Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

28 ene 2014

Muere Pete Seeger, insobornable conciencia ‘folk’ de Estados Unidos

Pete Seeger, en el Festival de jazz de Nueva Orleans en 2009. / Reuters-LIVE! / EFE

En el prólogo de su libro La otra historia de los Estados Unidos, recordaba el historiador estadounidense Howard Zinn, en el momento de referirse al relato humano de su propio país, las palabras de Albert Camus en las que afirmaba que en un mundo de conflictos, de verdugos y víctimas, la función del hombre pensante debe ser no estar nunca en el lado de los verdugos
. Extrapoladas estas palabras al mundo de la música, Pete Seeger, fallecido ayer a los 94 años en la localidad de Beacon, en el Estado de Nueva York, fue la gran conciencia de Estados Unidos a través de centenares de canciones, que documentaban las injusticias, las luchas y los sueños de la sociedad civil norteamericana en el siglo XX.
Hijo de un musicólogo y una violinista, Seeger nació en Patterson, en Nueva York.
 Aprendió los rudimentos del ukelele a través de clases privadas en el colegio pero su verdadero interés por la música le vino después de que sus padres se separaran.
 Su padre y su madrasta, la compositora Ruth Crawford, coleccionaban y tocaban en casa viejas canciones folk, recopiladas por John y Alan Lomax, los grandes arqueólogos de la música tradicional norteamericana. Un joven Seeger se empapó de todo ese ambiente al tiempo que se aficionaba a instrumentos de corte rural como el banjo, que más tarde se convertiría en su seña de identidad sonora.
Antes de dedicarse de lleno a la música, Seeger quiso ser periodista y estudió en Harvard, donde pronto dio rienda suelta a su activismo político y fundó un periódico de corte comunista
. Pero dejó los estudios a los dos años para viajar a Nueva York y conocer, de la mano de Alan Lomax, al fiero cantante de blues Leadbelly.
 Fue su pasaporte definitivo al mundo de la canción. El propio Lomax dijo que el folk moderno nació el 3 de marzo de 1940
. Fue el día en que Seeger conoció a Woody Guthrie en un concierto benéfico por los trabajadores inmigrantes. Ambos pusieron en común su necesidad de transformar la realidad social a través del folk, al que añadieron nuevas texturas y una vena muy combativa en el grupo Almanac Singers.
El grupo, abierto a varios músicos, tenía su epicentro en Greenwich Village y tocaba canciones pacifistas. Sus integrantes formaban parte del ala de la izquierda liberal, combativa y minoritaria estadounidense que en un principio se opuso a la entrada de Washington en la Segunda Guerra Mundial, más cuando Stalin pactó con Hitler en 1939
. La participación en la guerra significaba ir contra la Rusia comunista. Sin embargo, los Almanac, influenciados por Guthrie, terminaron apoyando la lucha contra el nazismo para dar sentido a sus ideales de transformación global.
 Pero, después del ataque japonés de Pearl Habor en 1941, el FBI intensificó sus persecuciones comunistas y la sociedad receló del discurso de los cantantes. Los Almanac Singers dejaron de actuar.
Junto con Lee Hays, exmiembro como él de los Almanac Singers, formó The Weavers, que contó también con Ronnie Gilbert y Fred Hellerman.
 Bajo el techo de Decca Records, profesionalizaron su situación y dejaron entrar arreglos orquestales que les permitió alcanzar mayores audiencias con su folk coral. En los primeros cincuenta, se convirtieron en estrellas nacionales
. Canciones como Kisses Sweeter Than Wine o So Long (It’s Been Good to Know Yuh) fueron algunos de sus éxitos, aunque otras composiciones como If I Had a Hammer o Goodnight Irene gozaron de mayor acogida entre la comunidad folk.
 Sin embargo, Seeger dejó el grupo después de que grabasen un anuncio para la marca de cigarros Lucky Strike.
Tanto con los Almanac Singers como con los Weavers, Seeger desarrolló su capacidad para crear un cancionero vivo, cosido a los retazos de la tradición y al impresionante coral de sonidos populares de su país. Acompañado simplemente con su guitarra o su banjo, se dedicó a frecuentar cafeterías, universidades, campus de verano o iglesias. No tardó en convertirse en una de las voces más autorizadas de la escena bohemia y activista del Greenwich Village de Manhattan, que trajo el renacimiento del folk, alumbrando a dos de sus grandes profetas en los sesenta, Bob Dylan y Joan Baez.
Fue perseguido por las autoridades norteamericanas por sus ideas políticas y su antigua pertenencia al Partido Comunista, en el que ingresó en 1942.
 El músico había sido director de la organización People’s Songs, que tenía el objetivo de difundir música popular y canciones a favor de la solidaridad obrera.
Con la excusa de formar parte de esta organización, tuvo que pasar por los interrogatorios del comité del Senado que presidió el senador republicano McCarthy, de marcado carácter conservador, durante la famosa caza de brujas para detener a sospechosos de ser agentes soviéticos a mediados de los cincuenta. Seeger se negó a declarar, acogiéndose a la primera enmienda de la Constitución. Fue sentenciado a un año de prisión en 1961 pero una corte desestimó la acusación.
Las organizaciones civiles y la comunidad folk más comprometida vieron en él a una especie de héroe.
Durante los sesenta, se involucró en la lucha por los derechos civiles de los negros apoyando a los activistas. De hecho, uno de los himnos del movimiento, liderado por Martin Luther King Jr., fue una de sus canciones We shall overcome, que realmente era una variación que hizo de un viejo canto espiritual del góspel. Y, antes de que la Guerra de Vietnam se convirtiese en un asunto nacional, en parte porque no paraban de llegar ataúdes con jóvenes soldados caídos en suelo vietnamita y estos no querían ser reclutados, Seeger se opuso con vehemencia a la intervención militar estadounidense.
 Dedicó una feroz canción al presidente Lyndon Johnson a mediados de los sesenta por su agresiva política exterior, llegando a ser censurado en televisión.
Amante de las esencias del folk, reacio a la modernización del género, lo que le llevó a tener una audiencia cada vez más reducida, el nombre de Seeger también está asociado a una de las leyendas más conocidas de la música norteamericana, aquella en la que se cuenta que intentó con un hacha cortar los cables de la guitarra eléctrica que Bob Dylan utilizó durante su actuación en el célebre festival de Newport de 1965, cuando el bardo de Minnessotta empezó su revolución sonora que le llevaría a convertirse en una estrella pop a la altura de The Beatles
. Varios testigos de aquel concierto han desmentido con los años tal suceso, aunque nadie ha dudado nunca del aguerrido cáracter de Seeger, quien a veces tenía demasiadas malas pulgas.
Sin dejar nunca de componer y recuperar composiciones tradicionales, cantó para el movimiento obrero, apoyó la lucha por el medio ambiente y clamó contra las campañas belicistas.
 Destinó los beneficios que le reportaba la canción We shall overcome a organizaciones que apoyaban a los afroamericanos más desfavorecidos en el sur. Nunca separó su ideario político de su música, llegando a dedicar un disco a las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española. Junto con Bruce Springsteen, quien le rindió tributo en su disco We shall overcome: The Seeger Sessions, actuó en 2009 en el Memorial de Lincoln en el concierto inaugural de la presidencia de Barack Obama.
Antes, en 1994, Bill Clinton le había concedido la prestigiosa Medalla Nacional de las Artes por su contribución a la cultura norteamericana.
 Por su 90 cumpleaños, se celebró un concierto homenaje en el Madison Square Garden en el que propio Springsteen le presentó como "un archivo vivo de la música americana y de su conciencia, un testamento del poder de la canción y la cultura”.
Allí se dieron cita Emmylou Harris, Joan Baez, Roger McGuinn de The Byrds o John Mellencamp.
A decir verdad, resulta muy difícil encontrar en el panorama musical de hoy en día gente de la pasta de Pete Seeger. Músicos que en sí mismos son savia de Norteamérica por su discurso popular, su obra a pie de calle, su influencia en varias generaciones y su compromiso con su arte y su entorno.
  En definitiva, resulta muy difícil, en este mundo de consumo instantáneo, en el que pocas cosas parecen perdurar, captar el tamaño y el corte de la figura de Seeger, el músico que decía de su humilde guitarra: "Este instrumento atrapa el odio y le obliga a doblegarse"
. Era su espada, blandiéndose siempre contra los verdugos.

Se va alguien para muchos odiado y otros reverenciado,...........Muere Blas Piñar a los a los 95 años, un icono de la ultraderecha españolaFrancamente, no me acordaba de él, pero como se van muriendo tanta gente buena y otras odiosas, pues por eso lo señalo. Quizás la muerte es lo que iguala.


Blas Piñar, en la concentración de homenaje a Franco y Primo de Rivera, en Madrid en 2007. / Manuel Escalera

Icono de la extrema derecha en España. Heredero del franquismo durante la Transición. Blas Piñar López, fundador de Fuerza Nueva, ha muerto en su casa de Madrid a los 95 años, en la madrugada de este martes. Habitual en los homenajes al dictador Francisco Franco, el fallecido siempre defendió el golpe de Estado del 18 de julio de 1936
. Los achaques de salud le impidieron permanecer en activo, pero en sus últimos años continuó escribiendo para revistas vinculadas a formaciones ultras.
Su último artículo lo redactó el pasado viernes.
 La familia ha deseado, según ha explicado a este periódico, que el último adiós se le dé en un acto "íntimo". Será enterrado en Toledo.Pues si mejor que si no se convierte  en una excusa para salir los "Ultras"y ahí no iba a ir la policía tampoco es el momento, ya pagará, si es que hay dónde dar cuentas, todos sus pecados.

"Nos sentimos orgullosos de la noble cruzada española contra el comunismo en 1936", gritaba ante más de 8.000 personas en la conmemoración al 20-N de 1991. Un acto al que acudía de manera puntual.
 La última vez, en 2010. "Franco está, a la vez, ausente y presente. Ausente porque concluyó su vida en el tiempo, y presente, aunque no le vemos ni oímos, porque, sin embargo, la verdadera memoria histórica, que es colectiva, nos lo hace cercano", firmaba en 2012 en un artículo de la web Francisco Franco, tras suspenderse un homenaje al dictador programado en un edificio público. "Hasta el final ha mantenido sus ideas. No las traicionó.
 Se consideraba un patriota, defensor de la tradición y del bando nacional. En ese sentido fue ejemplar. No hizo como otros, como Fraga, que se adaptó al nuevo régimen", ha recordado uno de sus 43 nietos, Blas Piñar Pinedo.Pues todavía hay clases y gente que se adapta y no vivir de ese recuerdo trágico para muchoooooos españoles.
Piñar López nació en Toledo el 22 de noviembre de 1918. "Fue una persona marcada por la Guerra Civil. Su padre, militar del bando nacional, estuvo en el Alcázar de Toledo", ha explicado su nieto.
 Licenciado en Derecho por la Universidad de Madrid, en 1940 obtuvo el doctorado y en 1944 ingresó por oposición en el Cuerpo de Notarios
. Su carrera profesional le llevó hasta Cieza, un municipio murciano de 35.240 habitantes, donde vivió un breve periodo; hasta que en 1949 se trasladó a la capital de España para ejercer hasta su jubilación en 1988. "Fuerza Nueva entiende que si España es una nación no se compone de nacionalidades", declaraba en 1979 en un artículo en EL PAÍS.
Enemigo acérrimo del Estado de las autonomías, Piñar recurrió a los Reyes Católicos para defender la "unidad" del país. "Fernando e Isabel la rehicieron [España] y ha llegado intacta hasta nosotros", aseguraba el icono de la ultraderecha, elegido diputado por Madrid en 1979. En la Cámara Baja aterrizó amparado por las siglas de Unión Nacional, coalición que integraba a Fuerza Nueva. Durante toda esa primera legislatura de la etapa democrática, el líder de la ultraderecha votó en contra de cada uno de los Estatutos de Autonomía que se aprobó.Siempre hay opiniones de volver aunque sea con la Frente Marchita y el paso del Tiempo no blanquearan sus ideas.

El dirigente ultra, que además reclamaba la recuperación de la soberanía sobre Gibraltar —a la que denominada la "España irredenta"—, presenció en el Congreso el intento de golpe de Estado del coronel Tejero el 23 de febrero de 1981. Este asalto al Parlamento lo apoyaría uno de sus hijos, el general de brigada Blas Piñar Gutiérrez, que firmó en 1981 el Manifiesto de los 100, un panfleto de respaldo a los golpistas del 23-F. "Me seguiré esforzando por mantener la esperanza de que el Ejército quiera, sepa y pueda reaccionar antes de que sea demasiado tarde para España", escribió Piñar Gutiérrez en 2008 tras pasar a la reserva.No hay que olvidarlo porque esos "vuelven"
La herencia familiar de Piñar López no acaba ahí. Casado con Carmen Gutiérrez Duque, tuvo ocho hijos: tres varones y cinco mujeres. Una de ellas, Valle Piñar, concurrió sin éxito a las elecciones de 2011 como candidata a la alcaldía de Madrid. La descendiente del icono ultra se presentó a los comicios con Alternativa Española (AES)
. En esa misma cita electoral, Blas Piñar aparecía como número 25 en la lista de la formación por Toledo. Además, dos de sus nietos, Miguel y Santiago Menéndez Piñar, irrumpieron en 2004 en la obra de teatro Me cago en Dios en el Círculo de Bellas Artes y patearon al actor Fernando Incera sobre el escenario; y agredieron a Íñigo Ramírez de Haro, autor del libreto.
"España ha sido conformada por el catolicismo, y sin la unidad en torno a él quiebran, como dijo Menéndez y Pelayo, las otras unidades", afirmaba Blas Piñar, destacado miembro de Acción Católica y del régimen totalitario. Nombrado consejero nacional del Movimiento por Francisco Franco en 1971, fue procurador en Cortes durante cinco legislaturas de la dictadura. En 1968 le concedieron el título de hijo predilecto de Toledo.
A pesar de que votó en 1976 en las Cortes en contra de los proyectos de Ley sobre Asociaciones Políticas y Reforma Política; al amparo de estas, en octubre de ese año, Blas Piñar fundó Fuerza Nueva.
 Este partido se disolvió en 1982 y cuatro años después se reconstituyó como Frente Nacional.
 Una formación a la que se sumó para presentarse a las elecciones europeas de 1987 y 1989.
Pero no consiguió escaño
.Empeño puso.
Y Dios perdona a estas personas?o sigue dormido ante los niños que mueren de hambre?

27 ene 2014

Del Blog de Paco Nadal

Los 10 mejores atardeceres de España

Por: Paco Nadal
Es Vedrá

Pocos momentos generan tantos buenos sentimientos como un atardecer. El ocaso es la puerta que nos comunica con la paz interior, el colofón de un gran día o el presagio de una noche llena de misterios; un momento para disfrutar a solas o en buena compañía. Atardeceres bellos hay muchos, pero estos serían mis diez lugares favoritos de España para ver ponerse el sol y reconciliarse con el ser humano y la naturaleza:

Mirador San Nicolás
1. La Alhambra desde el mirador de San Nicolás (Granada)
Toda lista de puestas de sol mágicas en la península debería empezar por el espectáculo de los muros rojizos de la Alhambra realzados por el ocaso y vistos desde el mirador de San Nicolás, una placita abalconada en la parte alta del Albaycín. La altura apropiada y el encuadre perfecto para disfrutar del palacio musulmán cara a cara. A Bill Clinton lo llevaron allí en su primera visita a España y exclamó extasiado: “Es la puesta de sol más bonita que he visto en mi vida”.

Las Médulas atardecer
2. Las Médulas (León)
Uno de los paisajes más sorprendentes de León: unas antiguas minas de oro romanas donde la acción combinada del hombre y de la naturaleza ha creado un paisaje irreal de pináculos y montañas rojizas tapizadas por un extenso bosque de castaños. Se aconseja ir al atardecer, cuando los últimos rayos del sol se acuestan sobre las arcillas encarnadas e incendian el escenario.

Gallocanta
3. Laguna de Gallocanta (Zaragoza / Teruel)
Gallocanta es una de las mayores manchas de agua del interior de la Península Ibérica, una de las joyas de la red de humedales españoles. Cada temporada, hacia noviembre, miles de grullas invaden los cielos de Gallocanta en un espectáculo único, donde el claqueo de hasta 30.000 animales juntos ensordece los campos. La silueta de esa nube de pájaros recortada sobre el lienzo tornasolado que las últimas luces del día provoca en la superficie de la laguna es un espectáculo de la naturaleza.

Atardecer Mar Menor
4. El Mar Menor (Murcia)
Esta laguna salada de la ribera murciana es el único lugar del Mediterráneo donde se puede ver meterse el sol por el mar. Sus atardeceres son sublimes, una orgia de colores magnificada por la placidez de las aguas calmas de la laguna. Uno de los mejores puntos para disfrutar el ocaso en el Mar Menor es desde las marismas del final de La Manga, junto al humedal de las Encañizadas.

Caños de Meca
 5. Caños de Meca y el faro de Trafalgar (Cádiz)
Caños es el enclave costero más atípico, romántico y natural de la costa gaditana. Al atardecer, docenas de veraneantes y viajeros se reúnen en la playa o en alguna terraza para beber té verde con hierbabuena mientras un sol rojizo e incandescente apaga sus ardores tras la silueta afilada del faro de Trafalgar, el mismo frente al cual un 21 de octubre de 1805 el almirante inglés Nelson mandaba al fondo del océano lo que quedaba de la otrora poderosa flota franco española.

Atardecer en Ronda
6. Ronda (Málaga)
Pocas ciudades gozan de un emplazamiento tan soberbio como esta, partida por la cicatriz de un tajo en la roca y cosida después por dos puentes del mismo color que la montaña, como grapas de piedra que evitan que la ciudad nueva y la vieja se separen. Pero si hay un momento sublime en Ronda es el del atardecer, visto desde el fondo del tajo, cuando el puente y todo el casco viejo quedan bajo el embrujo de unas luces anaranjadas que recuerdan vagamente a la de las viejas antorchas y transportan al viajero al siglo XVIII.

Monrepos
7. Puerto del Monrepós (Huesca)
El Monrepós es un puerto prepirenaico en la carretera que va de Huesca a Sabiñánigo, que por su situación ha sido tradicionalmente el mejor balcón panorámico de la cordillera de los Pirineos. Desde lo alto se divisa en días claros toda la cresta pirenaica; al atardecer y si las cumbres están nevadas, la visión es de las que no se olvida (lástima que las actuales obras de la autovía dificultan parar de momento en ese punto).

Atardecer en Finisterre
8. Finisterre (A Coruña)
Es el fin del continente europeo, el finis terrae, el lugar donde la tierra acababa hasta el descubrimiento de América. Fisterra es un lugar lleno de magia al que aún continúan llegando peregrinos para quemar sus ropas en señal de renovación. Sentarse en las rocas junto al faro mientras el sol desaparece por el Atlántico es la mejor manera de tomar conciencia de la inmensidad de los océanos.

Es Vedrá 2
9. Es Vedrá (Ibiza)
Este gigantesco pináculo de piedra que emerge del mar como si de la erupción incontrolada de un volcán se tratara es el islote más fotogénico de los que rodean la isla de Ibiza. Fue un lugar de culto y adoración para los primeros pobladores de las islas Baleares y aún hoy, visto desde Cala d’Hort durante el atardecer, más que a una isla asemeja a un gigantesco altar colocado por algún Dios en medio del Mare Nostrum.

Atardecer en Orchilla
10. Faro de Orchilla (El Hierro)
Atardeceres de un disco rojo acostándose sobre el mar hay muchos, pero ninguno con la carga de emoción y lejanía como el que se ve desde esta punta occidental de la isla canaria de El Hierro, la última tierra conocida que veían los descubridores del Renacimiento y la primera que observaban los que llegaban de América en barco.

Nota: como siempre en este blog, si escribo de un lugar es porque lo he visto y comprobado personalmente. No es una lista sacada de Google, son los 10 mejores atardeceres que he disfrutado en España, ¿cuáles serían los tuyos?

Entre el ridículo y la mansedumbre.....................................................Javier Marías

¿Servimos de algo o somos efectivamente ridículos? ¿Deberíamos continuar o guardar silencio?

Esos políticos, que desde luego no nos hacen caso, preferirían que desapareciésemos.

Algunos lectores saben que cada dos por tres me pregunto qué diablos llevo haciendo tanto tiempo en esta última página de El País Semanal. 
 Pero hay dos fechas al año en que de veras me planteo dejarla: una es cuando acaba el “curso” en julio y me tomo mi asueto de agosto; la otra es enero, por aquello de los buenos propósitos. 
Entre los míos siempre se cuenta, durante unos días y en forma de duda, el de callarme de una vez.
 Y a cada enero la tentación es más fuerte, aunque sólo sea por la acumulación del cansancio (a los once años aquí hay que sumar los ocho anteriores en que también escribí cada domingo en otro lugar; luego diecinueve en total)
. Además, ya lo decía hace poco la carta publicada de un lector tan amable que incluso me llamaba “Don Javier”: “… es como si predicase en el desierto; parece que nadie le hace el menor caso …”
 Bueno, sería pretencioso aspirar a lo contrario, supongo, pero la constatación lo lleva a uno a preguntarse –y a extender la pregunta a todos los demás escritores y columnistas–: “¿Qué pretendemos, entonces? ¿Distraer, acompañar en la indignación, consolar, halagar, desahogarnos, amargar el desayuno a algunos políticos, financieros, empresarios, jueces?”
Tampoco ayudan a proseguir las declaraciones que leo de un novelista que aprecio, el cual, interrogado por el papel de los intelectuales ante las actuales crisis, responde: “No tienen ningún papel. Es ridículo pensar que sí, que pueden influir en nada.
 Seamos sinceros: el poder es poder porque no cuenta con nadie.
 Por tanto, todo el que desde un lateral intente influir es ridículo.
 El escritor libre, el que no está relacionado con una opción política, no influye”. Y remata así: “Lo que digo es que, si el alcalde dice que hay que hacer el puente, el puente se hace. Digan lo que digan los intelectuales”
. En esto último no me cabe duda de que lo asiste la razón, y aún habría que añadir: “Digan lo que digan los ciudadanos”
. Esa es la manera en que se ejerce normalmente el poder en España en la actualidad –puro caciquismo–, y más si se posee mayoría absoluta.
 ¿O no salta a la vista que es la forma de gobernar del PP, de CiU, del PNV, del PSOE, con distintos grados? ¿No es evidente que Rajoy se dijo, al ganar las elecciones:
 “Dispongo de cuatro años para hacer lo que me dé la gana.
 No me importa incumplir mis promesas y engañar, me trae sin cuidado a quién dañe y a cuántos, el perjuicio irreversible que cause a mi país
. Voy a poner España a mi gusto y al de los míos, en contra de la opinión de los médicos, los profesores, estudiantes y rectores, los jueces y fiscales, los pensionistas, los trabajadores, las clases medias, los pequeños empresarios, los artistas, los científicos, los investigadores, los parados, los dependientes, las mujeres y no digamos los intelectuales.
 Ya se me ocurrirá un nuevo fraude, cuando toque volver a votar”?
Respecto a las otras afirmaciones de ese novelista, uno no quiere pensarlo, pero no puede evitar pensarlo un poco, de refilón: ¿acaso no suenan a autojustificación?
 Puesto que es ridículo creer que desempeñamos algún papel, lo es también pronunciarse, acusar a los corruptos y a los sin escrúpulos y a los dañinos, denunciar los abusos y las injusticias y las canalladas, tratar de abrir los ojos a quienes los tienen cerrados, procurar que la gente repare en lo que se le ha pasado por alto, argumentar contra las arbitrariedades, señalar las prácticas dictatoriales ejercidas en democracia (las hay, y de ellas vengo hablando hace meses), protestar contra las nuevas leyes que privan de derechos y libertades, advertir del deslizamiento hacia formas despóticas de gobernar.
 Lo aconsejable –y también lo más cómodo– es no caer en ese ridículo, o bien dejar de ser “escritor libre” y ponerse al servicio de “una opción política” determinada. 
Es decir, convertirse en peón, alfil o torre de un partido, única vía para “influir”. No por intelectual, se entiende, sino por infiltrado: por formar parte del aparato y del engranaje.
¿Servimos de algo o somos efectivamente ridículos? ¿Deberíamos continuar o guardar silencio? Son dudas reales, no retóricas, ojo: no descarto que ese reputado novelista esté en lo cierto.
 Claro que luego hay otros a los que, para realzarse, les conviene faltar a la verdad y asegurar que ninguno de sus colegas ha estado a la altura.
 Si hablamos caemos en el ridículo, y si no, nos portamos como cobardes e incurrimos en mansedumbre. Yo carezco de respuesta a este dilema, y además sería parte interesada.
 Admito que tal vez no influimos y que nuestros pataleos son estériles
. Pero de una cosa estoy seguro: ay si ni siquiera existiésemos, si nadie dijera nunca nada, si no incomodáramos e hiciéramos rabiar un poco a los políticos que nos acogotan y que además quieren aplausos
. La única prueba que veo de nuestra no absoluta inutilidad es que esos políticos, que desde luego no nos hacen caso y se encogen de hombros ante nuestros griteríos, preferirían a buen seguro que desapareciésemo
s. Que no llamáramos la atención de quienes se molestan en leernos, ni los hiciéramos pensar, o mirar lo que pasa desde otro punto de vista del impuesto por los gobernantes, todos los días, con las televisiones a sus pies.
 Que no señaláramos sus abusos y sus imbecilidades, su cinismo y su desfachatez, sus razonamientos grotescos que ya no tratan ni de adecentar.
 Ay si además de ocurrir cuanto ocurre, uno abriera los periódicos y no se encontrara en ellos más que asentimiento e indiferencia y silencio, solamente por temor al ridículo.
elpaissemanal@elpais.es