En
Atlantic Beach, Nueva York, Estados Unidos, a una hora del bullicio de Manhattan, se encuentra el
Catalina Beach Club,
un establecimiento de colores blanco y turquesa donde los bañistas
disfrutan del sol en sus piscinas o se alquilan una pequeña cabaña junto
a la arena. Desde la terraza del primer piso del Catalina se ve cómo la
playa desaparece en el horizonte. Las de Atlantic Beach y Long Beach
suman unos 15 kilómetros juntas. Pero más allá se extiende un frente
rectilíneo de otros 200 kilómetros que llega hasta
los exclusivos Hamptons.
En la arena que pisamos, cada 100 metros se erigen las casetas de los
socorristas, en las que ondean las barras y estrellas junto a otras
banderas, las que indican el estado del mar.
Un día a finales de junio, entre dos de esos puestos de vigilancia, seis de las
top model más bellas del mundo revolucionan al personal. Son las brasileñas
Isabeli Fontana y
Alessandra Ambrosio, la sudanesa
Alek Wek, la checa
Karolina Kurkova, la danesa Helena Christensen y la australiana
Miranda Kerr.
Están listas para la primera de las dos sesiones de fotografías que
servirán para conmemorar los 50 años del calendario Pirelli, ese
almanaque superexclusivo y dedicado a ensalzar la belleza femenina que
nació en 1964 –solo interrumpido en 1967 y entre 1975 y 1983– y en el
que han aparecido mujeres tan espectaculares como Kate Moss, Naomi
Campbell o Gisele Bündchen.
Poco se puede hacer en este lugar salvo mirar. Así que abrimos una
coca-cola
y observamos el montaje, que es lo que básicamente hace casi todo el
séquito de personas que acompañan a las modelos y al fotógrafo, el
alemán
Peter Lindbergh. Este, una institución de la fotografía de moda, lleva 25 años retratando a las
top más conocidas para revistas como
Vogue, Harper’s Bazaar, Vanity Fair o
Rolling Stone,
y ya participó de dos calendarios Pirelli (1996 y 2002). En la
estrategia de la marca italiana también se incluye contar con los
mejores fotógrafos: Annie Leibovitz, Mario Testino, Karl Lagerfeld… son
algunos de los que han disparado, en localizaciones tan diversas como
Brasil, Botsuana, Francia, España… En esta ocasión ha tocado EE UU,
donde además de Lindbergh fotografiará otra leyenda, el francés
Patrick Demarchelier, este en un estudio en un rascacielos en Manhattan.
El lujo y la exclusividad son fundamentales para un calendario que
Pirelli ni siquiera vende: la marca lo regala a vips, clientes
especiales, políticos y otras personalidades. El secretismo también
forma parte del circo. Nos hacen firmar un contrato: nada de fotos con
el móvil y menos aún subirlas a ninguna red social que desvele la
localización o las modelos retratadas.
Las imágenes de Pirelli son eternas.
Los fotógrafos son increíbles y saben captar la sensibilidad”, opina Kerr
Un día antes de la sesión en la playa, las modelos atienden en el
hotel Gramercy Park,
en el Flatiron District de Nueva York, de forma individual, a la
prensa. “Pirelli es sinónimo de consistencia en la celebración de las
mujeres, año tras año”, asegura Alek Wek. “Me siento muy halagada de
volver a participar [ya lo hizo en 1999, 2000 y 2004]. La belleza de una
mujer no es ni su ropa ni su maquillaje, sino la persona. Eso Pirelli
siempre lo capta muy bien”, asegura la sudanesa, que en 1991, siendo una
adolescente, escapó junto a su familia desde su ciudad natal de Wau
hasta Jartum. En el camino, su padre perdió la vida. Tiempo después, Wek
emigró junto a su hermana a Londres, adonde llegó su madre a los dos
años. Durante su primer curso en la Universidad, un ojeador de modelos
la descubrió y su carrera comenzó. “La vida me cambió. Pasé de vivir en
una zona rural en África, donde no teníamos nada, a hacerlo en un país
nuevo. Pero aunque algunas cosas fueran diferentes, nunca medí mi
felicidad en cosas materiales. No me educaron así. Las cosas son cosas, y
nosotros somos seres humanos. Es muy diferente. Hay que saber
diferenciarlo”.
Wek colabora hoy con
ACNUR
como embajadora de buena voluntad: “Quiero ayudar a los refugiados en
mi país y dar una educación a los más jóvenes, que en Sudán del Sur son
el 50% de la población”. Algunas de las otras modelos también prestan su
imagen para causas sociales. Helena Christensen es fotógrafa de
Oxfam, Isabeli Fontana es imagen de
Save the Children y Alessandra Ambrosio colabora con la lucha contra la esclerosis múltiple.
Preguntamos a las dos brasileñas por su país, que en el momento de la
entrevista vivía unas fuertes protestas sociales contra el Gobierno:
“Pienso que es estupendo que la gente, especialmente los jóvenes, haya
despertado. No se puede tolerar que los gobernantes sigan robando el
dinero que debería destinarse a la educación, a la sanidad, al
transporte…”, asegura Ambrosio, una opinión compartida por Fontana, seis
veces calendario Pirelli desde 2003, emocionada por la reacción popular
en su país: “Luchamos por nuestros derechos. Hay que demostrar al
Gobierno que tienen que escucharnos, porque somos más que ellos”.
“Lo mejor de las imágenes de Pirelli es que resisten el paso del
tiempo. Son eternas porque los fotógrafos son increíbles y saben captar
la sensibilidad de las mujeres”, opina Miranda Kerr, que tuvo el curioso
honor de haber vestido en 2011 el Fantasy Bra, el sujetador más caro
del mundo, de
Victoria’s Secret, pieza que después lució Alessandra Ambrosio en 2012: dos millones de euros en diamantes, amatistas, zafiros y rubíes.
“Me han preguntado 25 personas si podría hacerles un calendario al
estilo Pirelli. ¿Sabes lo que les he dicho? ¡Fuera de aquí!”, dice Peter
Lindbergh tras la sesión de fotos, en tono distendido después de que
alguien le dijera que era como un “osito de peluche” para una de las
modelos: “¿En serio? ¿Quién lo ha dicho?”, ríe ante la mirada pícara de
Alek Wek, Karolina Kurkova y Alessandra Ambrosio, que devoran un plato
de pasta. Pedimos a este alemán nacido en Leszno (Polonia) que elija su
foto favorita, aquella por la que cree que le recordarán más tiempo.
“¡Espero tener más de una!”, exclama, sin decantarse por ninguna: “Tengo
60 favoritas”. Entre ellas seguro que está aquella que tomó en 1989
para la revista
Vogue: Naomi Campbell, Linda Evangelista, Tatjana Patitz, Christy Turlington y Cindy Crawford juntas.
Nunca me sentí diferente. No me miro y me digo ‘soy increíble’. Pongo mis energías en otras cosas”, asegura Kurkova
Era el principio de la época dorada de las supermodelos de los
noventa, un tiempo que Lindbergh retrató con maestría, una generación
que hizo historia por su belleza… y por sus ganancias. Entre ellas
también estaban Claudia Schiffer o Helena Christensen. Esta es hoy, a
sus 44 años, una de las últimas supervivientes de aquello, quizá junto a
Karolina Kurkova, que debutó en las pasarelas jovencísima (tenía solo
14 años, hoy 29) a finales de la década. “Sería increíble que llegaran
más supermodelos. No quiero que me consideren la última. Lo que sucede
es que vivimos unos tiempos distintos. Vivimos muy deprisa, en todo se
demanda lo siguiente y lo siguiente. No solo en la industria de la moda,
sino en todo: en el entretenimiento, los negocios, la comida…”,
reflexiona Kurkova.
A Pirelli no le asusta la edad. Lo demostró en 2007, cuando dio
entrada en su calendario a toda una Sofía Loren a sus 72 años.
Preguntamos a Christensen, la más veterana, sobre los límites de la
edad: “Las supermodelos también se retiran. Cuando yo sienta que no
estoy inspirada, o cuando vea que la gente no se siente inspirada por
mis fotos, me iré. Ese día centraré mis energías en mi faceta de
fotógrafa. Pero de momento no veo por qué dejarlo. Es una profesión
única”.
En la segunda sesión de fotografías, tomadas por el francés Patrick
Demarchelier en un estudio de Manhattan desde el que vemos el río
Hudson, nos fijamos en Christensen en un momento de descanso. Viste una
bata blanca sobre otra camisa del mismo color, la prenda con la que
acaba de posar, y pisa sobre unos alargados tacones de Louboutin.
Mientras mira su iPhone, vemos que esta mujer en absoluto está para
marcharse a su casa. Sus compañeras, también sexys y guapísimas,
reflexionan sobre la belleza. “Cuando me dicen que soy guapa… todavía me
da corte. Nunca me sentí diferente. Me siento bien conmigo… pero no es
que me mire y me diga ‘oh, soy increíble’. Pongo mis energías en otras
cosas”, asegura Kurkova.
En un sofá, Demarchelier se toma una pequeña siesta, aunque la sesión
apenas ha durado cinco minutos. “No hay secretos para ir rápido, a
veces sucede”, explica el propio Demarchelier más tarde, que en
deferencia a la prensa, que estaba citada una hora después de que la
sesión comenzase, realiza un pequeño paripé repitiendo algunos disparos
para enseñar cómo ha sido el trabajo. Juntas, las seis modelos miran a
cámara, sensuales y ligeras de ropa. “No tengo una favorita, todas son
muy interesantes”, dirá él más tarde, diplomático. Solo opina de una
mujer, la princesa Diana,
Lady Di, de la cual Demarchelier fue fotógrafo oficial: “Ella era fantástica”.