Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

1 jun 2013

Las morenas y las rubias.........................Vicente Verdú

He aprendido en un libro (Generación paréntesis) de mi amiga Joana Bonet (exdirectora de Marie Claire y ahora directora de PRISA Revistas) varias cosas sobre las mujeres rubias que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejarán de existir relativamente pronto.
 Posiblemente al compás de la desaparición de los ojos azules y de la piel blanca.
La cultura rubia, como todo lo del norte, se ha cotizado más que la cultura morena.
 No hay mujer española con más de 40 años que no se enrubie y, en general, toda el área donde el vino es la insignia y no la cerveza lo moreno se asociaba al subdesarrollo.
Las regiones cerveceras son eminentemente rubias y las áreas del vino (tinto) son el lugar natural de las chicas morenas.
 Los países del norte llaman PIGS a los del sur asociándolos a los cerdos, acaso de pata negra.
 Y los del sur miran al norte como una raza depurada sobre la que no hace falta detallar las consecuencias de su preeminencia supuesta.
Lo rubio en el cine fue sinónimo de seducción pero también de perdición.
 Y no solo de perdición moral para los caballeros, sino para el propio equilibrio psicológico, puesto que el aniñamiento connota con lo rubio y los bebés maduran, en efecto, ennegreciéndoseles el pelo.
 En el principio de todo color está el blanco y en su exterminación el negro
. Al final de la vida, las ropas claras del recién nacido terminan en el luto funerario.
Los caballeros las prefieren rubias pero se casan con las morenas fue el título y la tesis doctoral de la película que interpretaron Marilyn Monroe y Jane Russell en 1953 bajo la dirección de Howard Hawks. Realmente el título original solo decía Gentlemen prefer blondes, pero la España franquista remataba con el segmento estabilizador de morena.
Ni siquiera con las dos versiones de la película Morena Clara que dirigieron Florián Rey y Luis Lucía en 1936 y 1954, con Imperio Argentina y con Lola Flores (“la Lola de España”) se aclaraba el oscurantismo nacional.
Lo rubio fue el color característico del turista venido de lejos mientras lo indígena o moreno evocaba las penosas circunstancias de la posguerra española y la retahíla de países paupérrimos bajando hacia el sur.
Paradójicamente, sin embargo, la antropología superadora de esta crisis, no será rubia sino muy morena. Las previsiones demográficas del planeta —según ha averiguado Joana Bonet— se miden en tonalidades oscuras, y si la población mundial de 2050 alcanza los 9.000 millones de individuos, unos 8.000 serían originarios de África, Asia y América del Sur.
De hecho, según la OMS en 2200 nacerá en Finlandia la última mujer rubia del planeta. Hoy, dice Bonet, solo una de cada 20 mujeres es rubia natural.
 Las otras rubias son “de bote” : “Soy rubia de bote y tonta natural”, se dice.
Pero claro que no son más tontas las rubias. Si así fuera, ¿cómo habrían de teñirse tantas? ¿Tantas tontas? No obstante, ¿por qué no teñirse más de castaña o de morena?
La segunda parte del siglo XIX, España estuvo de moda en Europa por el encantador romanticismo que desprendían sus garbosas majas de azabache
. Raimundo Madrazo hizo su gran carrera de pintor en Francia, donde entonces residía, retratando decenas de veces a una modelo Aline Masson espesamente seudomanchega. Aline Masson con la mantilla, con el abanico, leyendo, paseando, retando al artista desde la altiva fogata de sus pestañas negras.
¿El rubio? Esto era para salir frívolamente una noche.
 El rubio es voluble y el negro consistente. De ahí que el matrimonio, según la proclama de la versión española (pero se casan con las morenas) desembocara en lo considerado cabal.
¿Cultura de pobres? ¿Comida de pan negro? Ya no es tan seguro.


 Los números rojos (“rojo” y “rubio”, roig, es la misma palabra en algunas partes de Valencia) son temibles mientras todos corren durante estos días a la conquista de los números negros, el anhelado color del triunfo en el presupuesto.

Una reforma fiscal al gusto de Bruselas


Los ministros de Hacienda, Cristóbal Montoro (derecha), y de Economía y Competitividad, Luis de Guindos / JUAN CARLOS HIDALGO (EFE)

Los impuestos en España son bipolares: a pesar de tener los tipos marginales más elevados, es uno de los países con la presión fiscal más baja —el 31,4% del PIB, frente al 39,5% de media en la zona euro—. “Tenemos un sistema tributario que produce menos de lo que debería”, explica Ignacio Zubiri, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco
. Esto solo se explica por un elevado nivel de fraude —varios estudios sitúan la economía sumergida en el entorno del 20% del PIB, unos 70.000 millones a efectos fiscales—. Y por un sistema ineficiente, cuajado de excepciones y desgravaciones que abren vías de escape ante el fisco.
El pasado miércoles Bruselas reclamó al Gobierno “una revisión sistemática del sistema tributario para marzo de 2014”. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, asume que tendrá que seguir “las líneas maestras” marcadas por Europa. Pero lo hará “a partir de que se vaya normalizando la recaudación, en un escenario económico diferente”, según matizó esta semana.
EL PAÍS
La economía española languidece y las bases imponibles —rentas, capitales y gastos sujetos a impuestos— se han desplomado en los últimos años. Desde el inicio de la crisis, en 2007, las bases han disminuido en cerca de 200.000 millones, un 20% del PIB. Ante esta situación el Gobierno se ha dedicado a parchear los grandes impuestos. Trata de ordeñar el sistema al máximo para capear una época de emergencia nacional. En el último año, ha aprobado una treintena de medidas tributarias —subida del IVA, IRPF, supresión de deducciones en sociedades, entre otras— para tratar de engordar la recaudación. Pero el sistema no termina de carburar.
En las últimas semanas se ha lanzado una campaña —liderada por un sector del PP— para instar a Rajoy a que reduzca ya el impuesto sobre la renta. Pero Montoro zanja cualquier discusión: “No hay margen”. Eso sí, avanza que lo reformará. Este tributo es uno de los más complejos de todo el sistema. Sigue provocando a miles de contribuyentes las mismas las pesadillas que turbaban al científico Albert Einstein: “Lo más difícil de comprender en este mundo es, sin duda, el impuesto sobre la renta”.
El exdirector del Instituto de Estudios Fiscales (IEF) y catedrático de Hacienda Pública en la Universidad de Castilla-La Mancha, Juan José Rubio, coincide en que “el IRPF, tal como está diseñado, no da para más”. Lo amplia: “La subida ha creado más distorsiones que recaudación”.
 Y apuesta por eliminar el gravamen complementario —que elevó los tipos máximos del 45% al 52%— “en cuanto sea posible”. Pero advierte que “tampoco se pueden bajar impuestos sin acompasarlos con reducciones de gasto público”.
Rubio propone que para reformar este impuesto habría que elevar los mínimos exentos para las familias con menos recursos. Recuerda que en los últimos años apenas se han tocado mientras que el IPC ha actualizado al alza todos los tramos del tributo.
Sobre el número de tramos, el nivel y el tipo marginal hay diferentes opiniones, pero todos aseguran que su modelo garantiza la “progresividad” —que paguen más los que más ganan—. Entre estas, se encuentra la de Ramsés Pérez-Boga, presidente de la Organización de Inspectores de Hacienda del Estado, que sostiene que “habría que reducir el peso excesivo de la tributación de las rentas del trabajo.
 No es de recibo que cerca del 90% de los impuestos sobre la renta procedan de los asalariados.
 Se debería equilibrar con rentas de capital y actividades profesionales”.
“El alza del IRPF creó más distorsión que recaudación”, señala un economista
José Félix Sanz, catedrático de Economía Aplicada de la Complutense e investigador de la Fundación de Cajas de Ahorro defiende un impuesto con dos tipos, del 25% y el 35%.
“Habría que recuperar los mínimos genuinos [desde 2006 la mayoría de deducciones se aplican sobre la cuota íntegra y no sobre la base imponible] y eliminar deducciones”, apunta.
Precisamente una de las principales recomendaciones de Bruselas pasa por “considerar una mayor limitación del gasto fiscal relativo a la imposición directa”. La traducción del peculiar lenguaje burocrático consiste en suprimir algunas de las múltiples deducciones del IRPF y sociedades.
La mayoría de los expertos fiscales consultados coinciden en que hay que revisar las desgravaciones que suponen un coste para el Estado de cerca de 16.400 millones.
 La más cuantiosa es la deducción por compra de vivienda, unos 1.800 millones al año. Pero el punto de mira de Bruselas está puesto en la deducción sobre planes de pensiones privados.
“En el impuesto sobre la renta personal, la desgravación fiscal de las contribuciones a planes de pensiones tiene efectos regresivos y falsea la composición del ahorro”, señala la Comisión Europea. Zubiri es uno de los más beligerantes en este punto:
“Cuando decimos que no hay suficiente dinero para las pensiones públicas no tiene sentido financiar con dinero público, con 1.200 millones al año, las pensiones privadas que normalmente corresponden a rentas altas”.
La Comisión recomienda también al Gobierno que “explore el margen existente para una mayor limitación de la aplicación de los tipos de IVA reducidos y adoptar medidas adicionales en lo que respecta a los impuestos medioambientales, sobre todo los impuestos sobre los carburantes”. La CE aspira a que aumente el IVA de los transportes y del sector del ocio (entre los que se encuentra en turismo). Pero el Ejecutivo se resiste a caminar por esta senda. Montoro rechaza una nueva subida del IVA tras el aumento del pasado septiembre. No obstante, un tribunal europeo obligará a elevar al tipo general (21%) algunos productos sanitarios y los servicios de los notarios y registradores.
Bruselas es partidaria de reequilibrar la fiscalidad hacia los impuestos indirectos (que gravan el consumo, como el IVA o los especiales) para bajar los directos (IRPF y sociedades). Rubio cree que aún existe margen para elevar el IVA si a cambio se reducen los tipos del impuesto sobre la renta. Sanz, investigador de Funcas, aboga por mantener la estructura actual del impuesto sobre el consumo. “El problema de este tributo”, dice, “es el alto nivel de fraude”.
 Por eso, la Comisión reclama “intensificar la lucha contra la economía informal y el trabajo no declarado”. Sanz aconseja: “Habría que eliminar todos los regímenes especiales, como módulos o equivalencia, que son un nido de fraude”. Todos los expertos coinciden en este punto. El IVA es un impuesto tremendamente ineficiente. Recauda solo el 35% de lo que debería, alerta Sanz.
Hacienda asume “las líneas maestras” de la UE, pero “en un escenario diferente”
Para contentar a Bruselas, Hacienda ya ha anunciado que subirá algunos impuestos especiales. Pero ha insistido en que no tocará hidrocarburos.
 España tiene uno de los impuestos sobre los carburantes más bajos
. El problema es que el precio de las gasolinas sin impuestos es de los más elevados del continente.
 Para compensar, Montoro estudia establecer otros impuestos verdes que graven la contaminación.
En el impuesto de sociedades, los tecnócratas de la Comisión recomiendan a España “adoptar medidas adicionales para reducir el sesgo en favor del endeudamiento”.
Aquí, la mirilla de Bruselas está dirigida a la deducción por gastos financieros. El Gobierno ya la ha limitado y Montoro no parece dispuesto a reducirla más. “La limitación actual del 30% funciona bien y es suficiente”, dijo hace unos días en una entrevista a Cinco Días.
El Ejecutivo tiene avanzado un plan para reformar este tributo.
La idea es afeitar algunas de las múltiples deducciones que permite que las grandes empresas rebajen su factura fiscal. “Habría que eliminar definitivamente la libertad de amortización”, sostiene Ramsés Pérez-Boga, que defiende que el tipo general (30%) debería bajar: “Es de los más altos de Europa y favorece la planificación fiscal agresiva”. El representante de los inspectores defiende que debería aclararse la normativa sobre operaciones vinculadas, una de las vías de escape que usan las multinacionales con sus filiales para trasladar los ingresos a países con menos fiscalidad.
Zubiri es partidario de que la Agencia Tributaria suscribiera acuerdos de colaboración con las grandes empresas del Ibex: “Serían mecanismos de estímulo para que distingan a las empresas que cumplen con las que no cumplen”.
 La mayoría de expertos creen que el principal problema de este impuesto es la elusión fiscal, que debería estrecharse la vigilancia sobre las grandes empresas.
Las reformas que se fraguan en los viejos pasillos del Ministerio de Hacienda, en la madrileña calle de Alcalá, no cambiarán una cosa: las grandes empresas seguirán pagando menos que los ciudadanos asalariados
. Es lo que tiene el mundo globalizado.
 Si no, pregunten a Apple.

Un paso más hacia una muerte digna

En el año 2010, el Parlamento Andaluz aprobó la Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de la Persona en el Proceso de la Muerte
. La ley de muerte digna culminó una amplia deliberación política, social y profesional sobre la toma de decisiones alrededor de la muerte, en buena medida desencadenada por el caso de Inmaculada Echevarría. Pero es un debate que no cesa y que se aviva ante ejemplos como los de la propia Inmaculada, Ramona Estévez o Eluana Englaro, quienes han dado rostro a conflictos sin resolver entre la libertad individual y los condicionantes sociales sobre el morir.
La ley andaluza se ha acompañado de un despliegue de acciones: nuevas unidades de cuidados paliativos, más lugares donde hacer la declaración de voluntad vital, la incorporación de los registros a la historia clínica electrónica o la conformación de los comités de ética asistencial para todos los centros.
 Pero persisten grandes lagunas de conocimiento por parte de pacientes y profesionales, incertidumbres e inquietudes sobre las consecuencias de las decisiones; y actitudes pasivas, dilatorias o incluso de rechazo ante estas situaciones.
El testamento vital es una herramienta muy útil que se ejercita como expresión de voluntad ante situaciones hipotéticas, genéricas o alejadas en el tiempo, por lo que puede resultar poco preciso.
 El proceso de planificación anticipada de las decisiones lo complementa, al aproximar la reflexión sobre las preferencias del enfermo a un momento de enfermedad en el que se puede prever su evolución, lo que supone la mejor garantía de su aplicación.
 Por ejemplo ante una enfermedad neurodegenerativa, respiratoria crónica o un proceso oncológico, los profesionales pueden imaginar los puntos de decisión potencialmente conflictivos a los que se va a enfrentar ese paciente y prepararlo, junto a su familia, para tomar decisiones relacionadas con el proceso de la muerte de la mejor manera y en el momento más adecuado.
Se trata de configurar una hoja de ruta para un proceso que está por venir en un plazo breve, contribuyendo a superar el miedo, la desconfianza o los prejuicios del paciente cuando todavía se encuentra capaz. Y de los propios profesionales, evitando actitudes pasivas o pactos de silencio.
La implantación sistemática de un proceso de planificación anticipada dota a los centros de un instrumento para que la toma de decisiones se haga de manera efectiva y con alta calidad; significa un paso más en la conformación de una actitud profesional más proactiva ante estas situaciones, más consciente de la autonomía personal, más respetuosa con los valores individuales y más cercana a los temores y sentimientos del paciente; pero, sobre todo, supone un paso más para asegurar que las personas en los momentos finales de su vida reciban una atención sanitaria plenamente acorde con sus valores y preferencias.
José Luis Rocha es secretario general de Calidad e Innovación de la Consejería de Salud de Andalucía.

Testamento vital a la carta


Unidad de paliativos del hospital Virgen Macarena de Sevilla. / Julián Rojas

Andalucía ha dado una vuelta de tuerca más a su regulación de la muerte digna.
 Hace tres años la comunidad fue pionera en legislar sobre este asunto (la han seguido Aragón y Navarra), pero ayer anunció un paso más: la llamada Planificación Anticipada de Decisiones, un documento que funcionará como un testamento vital personalizado en el que los médicos registrarán los deseos y las preferencias que cada paciente quiere que se tengan en cuenta en los momentos finales de su vida adaptado al diagnóstico concreto que reciban.
En España ya hay registrados alrededor de 150.000 testamentos vitales, 24.290 de ellos en Andalucía, donde cada día se consulta tres veces este registro.
 Pero los médicos se encuentran con pacientes que no han presentado voluntad vital anticipada o, si la han hecho, esta se circunscribe al modelo estándar, que solo recoge preferencias generales y muchas veces firmado cuando la enfermedad era solo una hipótesis, por lo que a menudo resulta impreciso y no da respuesta a todas las dudas que se le plantean a los profesionales cuando están ante un enfermo terminal.

Acepto / Renuncio

  • Alimentación. Hay patologías que afectan al sistema de deglución. El paciente puede estipular si acepta que le intuben para alimentarle o no, o si lo admite solo durante un periodo o con condiciones.
  • Hidratación. Una persona en situación de inconsciencia irreversible puede prevenir que no se le hidrate mediante sueros o sondas.
  • Soporte vital. Corazones o riñones artificiales, respiradores. Una persona afectada podría especificar que no quiere que se use esa maquinaria.
“Creemos que hay que dar un paso más, asegurar que los pacientes que lo deseen van a recibir toda la información sobre su enfermedad y nosotros vamos a tratarle de acuerdo con sus preferencias”, explica la consejera andaluza de Salud, María Jesús Montero (PSOE), que puso algún ejemplo:
 “Podemos tener un paciente cardíaco al que se le va a someter a una cirugía compleja.
 Lo que queremos es anticiparnos a lo que pueda pasar en ese caso concreto, saber si quiere que se le mantenga la vida artificialmente, o si, llegado el caso, prefiere morir en su domicilio o en el hospital”.
La Planificación Anticipada de Decisiones (en inglés, Advance Care Planning) que ahora pone en marcha la Junta se basa en una filosofía de abordaje de las decisiones sanitarias al final de la vida que apareció en Estados Unidos a mediados de los años noventa y que hoy es una herramienta consolidada en sistemas sanitarios de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido. La Consejería de Salud ha editado su propia guía para que los profesionales andaluces empiecen a usarla en las próximas semanas.
 El objetivo, según recoge el documento, es que los profesionales, los pacientes y su familia elaboren un plan conjunto para que, en el caso de que la persona pierda su capacidad de decidir, ya sea temporal o permanentemente, puedan tomarse decisiones sanitarias “coherentes con sus deseos y valores”.
El inicio de este plan “será siempre voluntario” para el paciente, aclaró ayer la consejera de Salud
. Los médicos del sistema sanitario público tendrán que ofrecer esta opción al enfermo, pero este puede o no aceptarla.
 “Es importante que el paciente se sienta totalmente libre para decir o no decir, para hablar o callar, para abordar unos temas y evitar otros”, advierte la guía facilitada a los profesionales.
 “Se trata de aclarar los deseos, preferencias y valores de la persona como paciente, en ningún caso de imponerle los de los demás, ni los de la familia, ni los de su representante ni, por supuesto, los nuestros como profesionales”, añade el documento.
El plan se ofrecerá a todos los pacientes, pero estos decidirán si lo inician o no
Lo ideal, según la guía elaborada por médicos, psicólogos y enfermeros de la sanidad andaluza, es que esta planificación se le ofrezca a cualquier paciente al que se le abra una historia clínica, pero se pondrá especial celo en que se aborde en personas mayores de 75 años, pacientes con alto riesgo de enfermedad cardiovascular o cerebrovascular y afectados por enfermedades “con evolución fatal previsible”, como dolencias neurodegenerativas, respiratorias, oncológicas o cardiovasculares de mala evolución.
La planificación empezará cuando el enfermo acepte la invitación del médico para hablar de estos asuntos o sea él mismo el que pida abordarlos.
 Podrán hacerlo los profesionales que le atienden en el hospital o los médicos de cabecera, tanto en los centros de atención primaria como en consultas domiciliarias.
 La única condición es que el enfermo tenga capacidad suficiente para decidir.
Si el paciente lo permite, en la planificación participarán también sus familiares u otras personas de confianza
El plan podrá recoger desde preferencias sanitarias generales (grado de deterioro de conciencia que está dispuesto a aceptar, lugar donde prefiere morir, nivel de control del dolor) u otras más concretas (rechazo de intervenciones, solicitud de que sí se le intervenga o donación de órganos). Pero en estas instrucciones los pacientes podrán también concretar sus preferencias sobre otras cuestiones como quién quiere que esté presente cuando fallezca, qué se hará con sus objetos personales, el destino del cuerpo tras el fallecimiento o disposiciones sobre el funeral. La guía incluso aconseja a los profesionales que se ayude a que los enfermos en situación terminal “puedan llegar a expresar sentimientos, deseos o emociones a sus seres queridos”. “Expresiones como lo siento, te perdono, gracias, te quiero, perdóname por, adiós, son a veces difíciles de decir para algunas personas y, sin embargo, pueden resultar muy necesarias o de gran ayuda”, advierte el documento.
Si el paciente lo permite, en la planificación participarán también sus familiares u otras personas de su confianza. Una de ellas será designada su representante y será la que actúe como interlocutora y tomará decisiones en nombre del enfermo cuando éste no pueda decidir por sí mismo. El plan quedará integrado en la historia clínica y se revisará periódicamente o cuando cambien las condiciones de salud del enfermo. Las preferencias mostradas por el paciente en este plan, igual que las que recoge el testamento vital, solo se tendrán en cuenta cuando el paciente ya no pueda expresar su voluntad. “Mientras, seguirá tomando sus propias decisiones en cada momento”, establece el documento.