Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

6 feb 2014

Revolución femenina en la alfombra roja


Jennifer Garner y Cate Blanchett, en la alfombra roja. / CORDON

Estamos en plena temporada de alfombras rojas.
 Antes solo había una, la indiscutible, la de los Oscar, pero ahora que la voracidad del voyeurismo digital lo fomenta, aparecen por todas partes, salpimentando premios cinematográficos grandes y pequeños a lo largo y ancho del planeta
. Y sobre esas alfombras desfilan las celebridades, brillando como nunca con sus trajes de alta costura pero cruzando los dedos por dentro para conseguir el aprobado en el desfile
. Del éxito que tengan sobre esas alfombras, y la aceptación o el rechazo que generen en el público, dependerá muchas veces su futuro profesional.
 Hasta que llegó Elisabeth Moss, la Peggy adelantada a sus tiempos de Mad Men, y decidió sacar el dedo corazón en medio de la pose durante su paseíllo por de los Globos de Oro.
 Fue un movimiento rápido, abortado por la cámara, que inmediatamente cambió de plano, pero en cierto modo fue un acto revolucionario en especial sobre una alfombra roja.
Y es que quizás algo esté cambiando
. La actriz Cate Blanchett, tras ser sometida a un serpenteante paneo de una cámara que recorrió todas sus curvas durante la entrega de los premios SAG, espetó: “¿Esto también se lo hacéis a los tíos?”. Desde entonces se ha convertido en la crítica más férrea del machismo mediático que sufren las actrices
. “La prensa nos juzga por las apariencias y no por nuestro talento” no se cansa de decir la protagonista y aspirante a un Oscar por Blue Jasmine
 . A ella se unió este año Emma Thompson, que rompiendo todas las normas no escritas, apareció en esa misma alfombra roja con zapato plano, imperdonable herejía.
Además han llegado también a Hollywood las nuevas generaciones
. Y ahí está Jennifer Lawrence, (candidata este año a mejor secundaria por La gran estafa americana), con todo su talento, provocando sin parar desde que cogió confianza. Durante la alfombra roja de la gala anual del Museo del Traje del Met, en mayo en Nueva York, se asomó haciendo el tonto por detrás de Sarah Jessica Parker, algo que jamás ninguna estrella se había atrevido a hacer.
 Y siguiendo su propia estela, en los Globos de Oro se coló por detrás en una entrevista que la cadena E! le estaba haciendo a la cantante Taylor Swift, puso cara de loca y luego se acercó a ella y le dijo: “Había pensado en empujarte escaleras abajo”. A Ryan Crest, el entrevistador, se le quedó cara de tonto de la sorpresa.
Mientras personajes como George Clooney y Brad Pitt pasean sus sonrisas sobre un esmoquin y aprueban el examen sin ser examinados, a las actrices se las juzga de arriba abajo en función de la autoría de su vestido, de cómo les sienta, de su peinado, de sus zapatos, de sus joyas, del tono de su piel, de lo mucho o poco que se notan sus arrugas y últimamente, hasta de su manicura.
 La cadena de televisión E! se ha inventado la mani-cam, una especie de caja con una cámara para que las mujeres pongan en ella sus manos y el mundo pueda apreciar la perfección de sus dedos.
Este fin de semana se entregan en España los Goya, y el 2 de marzo los Oscar en Los Ángeles.
Habrá que ver si alguna otra actriz se atreve a romper las normas.

5 feb 2014

Unos cuantos instantes de eternidad.......................................... Rosa Montero

Acabo de leer un libro bellísimo: Monsieur Proust (editorial Capitán Swing), las memorias de Céleste Albaret, que fue la criada del novelista durante los últimos nueve años de su vida. 
Yo no sé si el texto producirá la misma impresión en las personas que no sean tan apasionadamente proustianas como yo (incluso hice mi tesina de periodismo sobre él), pero tiendo a creer que sí, porque es un retrato íntimo, delicado y agudo de un personaje singularísimo, un enfermo real e imaginario que apenas salía de su cama, que sólo se alimentaba de café y algún que otro cruasán, un chiflado evidente, un friki notorio que, contra todo pronóstico y toda expectativa, como el patito feo que deviene en cisne, fue capaz de crear una obra no sólo rompedora, colosal y diferente a todo, sino que además sigue siendo única. En busca del tiempo perdido no ha tenido continuación ni seguidores, no ha creado escuela.
 Es una cumbre de la historia de la literatura que permanece solitaria y aislada, como un inmenso, rutilante iceberg que flota majestuoso en mitad del océano.
En realidad el libro de Céleste es la historia de una extraña pareja, porque ella es otro personaje
. Con 21 años y recién casada cuando comenzó a trabajar con Proust, era una campesina inocente e ignorante que, con increíble generosidad, se adaptó enseguida a la exigente, extraordinaria vida de su señor, tirano de guante de seda.
 Y así, la pobre Céleste terminó viviendo de noche como Proust, acostándose a las nueve de la mañana para levantarse a las doce o la una como muy tarde, trabajando sin cesar, sin vacaciones, sin domingos, siempre pendiente de las maniáticas necesidades del escritor.
 Un régimen de vida agotador que sólo su fortaleza y su juventud le permitieron aguantar. Además Proust le pagaba poco y mal, y fue tan poco previsor o tan miserable que no le dejó absolutamente nada en su testamento.
 Unas condiciones laborales durísimas.
Pero es que, claro, había una compensación inigualable
. Estar con Proust era alcanzar una intensidad, una complejidad de vida que, sin él, Céleste no hubiera podido ni imaginar. “Mi día equivale a tu año”, cantaba Lou Reed; y sin duda los nueve años que la mujer pasó junto al escritor fueron los más importantes de toda su existencia. Inteligente y sensible, Céleste pudo desarrollar esas cualidades junto a Proust
. Murió nonagenaria y echándole de meno
s. Su libro es una historia de amor, de descubrimiento estético e intelectual, de entrega, de lucha y maravilla; es, sobre todo, el relato de una feroz pelea contra la muerte.
Porque Proust era un neurótico aterrorizado y obsesionado desde la infancia por la muerte; y toda su obra es una tenaz batalla contra el tiempo, contra ese corrosivo fluir de los días que nos lleva a la nad
a. Pero esa batalla se multiplica en los años finales, en la época de Céleste, cuando Proust era consciente de que, en efecto, la muerte se acercaba a paso rápido y él aún tenía mucho libro que escribir.
 Consiguió poner fin a En busca del tiempo perdido apenas un mes antes de fallecer.
En realidad el emocionante texto de Céleste plantea a la perfección el viejo dilema entre vida y obra. Proust es uno de esos autores que, como Kafka o Pessoa, tuvieron unas existencias áridas, carentes, rutinarias, pobrísimas
. Pero les cabía el universo entero en la cabeza.
 El caso de Marcel Proust parece especialmente sangrante, porque vivió la vida de un esnob; era adulador hasta la bajeza y se moría porque le hicieran caso una serie de personajillos de la buena sociedad totalmente insulsos, vacuos o despreciables
. Pero luego todo ese tiempo dedicado a pisar salones, que en efecto podía parecer miserablemente perdido, se convirtió en el Tiempo Perdido con mayúsculas, en la sustancia misma de la vida, porque en cada existencia, por mínima o mediocre o estúpida que sea, puede contemplarse, si sabes mirar bien, la conmovedora y grotesca tragedia de la vida.
Proust murió en 1922, con 51 años. Céleste, tan joven entonces, falleció en 1984, a los 92. Sus conmovedoras palabras fueron recogidas magistralmente en 1973 por el escritor francés Georges Belmont, que murió en 2008 con casi cien años.
 El texto ha sido traducido por Esther Tusquets (junto con Elisa Martín Ortega), desaparecida en 2012 a los 76. Todos fallecieron
 Esa dura batalla contra la muerte y el olvido que vemos reflejada en el libro de Céleste, esa esforzada pelea de los dos, a solas, en la frágil barquita de la cama de Proust, sufriendo las embestidas de la tempestad del tiempo, acabó en naufragio
. Al final, la Parca siempre gana. Aunque, en esta ocasión, Proust consiguió herirla y, a fuerza de belleza, le robó unos cuantos instantes de eternidad.
@BrunaHusky, www.facebook.com/escritorarosamontero, www.rosa-montero.com

Los duques de Alba ganan una demanda a ‘Sálvame’


Los duques de Alba, en Sevilla. / CORDON

La Sala Primera del Tribunal Supremo ha confirmado la condena impuesta a Gestevisión Telecinco y a La Fábrica de la Tele S.A., por intromisión ilegítima en el derecho al honor y a la intimidad de la duquesa de Alba y su marido, Alfonso Díez.
 El matrimonio formuló demanda de protección del derecho al honor y la intimidad tras la emisión en el programa de televisión Sálvame Diario, del 3 de septiembre de 2009, en el que se difundió una conversación telefónica de la pareja acompañada de "comentarios jocosos y sarcásticos" sobre ellos. Los condenados tendrán que pagar una indemnización de 300.000 euros.
En relación con la controversia de fondo (conflicto entre el derecho al honor y a la intimidad de los demandantes y la libertad de expresión del medio), se reitera la doctrina de dicha Sala que, en línea con la fijada por el Constitucional, según la cual la libertad de expresión no se justifica cuando el interés público de las manifestaciones no existe o es muy escaso
. En este caso se trataba, según la sentencia, de comentarios al hilo de una conversación privada entre los demandantes
. Además se ha tenido en cuenta que para expresar la opinión o realizar la crítica, se han usado "expresiones, palabras o frases que pueden resultar insultantes o ridiculizadoras"
. Entre ellas, la sala destaca que queda probado que se utilizó un "tono burlesco, sarcástico, de chanza y mofa y que se insinuó tanto una supuesta homosexualidad del marido como que podía estar siendo infiel a la duquesa".
Desde la perspectiva de la intimidad, la sentencia entiende que la ilegitimidad de la intromisión resulta todavía más clara pues la grabación y difusión de conversaciones privadas no tiene en este caso ningún interés general ni trascendencia pública.

Los 10 grandes errores de Facebook .


Mark Zuckerberg en la sede de Facebook en Palo Alto en febrero de 2007. / Paul Sakuma (AP)

De un muro con fotos a múltiples opciones, eventos, páginas oficiales...
 Facebook, a pesar de sus esfuerzos, hace tiempo que dejó de ser sencillo. Lo intenta, pero es farragoso. Más de 1.230 millones de usuarios tienen un perfil en el invento de Mark Zuckerberg, pero, ¿qué tendrían que mejorar?
El móvil: La gente se conecta desde el teléfono y todavía no ha conseguido una experiencia satisfactoria.
 La versión web tarda en cargar y no siempre se adapta al terminal con acierto. La aplicación oficial tiene limitaciones.
Las aplicaciones: en plural, porque son multitud. Desde Poke, a la oficial, otra para gestionar páginas y ahora se suma Paper, una gran promesa, pero siguen sin tener una unidad clara
. Crear una aplicación para limitarla no tiene mucho sentido, sin embargo, una vez que se pone una etiqueta en una foto, no se puede eliminar desde el móvil, sino que hay que ir al escritorio. Lo mismo sucede con las notificaciones
. La más criticada, sin duda, es Messenger.
Mensajería: No consiguieron comprar Snapchat. El ascenso de WhatsApp y Line les ha cogido con el pie cambiado en el mundo de la mensajería instánea.
 Su Messenger, colmado de pegatinas de todo tipo, intenta ganar adeptos en un campo en el que ya se han repartido las cartas.
 Resulta muy extraño recibir una notificación en el móvil, en la aplicación principal, abrir el mensaje y tener que saltar a la aplicación Messenger para contestar.
 Por no hablar del banner en la parte superior incitando a invitar a amigos a instalarlo. Quizá demasiado insistente y agresivo.
. Además, sigue teniendo un gran agujero, en la columna lateral izquierda, desde el ordenador, la pestaña de actividad invita a ver las últimas acciones de alguien.
 No tendrían más importancia, si no pusieran datos como las últimas canciones escuchadas en Spotify, el nivel de Candy Crush que se acaba de superar o el muro en el que se ha puesto el comentario. Es parte de la red social, pero se pasa de indiscreto.
 Sucedió con los post patrocinados por parte de particulares, que pronto desaparecerán, con la nueva portada que incluía un friso con fotografía apaisada y creó gran alboroto cuando se introdujo el Timeline. Facebook no termina de saber comunicar los cambios. El gran incendio fue, precisamente, cuando al poder volver al pasado con facilidad quedaron al descubierto conversaciones que, aunque eran públicas, habían caído en el olvido 
. En septiembre de 2013 el malestar fue mayúsculo.
Los que se van: Facebook no lo pone fácil para irse y desaparecer del todo. El proceso es farragoso, lleno de preguntas. El perfil se desactiva, pero no se elimina. Si decide volver, se puede volver a reactivar todo lo que se hizo. 
El argumento que usan es que cada vez más usuarios se toman un descanso temporal, pero después agradecen seguir donde estaban.
. Si se notifica se puede reconvertir en un ‘memorial’, o lugar para rendir tributo y recordar al amigo fallecido. Se conoce poco y es necesario mostrar un alto grado de cercanía para activarlo. 
La consecuencia es que nos reaparecen los amigos muertos en cumpleaños cercanos. Sensación extraña...
Difícil limpieza: Es muy sencillo hacer clic y decir que nos gusta la zapatería del barrio, la tienda de ultramarinos del pueblo o el grupo musical que estuvo de moda hace demasiado tiempo como para recordar sus melodías. Lo difícil es, tiempo después, hacer recapitulación y limpiar el perfil.
 Esto también sucede con las etiquetas de amigos, invitaciones a eventos o participación en grupos.
Comprar y cerrar: Cuando ha hecho falta, Zuckerberg ha tirado de chequera para hacerse con tecnología y servicios. Así sucedió con Push Pop Press, la empresa de Mike Matas, y lo mismo con Friend Feed, Friendster o Snaptu. Es una buena forma de hacerse con trabajadores creativos y patentes, pero también de aniquilar la competencia o cerrar servicios que podrían hacerle sombra.
Registro universal poco claroLa idea de usar Facebook como registro  para aplicaciones y servicios suena bien, es cómodo y ahorra tiempo
. No lo es tanto cuando nadie tiene muy claro cuánta y qué información se toma del perfil y los contactos, ni qué hace la aplicación relacionada con ello.