Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

27 ene 2013

De la guerra a la guerrilla

Gao, la mayor aglomeración urbana del norte de Malí, cayó el sábado en manos del Ejército francés secundado por el maliense, y Tombuctú, la mítica ciudad, será arrebatada a los islamistas radicales a principios de esta semana
. Les faltará aun por liberar Kidal, ahora feudo de los tuareg extremistas, pero es solo cuestión de días.
 No hay más centros urbanos en Malí septentrional.
Francia intervino precipitadamente en Malí el 11 de enero para frenar el avance de la rama magrebí de Al Qaeda (AQMI) y sus dos aliados, tuareg islamistas y el grupo que secuestró en 2011 a los cooperantes españoles en Tinduf (Argelia), hacia Bamako, la capital. Pero a medida que enviaba soldados a su antigua colonia —ahora dispone ya de 2.500 hombres— ha ido modificando sus planes.
Primero se trataba de detener la progresión de los terroristas y de sus socios más allá de los límites de ese inmenso territorio (830.000 kilómetros cuadrados) del que se habían apoderado en marzo.
 Para reconquistar el norte, París quería esperar a que estuviera acabado en Malí el despliegue de los Ejércitos de África Occidental (CEDEAO) y de Chad.
Pero la conquista de Gao demuestra que los franceses han decidido hacerse ellos mismos con el control de los núcleos urbanos septentrionales, no así del conjunto del extenso territorio.
De eso se encargará el contingente africano. Pasará de los 3.000 soldados previstos inicialmente hasta 7.700 sin que se sepa aún quién lo va a sufragar.
Los islamistas también han cambiado de táctica.
 En algunos de los pueblos, sobre todo en Konna, de los que se adueñaron a mediados de enero opusieron resistencia al avance de las fuerzas especiales francesas y tuvieron cientos de bajas, según reveló el diario Le Monde.
 En Gao, el sábado, apenas un puñado de hombres hostigó a los franceses antes de retirarse. En Tombuctú el grueso de los terroristas se macharon antes de vislumbrar al enemigo.
Al Qaeda y sus socios huyen hacia zonas colindantes de la frontera norte, hacia los alrededores de Kidal y hacia ese cuerno septentrional de Malí que se introduce entre Argelia y Mauritania. Desde ahí intentarán volver a sus orígenes, es decir a la guerra de guerrillas y a los atentados. Sus primeras víctimas serán, probablemente, los soldados africanos que desplegarán en los lugares más recónditos. El fulgurante avance de las tropas franco-malienses no debe llamar a engaño. Aunque tendrá otro cariz queda aún guerra por delante.
El conflicto será largo a menos que los tuareg no contribuyan a acortarlo.
El grueso de esta minoría étnica del Sahel se había reagrupado en Malí alrededor de Iyad Ag Ghali, un líder histórico que se radicalizó, fundó Ansar Dine (Partidarios de la Religión) y se alió con Al Qaeda. Ahora acaba de surgir en un seno una escisión, el Movimiento Islámico del Azawad, (nombre tuareg del norte de Malí), que ansía negociar con Bamako.
El frente tuareg se fragmenta y debilita de paso a los terroristas a los que no será acaso tan fácil esconderse en las zonas bajo su influencia.

Un soldado maliense en Sevare. / FRED DUFOUR (AFP)

Un Paseo, un recuerdo.....



El fin del buen humor.........Vicente Verdú

Un último informe de CEDRO, la asociación que trata de proteger los derechos de los escritores, nos comunicaba anteayer que el sistema de protección de la propiedad intelectual de los autores y editores de libros se ha debilitado en tal grado que los derechos de autor han quedado “vaciados de contenido económico
”. ¿La razón? Falta de compensación por copia privada, lenidad en la Administración y los centros de enseñanza, usos torcidos de Internet, falta de regulación en los préstamos de las bibliotecas públicas.
La cuestión invitaría a la lástima si al lado del vaciamiento económico de los derechos de autor no se alzara el gigantesco cráter de seis millones de parados.
 Un 36% de ellos ha dejado de comprar carne o pescado, la mitad ha entrado en una depresión, dos millones de hogares tienen a todos sus componentes (potencialmente activos) en un paro tan prolongado que han vendido ya casi un 10% de sus coches, junto a todos los enseres de algún valor.
 Los derechos de autor se han vaciado de contenido económico pero, ¿cómo revertir o comparar esta situación a la que padece el albañil?
Muy característico de esta crisis es que la adversidad, lejos de provocar una reacción subversiva, cae en abatimiento y su contagio crea la extensa cultura de la desesperanza que hoy sobrevuela.
 Cuanto más tiempo un trabajador permanece parado menos esperanzas tiene de hallar un empleo.
De modo que la desdicha de la desdicha se agranda y la maldición engendra otra nueva maldición.
 En estas condiciones no hay lugar sino para la escritura maldita, la cultura del mal.
¿Poemas de amor, novelas de humor y policíacas, excursiones argumentales hacia la historia del antiguo Egipto o la Roma imperial, excursiones hacia los hombres primitivos del Neanderthal? Todo esto junto a los partidos de fútbol y los cotilleos televisivos alivian el peso de la negra tonelada ambiental.
No por casualidad el programa más trivial de la tele se llama Sálvame y los best sellers de la narrativa son aquellos que proporcionan guarida en la oscuridad (la trilogía de Las cincuenta sombras de Grey).
 O, para redondear, los partidos embriagadores entre el Madrid y el Barça se repetirán próximamente a razón de tres por mes.
La derecha franquista sabía bien lo decía cuando en los años de miseria confiaba los víveres a los éxitos del Real Madrid en Europa
. Pero la situación se presenta hoy, igualmente, con el cariz de una dictadura enajenante.
 Millones de protestas son aplastadas por la ideología de una Gran Crisis sistémica, tan fatal como una hecatombe de la Naturaleza.
 El pus de una cólera tan vasta que se extiende ya desde los funcionarios a los albañiles y desde los periodistas al Alma Venus de Gimferrer. ¿Para qué pugnar?
 El poder ha hecho sentir que esta crisis es como el efecto natural de una encrucijada en el seno genético de la sociedad occidental.
De modo que incluso Merkel declara su asombro ante el desempleo de España y la inminencia de una biológica recesión alemana.
Todo ello, como prueba de que el fracaso del sistema neoliberal expande un virus que enferma todo: los niños y sus escuelas, la sanidad y sus sábanas, la investigación y sus cálculos.
Editorial Península ha publicado recientemente un libro mío que, por evidente deseo del editor, se ha titulado Apocalipsis now.
 Nunca, en los preparativos previos a la edición, nos pareció que exagerábamos con ese rótulo teniendo en cuenta las líneas mediáticas evocando una situación “al borde del abismo” así como los diagnósticos que los analistas hacían sobre el final de un tiempo, al modo de las estremecedoras revelaciones de San Juan.
Pero además, visto lo visto, vaciados todos de espíritu, de ingresos de CEDRO incluidos, habríamos de llamar al mundo la Emptiness now.
 Es decir, el mundo donde la creciente vaciedad de soluciones nos privara de toda morada ideológica mientras nos infundirá la desmoralización como ideario emocional y general.

Manet se retrata en Londres

La Royal Academy acoge una ambiciosa retrospectiva centrada en los retratos del artista francés

En ellos, se une el clasicismo de Velázquez y Tiziano con el posimpresionismo de Gauguin.

Un hombre junto 'M. Antonin Proust' de Édouard Manet, en el preestreno de la exposición 'Manet: Retratando la Vida' en la Royal Academy of Arts de Londres. / Andy Rain (Efe)

Cuando Édouard Manet (París, 1832-1883) pintó Olympia, célebre retrato de una belleza desnuda que escruta inmisericordemente al espectador, inspirado en La venus de Urbino,de Tiziano, el rechazo resultó tan feroz como para que un crítico escribiera:
 “El arte ha caído tan bajo que no merece ni reproches”.
Con parecida ausencia de simpatía fue recibida su inmortal comida campestre, Le déjeuner sur l’herbe (1863), en la que dos hombres vestidos y una mujer desnuda comparten escena y viandas.
Ambas obras fueron rechazadas en el parisiense Salón de Otoño por su descaro y por una técnica que, aún nadie lo sabía, acabaría siendo contemplada como revolucionaria.
 Manet, desesperado, escribió a su amigo Baudelaire: los insultos, le confesó, caían sobre él con la dureza del granizo.
Lejos quedaban aún los tiempos en que aquella escena bucólica inspiraría a Picasso y a Jean Renoir. Y aún más distante el día en el que Manet protagonizaría una de las grandes fechas en la temporada de exposiciones londinense.
 Fue ayer, cuando la Royal Academy desveló las cartas de su gran apuesta para 2013: una gran retrospectiva centrada en la faceta de retratista del genio, con 50 obras maestras que muestran que supo vincular la tradición de Velázquez y Tiziano con los planteamientos posimpresionistas de Gauguin y Cézanne.
Le déjeuner sur l’herbe, propiedad de la Courtauld Gallery de Londres, es la estrella de Manet. El retrato de la vida, que se abre al público el próximo viernes y podrá ser visitada hasta el 14 de abril. La comisaria, Mary Anne Stevens, se mostraba ayer convencida de que la cita desmontará muchos prejuicios y malentendidos que aún circulan en torno a la obra del pintor francés
. “Es una figura enigmática y de algún modo se tiende a evitarle. Ha generado mucho material literario, pero casi todo interpretativo y de segunda mano”.
 Para esa tarea, Stevens cuenta la ayuda de Larry Nichols, experto del Museo de Arte de Toledo en Ohio, que ha invertido cinco años en investigar a Manet. “Sin él, no se puede entender la historia del arte desde 1850”.
Nacido en el seno de una familia de clase media acomodada en París como el hijo de un magistrado del Ministerio de Justicia, heredó a los 30 años una considerable fortuna que le permitió dedicarse enteramente al arte, libre de presiones económicas. Rompedor en sus temas, estilos y técnica, los rechazos se sucederían a partir de entonces
. Sus vivos contrastes de luces y sombras se confundieron a menudo con zafios borrones. Sus personajes, tomados de apuntes hechos en las calles o en los bares, se tacharon de vulgares.
Acaso por eso mismo, fue admirado y respetado por los jóvenes impresionistas (Monet, Renoir, Sisley, Cézanne), aunque Manet declinase exponer con ellos. Su afán de solitario impenitente le convirtió en un héroe marginal
. Y pese a los esfuerzos de su amigo Émile Zola, el reconocimiento a su obra fue discreto en vida.
Una existencia corta, pero fructífera; se le atribuyen 400 obras, auténticas joyas por las que suspiran las colecciones públicas y privadas de todo el mundo, incluso aunque algunas sigan inacabadas o luzcan roturas producidas por el muy exigente Manet.
La muestra de Londres avanza empujada por dos fuerzas (la cronológica y la temática), aunque siempre sobre un mismo eje: el retrato.
 La primera parada trata del artista y su familia.
A la intimidad se yuxtapone en el recorrido la amistad: la que le unió a Baudelaire, Zola, Georges Moore, Zacharie Astruc, Théodore Durer, Antonin Proust, Eva González, Berthe Morisot y Victorine Meurat y otros rostros que funcionan en la exposición como un deslumbrante fotomatón del siglo XIX y sustentan la advertencia de Stevens; no ha sido fácil reunir tantas obras maestras.
Cierto es que no están los grandes lienzos de los últimos años, cuando la luz se adueñó de las telas. Es también la etapa en la que empieza a sufrir dolores terribles causados por una enfermedad relacionada con la sífilis.
 Son también los tiempos en que abandona el óleo por resultarle demasiado trabajoso y opta por el pastel. Tras su última gran obra (El bar del Folies Bergère, de 1882), su estado empeoró y tuvieron que amputarle una pierna gangrenada. Murió una semana después. Tenía 51 años.
 Los honores no tardaron en llegar, pero para él ya era demasiado tarde.