Hace tres años tuve la suerte de recorrer una buena parte de
Sudáfrica y quedé maravillado con el país. Me fascinaron sus
paisajes, sus
gentes, sus reservas de
animales.
Me sorprendió lo diferente que es esta nación de cualquier otra nación de África.
Pero sobre todo, quedé impactado con el
experimento social
que allí se estaba llevando a cabo: la transformación de un país que
era el paria de la comunidad internacional por su vergonzoso régimen de
apartheid y
que en solo unos pocos años se ha convertido en una democracia estable,
motor de la economía de todo el África austral. Y ese cambio tenía un
nombre:
Nelson Mandela, el gran artífice de la transición sudafricana.
Hoy, mientras se celebran sus
funerales y todo el mundo glosa una figura única e irrepetible, yo
os invito a viajar por Sudáfrica.
Un destino fascinante en el que aún podréis ser testigos privilegiados
de lo que ha supuesto la obra de Mandela para los sudafricanos. Estas
serían
mis 12 recomendaciones para ver y hacer en Sudáfrica hoy:
1. El Waterfront de Ciudad del Cabo
Cape Town es, junto con Río de Janeiro, la ciudad con más bello
emplazamiento del mundo.
Su clima mediterráneo (está en la misma
latitud, pero en el hemisferio sur) la convierte en un lugar especial
para vivir. Esa magia se escenifica día a día en el Victoria and Albert
Waterfront, el paseo marítimo que se asoma a Table Bay.
La zona más
cosmopolita de la ciudad, llena de restaurantes, bares, tiendas, locales
de copas, centros comerciales. El auténtico escaparate de las vanidades
sudafricanas.
2. La prisión de Robben Island
No puedes comprender la vida y la grandeza de un personaje como
Nelson Mandela hasta que no conoces la celda en la que paso 18 de los 23
años que estuvo preso. Robben Island, la isla-prisión emblema del
racista régimen del apartheid, es ahora Patrimonio de la Humanidad y
visita obligada para no olvidar los años más duros de Sudáfrica y honrar
la memoria de quienes lucharon y murieron por conseguir que el país sea
lo que hoy es. Los ferries salen a las 9:00, 11:00, 13:00 y 15:00 desde
la estación marítima del Waterfront de Cape Town.
3. Sobrevolar en helicóptero el cabo de Buena Esperanza
Varias empresas
prestan este servicio desde Ciudad del Cabo.
No es una broma barata,
pero si te la puedes permitir tendrás la mejor vista del punto más
meridional de África, el mítico cabo de Buena Esperanza, el que tanto
anhelaban ver los viejos galeones del Renacimiento, un espolón afilado
que separa el Atlántico del Índico (posteriores mediciones confirmaron
que éste en realidad no es el punto más al sur del continente africano;
el verdadero final es el cabo Agulhas, situado unos kilómetros más al
sureste, un promontorio anodino y nada fotogénico para lo que un mito
requiere).
4. Parque nacional de Table Mountain
Toda la zona del cabo y la gran montaña de cima plana que domina Cape
Town están protegidos con la figura de parque nacional. A escasos
kilómetros de una de las mayores concentraciones urbanas de África
corren libres antílopes, avestruces, pinguinos...
Las focas y los
delfines juguetean con los barcos de pasajeros a escasos metros del
puerto deportivo.
Y por todos lados ves unos enormes y desagradables
babuinos que han perdido el miedo al hombre y no dudan en atacarte para
quitarte la comida del pic-nic o meterse en tu casa y saquear el
frigorífico.
5. La intensa noche de Ciudad del Cabo
Cape Town tiene una noche memorable. Y bastante segura, siempre que
apliques el sentido común.
Yo me movía en taxi y nunca tuve problemas.
El Waterfront es la zona más turística, con restaurantes para eso, para
turistas y con ambiente hasta las 23:00. Pero la gente local prefiere ir
a Long Street, la calle de los bares, los restaurantes y los clubes de
música en vivo hasta altas horas de la madrugada.
La calle no es tan
larga como su nombre indica, pero tiene un bar en cada puerta, un garito
detrás de otro. Y un montón de gente joven divirtiéndose por las
aceras, algo poco habitual en el resto de ciudades del país.
6. Johannesburgo
Tiene fama de ser una de las ciudades más inseguras de África. Pero
no puedes decir que conoces Sudáfrica si no has estado en Johannesburgo,
tan diferente a Ciudad del Cabo.
Hay que evitar ciertas zonas y a
ciertas horas (Hillbrow o el downtown de noche, por ejemplo).
Pero
durante el día puedes deambular sin problemas por el mercado del centro o
entrar a beber cerveza en bares locales, donde los blancos no suelen
ir. Por la noche el sitio con más ambiente es el barrio de Melville, el
único con bares y restaurante que dan a la calle.
El resto de la vida
nocturna gira en torno a los centros comerciales, como el famoso
Melrose Arch, lleno de terrazas, bares y música en directo.
7. Bucear con tiburones blancos
Si te gusta bucear o te atrae la vida marina, esta experiencia te marcará de por vida. El mejor lugar para hacerlo es
Gansbaai,
un pequeño poblado pesquero a dos horas por carretera al suroeste de
Ciudad del Cabo.
No se requiere título de buceo ya que se hace desde una
jaula abierta por arriba y pegada a la amura del barco, en la que te
introduces con un neopreno, gafas y tubo. Hay muchos grandes tiburones
blancos en la bahía porque en medio emerge un islote con miles de focas,
su plato favorito. Nunca olvidaré aquella primera silueta fusiforme,
como un torpedo oscuro pero con aletas y cola, que emergió de la
profundidades y fue directo hacia nuestra jaula.
8. Cape Winelands: la zona vinícola
Si existe un paisaje sorprendente en Sudáfrica es el de las suaves
colinas cubiertas de agradables viñedos de esta comarca al sur del país.
Te crees que has caído en Burdeos o en La Rioja. El milagro se debe a
la conjunción de dos factores: el clima tipo mediterráneo y la tradición
vinícola que trajeron los hugonotes franceses en el siglo XVII huyendo
de las guerras de religión en Europa.
Los dos pueblos más famosos y
turísticos de los Winelands son
Stellenbosch y
Franschhoek
9. Soweto
Si hay un sitio en Sudáfrica con personalidad como para simbolizara todo el país es Soweto, el mayor de los
township,
barrios donde los negros eran obligados a vivir durante el apartheid y
del que solo salían con un pase para trabajar en las casas y los
negocios de los blancos.
Soweto es el icono de la resistencia de la
población negra contra ese cruel y racista gobierno afrikaners que
segregó a la población sudafricana según el color de la piel desde 1947
hasta 1994.
Dos millones y medio de personas (99% negras) viven en este
barrio-ciudad situado a las afueras de Johanesburgo, donde hay casas de
todo tipo, desde chabolas de chapa metálica a chalés con piscina. Soweto
está lleno de vida, de gentes amables que luchan por sobrevivir y que
están encantadas de mostrar a los visitantes los cambios acaecidos en su
township.
10. Mpumalanga
Es la provincia que ocupa la porción noreste de Sudáfrica, fronteriza
con Mozambique.
Conocida antes como Transvaal, es tierra de granjas
afrikaners, de tribus xhongas y ndebeles, de minas de oro, de grandes
montañas y sabanas africanas llenas de animales. Es un buen lugar para
los deportes de aventura, por ejemplo, un rafting por el río Sabie, que
nace en las montañas Drakensberg y va a desaguar a Mozambique.
11. El parque Kruger
Una visita inexcusable en todo viaje a Sudáfrica, Es el mayor parque
natural del país y una de las reservas de animales más famosas de
África
. Ocupa una franja de unos 350 kilómetros de largo por unos 70 de
ancho en el noroeste del país, a lo largo de la frontera con Mozambique,
y fue de las pocas zonas que se salvó de ser transformada por el hombre
porque la malaria y otras enfermedades similares mantuvieron a raya a
ganaderos y cazadores blancos
. En el interior del parque y en las zonas
limítrofes encontraréis alojamientos de todo tipo.
12. Una inmersión con la población negra
En Sudáfrica, salvo excepciones, los blancos viven con los blancos y
los negros con los negros.
Pero la esencia del país se manifiesta en los
township, barrios de población mayoritariamente negra, con
usos, prácticas y estilos de vida igual a los de cualquier otra ciudad
africana (aunque con mejores servicios, basta ver el enorme hospital
Chris Hani Baragwanath, de Soweto)
. Merece la pena visitar alguno, beber
cerveza de sorgo con sus habitantes, interesarse por sus problemas y
por sus costumbre (por ejemplo, el código de señales que usan para
llamar a los taxis colectivos) o dar una
vuelta en bicicleta
con muchachos del barrio como guías locales (una actividad que existe
por ejemplo en Soweto). Solo entonces comprenderás a la verdadera
Sudáfrica.