Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

6 nov 2013

Amanda de Cadenet: la confesora de las famosas

En los ochenta era una chica indomable perseguida por los tabloides británicos.

Se reinventó como fotógrafa y hoy conduce ‘The conversation’, un programa donde celebridades como Jane Fonda o Gwyneth Paltrow hablan de sexo, dinero, complejos…

Jermaine Francis

El vestido aprieta el pecho, el suéter se ajusta y la cazadora de cuero le queda pequeña
. Ninguna de las prendas que tiene delante acaba de convencer a Amanda de Cadenet (Londres, 1972). Es un raro día caluroso en la capital británica y De Cadenet –tan maternal como mandona– lleva la batuta de la sesión de fotos.
 Desde los 14 años está acostumbrada a lidiar con los focos, pero, a pesar de ser fotógrafa y presentadora de televisión, parece sentirse incómoda frente al objetivo
. Se saca múltiples defectos y duda de las poses.
 Por suerte en esta ocasión está rodeada por profesionales que la conocen personalmente, entre ellos el fotógrafo Jermaine Francis, que trabajó como su ayudante y al que reprende o trata con el cariño que utilizaría con un hermano pequeño. Termina poniéndose su propio vestido floreado de Bottega Veneta. Francis le provoca la carcajada con varias anécdotas y De Cadenet se queda hasta acabar la sesión fotográfica.
Este tira y afloja, esa maraña de inseguridades, es lo que se esconde tras las pulidas imágenes de las revistas. Y precisamente es lo que Amanda de Cadenet pretende desmontar con The conversation, el programa que emite la cadena de televisión por cable estadounidense Lifetime y que también está disponible en la página www.theconversation.tv
. Un programa de entrevistas a mujeres a medio camino entre la autoayuda y el género confesional que tuvo a Demi Moore como productora ejecutiva.
Con este espacio, esta antigua chica de moda, un término que resulta más glamuroso si se utiliza la expresión inglesa it girl, pretende levantar la cortina en la engañosa visión que se suele ofrecer del universo femenino. “Me di cuenta de que todas nos hacemos las mismas preguntas y no hallamos respuestas honestas”, explica. “Quería crear un espacio donde se pueda escuchar a otras mujeres diciendo la verdad sobre el sexo, el dinero o el cuerpo.
Nos venden muchas fantasías de quienes lo tienen todo y es peligroso compararse con algo que no es real; nos hace sentirnos mal con nuestra vida
. No conozco a nadie que lo tenga fácil. Contamos con solo 24 horas cada día”.
Esta británica afincada en Los Ángeles acaba de aterrizar en Londres para un viaje relámpago.
 En pocos días tiene que ultimar la versión británica de The conversation y preparar el libro que publicará basado en el programa. Sus hijos mellizos de seis años se han quedado en casa con su padre, el guitarrista Nick Valensi, de la banda de rock The Strokes. De Cadenet ha instalado en un restaurante del ­Soho londinense una suerte de oficina temporal desde donde repasa la agenda, concierta cenas y organiza reuniones.
 Solicita a su ayudante un zumo que trae de un establecimiento de alimentación ecológica, pero ella lo termina declarando imbebible y de un nivel muy inferior a lo que está acostumbrada en California.
“No hay una mujer de mi generación que esté haciendo algo parecido”, comenta sobre su proyecto. Su poder de convocatoria entre las famosas y su habilidad para ser tanto interrogadora como confesora la convierten en una Oprah Winfrey rubia, moderna, voluptuosa y con vestido vintage.
J. F.
De Cadenet empezó como presentadora adolescente en la televisión inglesa
. En una época en la que no eran habituales los niños estrella y el Club Disney no ofrecía tanta proyección de futuro, ella se hizo famosa siendo muy joven.
Más tarde probó como actriz y se reinventó con éxito como fotógrafa, trabajó para Vanity Fair y Vogue y publicó el libro fotográfico Rare birds
. Su “curiosidad por las personas” le ha llevado hasta The conversation, un programa en el que, además de hacer entrevistas, vuelca sus consejos personales, comparte material de lectura y lemas espirituales e insiste en el recurrente y críptico “conócete a ti mismo”.
Hasta el momento, la invitada que más ha impresionado a De Cadenet ha sido Jane Fonda.
“Si me hago mayor como ella, consideraría que he tenido éxito”, afirma entusiasmada.
 En las próximas temporadas le gustaría entrevistar a Beyoncé, Hillary Clinton, J. K. Rowling… “Y a Julie Christie, porque me fascina la perspectiva que tienen sobre su cuerpo las mujeres mayores que han sido tan guapas”.
A su manera, The conversation forma parte de esa corriente en plena formación que es la llamada “cuarta ola feminista”, un movimiento tecnófilo, atomizado y alejado de lo académico.
“Si crees que el hombre y la mujer tienen los mismos derechos, entonces eres feminista. Aunque, por otra parte, tengo que aclarar que no creo en las etiquetas”.
La showwoman comenta que ha llegado a recibir “furiosos tuits cuando sugerí que no sería una mala idea quitar las fotos de mujeres en topless de la página 3 del diario The Sun”.
 Una situación que se relaciona con la inquietante ola de violencia verbal que ha desatado en Reino Unido la actitud de activistas y periodistas que han expresado este tipo de opiniones en las redes sociales, entre ellas la campaña realizada para incluir la imagen de una mujer en los billetes de curso legal.
Kay Montano, maquilladora y colaboradora de Theconversation.tv, se reencontró con De Cadenet en Twitter, después de haber compartido noches de juventud en los clubes de Londres.
“Me encaja que esté haciendo un programa así”, reflexiona.
“Desde que era joven han estado proyectando cosas sobre ella y, como sucede con quien ha vivido ese tipo de experiencias, hoy es muy sabia porque ha tenido que encontrar su sitio y saber quién es”, afirma Montano
. Cuando se volvieron a ver tras mucho tiempo sin tener contacto, Amanda le preguntó cómo la podía ayudar. “Se interesó por lo que yo quería hacer. Realmente se preocupa por los demás”.
De Cadenet es consciente de las sospechas que puede generar su programa, que trata problemas “reales”, pero a través de mujeres famosas
. No hay duda de que hay que tener aplomo para preguntar a Gwyneth Paltrow o Jane Fonda sobre sus posturas favoritas en la cama (la primera no se mojó y contestó que todas; la segunda confesó que tiene las rodillas mal, por lo que prefiere tumbada o sentada en el sillón) o para lograr que las actrices se pronuncien sobre depresión posparto y problemas de dinero, algo impensable en las inanes rondas de entrevistas promocionales.
Pero la realidad es que mantiene una relación de amistad con muchas de sus invitadas.
 Define a Demi Moore como “una mujer amorosa y espiritual, que tiene más aspiraciones que el estrellato”, y conoce a Paltrow desde los 19 años. “Solo el 50% de ellas son mis amigas”, protesta. “Acceden a ser entrevistadas en mi programa porque son conscientes de la imagen tergiversada que se da de ellas. Las mujeres ricas pueden pagar a una niñera para peinarse y maquillarse tranquilas, pero sus hijos seguirán pidiendo que les busquen un calcetín o les lean un cuento.
 El dinero facilita las cosas, pero no elimina las dificultades”
. Según ella, sucede lo mismo con sus inseguridades físicas. “Tengo amigas consideradas bellísimas que también se sienten inseguras sobre su aspecto y no hablan de ello porque la gente pueda pensar que se quejan de vicio. ¿Por qué juzgarlas?”.
La duda es si la insistencia en el aspecto externo no estará haciendo un flaco favor a las mujeres, subrayando ese tipo de complejos. De Cadenet reflexiona antes de contestar: “Es un problema que los medios tradicionales no están tratando con sinceridad.
No abordarlo sería ignorar algo sustancial”, argumenta. “Cuando gano peso, salgo a propósito en televisión. Me resulta incómodo, pero es importante que se vea a mujeres a las que les queda la ropa diferente a todas las que allí aparecen”.
"Tengo amigas consideradas bellísimas que se sienten inseguras y no pueden hablar de ello"
Para bien o para mal, el físico ha marcado su vida. Hija del piloto de carreras Alain de Cadenet, empezó a trabajar como modelo a los 14 años y pronto entró a colaborar en el programa juvenil The word en el británico Channel 4.
 Para entonces se había marchado de casa de sus padres, vivía como menor bajo tutela del Gobierno y recibía terapia psicológica
. Era descarada, desbordantemente guapa y, como sucede con cualquier otro adolescente, no había quien la encerrara en casa.
 Se convirtió en la obsesión de los tabloides británicos, que combinaban la mirada salaz con la reprobatoria, poniéndola como ejemplo de descontrol juvenil.
 Si se pregunta por De Cadenet a cualquier británico que leyera la prensa o viera la televisión a finales de los ochenta y principios de los noventa, contestará sin dudarlo que era una wild child, algo así como una niña salvaje.
“En aquella época solo éramos famosos Elton John, Lady Di y yo”, asegura ella sin pestañear.
La huella de esos años todavía se percibe en su actitud amable, pero con un poso desconfiado.
“No es tonta y sabe lo que quiere, pero también es cálida, generosa y honesta”, comenta el fotógrafo Jermaine Francis, que recalca lo agradecido que está sobre la etapa en la que trabajó como su ayudante y que le sirvió para que se le abrieran numerosas puertas.
 “Amanda no lleva una máscara. Ha crecido y cometido errores delante de todo el mundo y por eso no juzga y entiende”.
A los 19 años se casó con John Taylor del grupo Duran Duran, y tuvo a su hija Atlanta, hoy modelo y dj.
 A los 26 estaba divorciada. “Me sigo llevando muy bien con mi exmarido, es el mejor ex que pueda imaginarse
. Le deseo a todo el mundo uno como él”.
Trastear en el pasado de De Cadenet es como abrir una cápsula del tiempo de la generación X. Fue de clubbing en Londres, pasó de ser la mejor amiga de Courtney Love (De Cadenet y la viuda de Kurt Cobain aparecieron de la mano en la ceremonia de los Oscar, con tiaras y vestidos antiguos de satén a juego) a romper la relación.
 Ya divorciada de Taylor, comenzó un romance con el actor Keanu Ree­ves y más adelante salió con el modelo Nick Kamen, ese hombre cuyo físico provocó exclamaciones de todo tipo cuando se desnudó en una lavandería para un anuncio de Levi’s.
 La han relacionado con Jack Nicholson y Flea, de Red Hot Chili Peppers.
 Un historial amoroso que irrita a fans de todo tipo.
“Me gustan los hombres inteligentes, creativos, guapos y con éxito. La mayoría de las mujeres los elegirían si tuvieran opción”, dice a modo de disculpa desafiante.
“Si están a mi disposición, me gusta ese tipo de hombres
. Y tanto John como Keanu tienen una relación muy buena con la fama
. A mi actual marido no le gusta nada. Nunca aparecería en un reality”.
Lleva casada 11 años con el guitarrista Nick Valensi.
 “Estamos juntos desde que él tenía 21 años”, comenta. “Le impedí acostarse con un montón de groupies. ¡Le privé de cantidades de sexo anónimo! A menudo le digo que debe de estar loco”.
¿Hay algo que su marido no le deja decir en su programa? “Me suplica que no hable de su pene en televisión”
. A continuación le llega un mensaje suyo por Whatsapp recordándole que los niños están listos para sus clases de baloncesto.
 De Cadenet teclea contestando que está en plena entrevista. “¡Mira lo que dice!”, exclama después de leerlo. “Pues diles que la tengo muy grande”, pide Valensi en el texto que enseña.
 No iría tan en serio eso de no hablar del tema
. A De Cadenet le ha hecho mucha gracia la ocurrencia.
 “Ahí lo tienes. Al fin y al cabo, no estamos salvando vidas”, dice entre carcajadas.
 “En esta vida también hay que divertirse”

 

5 nov 2013

Poema de Luis Cernuda

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad del amor,
la verdad de sí mismo;
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.”
Luis Cernuda

Los poetas eligen sus versos favoritos de Luis Cernuda

Varios poetas de España y América Latian eligen los mejores versos de Luis Cernuda y dicen por qué les gusta.

 

EL PAÍS

"Cómo llenarte, soledad
sino contigo misma".
Este hermoso y profundo comienzo con que Luis Cernuda inaugura Soliloquio del farero sirve de preámbulo al homenaje que le rinden varios poetas de España y de América Latina, en el cincuentenario de su muerte.
 Cada uno de ellos ha elegido el poema y los versos que más le gustan. Poetas contemporáneos que dialogan con el maestro y crean un recital para los lectores que empieza así:

Por la costa del sur, sobre una roca
alta junto a la mar, el cementerio
aquel descansa en codiciable olvido,
y el agua arrulla el sueño del pasado”.

Versos iniciales de Elegía anticipada, el poema preferido por Antonio Colinas, “su poema más bello y perfect
o. En él se resumen los valores esenciales de Cernuda: meditación sublime sobre temas esenciales, emoción contenida e intensa, el cementerio como jardín y, a la vez, inmerso en una naturaleza absoluta que la cercanía de la mar acrecienta”.

“Todo lo que es hermoso tiene su instante y pasa”.

Lo muestra en Las ruinas, elegido por Aurora Luque, donde se dan la mano eternidad y finitud. Una especie de “antiplegaria en la que el poeta, implacablemente honesto, reprocha a Dios su superfluidad y canta la belleza, trágica por efímera, de los seres del mundo”.

Hermosa era aquella llama, breve
como todo lo hermoso: luz y ocaso”.

Palabras puestas en mitad de Tristeza del recuerdo, donde sueño, memoria y realidad son recordadas como inherentes a cada ser.
 Piedad Bonnett lo prefiere por su “enorme poder de síntesis y versos sencillos pero inolvidables para evocar los amores idos, y con el tema del tiempo y la memoria como columnas en las que se sostiene”.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío”.

A este lugar donde conviven luz, sombra y reclamo como uno solo reflejado en el poema Si el hombre pudiera decir invita Oscar Hahn. ¿La razón de su elección?:
 “Aunque el poema está inspirado en la experiencia de Cernuda con el amor que no osa decir su nombre, trasciende lo personal y tiene una validez universal.
 Bellamente escrito, puede aplicarse a las diversas relaciones amorosas censuradas ayer y hoy por todo tipo de prejuicios”.

Infierno y paraíso
los creamos aquí, con nuestros actos
donde el amor y el odio brotan juntos,
animando el vivir. Y yo no quiero
vida en la cual ya tú no tengas parte:
olvido de ti, sí, más no ignorancia tuya”.

Palabras vivas de El amante divaga que remueven íntimamente a María Victoria Atencia cada vez que las lee
. Para ella se trata de “un poema grandioso, de una clarividencia única. No se puede explicar más porque las palabras hablan por sí solas”.

Ahora, al poniente morado de la tarde,
En flor ya los magnolios mojados de rocío,
Pasar aquellas calles, mientras crece
La luna por el aire, será soñar despierto”.

Es la Primavera vieja, escrita en Glasgow en abril de 1942, recuerda Antonio Rivero Taravillo.
“El poema es una hermosísima evocación de Sevilla en la que, bajo el embozo de esa segunda persona del singular que empleó él a menudo, aparece el propio Cernuda convertido en ‘un fantasma que vuelve’. Su cierre es de esos versos que no se olvidan: “Cuán bella fue la vida y cuán inútil”.

“Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos”.

Recuerdo, recuerdos, de los lugares amados que siempre acompañarán a las personas escenificado en Quisiera estar solo en el Sur elegido por José Manuel Caballero Bonald
. Recuerdos que son aliento: “El sur es un desierto que llora mientras canta”, y que llama a Luis Cernuda y Luis Cernuda lo llama para cerrar el poema con una abertura perpetua:
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales”.
Es el poeta, reconoce Francisco Brines, que ha sustentado lo que otros poetas como él han intentado escribir.
 “Un poeta que tuvo la poesía como destino personal y razón de vida”.

La historia de los Bruni, sin Carla

Valeria, la hermana cineasta de la ex primera dama, aborda los demonios familiares en su nueva película.

Carla Bruni, con su madre Marisa y su hermana Valeria. / AFP

Los años setenta marcaron la huida a Francia de una familia rica italiana por el miedo a la ola de secuestros de las ominosas Brigadas Rojas.
 Desde entonces, la saga Bruni Tedeschi —apellido casi más célebre en Francia que en Italia— no ha dejado de alimentar la prensa rosa y anegar la prensa generalista.
 En el caso de Carla Bruni Sarkozy, a través de su carrera como modelo y cantante y de su relación y posterior matrimonio con el expresidente de Francia, Nicolas Sarkozy.
 En el caso de su hermana, Valeria Bruni Tedeschi, con un perfil menos mediatizado, a través de una carrera cinematográfica que le ha llevado, ahora, a fabular los demonios familiares en su nueva película, Un castillo en Italia.
En la cinta, recién estrenada en Francia, la actriz, guionista y realizadora nos muestra a una familia rica-pero-disfuncional compuesta por su madre, la actriz y concertista de piano Marisa Borini (que se interpreta a sí misma); su hija, Louise (interpretada por Valeria); el novio de ésta (y expareja en la vida real), interpretado por Louis Garrel, y el hermano mayor, Virginio Bruni Tedeschi (1959-2006), fallecido por complicaciones derivadas del sida.
 En ese cuadro no aparece la hermana cantante, modelo, filántropa y ex primera dama de Francia.
 Su lugar ha sido ocupado por Virginio (interpretado por Filippo Timi), el hermano mayor carismático, sanguíneo y vitalista con el que la directora esboza una relación incestuosa y de estrecha dependencia afectiva.
 Aunque podría decirse que el verdadero protagonista de la película es el castillo del Castagneto, que simboliza la riqueza evaporada por la crisis.
Valeria Bruni Tedeschi dice haberse inspirado en una obra de Antón Chéjov, El jardín de los cerezos, para su obra, aunque el diario italiano Libero maliciaba en una reseña que la distancia entre la obra del dramaturgo ruso y la película ahora estrenada es de proporciones "siderales".
La directora busca reflejar la decadencia de una familia, la del industrial Alberto Bruni Tedeschi, que decide vender el castillo y uno de sus cuadros de Brueghel, El Joven, para afrontar una sanción del fisco.
La realizadora italiana ya abordó hace diez años en la película Es más fácil para un camello… (su debut como directora) su concepción de la riqueza y sus cargas psicológicas
. En una escena que también interpretaba su madre en la vida real los padres de Valeria le dicen a su hija: "Debemos abandonar Italia… porque somos ricos.
 Algunas personas quieren secuestrar a los hijos de familias adineradas".
Con el mismo tono tragicómico, pero volcado sobre la comicidad, Un castillo en Italia muestra a una mujer más enfocada en su vida privada, en su anhelo de ser madre, en su relación tortuosa con los hombres (también reflejada en la película 5x3 de François Ozon) que preocupada por el declive de las cuentas familiares.
Como contrapunto a esa ausencia de la hermana en la película de Valeria, esta y Carla Bruni saltan a la portada de la edición francesa de Elle para mostrar que en la casa Bruni Tedeschi no hay rivalidad ni envidia fraternal
. Carla no está presente en la película, según la realizadora, porque quiso concentrarse "en la relación casi marital entre una hermana [ella] y un hermano [Virginio]". La entrevista no está exenta de ciertas diferencias de parecer en el diálogo propuesto
. La cantante confiesa que le llevó un tiempo "valorar sin reservas el cine de su hermana, aunque sabía que llegaría ese momento". Cuando Valeria recuerda su época como alumna del dramaturgo Patrice Chéreau, la periodista de Elle le pregunta a Carla si las dos hermanas "estaban en las Antípodas" la una de la otra, a lo que la exmodelo responde con humor y señalando: "Las dos tenemos una profesión ligada al espectáculo". La actriz, por su parte, afirma que "posar y hacer teatro son dos cosas que no tienen nada que ver".
El diálogo, sin embargo, refleja la admiración mutua entre dos personas muy distintas.
 Carla Bruni dice no soportar las "injerencias" en su relación con Valeria y culpa de ello a la prensa, porque, asegura, en ese vínculo fraternal "la política y la rivalidad son [cuestiones] anodinas". En la película dirigida por Valeria, uno de los personajes, al servicio de la familia, tilda a ésta de "niños mimados" y de "familia de degenerados".
 Pero eso no obsta para que la directora intente trasladar al espectador la imagen de una familia que intenta reconciliarse con sus demonios internos a través de la cultura.