Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

3 feb 2014

La policía implica a Álvarez Cascos como receptor de comisiones de Gürtel


Francisco Álvarez Cascos declaró como testigo en la Audiencia Nacional el pasado mes de agosto. / uly martín

La Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) del Cuerpo Nacional de Policía ha entregado un informe al juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz, en el que relaciona al exministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, con las siglas P.A.C. que aparecen en documentos incautados a la trama Gürtel como perceptor de comisiones procedentes de la red corrupta.
Dichos informes, a los que ha tenido acceso Europa Press, han sido recientemente entregados al titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 que investiga a la organización, presuntamente liderada por Francisco Correa.

En la documentación, las siglas P.A.C. aparecen relacionadas con el cobro de comisiones en contraprestación a la obtención de contratos con la Administración.
El documento, de 49 páginas, señala que a la organización de Francisco Correa se le ha incautado distinta documentación que incluye anotaciones referentes a una persona cuya identidad se oculta bajo las siglas P.A.C."vinculadas al reparto de beneficios generados con motivo de la ejecución de acciones de las campañas electorales de los años 2003 y 2004".
Las cantidades se ingresaron en base a un contrato de prestación de servicios publicitarios para el PP firmado por parte de la sociedad Rialgreen S.L.
 "Existen varios elementos que, una vez integrados de forma conjunta, permiten inferir de forma indiciaria que la persona que está detrás del acrónico P.A.C. se estaría refiriendo a Francisco (Paco) Álvarez Cascos".
Rialgreen, según este informe, facturó en 2003 y 2004 más de tres millones de euros al PP.
 Este beneficio se habría dividido en dos partes iguales: una que se repartía entre el administrador de Asian Deluxe Group, José Luis Roig Gallego y la persona identificada como P.A.C; y otra que se distribuía entre otras seis personas entre las que volvía a aparecer P.A.C junto a Luis Bárcenas, Gerardo Galeote, Jesús Sepúlveda, Jesús Merino y Francisco Correa.
A este respecto, la policía relaciona P.A.C. con Álvarez Cascos al considerar que la persona que se esconde bajo estas siglas tiene "gran capacidad de influencia, pues cobra de las dos partes y recibe un total 41.172 euros, siendo el mayor preceptor" del beneficio obtenido por Rialgreen.
Entre los indicios, la UDEF destaca que Correa manifestó, según consta en las grabaciones aportadas por el exconcejal del PP José Luis Peñas, que llevó importantes cantidades de dinero, que cifraba en 1.000 millones de pesetas, al extesorero del PP Luis Bárcenas "procedentes de adjudicaciones de Fomento, cuando estaba Cascos".
Además, Correa declaró que una de las cuentas que tenían sus empresas era la de AENA porque "Paco Cascos, con el que tenía cierta relación, le dio esta cuenta que era muy importante porque se hacía Fitur y un montón de eventos".
También destaca la Policía las relaciones comerciales establecidas entre una sociedad vinculada al asesor financiero de Correa imputado en "Gürtel" Luis de Miguel, llamada Creative Team S.L, y la mercantil Tecnas S.L., "cuyo presidente, consejero delegado y máximo accionista era Francisco Álvarez Cascos", y que facturó en 2008 69.508 euros a la primera.

Papeles de Bárcenas

El informe de la Policía se refiere además a las anotaciones aparecidas en los denominados "papeles de Bárcenas" y que incluyen un conjunto de pagos correspondientes al periodo 1990-2004 "donde se registran de forma recurrente entradas y salidas de fondos cuyo aportante y destinatario" se "infiere" que es el exministro popular.
 En la contabilidad b del extesorero se denomina a Álvarez Cascos de diferentes formas, recuerda la UDEF en este informe, tales como P.A.C., PAC, Paco A.C., Paco Alv-Casco, Paco A. Cascos, Paco, Cascos y Paco Álvarez.
Cascos declaró como testigo el pasado mes de agosto, en una de las piezas separadas del caso Gürtel, los papeles de Bárcenas.
 Ante el juez Ruz, el exsecretario general del PP entre 1989 y 1999, negó haber percibido 421.693 euros entre 1990.
Además, según ha avanzado la SER, en su informe, la UDEF constata una relación empresarial entre el abogado que diseñó la trama de evasión de capitales de Correa y el propio Cascos
. El exministro habría recibido 69.000 euros por este concepto, por lo que la Policía pide a Ruz que investigue esas vinculaciones.
El nombre del exministro también surgió cuando entre la documentación enviada por Aeropuertos Nacionales y Navegación Aérea (AENA), dependiente del Ministerio de Fomento se desveló un supuesto amaño de contratos de este organismo en favor de la red Gürtel.

2 feb 2014

La mujer normal ha muerto........................................Del Blog Mujeres

Por:

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Anna Magnani (CORDON PRESS)
Ponte en pie ante las canas 
y honra el rostro del anciano.
El libro del Levítico


Sí. La mujer normal ha muerto. Ha muerto porque en la televisión ha dejado de existir.
 ¿Qué les pasa a las mujeres que aparecen en ella, que no tienen arrugas, que se ríen abiertamente sin signos de expresión? ¿Por qué tienen los labios y los pechos hinchados... exageradamente? ¿Dónde están las mujeres como yo —como tú? Han muerto
. No quieren verlas y las han eliminado de la pantalla, porque... ¿para qué?, ¿para recordarnos que el tiempo pasa y pasa para todos?, ¿para que el público, cómodamente en su salón, opine que los años no pasan por ti, (mujer de la televisión), que cada día estás más joven, que quizá con un poco más de pómulo...?
Anna Magniani, antes de que el maquillaje le cubriera todo el rostro, pidió que no le quitaran las arrugas, que le habían costado toda una vida procurárselas.
 Pero ¿qué presentadora, actriz o modelo está dispuesta a ello? ¿Qué nos ocurre a las mujeres normales para querer pasar por el quirófano, obedeciendo a un supuesto deseo o cánon o perfección o visión masculina?
 ¿Quién nos ha engañado y nos ha hecho creer que estamos más guapas así, desfiguradas completamente?
¿Qué pasa en la televisión, que parece una caricatura de la sociedad?
 La mujer deformada se pasea por nuestro salón y nosotras, mujeres del otro lado de la pantalla, nos miramos en ellas y vemos que no coincide la silueta, que no hay semejanza alguna.
 La mujer normal de la televisión ha muerto y la mujer normal de fuera de la televisión se esconde, imita, compara
. No hay manera, no hay rastro de la mujer con arrugas o con flaccidez, no hay estrías que brillen bajo el foco de la luz, ni barrigas.
 No hay sobrepeso —ni siquiera hay gafas. El cuerpo de las mujeres, un documental de apenas veinticinco minutos, desenmascara a esa mujer muerta que se ha quedado dentro de la televisión y que no sale, por más que la echemos no sale de nuestra vida, de nuestras expectativas.

¿Hemos perdido la capacidad de esperar de nosotras la normalidad? ¿Nos miramos a través de un supuesto deseo masculino? ¿Por qué la televisión está llena de mujeres cuyo talento se basa en la belleza y la juventud? ¿Cuántas veces tendremos que leer que a tal o cual actriz se le nota demasiado la cirugía o, peor, necesitaría unos retoques?
Preguntas y más preguntas que nos hacemos, nos hacemos a este lado de la pantalla, y del otro lado hay un vacío, una laguna: del otro lado hay mujeres que acompañan a hombres en los programas, hay un florero con cuerpo de mujer, o una pata de la mesa; al otro lado una mujer ríe las gracias, da paso a la publicidad, es humillada, es un objeto sexual
. No, no es una exageración: veinticinco minutos de documental y todo está ahí, ahí, donde la mujer normal no tiene cabida, todo está ahí: en lo mediocre, en lo soez, en la sexualidad de las presentadoras que no presentan
. Las cualidades de las mujeres vivas de la televisión son puramente físicas: son rubias, son guapas, son simpáticas. Y cuando una mujer con talento se cuela entre bastidores, no vale —no vende.
No cabemos las mujeres normales en la televisión: estamos demasiado vivas, demasiado arrugadas, demasiado fláccidas. No se cabe en la televisión, es tan pequeña.
 La mujer normal necesita estar a este lado de la pantalla, porque sin nosotras no saben a quién dirigirse. ¿Cómo?
 El reclamo que utilizan para el hombre es una trampa, es sólo una manera de llegar hasta nosotras: sí, porque nos miramos con los ojos equivocados —los ojos sin tiempo, los ojos perfectos
. Medimos a las mujeres de la televisión, las medimos y tampoco caben ahí dentro, es tan pequeña, somos tan pequeñas: insignificantes, al margen.
Veinticinco minutos y lo veréis: la nada que puede llegar a ser la televisión, que no hay manera de entrar y salir de ella sin quedar ileso. La televisión afea, deforma, provoca.
 La televisión insulta, decora, nos vomita encima. La máscara de la televisión, la tristeza de las mujeres, la altura de la belleza —inalcanzable, tan pequeña es.
 ¿Qué les pasa a las caras de las mujeres? ¿Qué esconden bajo la máscara?

La cosecha, según las críticas de Carlos Boyero


Una imagen promocional de 'Las brujas de Zugarramurdi'.

La gran familia española (Daniel Sánchez Arévalo). “Me divertí moderadamente”.
Las brujas de Zugarramurdi (Álex de la Iglesia). (...) “Hace mucho tiempo que no sonreía, reía y me asaltaba la carcajada en el cine como en la primera hora de este frenético delirio (...) Álex de la Iglesia está ansioso por montar el gran aquelarre. Y cuando este llega, me abruma su ruido y su desmadre, me suena a ya visto y oído en tanta superproducción rutinaria volcada en la acumulación de efectos especiales (...)”.
La herida (Fernando Franco). (...) “A los 15 minutos estoy deseando perderla de vista. No comprendo las intenciones de esta árida, fría y desagradable película”.
Vivir es fácil con los ojos cerrados (David Trueba). “Esta historia con desarrollo peligroso, que se prestaba al edulcoramiento, la anécdota alargada, la poetización simplista, la conclusión de que en el fondo todo el mundo es bueno, está contada por David Trueba con arte, sutileza, emoción y gracia”.
Caníbal (Manuel Martín Cuenca). “En Caníbal tengo la sensación de que me da igual el pasado, presente y futuro de su protagonista, que ni su tortura mental, ni el enamoramiento que le impide ser fiel a sus depredadores instintos, ni su impenetrable soledad, me conmueven lo más mínimo”.
15 años y un día (Gracia Querejeta). “Supera la corrección pero no me apasiona en ningún momento. Y se supone que están hablando de sentimientos intensos, de relaciones cruzadas y complejas, de personajes heridos (...) Pero ese despliegue de humanidad no logra transmitirme ni frío ni calor”.

Evitar la infelicidad laboral

Muchos mantienen su puesto de trabajo pero interiormente se han despedido de la empresa

Recuperar la ilusión empieza por un cambio de actitud y por recordar nuestras capacidades.

 

Ilustración de João Fazenda

Corría el año 2007 cuando Lotfi El Ghandouri publicó El despido interior: Cuando nuestra infelicidad laboral nos lleva a convertir nuestro trabajo en una prisión
. Hoy, inmersos en recortes, expedientes de regulación de empleo, congelaciones de sueldo y miedo generalizado, hay muchos que, si bien conservan el trabajo, se han despedido interiormente. Ya no están en la empresa, pero ni ellos mismos se han dado cuenta. Por lo general, esto sucede cuando la distancia entre lo que esperamos y lo que obtenemos se hace insalvable y terminamos decidiendo que lo mejor es hacernos invisibles.
 Que nadie se dé cuenta ni de cuando llegamos ni de cuando salimos. Pero así se lastiman las relaciones, con nuestros compañeros y, lo que es peor, con nosotros mismos. Al final nos sentimos solos, aislados e incomprendidos.
 ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cómo evitar que la inercia nos empuje? Al despido interior se llega por una escalera que va minando la ilusión con la que empezamos a trabajar. Veamos sus peldaños, porque reconociéndolos podremos alertarnos.
La entrega. Acabamos de ser contratados y nos sentimos especiales e involucrados.
 Sin embargo, pronto aparecen los primeros desacuerdos, las primeras decepciones.
 Si no somos capaces de manejar estas situaciones de conflicto y afrontar con madurez las pequeñas desilusiones cotidianas, bajaremos al siguiente escalón.
Cuando no se puede lograr lo que se
quiere, mejor cambiar de actitud”
(Publio Terencio)
El compromiso. Pensamos que nuestro esfuerzo y dedicación no han obtenido sus frutos, así que nos vamos limitando a hacer lo que tenemos que hacer
. Ponemos barreras a nuestro esfuerzo y, en consecuencia, a nuestro desarrollo.
 Aparecen frases como “a mí no me pagan para esto”.
La participación. Hacemos lo que nos piden, simplemente. Rutinarios. Repetitivos. Aquí, tanto la empresa como el empleado saben que han llegado a un punto crítico.
 Es posible, todavía, restablecer la confianza mutua.
 Pero la situación se complica si ambas partes siguen sin hablar, sin comunicarse.
La retirada. Nos sentimos víctimas y nos situamos en el esquema de la empresa contra mí. Nos convertimos en rebeldes pasivos y no afrontamos la situación.
 Culpamos a la organización de nuestra infelicidad y nos vemos atrapados entre el sueldo que recibimos y la tristeza que nos genera la situación.
La resignación. El último peldaño. Pérdida de confianza en nosotros mismos y parálisis general. Aparece en nuestra cabeza esa frase tan negativa, pesimista y destructiva de más vale malo conocido… Nos hemos rendido y aceptamos la situación. Renunciamos a nuestros principios, a nuestro crecimiento personal y profesional.
Ahora sí, nuestro trabajo se ha convertido en nuestra cárcel.

Para aprender más

Ilustración de João Fazenda
LIBROS
‘El despido interior’, Lotfi El Ghandouri (Editorial Alienta)
Cuando nuestra infelicidad laboral nos lleva a convertir nuestro trabajo en una prisión, Lotfi El Ghandouri acuña este término tan revelador.
Con ‘El despido interior en la pareja’ (Plataforma Editorial) aprenderemos la aplicación sentimental y relacional del concepto despido interior.
‘La vaca’, Dr. Camilo Cruz (Taller del Éxito)
Desarrolla la fábula y nos inspira a vivir libres de aquellas cadenas que nos sujetan al conformismo.
Hemos descendido la escalera que nos ha llevado hasta el despido interior
. Sabemos que no podemos seguir así aunque no tenemos ni idea de cómo seguir de otro modo. Si abríamos este epígrafe con una inspiradora cita de Publio Terencio, el célebre autor cómico latino, tampoco vendría mal recordar otra sentencia suya que dice que es mala cosa tener un lobo cogido por las orejas, pues no sabes cómo soltarlo ni cómo continuar aguantándolo.
 Nosotros, en la situación de despido interior, también tenemos un lobo agarrado por las orejas. Y tenemos que decidir si seguir con él o soltarlo
. Supongamos que lo que queremos es arreglar las cosas en nuestra empresa y dar un giro a nuestra relación con el trabajo para recuperar el entusiasmo, la autoestima y la motivación. ¿Por dónde empezar? ¿Hay alguna receta mágica? No… o mejor dicho, sí.
 Porque lo primero que haremos será activar la magia de un cambio de actitud. Darnos cuenta de que antes de que cambie nuestro entorno debemos cambiar nosotros mismos. Y estos cuatro pasos nos ayudarán a empezar.
Recordar que somos capaces. Antes de avanzar, debemos retroceder en el tiempo para no olvidar que nosotros podemos ser valiosos
. Que nosotros fuimos escogidos en un proceso de selección. Debemos enfocarnos en los éxitos que somos capaces de conseguir y apartar la mirada de los fracasos que hemos podido acumular.
Reconectar con nuestro compromiso. Si somos valiosos es porque tenemos unos principios y unos valores con los que debemos reconectar urgentemente.
 Aquellos que significan un compromiso con nosotros mismos
 Las cosas pueden funcionar mejor o peor, pero nosotros debemos seguir creciendo y evolucionando como personas para, de este modo, enfrentarnos mejor a los retos que nos depare el futuro.
Restablecer el diálogo. Una vez que hemos recordado y hemos restablecido el compromiso, es la hora de dialogar, es decir, ser capaces de hablar con nuestro responsable en la empresa, o con quien creamos que pueda ayudarnos, para expresarle cómo nos sentimos y cómo queremos sentirnos. Aceptar nuestra parte de responsabilidad, pero demostrando ganas, compromiso y entusiasmo. Las respuestas positivas a una actitud de este tipo seguro que nos sorprenderán.
El conformismo es
el carcelero de la
libertad y el enemigo
del crecimiento”
(J. F. Kennedy)
Romper nuestra zona de confort. Pero no conseguiremos nada si no estamos dispuestos a salir de nuestra área de confort. Sí, confort. Como decía Dostoievski, el hombre es un animal que se acostumbra a todo. Incluso a situaciones que nos lastiman. Pero nosotros vamos a decir no. Vamos a romper con las viejas rutinas y los antiguos hábitos. Querer salir del despido interior es querer arriesgarse. Estar dispuesto a fallar, a que las cosas no salgan exactamente como esperamos. Pero a lo mejor salen mejor…
¿Y si no sirve? ¿Y si a pesar de nuestros intentos seguimos sintiendo una distancia enorme entre la empresa y nosotros? ¿Y si no somos capaces de realizarnos en nuestro trabajo? ¿Qué hacer? Primero, alegrarnos por no habernos dejado vencer por las circunstancias y haber sido capaces de afrontar la situación con honestidad y valentía. Luego, matar la vaca. Exacto, como en esta fábula de origen incierto, pero que ha inspirado a todo aquel que la ha leído, porque todos tenemos vacas que matar. Pueden ser laborales, sentimentales…
“Había una vez un viejo maestro que decidió visitar junto a su discípulo la casa más pobre de la comarca, donde malvivía una familia con una sola posesión: una famélica vaca cuya escasa leche les proveía de insuficiente alimento, pero alimento al fin y al cabo. El padre, hospitalario, les invitó a pasar con ellos la noche. Al día siguiente, muy temprano, el maestro le dijo a su discípulo: “Ha llegado la hora de la lección”. Y el maestro sacó una daga y degolló a la pobre vaca.

Los trabajos no son Disney World

Walt Disney era caricaturista en el diario Kansas City Star y fue despedido porque, palabras textuales, le faltaba imaginación y no tenía buenas ideas. Fue una suerte. De haberse quedado, tal vez nos hubiéramos perdido su magia. Los trabajos no son una película de Disney. No siempre los buenos ganan. Es entonces que no debemos esperar al despido, ni interior, ni exterior, ni de ningún tipo. Debemos buscar el lugar donde encajar nuestras habilidades. Y nuestra historia tendrá el final feliz que merece.
–¿Qué clase de lección deja a una familia sin nada? –se quejó el discípulo.
–Fin de la lección –fue la única respuesta.
Un año más tarde volvieron al pueblo y donde estaba la casucha destartalada encontraron una casa grande, limpia y bastante lujosa.
Vieron salir al padre de familia, que no sospechaba que el maestro y el discípulo habían sido los responsables de la muerte de su vaca, y les contó cómo el mismo día de su partida algún envidioso había degollado salvajemente al pobre animal…
–… esa vaca era nuestro sustento. Pero cuando vimos a la vaca muerta, supimos que estábamos en verdaderos apuros y que teníamos que reaccionar. Y lo hicimos. Decidimos limpiar el patio que hay detrás de la casa, conseguimos algunas semillas y sembramos patatas y algunas legumbres para alimentarnos. Muy pronto vimos que nuestra granja casera producía más de lo que necesitábamos, y así empezamos a vender. Con las ganancias compramos más semillas, y así hasta hoy mismo que he comprado la casa de enfrente para plantar más patatas y hortalizas y algo de…
Mientras el padre de familia seguía hablando, el discípulo se dio cuenta de que aquella vaca había sido la cadena que mantenía a toda la familia atada a una vida de conformismo y mediocridad.