.
 En una playa de aguas turquesa construyó un paraíso al que se escapaba de vez en cuando para esconderse de las giras y de los focos.
 En medio de una espesa vegetación y con una salida directa al mar, el genio de Algeciras apenas abandonaba su casa.
El martes por la tarde Paco citó a su amigo Juan de Anyélica, de 46 años y afincado en México, pero nacido en Madrid y criado en Sevilla.
 También músico. Juan le llamó desde una pescadería en la que paró por el camino y el artista le pidió que comprara unos boquinetes para cenar.
 Pensaban pasar juntos otra de muchas noches de trabajo en el estudio.
 El flamenco tenía algo nuevo en la cabeza.
En Xpu-há el sol empieza a caer poco antes de las seis. Paco aún jugaba el martes a esas horas con su hijo Diego sobre la arena cuando empezó a sentirse mal.
Fue con su esposa Gabriela al hospital de Playa del Carmen.
Allí ya los esperaba Juan, con los boquinetes frescos en el coche
. Paco se agarró a él para entrar y apenas podía hablar.
 Dice Juan que desde la camilla aún tuvo fuerzas para pedir a gritos un médico.
 Luego se desmayó. Las labores de reanimación duraron casi una hora, pero el maestro ya se había ido. Tenía 66 años.
El flamenco se refugiaba en la Riviera Maya huyendo de las masas, para desconectar de su otro mundo
La familia del artista se despidió de él en el hospital y desde entonces se han encerrado en su casa. Solo los más íntimos. Juan y su mujer Marta Poot, que aprovechan el atardecer para salir en silencio a ver el mar, Gabriela, la madre de esta y los dos niños
. El cuerpo del guitarrista espera cerrado al público en una funeraria de Cancún para ser repatriado a España, que ya prepara los homenajes al último de sus genios muertos.
En la Riviera Maya no son muchos los que conocían a fondo al flamenco, que llevaba desde finales de los 80 visitando la zona, pero huyendo siempre de las masas y detrás de ese afán suyo de encontrar aquí la desconexión de su otro mundo.
 Su primera casa fue en Playacar, una zona exclusiva pegada a Playa del Carmen. Iván Ebergelyi, entonces gerente de la zona residencial, le ayudó a encontrarla.
 “La usó mucho, disfrutaba saliendo a pescar y cocinando el pescado con arroz”, cuenta.
En los casi 20 años que veraneó en la vivienda, los turistas y los hoteles se multiplicaron al ritmo que lo hicieron sus cada vez más numerosas visitas a México.
 Decididos a conservar su independencia, Paco y Gabriela se compraron un terreno más alejado.
 La casa la construyó un amigo español en 2002 y el artista plantó él mismo toda la vegetación de la finca, que ahora solo deja ver la techumbre de paja típica de la vivienda.
Hasta horas antes de morir, el artista estuvo trabajando en el jardín.
Lejos del silencio de la vivienda, a la que no se acerca ni un curioso, los trámites para repatriar el cadáver ocupan desde la madrugada de la muerte al cónsul honorario de España en Cancún, Javier Marañón, sin dormir desde entonces.
 El único vuelo directo a Madrid sale el viernes y la opción de una escala es complicada
. Dice Marañón que la mejor posibilidad es un avión privado que cuesta, según sus cálculos, unos 90.000 dólares.
 El flamenco tenía un seguro con la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), que se hará cargo del traslado. “Pero ya conoces a los seguros”, apunta el cónsul.
Cuando el cuerpo y la familia lleguen a España, lo que es silencio en México se convertirá en bullicio, tal y como fue en su vida.
 “Parece tan irreal que creo que en cualquier momento va a aparecer”, dice su amigo Juan a la puerta de su casa.
En Xpu-há anochece por primera vez sin el guitarrista.

 

26 feb 2014

El refugio mexicano.......................

El guitarrista pasaba en la costa yucateca largas temporadas desde hace más de 20 años.

Paco de Lucía, en una actuación el pasado mes de julio. / RAFA RIVAS (AFP)

“Paco vivió como quiso y murió jugando con sus hijos al lado del mar”, dice el comunicado de la familia del guitarrista en el que informa de su muerte este miércoles a los 66 años 
. Ese mar era el mar de Caribe, donde el artista regresaba una y otra vez desde hace más de 20 años. Paco de Lucía encontraba en la costa mexicana un lugar en el que descansar después de sus giras, cerca de la abarrotada ciudad de Cancún pero apenas explotado
. “[El sol] es el más bonito que haya visto nunca. En los días claros, de sol, cuando hay viento de norte, el agua es una belleza”, dijo el músico flamenco.
 "Yo me he pasado 20 años soñando en Madrid y en mi vida que llegaran las vacaciones para venir aquí. Para mí era desconectar del mundo y pasar a un estado mágico".
Este miércoles el cónsul honorario de España en Cancún, Javier Marañón, informó de que el cuerpo del artista se encuentra en una funeraria en esa ciudad.
 "El problema para repatriarlo a España es que el único vuelo directo desde Cancún no sale hasta el viernes. 
Las otras opciones que barajamos son la de transportarlo haciendo escala en la Ciudad de México o Miami y utilizar un avión privado, ya que hay mucha gente dispuesto a ayudarlo
". En este sentido Marañón ha precisado que el asunto económico está resuelto entre el Gobierno de España y el seguro que De Lucía tenía en la SGAE.

En palabras del cónsul, la familia del músico se encuentra "muy afectada" y permanece en la casa que el artista poseía en la zona.
 En especial, su esposa Gabriela ha expresado que su fallecimiento ha sido algo "inesperado".
 Los reyes de España le han enviado un telegrama para hacerle llegar su pésame.  Paco de Lucía tenía dos hijos y una esposa mexicanos.
Hace muchos años que el músico comenzó a visitar la costa este del país para alejarse de la fama. Compró una casa en Playa del Carmen pero la zona empezó a crecer hasta que se convirtió en uno de los principales focos turísticos del país. 
“Hace 30 años, Playa del Carmen era un pueblecito de pescadores con cuatro cabañas, cuatro fruterías y unos cuantos locos que venían de Italia o de España.
 Era el sitio ideal para relajarme después de la vida que llevo, tan intensa con tantos conciertos y tantas responsabilidades.
 Son palabras del propio guitarrista recogidas en el documental Francisco Sánchez, Paco de Lucía, dirigido por Daniel Hernández y Jesús de Diego. En él, aparecen varias imágenes del Paco de Lucía en sus estancias mexicanas. 
"Me pasaba el año entero de gira contando los días que faltaban para venir a México a pescar y a desligarme de todo aquello". 
Pero la afluencia de turistas hizo que Playa del Carmen dejara de ser ese lugar tranquilo que el guitarrista necesitaba, por lo que decidió vender su casa y buscar otra más alejada cerca de Tulum. “Era su refugio. Le gustaba vivir ahí, un poco aislado”, ha dicho a EFE el cónsul honorario de España en Cancún, Javier Marañón
. "Hacía sus giras (...) y después, en cuanto podía y acababa, se venía a refugiar en su casa", añade. "A él le gustaba mucho su privacidad", cuenta el cónsul, que está trabajando en los trámites para repatriar el cuerpo del artista andaluz a España.
Paco de Lucía escapaba a México.
 A pesar de pasar largas temporadas aquí, apenas ofrecía conciertos.
 No era un lugar al que fuera a trabajar sino a disfrutar; dicen sus allegados que le gustaba bucear y pescar en las aguas cristalinas que bañan la Península de Yucatán.
 "Agarro lo que me hace falta para comer y yo ya no pesco más", cuenta en el documental - rodado entre España y México - en el que aparece en su casa mexicana, paseando por la playa y nadando con tortugas.
El pasado mes de octubre se reencontró con su público mexicano después de 15 años sin actuar.
 En Distrito Federal llenó el Palacio de Bellas Artes y el Auditorio Nacional.
 Después viajó a Colombia.
Y de vuelta a México donde, según dice el productor Javier Limón, “estaba porque quería grabar un disco de flamenco”.