Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

22 ago 2013

El soldado Manning, condenado a 35 años por las filtraciones a Wikileaks

VÍDEO: REUTERS-LIVE! / FOTO: AFP

El soldado Bradley Manning ha sido condenado a 35 años de cárcel por la mayor filtración de documentos diplomáticos y militares secretos de la historia de EE UU
. El uniformado de 25 años se enfrentaba a una pena máxima de 90 años en prisión por los 20 delitos de los que fue encontrado culpable por la juez militar encargada del caso el pasado 30 de julio, entre ellos violación de la Ley de Espionaje, robo y fraude informático.
 De acuerdo con el código militar, Manning deberá cumplir un tercio de su pena antes de poder solicitar la libertad condicional.
Durante la fase final de alegaciones del pasado lunes, la fiscalía solicitó a la juez, la coronel Denise Lind, que impusiera a Manning una pena de 60 años que sirviera “de ejemplo disuasorio”. “Esta sala debe enviar un claro mensaje a cualquier soldado que esté sopesando robar información clasificada”, señaló la acusación. La defensa del soldado, sin embargo, pidió una condena que “le permita tener un futuro”.
El abogado de Manning aspiraba a que se le sentenciara a un máximo de 25 años, el periodo que debe pasar para que los documentos secretos puedan hacerse públicos.
El soldado también ha sido expulsado con deshonor del Ejército y será obligado a devolver parte de su salario, de acuerdo con la resolución leída por Lind. De la pena total impuesta a Manning, la juez deducirá los tres años y medio que ha pasado en prisión a la espera de juicio.
De acuerdo con el código militar, antes de cualquier apelación, la sentencia de Lind ahora debe ser aprobada por el responsable del Distrito Militar de Washington, el general Jeffery Buchanan, quien incluso podría rebajarla
. Si da el visto bueno al fallo, el caso pasará automáticamente al tribunal militar de Apelaciones.

Los seis años de Manning como uniformado

Desde que en 2007 decidiera alistarse en el Ejército hasta que se ha hecho pública su condena se han sucedido seis años en los que Bradley Manning ha pasado de ser un soldado inseguro a un mártir de la libertad de expresión, para unos, y un traidor, para otros.
  • Octubre de 2007. Bradley Manning se alista en el Ejército de EE UU
  • Octubre de 2009. Aterriza en la base Hammer en Irak con 21 años como parte del equipo de la Segunda Brigada de Combate.
  • Febrero de 2010. El soldado realiza la primera filtración a la web fundad por Julian Assange, Wikileaks.
  • Abril de 2010. Wikileaks publica ‘Muerte Colateral’, el vídeo que muestra a soldados estadounidenses disparando desde un helicóptero Apache sobre civiles iraquíes y dos periodistas en Bagdag.
  • Mayo de 2010. Manning es detenido en Irak y trasladado a Kuwait.
  • Junio de 2010. El soldado es acusado de robo de documentos clasificados y enviado a la prisión militar de Quantico (Virginia).
  • Marzo de 2011. Manning es acusado de un delito de ayuda al enemigo
  • Febrero de 2013. El soldado declara por primera vez en una vista preliminar del juicio y asegura que filtró la información secreta para “generar un debate entre la sociedad estadounidense” sobre las prácticas del Ejército y la diplomacia de ese país.
  • Junio de 2013. Comienza el juicio contra el soldado Manning por la mayor filtración de documentos militares y diplomáticos de la historia de EE UU.
  • Julio de 2013. La jueza militar encargada del caso encuentra a Manning culpable de 20 de los 22 cargos que pesaban sobre él. Lo absuelve del más grave, ayuda al enemigo.
  • Agosto de 2013. El 14 de este mes, Manning pide perdón por las filtraciones y el daño causado a EE UU. Una semana después, la juez lo condena a 35 años de prisión.
Mientras las asociaciones de derechos civiles demandaban una sentencia proporcional, el Gobierno esperaba obtener un fallo ejemplarizante que sirviera de precedente para impedir futuras filtraciones en el Ejército. La decisión de la juez ha decepcionado a las primeras.
 "Cuando a un soldado que ha compartido información con la prensa se le impone un castigo mayor que a otros que han torturado o asesinado a civiles es que algo funciona extremadamente mal en nuestro sistema de justicia", ha asegurado en un comunicado la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU).
La semana pasada, el soldado pidió perdón por haber filtrado los documentos y reconoció que con su conducta había “perjudicado a EE UU”. Manning aseguró que le hubiera gustado volver atrás pero que, dado que era imposible, aspiraba a poder “retomar la relación con su familia y graduarse en la universidad”. Este miércoles terminará para el uniformado una pesadilla que comenzó en febrero de 2010 cuando envió a Wikileaks los primeros documentos sobre las guerras de Irak y Afganistán.
Desde ese momento, el soldado continuó filtrando nuevo material, cables diplomáticos, declaraciones de presos de Guantánamo, vídeos sobre la guerra, entre ellos las famosas imágenes del helicóptero Apache disparando sobre un grupo de iraquíes -entre ellos niños- y dos periodistas en Bagdag.
 De acuerdo con sus abogados, la frágil personalidad de Manning no soportó la impresión de los acontecimientos a los que asistió en Irak, lo que, unido a su idealismo le llevó a dar a conocer los documentos y la realidad de lo que sucedía en las guerras que estaba llevando a cabo EE UU. El propio Manning en la vista previa del juicio en febrero reconoció que su intención había sido la de generar un debate.
 “Yo creía que iba a ayudar a la gente, no a perjudicarla”, insistió el soldado la semana pasada.
La versión que ha ofrecido la fiscalía durante las ocho semanas que ha durado el juicio ha sido muy distinta. Lejos de la bonhomía que defendía la defensa, el Pentágono ha presentado a Manning como un narcisista y un traidor que en todo momento era consciente de lo que estaba haciendo y que sabía que con las filtraciones ayudaría a los enemigos de EE UU.
Pese a su empeño, el fiscal no ha conseguido que al soldado se le reconociera culpable del delito de ayuda al enemigo, el más grave de los 22 cargos que pesaban sobre él y que acarrea la cadena perpetua.
El desarrollo del juicio a Manning ha coincidido con el escándalo provocado por otro filtrador, Edward Snowden, cuyos documentos sobre las prácticas de espionaje del Gobierno y su posterior huída y concesión de asilo por Rusia han puesto en jaque a la Administración Obama.
 Como Manning, Snowden también ha sido acusado de espionaje, es la séptima persona imputada por filtrar información secreta a los medios de comunicación desde que el actual presidente llegó a la Casa Blanca.
El proceso ha cuestionado la función de los filtradores en el mundo de Internet, levantando las dudas sobre si, con la cesión de datos a los medios de comunicación, se ejerce una labor de servicio público en aras de la libertad de expresión e información o se pone en riesgo la seguridad nacional.
Un debate que está lejos de apagarse tras el goteo de filtraciones de Snowden.
Tras su detención el 27 de mayo de 2010, Manning ha recibido el apoyo internacional de miles de seguidores que lo consideran un héroe, una palabra que muchos de quienes estaban en el tribunal de Fort Meade (Maryland) le han gritado tras conocerse la sentencia.
 La red de apoyo a Manning , The Bradley Manning Support Network, va a centrar ahora sus esfuerzos en solicitar el indulto del soldado al presidente de EE UU y crear un fondo para que éste pueda ir a la universidad cuando sea definitivamente liberado.

Los guardianes gigantes del Pacífico ISLA DE PASCUA, CHILE Hilera de 15 moáis en Ahu Tongariki (isla de Pascua, Chile).

Los guardianes gigantes del Pacífico

ISLA DE PASCUA, CHILE

Hilera de 15 moáis en Ahu Tongariki (isla de Pascua, Chile). / Corbis
Para ser un islote (o casi) situado en medio de un gran océano, la isla de Pascua ha causado una gran impresión en la psicología viajera.
 Las imágenes de sus moáis de piedra son famosas en todo el mundo, pero lo que aún no se sabe es cómo y por qué se alzan en su costa.
 Si la tarea de transportar estas cabezas de 85 toneladas (cada una) desde la cantera de Rano Raraku, en el interior de la isla, donde se tallaron, intimida incluso hoy, podemos imaginar lo que suponía en siglos anteriores
. La pregunta es siempre la misma: ¿Cómo se las arreglaron los habitantes de una de las comunidades más aisladas del mundo para levantar semejantes moles de piedra? Sigue siendo un misterio.
Para ver una buena hilera de estatuas, iremos a Ahu Tongariki, con 15 moáis.
 Cuando el sol se asoma en el horizonte, las estatuas adquieren un profundo e impresionante resplandor dorado. Sin embargo, el “semillero” está en Rano Raraku, un volcán extinto que era la cantera de roca volcánica donde se tallaban los moáis.
 Se puede paser entre estatuas inacabadas en distintas fases de elaboración, en la ladera sur del volcán.
  • Lan Airlines vuela a la isla de Pascua desde Santiago (Chile) y Papeete (Tahití).

21 ago 2013

Herejes: Padura, o la mezcla perfecta de novela histórica, social y policíaca


Herejes
En 1939 el S.S. Saint Louis estuvo fondeado varios días frente a La Habana. En él viajaban 900 judíos que tenían la esperanza de encontrar en Cuba un lugar del que escapar de la barbarie nazi. La familia del niño Daniel Kaminsky, que esperaba en la orilla con su tío Joseph, tenía un as en la manga para conseguir quedarse: un pequeño lienzo de Rembrandt que había pasado de generación en generación y con el que tenían la esperanza de comprar a las autoridades cubanas. Pero nada salió bien, los judíos fueron enviados de regreso a una muerte segura en Europa y el cuadro desapareció.
Ese es el fascinante y crudo punto de partida de Herejes, la última novela de Leonardo Padura (La Habana, 1955) que Tusquets publica el 28 de agosto y de la que hoy ofrecemos en exclusiva el adelanto del tercer capítulo
En 2007, un descendiente de aquellos judíos pide a Mario Conde, ex policía, librero y a veces detective, que aclare qué ha pasado con el lienzo, que aparece en una subasta en Londres. Nos embarcamos entonces en una aventura que no da respiro, un relato del dolor de los judíos a lo largo de los siglos, de la desesperación de los cubanos, de la avaricia y la desdicha. La mejor novela de las ocho que ha escrito Padura con Conde como protagonista.
Herejes es una novela sobre el dolor. El de la pérdida de los seres queridos, el de la pérdida de la esperanza, de las ilusiones. El dolor del desarraigo, de la frustración por no poder ser lo que se quiere. Se trata de una obra compleja, con saltos temporales, de la Cuba de la década de los 50, a la de los primeros años revolucionarios, pasando por el Amsterdam del XVII, con su efervescencia pictórica y su tolerancia religiosa. Escenarios de cambio político y social elegidos y combinados de manera magistral por el autor de El hombre que amaba a los perros (Tusquets), que viaja hasta esos Países Bajos que siguen luchando contra España para explicar el origen del lienzo pintado por el gran maestro holandés, que usa como modelo a un judío que se rebela contra las prohibiciones de los suyos. Porque Herejes es también eso: un conjunto de seres que luchan contra la dictadura en todas sus formas, que buscan la libertad individual por encima de cualquier cosa.
Conde, más melancólico, más enfadado, mejor
Y ahí entra un Mario Conde más desengañado y cínico que nunca. Una figura algo desesperada pero no desesperanzada que es contratado por el hijo de Daniel, Elias, un judio neoyorquino, artista, grandote y honesto que quiere saber qué pasó con el lienzo y, aunque no lo confiese, quién se lo quedó y mandó a sus abuelos y a su tía Judith a la muerte. Conde, que se define como “un comemierda con dos doctorados” acepta el encargo para ganar unos buenos dólares, pero dice de sí mismo: “Yo no soy detective. Fui policía y ahora no soy nada”.
A través de los personajes, la obra analiza más y mejor que otras anteriores de la serie la situación de Cuba y la pérdida progresiva de toda esperanza.
“A sus 54 años cumplidos Conde se sabía un pragmático integrante de la que años atrás él y sus amigos calificaran como la generación escondida, los cada vez más envejecidos y derrotados seres que, sin poder salir de la madriguera habían evolucionado, (involucionado, en realidad) para convertirse en la generación más desencantada y jodida dentro del nuevo país que se iba configurando. (...) Apenas les quedaba el recurso de resistir como sobrevivientes”.
¿Y qué país es ese? Pues uno que ha ido de la esperanza al desencanto, la miseria, el ahogo y la corrupción. O, en palabras de Conde:
“Coño, Manolo, me parece que voy a cumplir cien años. No entiendo ni timbales.Tanto que nos jodieron la vida con, el sacrificio, el futuro, la predestinación histórica y un pantalón al año, para llegar a esto…”
Para los fans del que fuera 10 años policía en La Habana, tranquilidad: sigue siendo un amante de los libros, sigue soñando con escribir esa novela parecida a las de Salinger, sigue disfrutando de la vida con las comilonas que prepara la madre de Carlos El flaco y “hablando mierda” con los amigos y sigue, aunque él no termine de comprenderlo, con la apabullante Tamara.
Padura
            FOTO: El escritor cubano entre burgueses neerlandeses del siglo XVII
El mayor mérito de la novela es que, al tiempo que disfrutamos del mejor Conde, nos muestra con crudeza y realismo lo peor de la persecución y las matanzas de judíos en el siglo XVII, una narración conseguida a partir de “una exhaustiva investigación histórica y con documentos históricos de primera mano”, en palabras del propio Padura, y nos mete de lleno en la realidad cubana, compleja y dura.
No se puede contar mucho más sin estropear la trama. 
Sólo decir que en la resolución de las historias, como en cada novela de Conde, como en la vida, hay una dosis de dolor y otra de esperanza. Y los protagonistas no escapan impunes. Que la disfruten.

20 ago 2013

La villa Müller y el comunismo

La villa Müller y el comunismo

Por: | 20 de agosto de 2013
Muller
Las escaleras son las protagonistas principales de esta vivienda y, sin embargo, están pensadas para pasar desapercibidas. Los peldaños rompen el espacio para no molestar: para generar intimidad.
 Los cuatro pisos están así llenos de rincones, de rutas alternativas y, por lo tanto, de espacio privado
. La casa Müller que Adolf Loos levantó en Praga es una vivienda moderna y, sin embargo, aboga por una privacidad antigua, por una compartimentación que la modernidad tendió a romper.
 Hija del autor del panfleto Ornamento y delito, la mansión fue levantada desnuda, pero, de nuevo paradójicamente, hace un uso del color (en carpinterías exteriores, en radiadores y suelos), de las maderas (caoba en el salón o limoncillo en la salita de la dueña de la casa) y de la piedra y las cerámicas (baldosas de Delft en el dormitorio principal o mármol verde Cipollino en el salón) claramente decorativo.
 Así, aunque el ornamento sea bidimensional, envuelve y acicala esta sobria casa, eso sí, sin disfrazarla.
El ingeniero Frantisek Müller la hizo construir en una colina del barrio praguense de Stresovice, cerca del castillo de la ciudad
. Y aunque él mismo se dedicaba a la promoción inmobiliaria, le pidió a Loos que la pensara para él, su mujer Milada y su hija Eva, de –entonces- cuatro años.
 Corría el año 1927 cuando Müller, que había heredado la empresa constructora familiar en Pilsen y quería mudarse con su familia a Praga, se puso en contacto con el arquitecto vienés.
 El ingeniero buscaba intimidad y comodidad.
Calculó que para poder disfrutar de los 600 metros de su nueva vivienda iba a necesitar los servicios de un chófer, una niñera, un cocinero y tres criadas
. Quería, además, dar fiestas.
 El 60º cumpleaños de Loos fue la celebración que inauguró la vivienda en su versión más pública, el 10 de diciembre de 1930.
Müller estaba agradecido.
 El mayor ingenio de su arquitecto no tenía que ver con los acabados (fueran estos o no ornamentales) tenía relación con el aprovechamiento espacial no de la superficie sino del volumen completo de las estancias.
 Es ese uso del espacio (“No diseño dibujando sino construyendo espacios”) en el que cada estancia tiene una altura diferente (el famoso Raumplan) el que permite a una vivienda de cuatro plantas como esta tener, en realidad, hasta nueve niveles distintos.
 Las escaleras resuelven la circulación de un laberinto así.
Y permiten no solo que la vida cotidiana fluya sin tropiezos, sino también que las fiestas estén a la vez cuidadosa y discretamente atendidas
. Para eso servían las escaleras.
 Para que los sirvientes pudieran encargarse de que todo funcionara sin ser vistos, sin molestar, sin recordar a quienes charlaban, bebían y bailaban que la casa tenía, entre otros secretos, una doble vida.
Desde el despacho de la señora Müller, una ventana interior, cubierta por una densa celosía, permitía escuchar las conversaciones que su marido pudiera tener en el salón principal de la casa.
 Al estudio que coronaba la vivienda se podía llegar de tres maneras distintas.
Muchos metros y pocos tropiezos fue la clave de lectura para una vivienda burguesa radicalmente moderna.
Hasta que, superada la Segunda Guerra Mundial, llegó el comunismo y la casa tuvo que aprender a vivir sin criados.
 En 1948, el golpe de estado del comunista Klement Gottwald abolió la propiedad privada. Los Müller conocieron entonces la necesidad de elegir.
Y la de apretarse: tuvieron que vivir en su propio dormitorio y en el famoso estudio, con el Raumplan –el cambio de alturas en un mismo espacio- en su interior, desde el que la Sra. Muller tenía acceso a las conversaciones de los caballeros.
 Cuando el nuevo régimen prohibió también el servicio doméstico, la familia conoció la casa que habían encargado mejor que nunca.
 Tuvieron que aprender a cuidarla
. Y les costó muy caro hacerlo. Frantisek Muller murió en 1951 inhalando gases de la caldera del sótano cuando trataba de alimentar el fuego con leña.
Milada permanecería en su estancia, decorada con baldosas de Delft hasta 1968, cuando murió. En esos años vería cómo la vivienda en la que con tanto afán Loos había velado por su privacidad se convertía en el espacio público de un almacén del Museo de Artes Aplicadas y en el Instituto Marxista Leninista del Partido Comunista.
La pequeña Eva recuperó la casa en 1989, cuando había cumplido 58 años.
 Para entonces vivía en Londres y no tenía ganas de regresar a su famosa vivienda que hasta Vaclav Havel pensó en adquirir con su primera mujer, Olga, en 1995.
 Finalmente, fue el Estado el que la recuperó, restauró y abrió al público.
La última paradoja de la casa es esa: fueron sus múltiples usos, es decir su utilidad, lo que la conservó y ha hecho posible que hoy ofrezca una impagable lección.
No solo de arquitectura.
Tal vez el mejor regalo que ofrece esta vivienda al visitante es que le hace dudar.
 Todo lo pone en duda la Casa Müller de Adolf Loos: de la importancia de los espacios abiertos al tamaño ideal que debe tener una vivienda.

Muller banco