Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

15 feb 2014

Mapamundi Arco


'Elizabeth' (2012) de Alex Katz.

Si hay un termómetro que presagia el comportamiento de Arco desde hace bastantes años es Helga de Alvear.
 Si la galerista y coleccionista está triste, malo; si no va al programa general de la feria (como ocurrió en 2010), horroroso, y si está contenta… Bueno, si se muestra alegre, Arco pinta bien.
“¡Por fin voy a poder comprar a las galerías españolas!”, exclama
. La bajada del IVA del arte —cuya letra pequeña ha mitigado la euforia inicial en el sector— le da motivos para transmitir unas noticias que sus colegas galeristas recibirán con la misma esperanza que se escucha la sirena de una ambulancia en un accidente
 Sin embargo, Helga de Alvear tiene fama de verso suelto y surgen las dudas.
Desde la llegada en 2010 de Carlos Urroz a la dirección de la feria, Arco ha fiado su presente y su futuro a la capacidad de atracción de coleccionistas extranjeros, sobre todo latinoamericanos. Idéntica estrategia que la pujante Zona Maco (México) o la poderosa Art Basel Miami. Sintiendo el aliento en la nuca, la feria madrileña ha añadido a su exposición de motivos una nueva estrategia. “Arco es un lugar donde coleccionistas, comisarios y directores de museos pueden descubrir artistas”, asegura Carlos Urroz
. Un asidero más para una feria que tal vez pueda vivir su mejor edición de los últimos dos o tres años. El IVA del arte baja
. Pasa, por término medio, del 21% al 15,5%. Un respiro para las galerías y los coleccionistas españoles. Además, la organización ha invitado a unos trescientos potenciales compradores, y algunas instituciones, como el Museo Reina Sofía, pasarán por caja.
 Los astros se alinean. ¿Será suficiente?
La calidad de una feria la dan las galerías que participan y hace años que los nombres punteros del arte contemporáneo no vienen a Arco. Nadie espera a Marian Goodman, David Zwirner, Barbara Gladstone, Metro Pictures, Gagosian o White Cube.
 “Las grandes galerías no están y es una batalla perdida en un futuro inmediato”, reconoce Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía. Entonces, ¿se agota la fórmula Arco? Tal vez la palabra no sea “agotamiento” sino “evolución”. La competencia exige evolucionar continuamente sobre todo si recordamos que cada 15 días se celebra una feria de arte en algún lugar del mundo.
 “Arco debe ser un espacio de encuentro y de búsqueda de propuestas alternativas.
A largo plazo puede ser bueno para que regrese un cierto tipo de coleccionista”, propone Borja-Villel. A fin de cuentas, Arco ha de ser capaz de crear un arquetipo de comprador propio y un modelo de feria único. Es la baza de su subsistencia. Su lugar en el mundo.
Arco ha de ser capaz
de crear un arquetipo
de comprador propio y un modelo de feria único. Es la baza de su subsistencia
Pero el tiempo es una amenaza. Por eso habría que recordar el arranque de la novela Menos que cero, de Bret Easton Ellis:
 “A la gente le da miedo mezclarse con la circulación de las autopistas de Los Ángeles”.
 Y combinarlo con las palabras del responsable del Reina Sofía: “En la sociedad, en general, hay una tendencia a ser igual que los demás. Como si se temiera a lo diferente, la mezcla. Y en el arte también vemos esa homogeneización. Nombres que se repiten constantemente. Y esos nombres se hallan muy ligados al mercado”.
Sin embargo, entendida la feria como un espacio, sobre todo, de comercio, estas páginas son un pequeño mapamundi de los artistas presentes en Arco que respalda el mercado. Pero a la vez también cartografían algunos creadores que representan la diferencia.
 Otras autopistas por las que viajar. Otros ámbitos.
“Reservo la mejor pieza de cada exposición que hago a lo largo de la temporada y la llevo a la feria”. Esta es la estrategia de Mira Bernabéu, director de la galería valenciana espaivisor.
 En su estand, obra de Lotty Rosenfeld, Tomislav Gotovac, Sanja Ivekovic y el siempre potente trabajo de Nil Yalter, con su serie fotográfica Algerien Marriage in Dreu. France, 1977, que se vende por 80.000 euros. Otra galería donde también prima lo conceptual y lo sociopolítico, la barcelonesa Project SD, apuesta por una horquilla de precios amplia. Desde los 850 euros de una edición de Dora García a los 24.000 euros por una pintura de gran formato del belga Pieter Vermeersch.
 A medio camino muestra un políptico de 12 piezas sobre papel de Patricia Dauder (16.000 euros). “Espero acertar con el estand”, apunta su directora Silvia Dauder. Porque una feria tiene mucho de azar. Aun así, “hay que ser lo más ambicioso posible con el nivel de las galerías y los coleccionistas”, analiza Gloria Pérez, de Joan Prats.
 Este año, en su banda alta de precios y de mercado, Juan Uslé y Julião Sarmento (60.000 euros).
Al fin y al cabo, “es tiempo de ir con todo. Trabajos potentes, pesos pesados y grandes firmas”. Fer Francés, director de Javier López, dispara la frase. Lleva solo dos meses al frente de la galería —antes trabajó en la todopoderosa David Zwirner— y en su estreno trae a Madrid una tela de tres metros de David Salle (cuyos últimos resultados en subasta combinan la cal y la arena), los leds superventas de Jenny Holzer y la pintura plana de Alex Katz (500.000 euros).
Todo en busca de captar la atención de un coleccionista que no tiene un único rostro, por “eso es una feria tan especial”, apunta Jean Frémon, presidente de la galería Lelong.
 “En los primeros días llegan sobre todo los clientes internacionales de América Latina, Alemania o Turquía”, dice.
“También hay coleccionistas privados, con sus propios museos, que compran piezas históricas”.
Con esa mirada destaca un papel (Black Column, 2013) de David Nash (15.300 euros) y una técnica mixta (Quadrat retallat, 2004) firmada por Antoni Tàpies (36.000 euros).
En este viaje por la feria, hay, al menos, tres galerías españolas que imponen su pegada en la línea que une artistas y éxito de mercado. La catalana Marc Domènech apabulla con grandes nombres de las vanguardias y el arte moderno: Léger, Lichtenstein, Dalí, Giacomo Balla, Matisse, Paul Klee, Picasso, André Masson, Miró. Un estand que mira, sobre todo por precio, al cliente extranjero. “La calidad siempre es la mejor estrategia”, aseguran. Mientras, una imprescindible de Arco, Elvira González (quien no facilita los precios de las obras), responde con Barceló (Dogón II, 2008), Calder (Huit Rondelles Rouges, 1971), John Chamberlain, Donald Judd, Olafur Eliasson, Josef Albers y Lee Ufan. El artista coreano ha aumentado su cotización y el interés por su trabajo tras la retrospectiva de 2011 en el neoyorquino Guggenheim
. Ejemplo claro del efecto arrastre que ciertos museos tienen en la valoración de los artistas. Al fondo, Guillermo de Osma añade gasolina al fuego de los precios con un estand que se mueve entre 1.500 y 300.000 euros y que se basa en artistas históricos como Richard Serra, Manuel Millares, Juan Gris, Óscar Domínguez, Miró o Joaquín Torres-García junto a la muy de moda Mira Schendel. Guillermo de Osma, su director, suma a las llamas el optimismo: “El coleccionista español se ilusiona con Arco”, sostiene.
Hace falta ilusión, pero también fe, esperanza y caridad.
 Las tres virtudes teologales. Fe en que los coleccionistas extranjeros comprarán, esperanza en que la reducción del IVA (aunque limitada) ayudará y caridad (bien entendida) en la respuesta de las instituciones públicas
. En los dos últimos años, el Reina Sofía ha comprado obra de artistas que se pueden encontrar este año en la feria y a quienes respalda el mercado.
 Puede ser una pista. Apunten. Pablo Palazuelo (Temps Blanc, óleo sobre lienzo, adquirido por 230.000 euros), Matt Mullican (Untitled, instalación, 75.000 euros), Mario Merz (Fibonacci Napoli, 10 fotografías y neón, 400.000 euros), Nancy Spero (Bomb Shitting, aguada y tinta sobre papel, 44.668 euros) y Heimo Zobernig (sin título, 181.500 euros).
Esta es una estrategia; otra, la más recomendable, es seguir el criterio propio y fijarse en galerías con un programa sólido.
La berlinesa Crone llega con un estand que se reparten Rosemarie Trockel (cuyos remates en subasta subieron bastante el año pasado) y Hanne Darboven. El imprescindible trabajo de esta última, comisariado por João Fernandes, subdirector del Reina Sofía, podrá verse a partir del 26 marzo en el museo público. De Alemania también procede la voz de la galería Grässlin, su directora, Bärbel Grässlin, cree que los precios que alcanzan en subasta Markus Oehlen y Heimo Zobernig “confirman su calidad”. De ambos trae pintura. ¿Cifras? 59.000 y 44.000 euros, respectivamente. De Imi Knoebel, otro de los favoritos del mercado, ofrece un acrílico sobre aluminio (Bild 25.10.2013) valorado en 130.000 euros.
La cuestión no es solo si vendes o no, el problema es cómo afecta a tu trabajo si vendes mucho y muy caro
Por su parte, Thomas Schulte, una presencia fija desde hace años en la feria, acude, entre otros, con tres autores que gustan al mainstream. Richard Deacon abre el fuego con una escultura de acero (Something Else Happens, 2013) valorada en 45.000 euros, le sigue Jonathan Lasker, que muestra un óleo (The Handicapper’s Faith, 2011) tasado en 200.000 dólares (148.000 euros) y cierra el vértice la visión política del chileno Alfredo Jaar (quien también está presente en Oliva Arauna) con una caja de luz de gran formato (245×245×18 centímetros) titulada Milan, 1946: Lucio Fontana visits his studio on his return from Argentina, 2013.
El precio hay que pedirlo directamente a la galería.
Pero no todo es cuestión de dinero en Arco, sino también de tiempo. Chantal Crousel acude a la feria desde el comienzo y la ha visto “crecer en interés y audiencia”, asegura.
Esta edición llega con un estand dedicado a José María Sicilia, un artista con más respaldo de ventas (aunque sus precios en subasta sufren mucho) que aprecio crítico. Aun así Crousel cuenta en su programa con creadores (Isa Genzken, Danh Vo, Mona Hatoum, Gabriel Orozco) que se defienden muy bien en el mercado primario y en las subastas. “Solo podemos esperar que los artistas sean lo suficientemente fuertes para resistir esta presión [del segundo mercado] y que no aumenten su producción o creen trabajos sin necesidad”, observa Crousel.
Sin embargo los creadores, sobre todo los más jóvenes, parecen tener claro cómo manejar la tensión. “No sigo las subastas, ni me interesan ni pienso que afecten a mi carrera. El mercado puede afectar a las ventas de las obras que produzca, al número de exposiciones a las que me inviten o al interés que mi trabajo genere en la industria del arte.
 Pero no creo que mi carrera se defina, ni quede representada, en esos términos”, describe Paloma Polo, el único representante español en el programa general de la última Bienal de Venecia y cuyo trabajo muestra la galería Parra & Romero. Junto a Polo, el estand recoge obras (de 10.000 a 50.000 euros) de Rosa Barba, David Lamelas y Luis Camnitzer.
 Todos con buen encaje entre los coleccionistas y las instituciones.
Tampoco la artista polaca Maria Loboda —quien ha participado en la pasada Documenta de Kassel— mira con desconfianza al mercado, aunque advierte de sus efectos. “La cuestión no es solo si vendes o no, el problema es cómo afecta a tu trabajo si vendes mucho y muy caro”.
 Y avisa: “El exceso de producción puede sobrecargar con facilidad tanto a uno mismo como al público y además corres el peligro de terminar repitiéndote porque sabes que un cierto estilo generará dinero”
. Lo sintetiza Pablo Flórez, de la galería Heinrich Ehrhardt, “se trata de trabajar con artistas, no de venderlos de mala manera o ganar dinero con ellos a costa de cualquier otro tema”.
 Una buena advertencia frente a la especulación que sufren los trabajos de creadores muy jóvenes como Jacob Kassay (Polígrafa trae litografías por 3.900 euros), Óscar Murillo, Rashid Johnson, Nate Lowman o Alex Hubbard.
Al fin y al cabo, “comprar o vender en subasta es como ir al casino, con la desventaja de que si pierdes, es decir, si la obra no se vende, queda señalada para una buena temporada.
La venta privada es diferente, se llega a un acuerdo de precio y si se vende, bien para ambas partes; en caso contrario, no has quemado la pieza”, resume Paloma Martín Llopis, uno de los directores de la neoyorquina Edward Tyler Nahem. La galería maneja un fondo que va de Basquiat a Willem De Kooning.
Pero en Arco también hay artistas que si todavía no son sin duda serán. João Maria Gusmão y Pedro Paiva (Fonseca Macedo-Arte Contemporáneo y Graça Brandão) encajan ahí. Este dúo portugués crece en apoyo crítico (en junio estarán en el centro milanés HangarBicocca, cuyo director artístico es Vicente Todolí) y de mercado. ¿Precios? 8.000 euros las fotografías y 13.000 los vídeos. Esta es una voz entre otras mil. También hay que escuchar a Armando Andrade Tudela y Mario García Torres (Elba Benítez), Teresa S. Abboud (Formato Cómodo), Adrià Julia y Tracey Rose (Dan Gunn), Jerónimo Elespe (Ivorypress), Laida Lertxundi (Marta Cervera), David Claerbout (Micheline Szwajcer), Itziar Okáriz (Moisés Pérez de Albéniz), Iñaki Bonillas (Niels Borch Jensen Gallery), Néstor Sanmiguel Diest (Maisterravalbuena), Enrique Radigales (The Goma)…
 Consagrados, emergentes, noveles, con aceptación del mercado o sin ella; da igual, los artistas que participan en Arco demuestran que la cultura y el arte contemporáneo en España, no es, por mucho que algunos se empeñen en que sea así, la piltrafa que el tablajero arroja al muladar.
 Viajen por la feria. Mézclense con la circulación del arte. Disfruten del mercado; y también de las diferencias.

Un moreno y una rubia.................................. Luz Sánchez-Mellado

Aunque la pugna entre Moreno Bonilla y Susana Díaz no pase a los anales de la alta política, puede darnos sus buenos cuartos a las pregoneras.

 

Moreno Bonilla y Susana Díaz. / JULIÁN ROJAS / JULIO MUÑOZ (EFE)

No gano para sustos
. Ahora que le estaba cogiendo el tranquillo al jefe de los ojazos, va la cúpula, me lo permuta por otro notable —será por prebostes— y tengo que empezar a hacerle la rosca desde el principio
. Mira que a mí no se me caen los anillos, y si se me caen meto la mano hasta el codo en el agujero que haga falta, que dice Bibiana Fernández
. Pero una va teniendo una edad equis y no tiene cuerpo para según qué trotes
. Con el nivelazo que hay ahí fuera, encima.
El jueves estuvo María José Campanario en El hormiguero, y el viernes Rosa Benito canceló su reaparición estelar en Sálvame deluxe a última hora
. Ya me contarás si, con tamañas exclusivas en la competencia, puede una fantasear siquiera con apuntarse un tanto con el nuevo
. Como que el otro día soñé que Obama me concedía una entrevista en profundidad y me desperté empapada.
En sudor, malpensados.
 Menos mal que era una pesadilla, que si llega a ser cierto, tal y como está el mercado de exquisito, me pego la paliza del siglo empollándome El inglés en 1.000 palabras para luego comerme el curro con potatoes porque el personaje no pasa el filtro.
Así que voy a marcarme objetivos ambiciosos, que para bajar el listón y hacerme un aquí te pillo aquí te mato con Kim Jong-il por Skype siempre hay tiempo. Que se prepare el hombre del momento, ahora no caigo en el nombre, que voy a por él a degüello
. Sí, mujer, el tipo al que Rajoy ha señalado para batirse con Susana Díaz en las próximas andaluzas. Ay, lo tengo en la punta de la lengua: el número dos de Ana Mato, la ministra de Sanidad que dijo que “la falta de varón no es un problema médico”, siendo como es la pandemia del siglo XXI.
Que sí, que lo conoces seguro: un chicarrón del sur así lustroso, guapetón a la antigua y de pelo más grueso que el humor de Torrente.
 No, Floriano, no, obsesa, más moreno, ¡eso!: Moreno Bonilla. Por lo visto, han volado cuchillos entre Cospedal y Arenas para colocar a sus peones y ha ganado el favorito del Campeón, valga la redundancia. A mí las guerras intestinas me son inverosímiles, bastante tengo con mis problemas de tránsito. Pero, aunque la pugna entre Moreno y Díaz no pase a los anales de la alta política, puede darnos sus buenos cuartos a las pregoneras.
Un moreno y una rubia sin una cana de tontos, jaquetones ambos, cachorros desde lactantes de sus respectivos partidos, con hambre de gloria atrasada y sin complejos de ERE ni de sobres, dándose estopa de aquí a las autonómicas.
 Con la cuarta parte, Aaron Sorkin se monta una intriga con mucha tensión sexual resuelta a lo bestia en ventas de carretera entre sus respectivos jefes de campaña, y arrasa en los Grammy. Eso va a ser una lucha en el barro y no los juegos florales de las dos Sorayas en el Congreso.
 Él, de momento, le ha esputado a ella que usa Andalucía de trampolín a La Moncloa, como si él no fuera un paracaidista lanzado desde allí a salvar su patria chica.
Ella, por ahora, se ha hecho la sueca de Triana y no ha mentado a su oponente, como si lo que no se nombra no existiera o existiese. El morbazo está servido
. Llamadme petarda, frívola, macromachista, pero donde esté un duelo mixto, que se quite un Rajoy-Rubalcaba en horario de máxima audiencia.

La publicidad de San Valentín

La publicidad de San Valentín

Por: | 14 de febrero de 2014
Ya llegó el día señalado, el que despierta  amores y odios a partes iguales: el día de San Valentín. Se trata de un día de extremos, un día donde solo hay blancos o negros, no existen los grises.
 De pronto ves en Facebook la foto una cena romántica y un segundo después lees un escrito que dice: “San Valentín es un invento del capitalismo”
 . Pues bien, en este artículo hay lugar para los partidarios y también para los detractores de esta “fiesta” de color rojo y rosa.
A pesar del lado en el que te encuentres tú, el 14 de febrero es un día señalado en la mayoría de calendarios, ya sea para no olvidarnos de comprar un regalo, para mentalizarnos de que ese día lloraremos por los rincones, o para recordar a los enamorados lo patéticos que son. Los anunciantes son conocedores del poder y del significado que este día puede tener sobre cada uno de nosotros, y por eso hace días que éstos están llenando Internet con spots y campañas con temática amorosa. 
Una excelente oportunidad para tratar de humanizar las marcas, de acercarlas al consumidor, y cargarlas de sentimientos positivos.  
En este post repasaremos buenos ejemplos de cómo aprovechar la oportunidad que supone el San Valentín y la explotación que las marcas hacen de él para desarrollar campañas de publicidad notables.
 Las hay para todos los gustos: para los enamorados hasta las trancas, para los solitarios, para los apasionados, para solidarios, o hasta para los más sádicos.
El primer ejemplo es el “Instalove” de LG.
 La empresa surcoreana se ha puesto cursi y pegajosa, y nos presenta esta aplicación (solo disponible en móvil y tablet) para que los tortolitos se declaren su amor vía Instagram. 
La idea es simple: crear y subir a Instagram una imagen con dos flechas entrecruzadas + el nombre de los enamorados. 
Al poner “like” aparecerá el típico corazón encima de la foto, y durante 0,05 segundos podrás fardar de amor eterno con tu pareja. 
¡Y puedes hacerlo las veces que quieras! Lo sentimos LG, hay mil formas de demostrar amor a otra persona sin parecer estúpido… Juzgad vosotros mismos.

Dejamos atrás los ejemplos “cursis-vomitivos” para centrarnos en aquellos que sí que molan, como el spot de Gun Oil
 . A una marca de lubricantes sexuales podría bastarle jugar con los conceptos de la pasión o de la sensualidad, y luego desarrollar la idea con una de sus múltiples variantes: calor, frio, fresa, mango, retardante, intensificadores...
 ¡Bueno, qué nos vamos del tema! El caso es que esta marca americana ha decidido romper los esquemas y, sin dejar de ser coherente con lo que vende, nos plantea una historia de amor con un final muy sorprendente. Ai, el amor… que no entiende ni de distancia ni de sexos.
  
El siguiente ejemplo nos lo trae Wilkinson, una de las marcas que lo está pasando peor en los últimos años, y no precisamente por la crisis, sino por la moda de dejarse barba.
 ¿Cómo puede luchar una marca de cuchillas de afeitar que se juega su futuro, contra un ejército de hipsters barbudos? Pues con creatividad y apelando a lo único que a un hombre le haría afeitarse la barba: las mujeres
 Para ello, Wikinson deja atrás los anuncios de los tíos sin camiseta delante del espejo, para crear una acción de street marketing en la que los ingredientes principales son: una valla gigante, una barba de tres días, y muchas rosas.
  
La siguiente campaña va dedicada a todos y cada uno de los que creen que el día de San Valentín es un día trist
e. Puede serlo hasta que te topas con marcas como Atrápalo, a la que le encanta conversar con sus usuarios y liarla en Internet 
. En esta ocasión están buscándole novia a @Cap0 , un hombre más feo que Picio (perdón si hay algún Picio leyéndonos)
. La historia viene de largo: el año pasado este personaje (la cuenta es de Tomás, un guionista de El Terrat) decidió pedirle a Atrápalo que dejaran de enviarles newsletters el día de San Valentín.
 La empresa de ofertas de ocio no dudó en responderle, y le recomendó una oferta de SpeedDating.

¡Dios bendiga tu estilo!......................................... Boris Izaguirre

¡Dios bendiga tu estilo!

La Corona española ha caído como algo divertido en Caracas, donde la noticia seria es la muerte de tres estudiantes en una manifestación que terminó violenta.

El opositor venezolano Leopoldo López, en una imagen del pasado martes. / JUAN BARRETO (AFP)

Observando el polémico vídeo de la declaración de la Infanta, emitido a través del portal Wouzee, asombra que dentro de la sala estuviera tan presente el ruido exterior, es decir, la algarabía y manifestación fuera del juzgado, con sus desordenados pitidos y consignas contrarias a la Infanta y a la institución que representa.
 Mientras Cristina de Borbón mantiene una capacidad de concentración importante, no se le mueve ni un pelo de su borbónica melena, ante el vendaval de las muy ordenadas preguntas del juez Castro, da mucha tristeza que sus respuestas sean tan escuetas y repetitivas
. Señor Roca, por más que usted intente convencernos, colaboradora, lo que se dice colaboradora, no se la ve.
 Una cosa es cierta, lo que sí se oye es ese ruido que se cuela desde la calle. Porque al final todo es ruido. Y poco más.
Algún día, cuando la historia repase este capítulo de Aizoon, se verá que en la declaración de la Infanta lo que menos pesa es la declaración.
 Si antes fue adivinar cómo sería el paseíllo, ahora es quién grabó y por qué se emitió este vídeo desde una empresa, Wouzee, cuyo director es Marcial Cuquerella, hermano de Julita y Olga, que son tanto amigas de los Urdangarin como empleadas de los duques de Palma.
 ¡Todo vuelve a quedar en familia! ¡Es un poco como si Aizoon y Wouzee pudieran ser los nombres de esas simpáticas muñequitas bailarinas que aparecen entre los emoticonos del WhatsApp! Dos empresas amigas que bailan burlonas delante de todos nosotros.
Desde el principio del caso Nóos, Julita Cuquerella cuenta con una legión de fans, por su manera de decir las cosas al bies, una fugaz disposición a hablar con la prensa y sus apuntes en los mails que enviaba a otros implicados en el caso
. Debe de fastidiarle mucho que su hermano vuelva a colocarla bajo la mirada del juez Castro, pero Julita habrá tomado buena nota de la declaración de la Infanta y puede asegurar que ella tampoco sabía en qué se ocupaba su hermano
. Un hermano es similar a un marido. Y seas hermana o esposa, haciéndote la tonta pasas a ser una chica del montón como Cristina de Borbón.
En Venezuela, donde estoy esta semana, se ha hablado mucho de la Infanta. Pero lo que de verdad gusta aquí es el sentido del humor de los españoles. “Les he reenviado a mis amigos el fotomontaje de la Infanta haciendo el paseíllo como si estuviera en un desfile de Victoria’s Secret”, confiesa un barcelonés empleado en un gran banco español. Sin quererlo, la Corona española ha caído como algo divertido en una ciudad donde la noticia seria ha sido la muerte de tres estudiantes durante una manifestación que arrancó pacífica y terminó violenta.
El 12 de febrero es el Día de la Juventud en la nación petrolífera y la marcha anhelaba conseguir la libertad para tres universitarios presos en el oeste del país por protestas contrarias al Gobierno de Nicolás Maduro.
 La del miércoles pasado la viví en primera persona, bañados por la brillante luz de Caracas en febrero. “Es una luz infinita, que te hace enamorarte si no lo estás y también si lo estás”, comentan con tono emocional en la radio.
 Los expertos en las marchas explican el recorrido e igualmente el nivel de protección solar que es imprescindible aplicar sobre brazos, cuello, cara y, sobre todo, nuca.
 En fila, aguardan su momento de incorporarse a las esquinas clave los vendedores de botellines de agua fría.
 Mientras, en el metro de la ciudad, los vagones son como un cóctel a medio camino entre una quedada estudiantil y un concierto de rock.
“Porque el buen rollo es fundamental en la manifestación”, me aclaran unos jóvenes. El 70% de la población venezolana tiene menos de 30 años.
En medio de esa buena onda y antes de que las balas nos hagan correr, una mujer morena, 100% curvas, vestida con la ropa blanca asociada a las santeras, se acerca para decirme:
 “Dios bendiga tu estilo, mi amor”.
Con otro “mi amor”, mi padre me invita a acompañarle a hacer su compra diaria.
 En efecto, hay estanterías semivacías, filas larguísimas de clientes en la zona de embutidos para comprar mortadelas enteras y quesos transgénicos
. Familias reparten estratégicamente a sus miembros en distintas zonas del establecimiento para hacerse con rollos de papel higiénico o servilletas.
 Y latas de aceite de maíz (el más habitual en el país), harina y salsa de tomate. Lo hacen empujando carritos de la compra asombrosamente grandes, a escala americana. Las filas para pagar, a escala soviética, prolongan la compra una hora más.
El presidente Maduro ha pedido a sus ciudadanos que cambien sus hábitos alimenticios. “Pero él no baja de peso ni un gramo”, exclama una entrenada compradora.
Entrenando en el gimnasio de moda, una socialite local, pero muy internacional, enganchada a la serie de Telecinco El príncipe, habla resoplando mientras practicamos un durísimo entrenamiento de synergie, una técnica inspirada en la que utilizaban los marines, intensa en flexiones, sentadillas y ejercicios encadenados empleando tu cuerpo como herramienta extrema.
 Otra singularidad venezolana: mientras los estudiantes corren en marchas pacíficas, hay privilegiados que se entrenan para fortalecerse.
 Con o sin bendición, el estilo cuesta más que una declaración.