Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

20 may 2013

La policía cree “totalmente veraz” que Carballo abusó de gimnastas menores

El técnico, apartado por el CSD, ha sido denunciado por una atleta olímpica que afirma que en los setenta sufrió el maltrato durante años y a la que apoyan varios testigos

“Me destrozó la vida”, dice.

Y luego dicen que hay que "hacer Deporte"

 

Carballo, en 1990. / Miguélez

La denuncia de una exgimnasta por abusos sexuales continuados contra Jesús Carballo, de 69 años y seleccionador nacional de gimnasia femenina durante más de 30, ha conmocionado al deporte españo
l. La policía considera “totalmente veraces” los hechos, que se remontan a los años setenta y ochenta y se cometieron presuntamente cuando la denunciante era menor de edad, según el informe de diligencias al que ha tenido acceso este diario
. EL PAÍS ha podido hablar con la mujer que presentó en diciembre la denuncia, hoy de 48 años, así como con compañeras suyas en el equipo nacional que corroboran su versión y aseguran que los abusos se sucedieron con diferentes víctimas hasta al menos mediados los ochenta. Todas piden no dar sus nombres por respeto a su intimidad y de sus familias, a las que, en algunos casos, ni siquiera hoy han contado lo sucedido.
Carballo negó ayer todas las acusaciones a través de sus abogados. El caso ha sido sobreseído provisionalmente por un juzgado madrileño, decisión que han recurrido tanto la deportista como el Consejo Superior de Deportes (CSD) ante la Audiencia Provincial de Madrid.
En su declaración ante la policía, la mujer detalló los abusos y agresiones sexuales a los que supuestamente fue sometida desde los 12 hasta los 15 años por el exseleccionador, que incluyeron penetraciones y se produjeron “en los entrenamientos, hoteles de concentración del equipo, así como en el propio vehículo del denunciado”, como recoge el informe policial. Carballo, que se había hecho cargo de la selección femenina tras dirigir un tiempo la masculina, tenía entonces 33 años.
"Tenía gran habilidad para someternos a su voluntad", afirma otra de las deportistas
“Él me decía que era mi padre y lo cierto es que yo pasaba más horas con él que con mi familia. Tenía sentimientos encontrados: le admiraba, le quería, pero a la vez tenía terror y me sentía obligada a soportar cosas”, recuerda ahora esta mujer, una de las mejores gimnastas españolas a finales de los años setenta. “Me volvía loca intentando averiguar qué había hecho mal porque unas veces me trataba bien, otras mal y otras me ignoraba sin motivo aparente”.
Por aquella época las chicas que formaban parte del equipo nacional se entrenaban unas cinco horas diarias entre semana y hasta ocho los sábados y domingos en las antiguas instalaciones del INEF de Madrid. Aunque no vivían juntas, algo habitual a partir de mediados los ochenta, realizaban varias concentraciones al año, en hoteles o chalets alquilados por la federación española.
El informe añade 14 testimonios que acusan al entrenador de trato vejatorio
Otra gimnasta del equipo, que compartía habitación con ella, fue testigo de los abusos en uno de esos hoteles. Ante la policía ha apoyado el relato de su compañera. “Nos concentraron en un hotel antes de los Juegos de Moscú. Casi todas las noches Fillo [como se conoce a Carballo en el mundo de la gimnasia] venía a la habitación. Esa noche, como muchas otras, a mí me dio un masaje para soltarme la espalda. Luego le oí en la cama de al lado. Yo estaba paralizada por dentro. Cerré los ojos y me hice la dormida. Era tan duro que nunca nos atrevimos a hablar de ello entre nosotras. Fue muy traumático”, asegura en conversación telefónica.
No todas sufrieron abusos sexuales, solo “las elegidas”, siempre según la versión de las denunciantes, a la que la policía da total credibilidad. “Él tenía una psicología increíble. Sabía perfectamente con quién podía y con quién no. Tenía una gran habilidad para someternos a su voluntad”, continúa el relato la compañera de equipo, de 47 años y que también fue olímpica. “Conmigo intentó algún acercamiento sexual sin éxito. En una ocasión me dio un beso en los labios en contra de mi voluntad y luego me dijo: ‘Quería ver cómo es en realidad lo que vivo en mis sueños’ o algo así. Apunté en mi diario: ‘Es el día más repugnante de mi vida”.
El juezo sobreseyó el caso porque el delito ha prescrito y no hay pruebas de otros
El clima en que se desarrollaban los entrenamientos era de control total por parte del seleccionador, aseguran varias compañeras que también aportaron sus testimonios a la denuncia policial. “Al principio compartíamos sala de entrenamientos con los chicos, pero en cuanto él llegó puso un muro entre medias. Nos prohibía mirarlos, hablar con ellos.
 Nos decía que los hombres eran el demonio. Empezamos a vivir con miedo”, relata una de ellas. “El ambiente entre nosotras era raro.
 Algunas estaban absorbidas emocionalmente por Carballo, competían por sentarse con él en el coche, por estar siempre con él. Tiene el don de la manipulación. Todas teníamos una confianza total en él. Era un ambiente de amor desmedido y al mismo tiempo de miedo real”, añade otra.
En esa época no había médicos o psicólogos ni fisioterapeutas que atendieran a las atletas en la sala de entrenamientos y era el propio Carballo quien, por ejemplo, se encargaba de dar masajes a las niñas.
Según la investigación policial, dos de las gimnastas aseguran que en los años ochenta denunciaron estas situaciones a una directiva de la federación, sin que su queja tuviera consecuencias.
La denunciante y el CSD han recurrido ante la Audiencia Provincial de Madrid
Los agentes, que forman parte de una brigada especializada en delitos sexuales, han entrevistado a decenas de personas, entre ellas varias componentes del equipo nacional, actual y de otras épocas. “Muchos (…) no han querido prestar declaración o no han querido involucrarse por temor a represalias en el ámbito laboral al señalar a Jesús Carballo como la persona que monopoliza el mundo de la gimnasia artística”, asegura el informe
. El exseleccionador no ha sido citado porque no ha sido imputado.
Los abusos sexuales a menores prescriben en España cuando han transcurrido 20 años desde que la víctima alcanza la mayoría de edad. La policía no ha encontrado “indicios suficientes” de que el entrenador haya abusado de otras gimnastas en épocas posteriores, aunque no lo descarta. Si aparecieran nuevas denuncias o indicios de casos posteriores podría reabrirse la investigación.
El juzgado de instrucción número 11 de Madrid sobreseyó el caso porque el delito está prescrito y no hay pruebas de otros casos.
Ahora debe pronunciarse la Audiencia Provincial de Madrid sobre los recursos presentados por la denunciante y el CSD. El CSD declinó hacer comentarios sobre el asunto, aunque fuentes del organismo subrayaron que su actuación en todo el proceso “ha estado presidida por la prudencia y la firmeza que la situación y los acontecimientos requerían”.
A raíz de la denuncia, el CSD decidió apartar a Jesús Carballo de su puesto en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid a finales de enero y le prohibió el acceso a las instalaciones. Los abogados de Carballo pidieron que se revocaran las medidas, a lo que el CSD se negó. Ante la imposibilidad de acceder a la sala donde se entrena el equipo, el exseleccionador pidió la baja voluntaria en la federación, presidida por su hijo, Jesús Carballo. Carballo padre tiene cuatro hijos de un primer matrimonio y un quinto con su segunda mujer, que fue gimnasta de su equipo.
El proceso que llevó a estas mujeres a dar el paso de denunciar unos hechos que ocurrieron hace más de tres décadas ha sido largo y tortuoso. Cuentan que cuando dejaron la competición se alejaron también de la gimnasia, un deporte en el que la mayoría había empezado cuando apenas tenían seis o siete años y al que habían dedicado toda su infancia y adolescencia.
 El año pasado volvieron a encontrarse ya como adultas y empezaron a hablar con claridad de lo que habían sufrido.
“A raíz de ese reencuentro nos dimos cuenta de que no éramos las únicas víctimas y que habíamos sido gimnastas de varias generaciones las que sufrimos sus abusos. Nos entró el pánico. Pensamos que igual esto seguía ocurriendo y decidimos pedir ayuda al CSD”, recuerda la denunciante. “Solo dimos este paso cuando nos sentimos unidas, fuertes y psicológicamente preparadas. Solo queremos sanar y que Fillo sepa que sus actos nos hicieron mucho daño cuando solo éramos niñas”.
La actuación policial no se ha limitado a posibles delitos sexuales.
 Hay 14 testimonios más que señalan “episodios de tratos vejatorios, humillaciones e insultos de Jesús Carballo hacia las gimnastas, así como en algún caso se indica que como consecuencia de este trato se pudiera haber causado lesiones que impidieron continuar la carrera deportiva”, prosigue el escrito policial. “La mayoría de las declaraciones hace referencia a aspectos como control absoluto, dominación, sumisión de las gimnastas, y aislamiento con respecto a otros equipos (…) así como al hecho de que este habría mantenido varias relaciones sentimentales con algunas de las gimnastas que estaban a su cargo cuando estas eran menores de edad, todo lo cual a juicio de esta instrucción podría suponer una mala praxis”.
Para la denunciante el daño fue mayor. “Carballo me destrozó la vida. Las consecuencias del abuso las sigo padeciendo hoy. La sala verde [una dependencia del gimnasio] sale en todas mis pesadillas”, asegura, y precisa que hasta el año pasado ni siquiera fue capaz de hablar del tema. Cuando lo hace ahora aún se nota que sigue siendo un trago muy difícil para ella, tanto que no puede evitar las lágrimas. “Entre las cosas que más me duelen es que digan que intentamos cargarnos este deporte.
 Amamos la gimnasia, fuimos pioneras en una época en que las condiciones eran muy diferentes. Este asunto no tiene nada que ver con la familia Carballo, ni siquiera con la gimnasia. Es un caso de abusos físicos, psicológicos y sexuales a menores. Durante todos estos años he pensado que en algún momento de mi vida Fillo me pediría perdón. Hoy ya no lo creo”.

Según Boyero

GREGORIO BELINCHÓN

Entre los muchos dones que posee la escritura de Scott Fitzgerald está la hondura para describir con frases inolvidables los sentimientos, lirismo lacerante, creación de atmósfera, sobriedad expresiva para retratar la mayor complejidad emocional, poder de sugerencia, una capacidad narrativa que no precisa de adornos. Pero este maravilloso contador de los desastres íntimos, el desasosiego, la pérdida, la autodestrucción, los sueños rotos y el desgaste que provoca el tiempo sigue sin tener suerte cuando el cine se empeña en adaptar su sutil, doloroso e identificable universo.
Cannes ha sido inaugurado con una nueva versión de El gran Gatsby, que tal vez sea la novela más celebérrima de Fitzgerald, aunque no la mejor para mi gusto
. A Jay Gatsby, ese hombre enigmático y romántico que creó un imperio para intentar recobrar al amor de su vida, lo encarnó Alan Ladd en una película que no he visto nunca y posteriormente Robert Refford en un retrato académico, mediocre y epidérmico que dirigió Jack Clayton.
 Ahora lo encarna Leonardo DiCaprio, alguien al que puedes asociar a la imagen que tenemos de Gatsby y que él se esfuerza por dotar de alma.
Pero el director de la historia es el temible Baz Luhrmann, señor al que apasiona ante todo la parafernalia, un lenguaje visual exhibicionista hasta el mareo, incapaz de transmitir sentimientos auténticos, portador de una estética exuberante y rebuscada al exclusivo servicio de la oquedad.
Es el autor de películas tan floridas como tontas, que me irritan particularmente, tituladas Moulin Rouge y Romeo + Julieta y no se le ha ocurrido otra cosa a director tan pinturero y prescindible que encapricharse del intimismo de Fitzgerald y montar una verbena visual que está mucho más preocupada por el despliegue de la cámara que por lo que les ocurre a los personajes, por impactar estéticamente al espectador en vez de conmoverlo con esta historia de amor que no puede tener final feliz.
Luhrmann dispone de un presupuesto fastuoso que derrocha rodando en absurdas tres dimensiones, haciendo una muy costosa reconstrucción del Nueva York de los años veinte, decorando hasta la floritura mansiones palaciegas, filmando fiestas y bailes a ritmo de hip-hop, que a veces combina con música de Gershwin.
 Es tan vanguardista y tan destroyer que ambientar con jazz el mundo de Fitzgerald le debe de parecer muy antiguo y paleto. Para él lo más cool es plantarle unas gafas negras al espectador y atronarle los oídos con música discotequera para hablarle de la torturada personalidad y las tristes vivencias del soñador Gatsby, la sofisticada y juguetona Daisy Buchanan, el lúcido y concienciado narrador Nick Carraway y las cínicas reglas que rigen el mundo de los muy ricos.
Repito que DiCaprio hace lo que puede para intentar dotar de espíritu a Gatsby.
También el inquietante Tobey Maguire y la camaleónica Carey Mulligan, pero el director se encarga en cada aparatosa secuencia de borrar las inquietudes de Fitzgerald.
 Si este levantara la cabeza se llevaría un susto notable al constatar la superficialidad con la que está tratada la tragedia que él contó en su novela.
A pesar de este arranque tan poco estimulante, la programación del festival invita a la ilusión
. Dispone de una sección oficial que va a exhibir las últimas obras de directores de los que puedes esperar mucho, como los estadounidenses Alexander Payne, James Gray, Soderbergh, Jarmusch y los hermanos Coen, el japonés Koreeda, el iraní Farhadi, el italiano Sorrentino, el danés Winding Refn y el polaco Polanski.
Y también es inevitable que te hagas una pregunta desasosegante al plantearte a raíz del cierre de Alta Films cuántas de estas películas podrán ser estrenadas en España
. Los distribuidores independientes lo tienen crudo. Se exhibe bastante cine inestrenable en los festivales pero también películas muy atractivas que no pertenecen a las multinacionales, que hemos podido disfrutar en España gracias a los pequeños e independientes distribuidores.
Y te asalta el temblor cuando Alta Films nos informó que de 220 salas que exhibían en versión original este tipo de cine ya solo quedan abiertas veintitantas.
 Habrá que salir de España, como en la época de la siniestra censura franquista, para poder ver determinado cine.
Y sé que esto suena a frívolo, cuando mucha gente está emigrando de este país por algo tan acuciante y angustioso como encontrar trabajo.
 Pero no solo de pan vive el cinéfilo.
Luhrmann hace un Carnaval de cartón piedra pintado de porpurina, hasta las joyas son extravagantes y parecen de bazar de Turquia, los trajes y pañuelos de las chicas son de Carnaval. Pero el anillo con pedrusco que lleva Leonardo es una gozada porque encierra todas sus ilusiones y optimismo.

Leonardo DiCaprio, el último Gatsby

Ha crecido en el cine a la vista de todos, y eso no es precisamente cómodo. Pero ha logrado convertirse en el gran actor que quería ser desde niño

Su buena estrella regresa en una de las películas más esperadas del año, dando vida a Jay Gatsby, el protagonista del clásico literario de Francis Scott Fitzgerald.

Escena de ‘El gran Gatsby’, ambientada en el Nueva York de los años veinte. / BAZMARK FILM III PTY LIMITED

A Baz Luhrmann le gusta recordar al chaval de 18 años que era Leonardo DiCaprio cuando protagonizó Romeo y Julieta y compararlo con el hombre en el que se ha convertido ahora, 20 años más tarde.
  Alguien que es bueno “porque disfruta con lo que hace”, ha dicho Clint Eastwood en varias ocasiones. Alguien capaz de dejar a Martin Scorsese sin palabras “porque no las hay” para describir lo que ocurre cuando actúa, “la profundidad psicológica y emocional a la que está dispuesto a ir y va”.
 Y es difícil dejar mudo al director de El aviador, Gangs of New York o Infiltrados, algunas de las cintas rodadas con el que se ha convertido en una de sus musas. Luhrmann tampoco se anda con reservas: “Conocí a un chaval con talento y ahora es un hombre en control.
 Un gran actor. Y no hemos visto ni la mitad de lo que es capaz de hacer”.
DiCaprio no necesita los halagos. 
Él será eternamente “rey del mundo” en la proa del Titanic
. Lo sabe. Sentado con las piernas cruzadas, el tobillo encima de la rodilla, la chaqueta Armani a la espalda y el gesto altivo, es un hombre de pocos movimientos, pero de los que miran a la cara cuando habla.
Lo único que le pido a una película es que me ofrezca un personaje de peso

. De otro modo, como actor, es aburrido"
Siempre quiso ser tomado en serio
. Su conversación, llena de esdrújulas y nociones de altos vuelos que medita antes de abrir la boca, parece querer dejar claro que es más que una cara bonita.
 Nunca le gustó esta parte de su trabajo, la de hablar con la prensa. 
 Prefiere volver una y otra vez a su obra para mantener su verdadero yo fuera de cámara, en la oscuridad, como le recomendaron en sus comienzos.
 Pero hoy está sentado en el hotel Plaza de Nueva York, con Luhrmann, el director y el amigo, de nuevo a su lado, y con Tobey Maguire, junto al que empezó en esta industria y con quien trabaja por primera vez en la misma película, en la habitación contigua.
 Parece que está dispuesto a bajar la guardia. 
Los tres unidos para dar vida a la esperada adaptación de El gran Gatsby, la nueva adaptación cinematográfica del clásico literario de F. Scott Fitzgerald que se ha estrenado este viernes en España.
“Es uno de los personajes mejor escritos y más atractivos que he leído nunca”, sopesa el actor. 
Una obra que leyó como deberes de instituto cuando era adolescente, y que entonces no apreció en detalle. Da una calada al cigarrillo electrónico que le ayuda a combatir un vicio que le acompaña desde joven y reflexiona:
 “Nunca antes me di cuenta de la gran tragedia que se esconde detrás de esta historia de amor, una persona obsesionada con Daisy Buchanan, que es su pasado, alguien a quien necesita poseer para convertirse en ese hombre triunfador, hecho a sí mismo, que siempre soñó ser”.
Luhrmann describe El gran Gatsby como “el Hamlet americano”, donde Leo es su príncipe de Dinamarca, el único que podía hacerlo. DiCaprio ve en el personaje una figura fuerte, estoica, en control, “ese hombre rodeado de misterios que se los gana a todos”.
 Las descripciones del personaje le pegan a él, carne de prensa del corazón gracias a su éxito y a la galería de modelos y bellezas de su historial sentimental, desde Erin Heatherton a Blake Lively, Bar Refaeli o Gisele Bundchen
. De él se sabe poco, tiene aplomo y maneja la situación. Siempre se mantiene en control.
 Como recordaba un ejecutivo de los estudios Warner, productores de El gran Gatsby, no hay proyecto de DiCaprio que no vea la luz.
Desde ‘Titanic’, su filmografía no ha incluido un galán. Hasta ahora. “No eres la primera que me pregunta por qué no interpreto historias románticas o por qué me niego a hacer de galán, y no hay nada de eso”, se rebela.
 “Con la mano en el corazón: si no lo he hecho antes es porque lo único que le pido a una película es que me ofrezca un personaje de peso. De otro modo, como actor, es aburrido. Jay Gatsby tiene todos los elementos”.
De él se sabe poco. Tiene aplomo y control
. Como recordaba un ejecutivo de los estudios Warner, “no hay proyecto de DiCaprio que no vea la luz”
Su mirada intensa, mitad altiva, mitad angelical, hace difícil no creerle. 
Además, con El gran Gatsby se le ve dispuesto a todo, incluso se ha entregado a la prensa en ese circo cinematográfico que es Cannes, donde se presentaron el 15 de mayo.
 De nuevo echa mano de su cigarro electrónico y acompaña sus palabras con un suspiro y una media sonrisa. Ya ha estado en Cannes y sabe de lo que habla: “Es el vivo retrato de La dolce vita. 
 Toda la ciudad se convierte en una gran alfombra roja”.
Está bien acompañado en el proyecto: “No me habría aventurado de no contar con esos increíbles aliados que tengo en Baz y en Tobey.
 Somos como familia, capaces de construir entre nosotros ese pacto de compromiso que nos permitió ser honestos en todo momento y volcarnos en descubrir todo lo que Fitzgerald trató de mostrarnos con sus palabras”, asegura. Desde la otra habitación, Maguire le toma el pelo: 
“Se empeña en hablar de pacto, de contrato. Yo le llamo ser amigos”.
Algo más que El gran Gatsby ha llevado a DiCaprio a zambullirse en el proyecto de narrar en imágenes lo que Fitzgerald hizo en papel.
 Mostrar los excesos de la sociedad americana de los años veinte es también válido ahora. Inevitable compararlo con la opulencia de Hollywood, sus fiestas, su brillo, su glamour. “Mi vida es muy diferente”, afirma DiCaprio. “Gatsby ha perdido todo contacto con la realidad.
 Lo que ha creado a su alrededor son grandes fiestas a las que todos quieren ser invitados, pero nadie acude a su funeral después del escándalo. 
Yo crecí rodeado de mi familia y de grandes amigos que han estado conmigo toda la vida.
 Pero sí me identifico con la ambición, con el soñador que hay en Gatsby, con quien trabaja incansablemente para convertirse en ese gran hombre que quiso ser desde niño”.
DiCaprio habla de corazón cuando se refiere a sus amigos, ese grupo en su día bautizado como el “Pussy Posse” y que además de Maguire incluye a Lukas Hass o a Kevin Connolly, gente de la que no se ha separado desde la década de los noventa, cuando un exultante DiCaprio cambiaba su billete de primera para ir a Australia a rodar Romeo y Julieta por varios billetes de sencillos mortales y poder así volar con su séquito. 
“No estuve en esa ocasión, pero me acuerdo de la hazaña”, añade Maguire con sonrisa pícara.
Los lazos siguen aunque los tiempos cambien. Ahora las aventuras adolescentes dejan paso a comportamientos más adultos. DiCaprio sigue soltero y sin hijos, pero fue testigo de la boda de Kate Winslet, ayudó a llevar el féretro de la madre de Connolly y es padrino de los vástagos de Tobey. “Y uno de los buenos”, añade Maguire.
Me identifico con el soñador que hay en ‘Gatsby’, quien trabaja incansable para convertirse en lo que quiso ser desde niño”
Los cuarenta se vislumbran en el horizonte y su sombra le asusta como a cualquier otro. 
“¡Me quedan dos años y me voy a agarrar a ellos como pueda!”, dice defendiendo lo que le queda de treintena.
 “La verdad es que ahora me siento más cómodo de lo que me he sentido nunca”, añade más serio. “Supongo que pasa con la edad, ¿no? He crecido en esta industria.
 Llevo actuando desde que tenía 13 años. ¡Desde que conozco a Tobey!
 He crecido en la pantalla y a la vista de todos. No es especialmente agradable. Pero ahora estoy por fin en ese momento en el que me doy cuenta del gran viaje que ha sido mi vida, capaz de hacer realidad mis sueños de juventud, de cuando vivía en Hollywood y soñaba con actuar, con poner el pie en la puerta. No acababa de sentirme parte hasta que, como dice mi madre, me tocó la lotería. 
No fue un accidente, porque siempre quise ser actor, pero tuve la suerte de hacer Vida de este chico y ¿A quién ama Gilbert Grape? en lugar de una de estas grandes franquicias juveniles de Disney”.
Leo insiste en que lleva una vida normal. No le gustan las fiestas, más allá de juntarse con sus amigos a decir tonterías; ni la moda, a excepción de las chaquetas, por las que siente debilidad.
 Es un lector infatigable y le interesan los deportes, pero desde las gradas, aunque practica submarinismo porque ahí se aísla de todo y de todos.
 Y básicamente le seduce el cine, cuando trabaja (con El gran Gatsby son tres las películas rodadas en dos años junto a Django desencadenado y The Wolf of Wall Street) y cuando no lo hace. En esos periodos se vuelca en su labor altruista en defensa del medio ambiente.
 “Ten un ojo puesto en la subasta de Christie’s de la que espero la mayor recaudación de fondos para la defensa de la naturaleza gracias a las donaciones de 33 artistas contemporáneos”, me ofrece como pista de su última labor en este campo.
Un optimista, como Gatsby, dentro o fuera de Hollywood.
 Pero con los pies en la tierra. “Por supuesto que en ocasiones me siento desencantado con la industria. O superado por el mundo en que vivimos. Nos pasa a todos, ¿no? 
Pero cuando digo que me siento más cómodo de lo que me he sentido nunca, lo digo en serio. Tendrá que ver con la edad. O con la experiencia. Pero lo digo con toda honestidad.
 De veras”. Sus ojos siguen chispeando.
Tiene unos preciosos ojos azules, es el relevo masculino de actor, se lo rifan los buenos directores y él es sabio y actúa porque no solo fue un Mascarón de Proa en El Titacnic un muchacho que vieron con amor muchas jóvenes, pero a parte quedaba la duda si se congelaría o no en aquellos Hielos.
Fue creciendo en años y sabiduría y sus películas profundas como la Máscara de Hierro  dónde me di cuenta que era un gran actor. Muy buen actor.
Lo dejó claro en un peculiar Romeo y Juliet, 
En La Playa me despistó no me acababa de gustar pero bueno, se llenaba de público femenino y masculino por aquellas plantas que igual hacian que fuera más soporifera.
Trabaja con los mejores aunque el Director del Gran Gatsby estropeara la Película pero a ël NO.

 

Periodismo a golpe de verso

Llega a las librerías la poesía de la ácida escritora y guionista estadounidense Dorothy Parker Esta faceta de su obra permanecía inédita en español.

La escritora Dorothy Parker, en 1935. / Hulton Archive

Que nadie lo dude, detrás de la afilada lengua de Dorothy Parker se agazapaba una mujer en exceso sentimental y romántica.
 A fin de cuentas, su (siempre a mano) arsenal de dardos tenían una diana favorita: ella misma.
 La maestra del relato corto, mordaz crítica de teatro y libros, dramaturga y cronista inmisericorde de una época que se precipitó al vacío de la Gran Depresión, también cultivó, y mucho, la llamada “poesía ligera” o “poesía flapper”, en referencia a las liberadas chicas de la era del jazz.
Publicada hasta 1944 en libros y revistas como The New Yorker, Vanity Fair y Vogue, la obra poética dispersa de Parker se reunió por primera vez en un libro en 1996 y después, en otro revisado y ampliado, en 2009
. Es esta última edición la que ahora llega a España, donde su poesía no se había traducido hasta la fecha.
Los poemas perdidos (Nórdica), con traducción de Guillermo López Gallego y Cecilia Ross e introducción de Stuart Y. Silverstein, nos ofrece el perfil menos popular de la autora de Una rubia imponente. “Se trata de poesía periodística, de actualidad, un género bastante peculiar”, apunta Diego Moreno, editor del volumen.
 “Cuando sacamos hace un mes una versión ilustrada de Una rubia imponente, que por cierto está siendo un éxito de ventas, decidimos que fuese acompañado por el lado menos conocido de la escritora”.
Parker publicó durante años sus poemas en decenas de revistas en las que colaboraba.
 Estas islas en verso remiten a personajes de la época, a modas y figuras populares y, es obvio, a ella misma. “Después del primer intento de suicidio, Dorothy se perfumaba con nardo de vez en cuando, por ser lo que los sepultureros usaban tradicionalmente con los cadáveres.
 Su poesía también adoptó un tono menos despreocupado y de actualidad”, apunta Silverstein.
Practicaba un género de actualidad bastante peculiar”, explica el editor
En su documentada introducción recuerda cómo a partir de aquel momento la vida de Parker se convirtió en un rosario de amantes y en un desastre doméstico, la escritora —“alguien dijo que se comía el bacón crudo porque no sabía freírlo”—, se gastaba el dinero (que jamás le preocupó demasiado) en ropa, tabaco, alcohol, perfumes y sombreros. Una columnista de la época, que firmaba Elspeth, la retó con un poema por celos profesionales. Parker, recuerda Silverstein, pasaba uno de sus peores momentos
. Desde las cuevas de la depresión respondió a su colega: “Señora, he leído su verso sobre mí… Ese en el que escribe ‘¡Cómo me gustaría encontrarme con esa persona a solas una noche de ébano!’.
 Aunque sus deseos de herir fueran escasos, hizo usted lo que mejor supo: Verá, alguien, cuando mi corazón estaba frágil, me dirigió esas mismas palabras.
Señora, acepte mis humildes saludos; acepte mi gratitud; pero permítame decir que si no fuera por los encuentros a media noche, hoy podría andar erguida”.
Como tantos escritores que sufrieron la resaca de la Gran Depresión, Parker viajó a Hollywood con su segundo marido para escribir guiones.
 La aventura en la Costa Oeste acabó —entre idas y venidas de la pareja— cuando el Comité de Actividades Antiamericanas acusó a la escritora de peligrosa comunista. Parker volvió a Nueva York para dedicarse al teatro. De la poesía, ni rastro
. En Los poemas perdidos la última huella está en su colección de Canciones del odio:
 “Odio a las esposas, las tiene demasiada gente…”; “Odio a los maridos, reducen mis posibilidades…”; “Odio a los universitarios, me tocan los pies…”; “Odio al despacho, se entromete en mi vida personal”; “Odio a los pesados, me quitan la alegría de vivir…”; “Odio a los jóvenes, me dan arteriosclerosis…”.
Como tantos contrasentidos de su intensa vida, la tristeza impregna los mejores pasajes de una escritora conocida por su sagaz humor; que se confesaba vaga, pero, incapaz de hacer mal su trabajo, se volvía obsesiva y perfeccionista; que despertaba la atracción de los hombres, pero luego estaba imposibilitada para retenerlos (como deseaba); que calculó mal sus fuerzas frente a las drogas y el alcohol.
Cuentan que cuando ya mayor y enferma la ingresaron en un hospital el médico le advirtió de que si seguía bebiendo moriría en un mes. Parker respondió: “Promesas, promesas”.
 Tardó aún unos años en morir, en 1967, en la habitación de un hotel y de un ataque al corazón.
Llegados a este punto, se suele echar mano de su famoso epitafio (“Disculpen el polvo”) en la Asociación Nacional para el Desarrollo de las Personas de Raza Negra (NAACP), sus herederos y donde yacen sus restos.
 Lo que pocos suelen recordar es que las cenizas de Dorothy Parker permanecieron olvidadas en la oficina de sus abogados durante 21 años sin que nadie las reclamara.
Seguro que la ingeniosa escritora le hubiera sacado punta al asunto, pero sinceramente, maldita la gracia.