Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

21 feb 2013

Te digo que no vale



Te digo que no vale

Te digo que no vale
meter el sueño azul bajo las sábanas,
pasar de largo, no saber de nada,
hacer la vista gorda a lo que pasa,
guardar la sed de estrellas bajo llave.

Te digo que no vale
que el amor pierda el habla,
que la razón se calle,
que la alegría rompa sus palabras,
que la pasión confiese: Aquí no hay sangre.

Te digo que no vale
que el gris siempre se salga
con la suya, que el negro se desmande
y diga cruz y raya,
al júbilo del aire.

Vuelvo a la carga y digo: Aquí no cabe
esconder la cabeza bajo el ala,
decir no lo sabía, estoy al margen,
vivo en mi torre sólo y no se nada.
Te digo y te repito que no vale.


José Martí

“No creo en la educación sin límites”

Maestra e hija de Josefina Aldecoa, ve más despistados que nunca a los padres

 

Aldecoa: “Los chicos no cambian; lo hace el mundo”. / Cristobal Manuel (EL PAÍS)
Como admiradora de Jane Austen, sostiene que para aplicar criterios educativos, como en muchas otras cosas de la vida, basta poner unas dosis de sentido y sensibilidad.
 Susana Aldecoa aprendió pronto a extrapolar. Con apenas 15 años, perdió a su padre, el escritor Ignacio Aldecoa, por uno de esos infartos fulminantes y ahí mismo desapareció su adolescencia.
Una de las reglas no escritas de esta página obliga a compartir refrigerio con el entrevistado pero, dado los tiempos de austeridad que corren, lo mismo para la prensa que para los centros privados, propone compartir el menú con los alumnos del colegio Estilo, que dirige desde que falleció, hace dos años, su madre, la escritora Josefina Aldecoa.
No le distraen ni los impresionantes carteles, dibujados por los alumnos que decoran las paredes, ni el ruido que genera un centro educativo: “Educar es enseñar a pensar. Mi madre siempre decía que había que encaminar a los niños para que supieran vivir, para que fueran felices y, para eso, había que respetar el desarrollo armónico de la personalidad de cada uno.
Se trata de formar seres tolerantes, reflexivos, empáticos y creativos en una atmósfera humanística y en libertad”.
Lo suelta de corrido, como una lección bien aprendida
. De hecho, se trata de una de las tesis de La buena educación, el libro que ha publicado con la psicóloga María Jesús Álva Reyes
. La idea de ambas autoras es que, nunca hasta ahora, padres y autoridades se habían preocupado tanto por el tema y nunca han estado tan despistados.
 Los problemas nacen con la primera infancia, donde se fragua la mayor parte del talento intelectual. Desaconseja superprotegerlos:
 “Esas teorías de vivir sin pautas y sin fronteras ya han sido superadas.
No creo en la educación sin límites”, confiesa.
 “No hablo de dureza pero sí de firmeza.
 Un educador debe tener claro lo que se puede consentir, una situación que debe ir acompasada con el temperamento y las aficiones del chico”.
De alumna fundadora del colegio a profesora, Aldecoa nació sin vocación como maestra pero su árbol genealógico apuntaba a lo contrario: su abuela, su tía, su madre..
. Tras licenciarse en Geografía e Historia en la rama de Arte y pasar una temporada en Londres volvió al Estilo como profesora de inglés, tres tardes a la semana.
Han pasado 30 años y aquí sigue, sentada en uno de los pupitres de los pequeños y posando para el fotógrafo. “Trabajar con niños, los seres más puros y sin contaminar, es muy gratificante. He aprendido a ver el mundo por sus ojos y a descubrírselo a ellos”.
 La actividad de un colegio, dice, tiene un punto conventual, como si vivieras durante ocho horas sumergido en el mundo del aprendizaje. “Luego sales a la calle, enciendes la radio del coche y te enteras de los horrores”.
Como docente, a lo largo de estas décadas, ha visto crecer a varias generaciones de niños con sus respectivos padres:
 “Los chicos no cambian; el alma sigue siendo la misma, se modifica el mundo que les rodea”.
Firme defensora de la enseñanza pública, considera que no hay nada exclusivo en lo que hace: “Se trata de aplicar principios, no de privilegios”, concluye Aldecoa.

Espejismos de una pasarela


El continente no se justifica en sí mismo. La pasarela es solo un pasillo largo con sillas a los lados. Lo que la convierte en una semana de la moda más o menos relevante es su contenido. Porque por el simple hecho de celebrarse sobre la tarima de Ifema, una presentación no adquiere la categoría de desfile. Y algunas de las vistas durante esta Mercedes Benz Fashion Week Madrid (MBFWM) se quedan en simples catálogos andantes carentes de ambición creativa. O en ejercicios promocionales, sin un proyecto ni un discurso textil que las sustente. El espectáculo por el espectáculo puede asegurar minutos de televisión, pero tiene un riesgo: acabar transformando la pasarela en mero escenario.
Existen otras formas de enseñar un producto fuera de los límites de Ifema, pero tal vez, como apunta Daniel Rabaneda, "no tienen la misma repercusión ni la relevancia que ofrece Cibeles, y que es la que una marca necesita para crecer". Junto a Etxebarria y Moisés Nieto, el diseñador sevillano es una de las nuevas incorporaciones de esta 57ª edición. La temporada pasada, los tres desfilaron dentro del Off, que engloba las presentaciones organizadas y sufragadas íntegramente por los diseñadores, pero que se incluyen en el programa oficial de la MBFWM.
Los criterios económicos, más allá de las posibilidades mediáticas, han sido decisivos para Rabaneda, que ha dejado de contar con la Diputación de Sevilla como socio capitalista aunque mantiene al resto de sus accionistas.
 Su anterior desfile, que tuvo lugar en un jardín privado de Madrid, costó 30.000 euros.
 El que acaba de facturar en Ifema, poco más de 3.000: la cuota que abonan todos los diseñadores desde hace cuatro años. "Además, la organización pone las modelos, la peluquería, los focos, el sonido, el espacio. Y tú puedes concentrarte por completo en la colección", argumenta.
Su decisión, sumada a las de Nieto y Etxebarria, evidencia dos inquietantes realidades que inducen a la reflexión.
 La primera, que las plataformas alternativas funcionan como canales de transición hacia la MBFWM. Y segunda: todos los caminos llevan a Cibeles.
Modelo de Verino. / CARLOS ROSILLO
Así Aristocrazy, la firma de joyas accesible de Suárez, volvió a optar por un desfile en solitario para mostrar su trabajo. Presentó grandilocuentes e improbables piezas creadas ex profeso para cámaras, redactores y público, pero que no llegarán a sus tiendas. “Queremos estar cerca de la moda, comunicar que adquirir joyería no tiene por qué ser una acción premeditada y ocasional. Buscamos asociarnos al circuito de compra habitual de las mujeres”, explica su director de producto, Juan Suárez.
Sus intenciones son legítimas y, al parecer, fundadas.
 Su debut de hace un año reforzó la visibilidad de la marca, su imagen y sus ventas.
 Pero, ¿por qué le interesa a Cibeles contar con ellos en su calendario? “Nos hicieron una propuesta y aceptamos porque sus piezas representan la moda en el momento: van innovando y cambiando. Es una cita especial”, argumenta Cuca Solana, directora de MBFWM.
 Quizá por eso Aristocrazy no comparte el mismo régimen que el resto de diseñadores y debe hacerse cargo de todos los costes de su presentación, desde las modelos al maquillaje.
 Otras muchas firmas españolas de complementos, como Tous o Camper, encajan dentro del mismo perfil ¿veremos un desfile solo de zapatos?
Entre tanto espejismo, los Ailanto aportaron un poco de luz con su propuesta inspirada en el trabajo de la pintora ucrania Sonia Delaunay. Tomando su obra como punto de partida, los hermanos Muñoz facturaron unos preciosos bocetos que finalmente “dieron como fruto” los estampados que salpican vestidos y blusas.
Estructuras lineales enfrentadas a formas orgánicas que confirman que la mayor fortaleza del dúo vasco reside en su especial sensibilidad para diseñar tejidos.
 Las siluetas sencillas pero apetecibles y la eficaz paleta de colores —corales, bronces, azules Klein— remataban su mejor colección de los últimos años.

El verdadero autor de ‘La historia verdadera’

El autor refuta las tesis del historiador Christian Duverger en su ‘Crónica de la eternidad’ sobre la autoría de la ‘Historia verdadera de la conquista de la Nueva España’. Para el primero es Bernal Díaz del Castillo. Para el segundo, Hernán Cortés.

Grabado del siglo XVII que muestra a miembros de la tribu Tlaxcala implorando a Hernán Cortés, junto a los volcanes Popocatepetl y Iztaccihuatl.

La historia verdadera de la conquista de la Nueva España, obra maestra de las crónicas de Indias, que se ha tenido siempre como escrita por Bernal Díaz del Castillo, fue compuesta en realidad por el mismísimo Hernán Cortés.
O así lo afirma el distinguido antropólogo francés Christian Duverger en una entrevista publicada en EL PAÍS el pasado 9 de febrero.
Según él, detrás de la secularmente errónea atribución a Bernal habría de hecho una rocambolesca sucesión de azares extraordinarios.
 Cortés habría redactado La historia... poco antes de morir, en 1547, pero esta se mantuvo oculta durante dos décadas, emergió en 1566 y fue enviada a América, aún anónima, para legitimar la causa de los tres hijos de Cortés que allí vivían y que, agraviados por las Leyes de Indias, se rebelaron y quisieron recuperar el poder de su padre
. Uno de los hijos la enviaría a Guatemala, donde residía Bernal Díaz, y cuyo hijo Francisco se la apropiaría, la atribuiría gratuitamente a su padre y la utilizaría como documento para pedir la herencia de la encomienda.
El primer argumento de Duverger en defensa de su tesis es que Bernal fechó el libro “en esta muy leal ciudad de Santiago de Guatemala, donde reside la Real Audiencia”, el 26 de febrero de 1568. El estudioso francés arguye que “la Audiencia en esos años estaba ¡en Panamá!”.
 Pero no es cierto: la Audiencia acababa de volver a Guatemala el 15 de enero de aquel año (estuvo temporalmente en Panamá desde 1563). Un mes más tarde, el 26 de febrero, dató su escrito el anciano conquistador y actual encomendero, subrayando la noticia reciente y seguramente con la esperanza de que la recuperada cercanía de la Audiencia serviría a sus intereses.
En el terreno estrictamente documental, el segundo argumento de Duverger se basa en que “la existencia de Bernal está por primera vez documentada en 1544”.
 Pero los primeros datos que la certifican son de 1539, como figura en el Archivo General de Indias (AGI, p. 55, nº 6 R. 2), en una probanza en que varios soldados dan fe de su presencia.
Con esos errores en la base de su argumentación, bien poca fe cabe prestar a las otras especulaciones de Duverger. Por otra parte, la evolución interna de la crónica en manos de Bernal está documentada con toda claridad.
Mantiene Duverger que este, de ser el autor, debió de comenzar a escribir “a los 84 años, lo que sería un caso portentoso de memoria”. No hay tal. La primicia de la que luego sería La historia verdadera... es una larga carta de relación dirigida al Emperador en 1552, 16 años antes, que se complementa con otras dos de 1558 enviadas, respectivamente, a Felipe II y a Las Casas.
 Como la primera no surtió efecto, en 1553 se enfrasca en la redacción de un “memorial de guerras”, cuyo contenido y directrices irá ampliando hasta constituir la posterior Historia.
 Las sucesivas fases de redacción se aprecian nítidamente, pues los primeros 18 capítulos de la crónica están muy cerca del memorial; el tono, estilo y planteamiento solo varían sustancialmente a partir del capítulo XIX, cuando se plantea rivalizar (“a las buenas llanas”, porque en su estilo “no van razones hermoseadas”) con la Historia de la conquista de México (1552), de López de Gómara, que además le servirá de modelo para capitular la suya, y con la Brevísima historia de la destrucción de las Indias (1555), de fray Bartolomé de las Casas, a quien desmiente en tantos lugares.
 Y en 1585 Alonso de Zorita tenía ya noticia del trabajo de Bernal Díaz del Castillo.
Frente a testimonios internos y externos como esos sobre la génesis del libro, Duverger no da ninguna razón positiva a favor de la autoría de Hernán Cortés.
Sostiene, así, que el estilo de la crónica revela que su autor estaba impregnado de prosa latina y construcciones propias del náhuatl, y que el estilo y cultura que la impregnan son impropios de un soldado. Pero los giros del náhuatl en la prosa de Bernal, tras más de 30 años de vida en Nueva España, son obvios. Por otra parte, de hecho la presunta cultura clasicista que asigna a Bernal se reduce a algunas ristras de nombres sacados, por ejemplo, de textos tan difundidos como las Coplas de Jorge Manrique.
Ningún indicio documental existe sobre las inverosímiles peripecias que imagina Duverger: la secreta redacción de una crónica por parte de Hernán Cortés; veinte años después, los envíos de España a América y dentro de América; los hijos que falsean el texto que les llega misteriosamente...
Pero, además, nada de ello se compadece demasiado con el hecho de que Cortés ya había escrito, entre otras, cinco extensas cartas de relación al Emperador (entre 1519 y 1526) y que ya tenía su propia y muy personalista crónica oficial, la que redactó, por encargo del propio conquistador, y a mayor gloria suya, el citado López de Gómara, a quien tan clara y eficazmente se opone a menudo Bernal Díaz, en la mejor prosa castellana del siglo XVI.
Guillermo Serés, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, ha editado la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España en la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española.