Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

19 jun 2013

Los Sombreros de Ascot......Para todos los gusstos ¿verdad?






Huele a espíritu adolescente... a los 40

Propuesta para hombre de Ann Demeulemeester para este verano.

En 2014 se cumplen 20 años de la muerte de Kurt Cobain.
Y para explotar la nostalgia de esta efeméride, las pasarelas preparan ya la vuelta del grunge en su versión más digestiva.
 El revival del antiestilo que nació en Seattle, en cinco claves.
Quién. En su segunda colección para Saint Laurent Paris, Hedi Slimane volvió a sembrar la discordia al invocar al grunge: vestidos babydoll de apariencia ajada, camisas de franela y mucha rejilla. Para sus peores detractores, como la periodista de The New York Times Cathy Horyn, se trata de una propuesta excesivamente literal, carente de todo interés y que “corta los lazos de una conexión simbólica con el fundador [de la casa francesa], con el buen gusto y el poder femenino”
. Para sus entregados fans, constituye un nuevo hito en la carrera del hombre que revolucionó la silueta masculina al frente de Dior.
“Tengo orgasmos al imaginarme a señoras ricas comprando lo que solíamos vestir. Por fin alguien ha clavado el look”, declaraba Courtney Love, cantante de Hole, y musa indiscutible del grunge.
 Tomadura de pelo o genialidad, la polémica ha vuelto a confirmarse como herramienta publicitaria incontestable.
Y tantas páginas, píxeles y minutos dedicados al órdago de Slimane han terminado dando sus frutos comerciales y convirtiendo en tendencia los pantalones de pijama dos décadas después de que Kurt Cobain, líder de Nirvana, los luciese en la grabación de su disco MTV Unplugged in New York.
Cuándo. Puede que Slimane aportase la gasolina, pero la mecha del advenimiento grunge la encendieron Dries Van Noten, Ann Demeulemeester y 3.1 Philip Lim una temporada antes. Combinaciones de estampados imposibles, superposiciones infinitas y siluetas laxas fueron las claves de sus apuestas para esta primavera-verano
. Aunque el pionero en el arte de poner una etiqueta de lujo a prendas de apariencia ajada fue Marc Jacobs. En 1993 su colección consagrada al “ruido textil” para Perry Ellis le valió el despido como director creativo pero revolucionó el mundo de la moda. Mientras se gestaba, Sonic Youth grabó el vídeo de su single Sugar Kane en el taller de la firma estadounidense
. Chloë Sevigny, entonces becaria de la revista Sassy, aparecía como figurante
. Fue el punto de inflexión en el que el grunge mutó de la industria discográfica a la textil.
Dónde: En Seattle. Antes del lanzamiento en 1991 de Smells like teen spirit, la única efeméride que atesoraba la capital del condado de King era haber sido escenario de la primera huelga general de Estados Unidos en 1919.
Después del single de Nirvana, se convertiría en el epicentro del grunge, el movimiento musical encabezado por Pearl Jam, Soundgarden y Alice in Chains que conmocionaría a una generación.
Una corriente que, en principio, desafiaba el poder de los logos, las multinacionales y los convencionalismos. Y que, sin pretenderlo, implantaría un estilo (entonces antiestilo) que el cine y la pasarela terminarían destilando comercialmente en productos como Solteros (1992) o Reality Bites (1994), y, 20 años después, en abrigos de 6.000 euros.
Por qué: El revival se ha establecido como unidad de medida en la moda. Solo desde 2011 las pasarelas han regurgitado los años veinte, cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta y ochenta
. Así que parece inevitable que la única década virgen —los noventa— sea la siguiente en ser deglutida. Justo a tiempo para conmemorar el 20 aniversario de la muerte de Kurt Cobain (el 5 de abril de 1994).
 “El Grunge, el rave y el house son movimientos que, además de volver nostálgicos a los que tenemos 30 ó 40, encajan a la perfección con una tendencia muy fuerte entre los que ahora son adolescentes: el ser punk. Una estética playera pero dejada con la que comparten códigos, como el gusto por las camisetas y sudaderas”, explica Manuel Olarte, la mitad de la firma Isaacymanu que triunfa con sus diseños digitales y que prepara una colección inspirada en el estilo Seattle para el próximo otoño.
 Cómo. En contra de lo que sugieren las propuestas de Slimane, fieles casi de forma notarial al armario de 1992, Olarte considera que el grunge llegará distorsionado a las calles:
 “El contexto no es el mismo. No vuelve la música ni ese sentimiento nihilista de rebelión contra todo lo establecido”.
 Sí lo hace, en su opinión, la melena bicolor (o dip dye) y la querencia por las mezclas más transgresoras: camisones con pieles o chándales con piezas de noche.
 Y por supuesto, la santísima trinidad del grunge: Dc Martens, camisas de cuadros y pantalones caídos.

Hannah Arendt, filosofía a pie de obra...................del Blog Letra Pequeña

Por: | 19 de junio de 2013

El 31 de mayo de 1962, Adolf Eichmann, antiguo teniente coronel de las SS secuestrado dos años antes en Argentina por el Mosad, fue ahorcado en Israel por su responsabilidad como encargado del transporte de seres humanos a los campos de exterminio durante el régimen nazi.
Un año más tarde, Hannah Arendt (1906-1975) publicó Eichmann en Jerusalén, una obra surgida de las crónicas del juicio que ella misma había escrito para The New Yorker.
Este viernes se estrena en España Hannah Arendt, la película de Margarethe von Trotta que relata aquellos días de 1963 y la polémica que siguió a la aparición del libro de la pensadora alemana de origen judío exiliada en Estados Unidos.
Buena para ser un biopic, no tanto para ser cine, el filme de Von Trotta recoge bien el ambiente que rodeó la aparición de “un informe” al que le llovieron las críticas –muchas de parte de gente que no lo había leído- fundamentalmente por dos de los asuntos que trata: el papel de los consejos judíos en las deportaciones y la tesis sobre la banalidad del mal que la filósofa –ella no se consideraba tal- llevó al subtítulo de su libro.
En la polémica -que fue algo más que encendida- destacan por su rigor, claridad y brillantez tanto la carta que Gershom Scholem remitió a Hannah Arendt desde Jerusalén el 23 de junio de 1963 como la respuesta que ella le envío desde Nueva York el 24 de julio.
 De hecho, algunos de los argumentos cruzados por aquellos dos viejos conocidos –ambos habían compartido la amistad de Walter Benjamin- aparecen en la película bajo la forma de diálogo entre Arendt y Kurt Blumenfeld, secretario de la Organización Sionista de Alemania desde 1908, emigrado a Israel y decepcionado con la actitud de su antes gran amiga.
PaidósLas cartas cruzadas entre Scholem y Arendt se recogieron en 1978 en EEUU en una antología de textos llamada The Jew as a Pariah –título que el primero consideraba “ofensivo” (la segunda llevaba tres años muerta)- y de la que Paidós publicó en 2005 una selección traducida por Miguel Candel con introducción de Fina Birulés: Una revisión de la historia judía y otros ensayos.
Junto a la discrepancia sobre el papel de los consejos, dos acusaciones centran la sosegada crítica de Scholem: 1) la falta de “amor al pueblo judío” por parte de la pensadora; 2) la contradicción entre el concepto de ‘banalidad del mal’ y el de ‘mal radical’ que la propia ensayista había utilizado en 1951 en su célebre Los orígenes del totalitarismo.
La respuesta de Hannah Arendt es todo un ejemplo de aquello que ella misma llamaba pensar sin muletas:
Gershom-scholem“Tienes bastante razón: yo no me siento movida por ningún ‘amor’ de esa clase, y ello por dos razones: yo nunca en mi vida he ‘amado’ a ningún pueblo ni colectivo, ni al pueblo alemán, ni al francés, ni al norteamericano, ni a la clase obrera, ni a nada semejante.
 En efecto, solo ‘amo’ a mis amigos y el único género de amor que conozco y en el que creo es el amor a las personas. En segundo lugar, ese ‘amor a los judíos’ me resultaría, puesto que yo misma soy judía, algo más bien sospechoso. Yo no puedo amarme a mí misma ni a cosa alguna de la que sé que es miembro y parte de mi persona”.
Esto dice antes de  hablar de la “desastrosa” vinculación entre la religión y el Estado en Israel y de su sentido crítico: “El daño causado por mi propio pueblo me aflige, naturalmente, más que el daño causado por otros pueblos”. Finalmente, remata su argumentación con ideas que siguen siendo un buen antídoto contra toda manipulación nacionalista:
 “El papel del ‘corazón’ en política me parece totalmente discutible. Sabes tan bien como yo cuán a menudo los que se limitan a informar de ciertos hechos desagradables son acusados de falta de sensibilidad, de falta de corazón o de falta de lo que tú llamas Herzenstakt [cordial delicadeza]. Los dos sabemos, en otras palabras, cuán a menudo esas emociones se utilizan para ocultar la verdad de los hechos”.
Hannah-arendtPor otro lado, si Hannah Arendt reconoce que Scholem tiene “bastante razón” respecto a su desapego patriótico, respecto a la cuestión del mal reconoce que la tiene casi toda:
“Tienes mucha razón: he cambiado de opinión y no hablo ya de ‘mal radical’ [...] Ahora, en efecto, opino que el mal no es nunca ‘radical’,  que sólo es extremo, y que carece de toda profundidad, y de cualquier dimensión demoníaca.
Puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie.
Es un ‘desafío al pensamiento’, como dije, porque el pensamiento trata de alcanzar una cierta profundidad, ir a las raíces y, en el momento mismo en que se ocupa del mal, se siente decepcionado porque no encuentra nada.
 Eso es la ‘banalidad'. Sólo el bien tiene profundidad y puede ser radical”.
Si la película de Von Trotta es un buen estímulo para leer Eichmann en Jerusalén, este lo es para rastrear las huellas de la polémica que le siguió: Una revisión de la historia judía y otros ensayos recoge algunas. Lo que quiero es comprender (Trotta) y Escritos judíos (Paidós), otras. Pensamiento que trabaja en tiempo real, a pie de obra, sobre la marcha, sin desperdicio. La forma de pensar de alguien que fue mucho más que una mujer de su tiempo.

Todo el horror de la familia

La escritora argentina Ariana Harwicz firma la desgarradora ópera prima ‘Matate, amor’

Es la historia de una mujer “atrapada en la selva” y en sus seres queridos.

Un detalle del cuadro 'Christina’s World', de Andrew Wyeth, expuesto en el MoMA y portada de 'Matate, amor'.

¿Han mirado alguna vez a un ciervo a los ojos? Si no lo han hecho, tal vez deberían. No vaya a ser que se pierdan una experiencia irrepetible. Yo como muchos solo vi la mirada de Bamby cuando matan a su madre. Terrórifico.
 “A cierta hora aparece un ciervo que se me queda mirando de una manera brutal como no me miró nadie nunca”, asegura la protagonista de Matate, amor, una mujer desgarrada y desesperada que vive en medio del campo con su familia.
 Aunque, en realidad, también la autora de la novela, la argentina Ariana Harwicz, cruzó sus ojos con los del cornudo animal: “Abrí la ventana y estaba mirándome.
No me visitó nunca más, pero creo que ahí empezó todo”.
“Todo” es, básicamente, su ópera prima. Publicada por Paradiso en Argentina y por Lengua de Trapo en España, Matate, amor cuenta la historia de “una mujer salvaje atrapada en una selva y en una familia”, como resume por teléfono su autora (Buenos Aires, 1977). “Para ella la familia es el horror: está alienada, atada a ser madre, encerrada en el campo.
 Es un cóctel explosivo, por eso busca escaparse constantemente”, añade Harwicz.
Prueba de ello es que la protagonista llega a acariciar un cuchillo, valorando la posibilidad de matar a su marido y su bebé, o que desee estar “exactamente, muerta”.
 También querría, como sugiere el propio título, que sea directamente su esposo el que se quite de en medio, que le ahorre “el insoportable peso del otro”, según Harwicz.
 Así, casi siempre en primera persona, con una prosa hiriente, capítulos breves como “hachazos” y bofetadas de palabras, la argentina relata la trágica existencia de la bestial señora.
Precisamente la violencia de su protagonista le sirvió a Harwicz para perder la propia:
“Me saqué la rabia que sentía. El libro me salvó, fue como un electroshock”. Personaje y creadora se parecen también en su día a día, en medio del campo (francés, a 180 kilómetros de París, en el caso de Harwicz), con pareja e hijo
. Aunque, para la estabilidad de la vida privada de la autora, hay que aclarar que las semejanzas se acaban ahí: Harwicz no está ni mucho menos horrorizada con su familia, que considera más bien “normal”.
La escritora argentina Ariana Harwicz.
No tan común es el éxito de una ópera prima que ha recibido elogios a los dos lados del charco.
 Para su autora todo es “demasiado nuevo, adrenalínico”. Tanto que, por “amor al libro”, ha accedido a hacer la entrevista y dejar a su pequeño “tirado en la ruta”. “Algún vecino borracho lo habrá recogido”, bromea Harwicz.
Divertida y entusiasta, la autora dispara frases incluso más rápida que su libro.
 Y, de respuesta en respuesta, la charla va cogiendo tintes freudianos.
Harwicz cuenta que tiene “una fascinación por los autores torturados”, y que en sus influencias se entremezclan Scott Fitzgerald, Virginia Woolf, Caravaggio y Glenn Gould.
Aunque, para escribir Matate, amor, escuchaba en bucle, “como una obsesión”, a otro pianista: su banda sonora fue la Sonata para piano n. 13 en Mi bemol mayor, Op. 27 n. 1 de Ludwig van Beethoven, hasta el punto de leer luego en voz alta lo que había escrito al ritmo del maestro alemán.
Siguiendo su amor por la lengua francesa y sus ganas de literatura, en cambio, Harwicz terminó por dejar Argentina.
 “Me pasaba el tiempo buscando el sitio desde dónde pudiera escribir
. Buenos Aires no lo era”, defiende
. De género en género (Harwicz estudió arte del espectáculo, dramaturgia y guion cinematográfico), de ciudad en ciudad, la argentina acabó en el sur de Francia y en la novela
. De hecho, ya prepara la segunda, ambientada en “una aldea en invierno, con todas las casas barridas por la nieve” y que va “otra vez del horror de la familia, pero visto por un hombre”
. De momento, ya tiene banda sonora (el pianista Francesco Gasparini), pero no sinopsis. Claro, falta el ciervo.
Todos los argentinos quieren vivir en Francia y dirán que son argentinos sencillamente porque el acento y la prepotencia los delata.