Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

26 ago 2013

Se necesita Exorcistas contra todo mal

El cardenal Rouco Varela prepara a ocho nuevos combatientes del demonio en Madrid y se cuadruplica la oferta de especialistas en España.

 

Un fotograma de 'El exorcista', clásico del género dirigido en 1973 por William Friedkin.

Rondando el comienzo del siglo XXI sólo existía un exorcista oficial en España.
 El año pasado había cuatro.
 En el año trece —mal número— crece la competencia, o, si queremos, el servicio.
 El cardenal Rouco Varela, ha promovido la formación de ocho más, uno por vicaría en su diócesis de Madrid.
 El maligno acecha. Atentos.
No parece que las prioridades un tanto esotéricas de Rouco vayan muy al día con los mensajes del nuevo papa Francisco.
 Mientras éste gira por el mundo, y más en esa mina que no se puede perder para la fe católica que es América Latina, tratando de poner al día un discurso oficial propio del medievo, encarando asuntos como el de la homosexualidad, los preservativos o preparándose para la limpieza de la curia, en España parece que los tiempos se paran.
 Más, si cabe.
Pero Bergoglio cree en el diablo.
 Y así lo ha dejado dicho, según don Benito, dean de la catedral de Oviedo.
 Eso le sirve para justificar, según él, que al fin y al cabo, no le separan tantas cosas de Ratzinger o incluso de Juan Pablo II. “El demonio existe”, suelta para empezar don Benito. Punto.
Y él ha podido comprobarlo directamente, nos comenta, con algún caso de posesión, levitaciones y espumarajos aparte, cuando ha citado a sus pobres almas ajenas a Dios cuidándose con el crucifijo escondido en el bolsillo del pantalón. “¿Qué tienes ahí? ¿Qué tienes ahí?”, le sueltan notando las vibraciones.
Además de llevar el orden diario de la catedral asturiana y centrarse en su cometido de sacerdote penitenciario, el arzobispo le ha encomendado los exorcismos.
 Hay demanda. Lo de Madrid le llama la atención: “Parece que el diablo anda suelto por allí, como vulgarmente se dice”, comenta sentado en su austero despacho de la sacristía, aquel lugar de donde salió el encargado a quien Clarín brinda un repulsivo cierre de La Regenta con un pegajoso beso de sapo en la boca de Ana Ozores.
Lo de la orgía demoniaca que nos atañe parece que ha aumentado con la avalancha de inmigrantes, sostienen en algunos lugares sin querer parecer xenófobos.
 Con la llegada principalmente de latinoamericanos proliferó el número de prácticas de brujería, sectas, iluminaciones varias y todo tipo de competencia. Existen multitud de casos que se acercan a pedir ayuda, posteriores a una sesión de espiritismo, por ejemplo.
Don Benito, dean de la catedral de Oviedo. / PACO PAREDES
Lo comenta José Antonio Fortea, que durante bastante tiempo fue el único ejerciente en España.
 Lo hace en un paseo por Alcalá de Henares, donde trabaja en una de sus parroquias
. Lo de Fortea no es una entrevista, que quede claro
. Es un paseo de consulta a 40 grados a la sombra por el pueblo donde ejerce y donde a cada paso le paran: unos por gusto y otros porque acaban de ver una película de exorcistas y quieren comentarla. “No es el género que más me gusta.
 En casa del herrero…”.
Si ha pretendido con el periplo de hora y media extirparme al maligno, éste se me ha derretido en el trayecto
. Autor de varios libros sobre el asunto, Fortea, que comienza hablando de periodismo y acaba conversando sobre Bach y las bandas sonoras, atiende al menos 400 casos al año.
Es difícil discernir. “La mayoría son síntomas que debemos desviar al psicólogo o al psiquiatra
. Después están las ansiedades y también los que vienen con todo el numerito de las películas ensayado, salvo darle la vuelta a la cabeza.
 Pero de esos 400 casos, alrededor de cuatro sí que se deben a una clara posesión…”, afirma. “Nosotros somos el último reducto".
Fortea, dice, ha sufrido —y sufre— “la tentación del racionalismo”.
 Pero cuando ha tenido que jugársela con algún poseído a punto de morir estrangulado se ha visto obligado a admitir que existen cosas inexplicables para la ciencia.
 La diferencia con ciertas enfermedades mentales y una buena patada a Belcebú es que las primeras pueden ser interminables, mientras que un poseído bien tratado, no tarda en readaptarse al medio, comentan ambos miembros del gremio.
Cuando todo ha fallado, cuando desde la medicina, a la brujería, cualquier cosa, ha fracasado, muchos confían en un exorcismo.
 Tanto el padre Benito como Fortea aplican el protocolo.
 Piden que lleguen acompañados de alguien, se les examina, se les pregunta y si ven claros síntomas comienza el combate
: “Cuando alguien está poseído no habla con su voz, ataca, blasfema, se le salen los ojos de las órbitas, se rebela contra la oración, es un sufrimiento terrible”, aseguran.
Y un riesgo. Físico.
Ambos creen en el poder del maligno porque creen en Dios y así lo ha determinado. “No es un mito, es el ángel caído”, afirma don Benito.
 Fortea, más teórico y hoy doctorando sobre el tema con una tesis que prepara entre Roma y Alcalá, torea a gusto los innumerables matices con los que esta sociedad “secularizada” domina la multiplicidad de significados.
 Hablar sobre el mal con ellos puede acabar siendo un galimatías. ¿Lo tienen bien diagnosticado?
 “Existe el bien, pero no tiene por qué existir el mal, según las doctrinas”, comenta Fortea.
 “La Iglesia no puede absolver al pecado, pero sí al pecador”, dice don Benito.
 Son aristas, a su entender, importantes.
La proliferación de exorcistas ante la demanda imperante no tiene que ver con la rabia o la desgracia que generan estos malos tiempos.
Viene de más allá, afirman tanto Fortea como el padre Benito. Colocan el origen en los años que España empezó a experimentar, según ellos, un declive cristiano
. Algo llama la atención: resulta indiscutible la ecuación desesperación más búsqueda de soluciones ajenas a la ciencia o la razón.
Tampoco ellos mismos aciertan a entender lo que no quieren llamar expansión del mal.
 Son términos relativos, se miren como se miren. ¿Qué es el mal?, insistimos.
“Convengamos que aquello que persevera en su acción hasta el final, sin muestra de arrepentimiento. Hitler, sin ir más lejos”, asegura Fortea. “Matar inocentes, el aborto”, cree don Benito.
Otro asunto es la posesión.
 Que se personaliza en casos concretos y sin estadísticas.
 Que afecta a jóvenes, hombres, mujeres, agnósticos y creyentes por igual. Pero que, según ellos, con sus métodos de batalla contra el demonio, acaba curándose.
“Se cura, se cura… Puede llevar días, meses, a veces años, pero se cura.
 Es otra de las diferencias con ciertos males psiquiátricos y que por tanto no son posesión, porque esos pueden ser crónicos”, comenta Fortea.

La Isla de las Palabras Perdidas....................Carme Riera

¿A dónde van las palabras que se pierden?¿A dónde van las palabras de las lenguas que mueren cada día cuando muere el último integrante de la pequeña tribu olvidada?.

EVA VÁZQUEZ

A dónde van las palabras que se pierden?¿A dónde van las palabras de las lenguas que mueren cada día cuando muere el último integrante de la pequeña tribu olvidada que todavía hablaba esa lengua minoritaria, quizá extraña y recóndita, sin registro escrito, sin literatura impresa, solo oral?
 ¿A dónde van las palabras que se pierden en todas las lenguas? En castellano, en catalán, en gallego, en eusquera, en portugués, en nuestras lenguas peninsulares tan cercanas, las de cada día, pero también en otras muchas, en inglés, en francés, en alemán, en chino, en ruso… ¿A dónde van las palabras que no se utilizan, las que nadie pronuncia, las que no tienen quien las diga, las que duermen entre las páginas de los libros que nadie lee, las que ya no registran los repertorios?
Sin voz que las pronuncie ni texto que las imprima, expulsadas de los diccionarios por desusadas, parecen condenadas a desaparecer
 ¿Deben aceptar con resignación esa ley de vida que es la condena a muerte y en su caso el retorno a la nada sin tierra, a la nada del gran silencio inerte?
 O, por el contrario, ¿tienen que luchar para no morir y encontrar un lugar para cobijarse de la intemperie a la que han sido condenadas?
Los sociolingüistas aseguran que de un tiempo a esta parte no solo hablamos peor, sino que lo hacemos con un vocabulario más restringido, cada vez con menos palabras de manera que la mayoría sobran.
 Una situación tan grave las ha unido, decididas a no aceptarla.
 Aunque algunas son muy viejas han tratado de buscar juventud en su pasado y de recuperar sus alas.
 Las alas con que iban veloces de un lugar a otro, de una voz a otra, escapadas de los diccionarios donde se les permitía dormir cuando nadie las pronunciaba, descansar meses, años, lustros quizá o tan solo largas siestas si, libres de servicio, no las necesitábamos.
 Pero ahora, en los nuevos tiempos de ahorro y crisis los diccionarios han tenido que cumplir con el deber impuesto de controlar mucho más su espacio y se niegan a ofrecerles siquiera unas líneas donde reposar el maltrecho cuerpecillo de ancianas y pese a su edad, y a tantos beneficios prestados, son desahuciadas sin contemplaciones.
Gracias a su protesta, las palabras perdidas han conseguido, finalmente, que la comunidad internacional tome cartas en el asunto y las trate por lo menos igual que a las especies amenazadas de extinción, animales o vegetales, que necesitan ser protegidas para no desaparecer.
 Tras muchas reuniones y discusiones los mandatarios internacionales han accedido a sus peticiones y les han ofrecido un lugar. Una isla. La Isla de las Palabras Perdidas.
La Isla de las Palabras Perdidas era, hasta el pasado invierno, una tierra poco habitada, situada a cincuenta millas náuticas de Groenlandia, a la que pertenece.
 La UE ha llegado a un acuerdo de cesión con el gobierno groenlandés, previo pago anual de siete millones de coronas danesas, moneda de la República de Groenlandia, hoy independiente y antes territorio del reino de Dinamarca.
 La mitad de la isla, de apenas 5.000 kilómetros cuadrados, igual que Groenlandia, está cubierto de hielo, algo que ha sido tenido muy en cuenta por los expertos por si en algún momento las palabras necesitaran de los servicios de congelación.
A la Isla de las Palabras Perdidas ha sido ya desplazado un gran equipo técnico de expertos internacionales para comenzar los trabajos de recepción, documentación, almacenaje y preservación de las palabras.
 Las más inquietas ya han empezado a llegar, exhaustas, después de un larguísimo viaje, en el que han tenido que demostrar la enorme potencia de sus alas.
 Muchas han sido sometidas a los primeros cuidados y depositadas en compartimentos idiomáticos por jóvenes filólogos becados por la UE.
 Su trabajo consiste, en primer lugar, en el registro y la catalogación de las palabras perdidas según las lenguas, las filiaciones, los tipos, y sus morfologías -al parecer últimamente son muchos los adjetivos caídos en desgracia, en especial, cuantos implican matices-y en segundo lugar, en el cuidado de usarlas.
 Se encargan de utilizar muy bien las que les han tocado en suerte, empleándolas en sus conversaciones cotidianas, para que sigan con vida.
Una fuente a la que hemos tenido acceso, asegura que la UE ha llegado a un acuerdo con la Santa Sede, para que algunas órdenes religiosas, con bajo excedente de ingreso entre las filas que habrían de nutrir los enormes conventos despoblados, puedan realizar labores humanitarias en la Isla de las Palabras Perdidas y a la vez contribuir a la preservación del vocabulario religioso en extinción en buena parte del territorio europeo. Según me informan, se ha establecido contacto con las Esclavas de San José, Las Josefinas de la Santísima Trinidad, Las Misioneras de la Madre del Divino Pastor y Las Celadoras del Reino del Sagrado Corazón, entre otras.
Como solo durante el verano las aguas gélidas que rodean la Isla de las Palabras Perdidas se vuelven navegables, me gustaría acabar esta crónica con una petición: si usted sabe de alguna palabra en peligro de extinción, métala en una botella, rumbo a la Isla. Ahí van las coordenadas: 27º11'09'' S / 109º17'11'' W y deséele un viaje feliz. El mar de agosto es nuestro aliado.
Carme Riera es académica electa de la RAE. Su último libro son sus memorias Temps d’innocència (2013).

 

 

El peor sitio del mundo

‘1984’ multiplica sus ventas en EE UU por el 'caso Snowden'

El elemento más inquietante de la obra de Orwell no es el Gran Hermano, sino la Habitación 101.

Imagen de la película '1984', basada en la novela del escritor George Orwell.

Las lenguas muertas tienen siete vidas.
 En la exposición Antes del diluvio que meses atrás pudo verse en los Caixaforum de Barcelona y Madrid, llamaba la atención, entre cientos de piezas mesopotámicas, un simple papel: el telegrama que en enero de 1928 sir Charles Leonard Woolley envió al Museo Arqueológico de Pensilvania anunciando desde Basora que había encontrado la tumba de la reina Shubad.
 El texto, transmitido por Western Union, estaba en latín para burlar a los espías.
 Todo un aviso para duques con tendencia a los juegos rijosos de palabras y tuiteros con lengua desatada y sueldo público.
Con todo, el latín antiespías de los viejos arqueólogos era como ese idioma del lumpen barriobajero que consiste en pronunciar las palabras al revés de como se escriben: restos de un mundo analógico, es decir, lento y opaco
. Si la NASA convirtió a Julio Verne en un escritor realista, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos ha convertido a George Orwell en un costumbrista, completando de paso —gran paradoja— la labor del KGB soviético
. Los críticos que dijeron que sus novelas estarían cubiertas de óxido antes de que acabara el siglo XX han tenido que ver cómo servían primero para retratar el totalitarismo del Este y para profetizar después el control cibernético de la privacidad en el Oeste
. No es, por tanto, casualidad que el caso Snowden haya disparado este verano en Estados Unidos las ventas de 1984, la novela que Orwell publicó en 1949, un año antes de morir.
La NSA ha logrado convertir al escritor británico en un costumbrista
En una ocasión le hablaron a Cesare Pavese de la dimensión metafísica de su obra y el escritor italiano se defendió con una concesión: “No digo que en mis libros no haya metafísica, solo digo que yo no la puse allí”. A Orwell le sucede justo lo contrario: todo lo que hay en 1984 lo puso él.
 Tal vez por eso alguien que fue uno de los grandes periodistas modernos se pasó la vida disculpándose por las torpezas de su obra de ficción, disculpas que algunos han aprovechado para no frecuentarla. Martin Amis, por ejemplo, contaba que durante años no pudo pasar de la expresión “facciones hermosas y endurecidas”, que en la traducción de Rafael Vázquez Zamora publicada por Destino aparece en la decimosegunda línea de la primera página.
Pese a su lastre conceptual, 1984 tiene la gran virtud de provocar algo infrecuente en una novela política: miedo.
 Eso fue lo que sintió su primer editor, Fredic Warburg, que la describió como “un estudio sobre el pesimismo constante, salvo por la idea de que si un hombre puede concebir 1984 también puede tener la voluntad de evitarlo”.
 Y ese es el efecto que provocó en muchos de los que la leyeron bajo una dictadura.
 La obra de orwellianos como el polaco Czeslaw Milosz o el checo Vaclav Havel da buena fe de ello al tiempo que desmiente la idea del propio Orwell de que la imaginación literaria, como algunos animales salvajes, no se reproduce en cautividad.
George Orwell.
1984, cuyo título provisional fue El último hombre en Europa, también ha conseguido algo al alcance de muy pocas obras: convertirse en semillero de metáforas incluso para aquellos que nunca han pensado leerla. ¿Quién dice que el Ministerio de Defensa —antes Ministerio de la Guerra— no terminará llamándose un día Ministerio de la Paz?
 Pese a la desasosegante presencia de la Neolengua, la Policía del Pensamiento o el Ministerio de la Verdad, el gran triunfo del libro fue la creación del Gran Hermano, que de señalar a los dictadores que se presentan como padrecitos del pueblo al que someten, pasó a ser el programa de televisión que todos conocemos. Fue hace más de una década y los lectores de Orwell no daban crédito: fue como si los católicos empezaran a bautizar a sus hijos con el nombre de Caín.
 Pese a que Mercedes Milá y sus muchachos han conseguido que el ojo que todo lo vigila sea uno más a la mesa, con frecuencia se olvida un elemento clave en la novela: la omnipresencia del Gran Hermano en telepantallas instaladas por todos los rincones.
 Lo ve todo y todos lo ven. Solo por eso alguien debería decirle a Mariano Rajoy que limite sus apariciones vía plasma: no solo tiene mala reputación literaria sino que alguien podría pensar que no habla él sino un imitador, algo no tan reservado a los regímenes totalitarios —Sadam Husein fue de los últimos en tenerlo— como podría creerse.
 Aunque trabajó en la BBC, Orwell nunca supo que algunos discursos radiofónicos de Churchill los leía alguien que imitaba su voz.
Tiene la gran virtud de provocar miedo, algo infrecuente en una novela política
Precisamente, en la sede de la BBC en Portland Place había una sala destinada a las reuniones de los Servicios Orientales de la emisora.
 De ellos formaba parte Orwell, políglota, nacido en la India y antiguo miembro de la policía británica en Birmania, un cargo que le vacunó para siempre contra el imperialismo.
 Irónicamente, el número de aquella sala terminaría bautizando el elemento más escalofriante de 1984: la Habitación 101.
 Más que las consignas —“la ignorancia es la fuerza”—, los neologismos —lo contrario de bueno no es malo sino inbueno— y más que el mismísimo Gran Hermano, la Habitación 101 es, pese a lo poco que se habla de ella, el momento culminante de una pesadilla: la de la ausencia total de intimidad.
¿Qué hay en la Habitación 101? Imposible contarlo sin destripar la novela pero digamos que es el lugar más horrible de la literatura universal, un infierno a la carta.
 Ni siquiera Dante llegó tan lejos. Toda alusión al Gran Hermano debería tener presente esa sala.
Cualquier gobierno con acceso a nuestras comunicaciones digitales podría darnos en la 101 un tratamiento personalizado
. O sea, cualquier Gobierno con dinero para pagar por nuestros datos a Google y compañía.
 Convengamos en que no se lo ponemos demasiado difícil, sobre todo por el lado de las redes sociales, esa pasarela que en las manos adecuadas bien puede convertirse en una ratonera.
 No obstante, la esperanza es más vieja que la desconfianza: si las cosas se ponen difíciles, siempre nos quedará el latín.

 

Rejuvenecer a precio de oro

En solo cinco años, un refugio alicantino se ha convertido en la meca saludable para famosos de todo el mundo entre quienes se incluyen cantantes, actrices, modelos y hasta jequesas.

Imagen exterior de SHA Wellness Clinic, en Altea (Alicante).

Los postulados de un libro que por diez euros te hace perder kilos y se titula El método Dukan no pasan por la mente de ricos y famosos de todo el mundo que desde hace cinco años confluyen en una clínica de bienestar cercana a Altea (Alicante).
 Se llama SHA Wellness Clinic (SHA en japonés significa luminosidad y se pronuncia igual en todos los idiomas).
Aquí no hay alcohol ni carne roja, ni esas cantidades proteicas que proclama Dukan.
 Las proteínas salen de hongos, legumbres y algas en programas macrobióticos que oscilan entre los 500 y los 6000 euros
. Su lista de clientes estrella va de Barbra Streisand a Naomi Campbell pasando por Alejandro Sanz, Elsa Pataky, Isabel Preysler, Julio Iglesias, Andrés Velencoso y Kylie Minogue, y consortes de la política con peculiar estilo de vida, como la jequesa de Qatar o Svetlana Medvédeva (señora de Medvédev).

Los que han estado, lo cuentan...

Naomi Campbell, Isabel Presyler y Barbra Streisand son asiduas a SHA. / CORDON PRESS
Barbra Streisand: Nadie sabía que la actriz y cantante estaba hospedada en SHA, hasta que ella misma se fotografió en las zonas comunes con clientes que después se difundieron en redes sociales. Dicen que es fan absoluta del lugar.
Isabel Preysler: Tras acudir con Marisa Yordi de Borbón unos días; quiso que su exmarido, Julio Iglesias disfrutase del lugar y se lo recomendó. El cantante le hizo caso y fue.
Alaska y Mario: Fueron de los primeros en acudir. Anécdota es que el marido no contaba con que la cerveza de SHA es sin alcohol. “Mario se puso farruca”, recuerda Olvido. Aun así, quedaron maravillados.
Elsa Pataky: Se hospedó durante dos meses y leyó todo sobre la macrobiótica, donde encontró una fuente de eterna juventud mejor que las operaciones estéticas. Firmó en el libro de visitas como El-SHA Pataky.
Naomi Campbell: Llegó a tal punto su relajación y bienestar que olvidó su famosa mala leche. Su comportamiento en SHA fue ejemplar y disfrutó de las suites privadas con jacuzzi.
En su tienda adquieren artículos antienvejecimiento tan potentes como Immun´Âge, fabricado a base de papaya fermentada, o compran los ingredientes para sus clases de cocina: quinoa, nabo daikon, seta shiitake, alga nori o jengibre.
 En sus pasillos, repostan inhalando oxígeno puro o depurándose con uno de los más de cien tés personalizados que cada día ofrece uno de los tres empleados por huésped, que comprenden más de 30 nacionalidades diferentes en un hotel de lujo que en este lustro ha recibido a 15.000 visitantes de los que aproximadamente el 30% repite experiencia.
Todo empezó como un plan de difusión promovido por la generosidad intelectual de don Alfredo Bataller, su fundador. Este empresario inmobiliario, que tenía su casa de verano justo donde hoy se levanta SHA, fue curado (siguiendo el concepto holístico de la salud que proclama la medicina natural) de una enfermedad crónica muy grave que afectaba a su aparato digestivo: “Al sanar estaba tan agradecido y conmocionado por estas terapias naturales que quise que la mayoría de la población, que las desconoce, se acercase a ellas para llevar una vida más saludable y mejor. Así que convertí mi casa en una especie de hotel, clínica y escuela en la que aprender a vivir del mismo modo que me habían salvado la vida”.
Pudiendo haber caído por la pendiente del hippismo, Bataller prefirió entender sus cinco pabellones como un lugar único cargado de lujos que no se ven pero que transmiten relax: un ambientador lemongrass exclusivo, el sonido de una cascada de diez metros que se escucha en el hall o una piscina infinity con vistas a Sierra Helada, el pico Puig Campana, Benidorm y la Bahía de Altea.
Y ante su éxito, once países han pedido tener un SHA; pero Bataller, que dice que su proyecto es “más del corazón que de la cabeza” se centra por el momento en culminar lo ya empezado y ha comprado el chalet contiguo para ampliar la zona de spa.
 También tiene un proyecto con el ayuntamiento de Alfaz del Pi para construir un huerto de agricultura orgánica que abastezca al restaurante SHAMADI, en manos de un equipo de cocineros discípulos de Ferran Adrià (quien pasó una temporada allí cuando decidió cerrar El Bulli) y que ofrece una carta con productos orgánicos personalizada para la dieta de cada cliente.
Cuentan que una señora acudió a SHA para asistir a unas conferencias y le gustó tanto que decidió darse el lujo de dormir en uno de los canapés óptimos para el descanso con sábanas de algodón de 700 hilos que tienen aquí ( la noche puede costar desde 230 euros en individual y 290 la doble a una royal suite de 6.000) Tras pasar la noche decidió ahorrar durante un año para volver cinco días y renunciar a los quince que pasaba en su anterior destino por el mismo precio.
Al final esto de los destinos es algo cultural y de bolsillo, pero lo que no cuesta ni lo que Dukan pide por su libro es la información que SHA comparte en las redes sociales
. A su SHA TV y su blog Método SHA, cargados de recetas, trucos, suman tienda online con los mismos productos que tienen en este remanso de paz con toque digital en el que hasta la contraseña de wifi es saludable: HEALTHANDWELLNESS, todo junto y en mayúsculas.