Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

13 sept 2013

Rajoy contestará a Mas en 48 horas que la consulta no cabe en la Constitución

Primera reunión del Gabinete de Mariano Rajoy tras la celebración de la Diada y del éxito de la cadena humana que cruzó Cataluña de norte a sur para reclamar una consulta soberanista
.  Solo el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, se salió del guion tras los actos del 11 de septiembre al afirmar que el Ejecutivo debía escuchar a la calle.
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ha reconducido esta mañana nuevamente el debate, dejando claro que el Gobierno no se plantea en absoluto permitir esa votación, porque "no cabe en el marco de la Constitución". Sáenz de Santamaría  ha ofrecido diálogo, "pero siempre dentro de las leyes" y para avanzar en el sistema de financiación, cuyos resultados se están analizando actualmente.
La vicepresidenta ha asegurado que la respuesta a la carta del presidente catalán, Artur Mas, se producirá en las próximas 48 horas.
 También ha dicho que "no existe un mínimo consenso para la reforma de la Constitución", como ha subrayado, quedó patente en el debate del estado de la nación. En este asunto, ha zanjado: "Nosotros, firmeza".
Más comunicaba en esa carta al Gobierno español su voluntad de convocar a los catalanes para que se pronuncien sobre su futuro político y las cinco vías legales que la Generalitat considera que pueden aplicarse.

12 sept 2013

Galería de imágenes habitables

'Gardella Restated'. 'The House of the Zattere, 1953-2011', una de las obras de Dionisio González expuestas en la sala de exposiciones del Canal.

Dionisio González (Gijón, 1965) vive desde hace 12 años de hacer fotografías y de diseñar edificios para las poblaciones más marginadas del mundo.
 Pero no se considera fotógrafo ni arquitecto; tampoco antropólogo, aunque pase varios meses al año estudiando la forma de vida de los países que inspiran su obra. González se ve sobre todo un artista conceptual que busca simplemente los soportes idóneos para lograr una mirada a un mundo frágil y aportar soluciones que eviten que estas poblaciones desaparezcan.
Para conocer mejor su trayectoria, la sala de exposiciones del Canal de Isabel II (Santa Engracia, 125) organiza la exposición Around, un recorrido por esta década larga de trabajo
. Desde el 12 de septiembre hasta el 10 de noviembre se podrán ver unas 44 obras: seis cajas de luz, una instalación en la planta baja y tres vídeos que muestran el interior de las viviendas ideadas por del artista. “La exposición refleja un dentro y un fuera, porque este trabajo no se trata solo de fachadas, sino de que estos edificios sean viables también por dentro”, remarca Sema d’Acosta, el comisario de la exposición.

González tiene una mirada y un aspecto tranquilo. Sería difícil imaginar que este hombre ha viajado y vivido en varios países, a veces en las condiciones más precarias. Cuba, Vietnam, Estados Unidos o Brasil son algunos de los escenarios que ha retratado. En cada uno de ellos ha vivido varios meses conociendo las costumbres, los pensamientos y las formas de relacionarse en los espacios. Todas tienen algo en común: “Se trata de arquitecturas en exclusión que viven con la amenaza constante del desalojo”, explica González.
Su motivación es clara.
“En el mundo hay más de 125.000 áreas hiperdegradadas. Y cada vez se periferizan más. En lugares como Zambia o Karachi esta periferia se ha vuelto ya el núcleo central para vivir”, explica González.
Todas sus series reflejan las contradicciones de las periferias. En la serie São Paulo, de 2004, con la que se hizo famoso, González retrata ese mundo de favelas que parece desorganizado, pero que, como dice él, tiene una lógica interna. “En ocasiones se presupone que los moradores de Brasil viven con ignominia, pero la realidad es que establecen un cierto orden grupal. El problema de estas favelas es que suelen estar controladas por el narco y que se encuentran constantemente con la amenaza de derribo y de desaparición”, comenta.
Probablemente la primera impresión al ver estas imágenes es la del desconcierto ante edificios modernos situados en entornos poco acordes. Y esa es la sensación que busca el artista. “En todas las propuestas hay una gran dosis de provocación. Es una forma de hacer visibles y viables hábitats amenazados y frenar la exclusión”.
En otra de sus famosas series, Vietnam (2006-2007), en la bahía de Halong, González rescata las casas palafíticas y comienza a interesarse por la relación entre el agua y la tierra y la amenaza del turismo sobre este modo de vida.
De momento sus arquitecturas no se han hecho realidad, aunque una vez estuvo cerca.
 En la ciudad de Busan, en Corea del Sur, las autoridades se interesaron por su trabajo y le dieron vía libre para trabajar. La crisis económica impidió que la idea saliera del marco.
"Sin embargo, por la crisis no se pudo hacer", dice Acosta.
Las situaciones de marginación y periferia también se pueden ver en países como Estados Unidos. En una de sus series más recientes Dauphin Island, que es una lengua de tierra de 400 kilómetros en la desembocadura del río Misisipi, las viviendas sobre palafitos están expuestas a las tormentas tropicales y a los huracanes. "Aquí la gente tiene que rehacer su casa cada seis meses", explica González quien señala que su proyecto está diseñado para hacer más resistente las viviendas a los vientos y mares.
Viabilidad y sostenibilidad son, pues, dos de los aspectos más importantes. "Son arquitecturas completamente sostenibles en el entorno", resalta. "Es una provocación que provoca inserción, para que haya una asimilación de las comunidades", dice.
Otro de los aspectos interesantes de la exposición es un rescate a LeCorbusier.
 González se interesa por la obra de este arquitecto y se da cuenta de que muchos de sus proyectos no fueron llevados a cabo
. Así, el reconocido artista reflexiona sobre la utopía, la supervivencia y la destrucción a partir de los proyectos del arquitecto suizo
. Un ejemplo es el Museo del crecimiento ilimitado, que nunca se construyó ya que fue difícil hacerlo en las ciudades europeas.
 "La idea es un museo cuadrado que por dentro tiene una forma de espiral y cuya idea es que el museo debía crecer para integrar a alas generaciones futuras.

Augusto Pinochet en una imagen del año 1988 / AP

40 años del golpe de Pinochet: otros aniversarios

Por: | 11 de septiembre de 2013
Pinochet

Al cumplirse 40 años del derrocamiento del Gobierno del presidente chileno Salvador Allende y de la llegada al poder del dictador chileno Augusto Pinochet es revelador recordar cómo fueron otros aniversarios anteriores y cómo se contaron en EL PAÍS.
El décimo aniversario del golpe lo marcó el alarde de autoritarismo del que hizo gala Pinochet en plena dictadura, cuando confirmó su propósito de mantenerse en el poder durante 6 años más, hasta 1989.
Mientras los manifestantes contrarios al régimen se enfrentaban a la policía en las calles de Santiago jugándose la vida, y en algunos casos perdiéndola, y el Gobierno chileno se planteaba reimplantar el estado de emergencia  que expiraba el día 11 de septiembre de 1983, en España se convocaron manifestaciones y actos en favor de la democracia en Chile.
 Todos los partidos políticos españoles, excepto Alianza Popular, encabezaron la manifestación de Madrid, que tuvo una asistencia cifrada en 200.000 personas.
Al cumplirse 20 años del golpe, en 1993, Pinochet ocupaba la jefatura del Ejército chileno, con el rango de comandante en jefe y no desaprovechó la ocasión de marcar la efeméride reclamando de forma abierta una ley de punto final, para todos los delitos contra los derechos humanos de 17 años de dictadura presidida por él. Fue en el curso de una entrevista con el diario chileno El Mercurio en la que reconoció que hubo desaparecidos durante ese tiempo:
 "No lo niego, pero en la guerra suelen ocurrir tantas cosas".
En la jornada del 20º aniversario hubo una escasa asistencia de gente en los actos conmemorativos.
 Las autoridades habían prohibido cualquier manifestación cerca de La Moneda y se produjeron disturbios en la capital chilena saldados con 2 muertos.
 Por su parte, varios centenares de pinochetistas se concentraron la víspera del aniversario ante la casa del dictador para darle las gracias por la "liberación".
Una vez más se constataba que la herida seguía abierta en el país y las declaraciones de Pinochet en aquellos días la causaron un disgusto serio al entonces presidente Patricio Aylwin.
En un discurso pronunciado días antes del aniversario en el Rotary Club de Santiago en tono jocoso, espontáneo y con continuos chistes, que los asistentes jaleaban con risas, recordó Pinochet que en ese mismo escenario se había referido en otra ocasión a los melenudos del Ejército alemán:
"Todos se enojaron conmigo. Hubo llamados de atención, problemas y, por último, han pasado los años y el tiempo me ha dado la razón".
 Se refería a sus alusiones a los soldados del Ejército alemán como "homosexuales, melenudos y drogadictos".
EL PAÍS publicó en la fecha del aniversario un editorial con un título expresivo, A 20 años de la infamia.
Al cumplirse un cuarto de siglo del golpe, en septiembre de 1998, Pinochet era senador vitalicio y los chilenos más jóvenes mostraban creciente desinterés por la política y desconocimiento de la historia. También se editorializó sobre el aniversario.
 "Un cuarto de siglo después puede parecer ocioso especular sobre lo que hubiera sido aquel experimento político del socialismo democrático en Chile, encabezado por un hombre de la dignidad de Salvador Allende.
 Pero no puede negarse ni olvidarse su ejemplo de honestidad ante la historia y ante su pueblo." Su título fue Chile en el corazón.
Augusto Pinochet en una imagen del año 1988 / AP

El club de las excéntricas Por: Tereixa Constenla | 12 de septiembre de 2013

El club de las excéntricas

Por: | 12 de septiembre de 2013
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2Maeztu1_thumbMucho antes de que llegara el aluvión de buceadores de la memoria histórica, estaba Antonina Rodrigo.
 No sola, claro está.
Pero ella fue una de las primeras en preocuparse en hacer hablar a los silentes, a toda aquella generación de desterrados o autoexiliados  o reprimidos o amnésicos o demudados o simplemente que no habían tenido quien les escuchara.
 Rodrigo (Granada, 1935) comenzó a rastrear biografías de personajes que nada decían en los años setenta y ochenta a pesar de todo lo que tenían que decir.
 De aquellos trabajos de recuperación salieron varias obras, entre ellas Mujeres olvidadas, un título que ahora ha sido reeditado por La Esfera de los Libros, donde se rescata la vida de 15 personalidades de la política, las artes y el pensamiento que vivieron entre finales del siglo XIX y el XX.
No todas cayeron en el olvido, aunque son muy pocas las que han resistido el paso del tiempo.
 Dolores Ibárruri, Pasionaria, sin duda la figura más icónica e internacional que habrá tenido nunca el partido comunista en España, es la principal excepción.
 Pero ¿cuántas personas podrían ubicar hoy a María Goyri, María Blanchard, María de Maeztu (con birrete académico en la foto) o María Casares? ¿María Teresa León (en la imagen central) tiene espacio propio en nuestra memoria o la tratamos como un mero apéndice de Rafael Alberti?
En opinión de la escritora catalana ya fallecida Montserrat Roig, que escribió el prólogo para la primera edición del libro, “a María Teresa León se la conocería mucho más si no hubiera sido la compañera de Rafael Alberti”
. Y sigue: “A María Goyri, también, si no hubiera sido la mujer de Menéndez Pidal. Zenobia Camprubí (en la foto superior) entendio, avant la lettre, la crisis de valores que estamos viviendo, pero prefirió ser la ‘lengua’, la ‘mano’, el ‘pie’, la enfermera, la mecanógrafa, el chófer de su marido, el gran poeta y hombre neurótico Juan Ramón Jiménez”.
Gracias a los apuntes biográficos de Rodrigo, cada una de ellas ha recibido un salvavidas para seguir flotando en la nebulosa del recuerdo.
 Dejando a un lado las políticas (además de Ibárruri, se biografían entre otras Margarita Nelken, Victoria Kent o Federica Montseny), la lectura de las peripecias vitales de la mayoría de las mujeres reseñadas genera dos efectos que parecen casi antagónicos. Por un lado asombra descubrir el talento, la energía y la visión vanguardista de muchas de estas trayectorias, que tuvieron en ocasiones impacto internacional.
 Fueron en verdad pioneras –por mucho que sea una palabra ajada- en un tiempo en que el signo de los tiempos venía marcado por la incorporación de la mujer a mundos que le habían estado vedados.
Detengámonos en María Blanchard (Santander, 1881-París, 1932), que había sido ninguneada en España cuando su pintura se apartó del camino trillado y que logró un pedestal propio en aquella ciudad rebosante de aspirantes a genio que fue París. Es una de las grandes del cubismo.
 Según Diego Rivera, solo por detrás de Picasso
. Cuando volvió al trazo figurativo no decayó su carrera.
Uno de sus óleos, La comulgante, que se puede ver en el Museo Reina Sofía, asombró a la crítica francesa en 1921.
 Blanchard tiene obras en varios museos franceses y belgas, pero poca repercusión en la historia del arte y apenas ningún eco en España.
 Solo en dos ocasiones los museos estatales le han dedicado una exposición antológica, la última -entre 2012 y 2013- ha sido organizada por el Reina Sofía y la Fundación Botín.  
El segundo aspecto que parece contradecir el anterior es corroborar la vuelta atrás que se produjo tras la derrota del Gobierno republicano en 1939.
 Desaparecieron de escena las mujeres independientes y brillantes. En la dictadura solo había espacio para la madre y la esposa. Lo que se tuvo no se retuvo.
Las conquistas no son eternas (por si necesitamos más pruebas: asomémonos a nuestro presente).
 “A veces hay que luchar por lo evidente”, decía Manuel Vázquez Montalbán.
Y recordar lo memorable. Como la historia de María de Maeztu (Vitoria, 1882-Buenos Aires, 1948) que, según Rodrigo, fue “la gran impulsora de la cultura femenina en España” y “embajadora en las universidades europeas y americanas, cuando la formación universitaria femenina daba en nuestro país los primeros pasos”. Maeztu, que estudió Magisterio y Derecho y fue discípula de Unamuno y Ortega y Gasset, pronto alcanzó fama de pedagoga brillante y, en 1915, se convirtió en la primera directora de la Residencia de Señoritas creada para acoger a las jóvenes que se desplazaban a Madrid para estudiar.

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María de Maeztu, durante una clase en la Residencia de Señoritas.

Por la institución pasaron Marie Curie, Juan Ramón Jiménez, Azorín, Ortega y Gasset y Pedro Salinas, entre otros. García Lorca, amigo de Maeztu, leyó allí su Poeta en Nueva York y ensayó obras de La Barraca.
 El diplomático chileno Carlos Morla Lynch la describía así: “Notable conferenciante, pedagoga magnífica, organizadora insuperable, no se le ha tributado aún, a mi juicio, el panegírico que a su obra corresponda”.
En 1926 Maeztu se convirtió también en la primera presidenta del Lyceum Club Femenino, una organización similar a la existente en otros países europeos que perseguía “fomentar en la mujer el espíritu colectivo, facilitando el intercambio de ideas y encauzando las actividades que redunden en su beneficio”. Su dinamismo cultural –no solo tomaban el té- no gustó a todos. Antonina Rodrigo recupera algunas diatribas lanzadas por representantes religiosos:
“La sociedad haría muy bien recluyéndolas como locas o criminales, en lugar de permitirles clamar en el club contra las  leyes humanas y las divinas.
 El ambiente moral de la calle y de la familia ganaría mucho con la hospitalización o el confinamiento de esas féminas excéntricas y desequilibradas”. En 1939 el Lyceum Club fue confiscado por la Falange y reconvertido en el Club Medina por la Sección Femenina.
Antes del zarpazo de la guerra, María de Maeztu había peregrinado como prestigiosa conferenciante por medio mundo (fue profesora de la Universidad de Columbia y de México, dio charlas en Oxford y recidió el honoris causa del Smith College). Se convirtió en consejera de Instrucción Pública del Gobierno. Y ahí acabó su prometedora carrera en España
. El 31 de julio de 1936 fue detenido su hermano, el escritor y miembro de Acción Española Ramiro de Maeztu, fusilado tres meses después en el cementerio de Aravaca tras una de las sacas irregulares de presos ocurrida en Madrid en 1936. María abandonó España y se instaló en Buenos Aires, donde moriría en 1948. “Este prolongado destierro me produce una melancolía infinita… Me hubiera gustado tanto pasar los últimos años de mi vida en esa tierra para confundirme con ella…”, escribió.
Hoy pocos conocen la labor esencial de María de Maeztu. Libros divulgativos como el de Antonina Rodrigo contribuyen a que no se desvanezcan del todo. “Alguien dijo”, subrayó Montserrat Roig en su prólogo, “que recordar es vivir dos veces
. Y eso es tan cierto como que el olvido es una muerte doble”.