Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

16 dic 2012

Obama lega a Connectical

Obama aterriza en Connecticut. En la imagen, el presidente desciende el Air Force One para dirigirse a la vigilia en Newtown (AFP)
Foto del mensaje
Hace 47 minutos
fwd @hiparquiana: Matanza en Connecticut.Obama ha aterrizado hace unos minutos en el aeropuerto Bradley de Hartford. En cuanto llegue a Newtown se reunirá con las familias de las víctimas y con los miembros de los servicios de emergencias que acudieron al colegio

Un brindis con el hombre anuncio

Francisco Rivera Ordóñez cambia su condición de torero por la de empresario y reclamo publicitario

Lo abordamos ejerciendo de estrella en el acto promocional de una marca de champán.

Francisco Rivera Ordóñez, brindando con champán el pasado miércoles en Madrid. / SAMUEL SÁNCHEZ
No era una hora muy taurina.
 Su presencia estaba prevista para las 12 horas del día 12 del mes 12 del año 12 de este siglo, una conjunción que no volverá a producirse hasta 3001.
 Todo parecía muy bien encajado para que la casa Moët & Chandon presentara en ese preciso momento, como a una estrella, a Francisco Rivera Ordóñez, un hombre extremadamente atractivo por lo que se deduce de su condición de torero, de aristócrata a tiempo parcial (fue duque de Montoro durante su matrimonio), de empresario en tiempos revueltos, de hombre anuncio y, podríamos decir también, de objeto de prensa rosa, una especialidad esta última que no siempre se elige y que termina contaminando todo lo demás.
Rivera Ordóñez había sido contratado por Moët como padrino (o embajador, las denominaciones bailan en este caso) de su Vintage 2004, una añada que quiere publicitar para estas Navidades de recortes generalizados
. Sea oportuno o no este lanzamiento, Rivera Ordóñez es un personaje sobradamente conocido que despierta, según los expertos de la firma, “una imagen limpia”.
 Y a Rivera le tocó hacer la presentación, que consistió en un acto muy sencillo: una sesión fotográfica, algunas entrevistas pactadas, un brindis y una conferencia de prensa
. ¿Motivo? Ninguno
. Aunque la prensa tenía instrucciones de que el hombre no deseaba preguntas sobre su vida privada, no había otro interés que el microcosmos Rivera-Ordóñez-Pantoja.
 Digámoslo claro. Ahí estaba el truco: Moët buscaba algo más popular para difundir su champán en este momento incierto.
Así que ciertos detalles quedaron al margen. Por ejemplo, que el acto comenzara tarde (así que la conjunción cósmica se rompió). O que la enóloga Elise Losfelt interpretara su papel de tímida mujer al lado de tanta fiera
. Ella simuló candidez, se disculpó por su acento afrancesado y pasó a calificar Vintage 2004 como “elegante, refinado y voluptuoso”. ¿Cómo se explica que un champán es voluptuoso? Pues, a decir de Elise Losfelt, porque “después de siete años de maduración desarrolla un volumen importante en boca”. Dicho esto, apareció la estrella y la canalla se lanzó a hacer fotos.
Así que llegó el momento de la verdad cuando Rivera Ordóñez tomó el micro para responder a las preguntas de los periodistas, entre los cuales había algunos de reconocida fiereza, parece ser. El torero vestía muy clásico, de azul ejecutivo.
Siendo las respuestas más bien evasivas (en este espectáculo es el torero el que corre peligro), puede ser interesante poner la atención sobre la profundidad de las preguntas, a modo de itinerario orientativo. Las seis primeras fueron así: “¿Cómo pasarás estas Navidades?”. “¿Cómo valoras 2012?”.
 “Te has comprado casa en Sevilla, ¿es para ti y para tu hija?”. “¿Por quién vas a brindar por 2013?”. “¿Está la reconciliación con Eugenia entre tus propósitos para 2013?”. “Se ha marchado parte de tu familia materna [hace unos meses murió su tía Belén], ¿habrá en estas fechas un recuerdo para ellos?”.
Llegó una pregunta trampa: ¿brindarías con cava en Cataluña? “Uf, eso es demasiado política para mí…", respondió. “Pero, vamos, no se puede comparar el champán con el cava”
Todo discurrió con normalidad hasta que llegó una pregunta trampa: ¿brindarías con cava en Cataluña? La respuesta inicial del torero parecía suficiente sin ser del todo habilidosa:
 “Uf, eso es demasiado política para mí…”, contestó, y quiso rematar con otra frase para quedar bien con el patrocinador sin darse cuenta de la proximidad de un charco. “Pero, vamos, no se puede comparar el champán con el cava”. Quedó bien con Moët Chandon, pero mal con Cataluña.
Y todo siguió igual.
“¿Planes de boda para 2013?”. “¿Qué vas a comer en Navidad?”. “¿A quién se parece el sobrino [hijo de Jessica Bueno y su hermanísimo Francisco Rivera Pantoja]?”. “¿Es Rivera o Pantoja?” (pregunta esta muy celebrada por la concurrencia). “¿Te has cortado la coleta en otros campos?”.
“Es demasiado profunda la pregunta”, respondió la estrella, siempre con una sonrisa, muy en su papel publicitario.
Fuera de juego quedaron aspectos más interesantes de un hombre de 38 años que ha dado 17 de ellos al toreo y que ahora anda metido en muchos negocios a un mismo tiempo: invierte en bodegas, en chatarrería, en hostelería, en asuntos inmobiliarios.
 “Soy un hombre inquieto, y me considero un emprendedor”, dice en los dos minutos que dedicó a EL PAÍS
. “Voy invirtiendo en lo que surge, pero siempre en inversiones a largo plazo.
 No busco el pelotazo. Estudio las ideas que van surgiendo”. Rivera Ordóñez se atribuye, además, la última palabra frente a sus asesores: “La decisión sobre dónde me meto la tomo yo, y las decisiones que se toman donde ya estoy metido… pues también las tomo yo”.
 A pesar de tanta diversificación, Rivera Ordóñez inclina todas sus preferencias por el mundo taurino:
 “Mis inclinaciones van por el mundo del toro.
Siempre estaré ligado a ese mundo”, y pone como ejemplo la gestión de la plaza de Ronda y el asesoramiento de la carrera del novillero Tomás Campos, que, advierte, “hará mucho ruido”. ¿Gestiona también su carrera como marca, como hombre anuncio? “Es lo que llevo peor, me da vergüenza. No sé venderme. En eso sí que me ayuda una empresa, una agencia”.
Hijo de Paquirri, nieto de Antonio Ordóñez, sobrino de Luis Miguel Dominguín y bisnieto de Cayetano Ordóñez, El Niño de la Palma, aquel de quien el legendario cronista Corrochano dijo en su día: “es de Ronda y se llama Cayetano”, frase muy celebrada entre los taurinos no se sabe muy bien por qué. Con esos orígenes y todo lo que vino después (Isabel Pantoja, Eugenia Martínez de Irujo, una boda, un divorcio, una custodia en litigio, nuevos romances), se entiende que Rivera Ordóñez sea un personaje condenado a perpetua popularidad
. De eso saca provecho.
 Y hasta Moët & Chandon paga por ello.

 

Hombres ridículos de Elvira Lindo

Soy de ese tipo de espectadores que van a lo que van. ¿Anuncias ropa? Enséñame la ropa.

 

Este es un mundo para rápidos y yo soy lenta.
 Lenta para pillar algunos chistes, por ejemplo. Lenta para captar el guiño sociológico de una campaña publicitaria, por ejemplo
. He sido lenta para percibir que el anuncio de la marca de ropa Desigual, en el que una chica se prueba modelitos provocativos frente al espejo para acabar diciendo que el tío que se piensa tirar sí-o-sí es su jefe, tiene un mensajito envuelto en su absoluta frivolidad.
 Por lo que leo, el mensajito que nos deja semejante bombón es que no solo son ellos los que tienen un deseo sexual irreprimible, etcétera
. Jamás habría llegado yo sola a esta conclusión.
 Me han ayudado entre blogs y redes sociales. A no ser que un anuncio sea exasperante, soy de ese tipo de espectadores que van a lo que van. ¿Anuncias ropa? Enséñame la ropa. Al resto no le voy a hacer demasiado caso.
 De aquel célebre anuncio de Loewe en el que unos pobres jovenzuelos quedaban como descerebrados me quedó una idea: imposible vender lujo de manera tan cutre
. Aparecieron teóricos argumentando que lo que busca la publicidad, por encima de todas las cosas, es que una marca ande de boca en boca.
 Ese lugar común de “que hablen de ti aunque sea mal”. Baratijas de experto.
Soy lenta, digo, para captar el mensaje. A no ser que dicho mensaje venga masticado, como ocurría con algunas canciones de la Nueva Trova Cubana que mezclaban sin sonrojo sexo, amor y revolución en un único estribillo, prefiero darle una oportunidad franca a la historia que me ponen delante de los ojos y discernir limpiamente si algo de lo que me cuentan me concierne o no.
 Esto viene a cuento de la última película de Cesc Gay, Una pistola en cada mano
. Tuve la suerte de disfrutarla antes de que aparecieran artículos sobre ella que sin duda me hubieran llevado a pensar que lo que estaba viendo era una reflexión definitiva sobre las diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres.
 Y siendo como soy refractaria a que me cuelen mensajitos envueltos en ficción me hubiera puesto a verla con el morro torcido.
 Pero no. Lo hice sin juicios de intermediarios
. Con la incontaminada idea de que quien en su día dirigió En la ciudad tiene talento para darnos más cosas ricas.
 Lo tiene. Solamente por la historia de un Darín cornudo que conversa con el amante de su mujer, Tosar; por la del exmarido, Javier Cámara, que trata patéticamente de volver con la esposa, Clara Segura, a la que abandonó; por un Eduardo Noriega, que liberándose aquí de su obligación de hacer de tío guapo queda como un idiota al intentar echar un quiqui rapidito con una compañera de oficina
, Candela Peña; solo por esas tres escenas en las que tenemos la sensación de colarnos en un momento vergonzante de la intimidad ajena merece la pena verla.
 El resto de las historias arropan con delicadeza estas tres, que son sublimes.
 Ocurre lo mismo en los libros de cuentos: de diez, suelen ser tres los que logran permanecer en nuestra memoria.
Cuando veía al enorme Darín interpretando
al marido engañado que espía a su mujer soy capaz de ser él
Recuerdo libros como Vidas de chicas y mujeres de Alice Munro o Madres e hijos de Colm Tóibín que, aun dejando claro desde el título quién protagoniza las historias, no pueden ser juzgados por su agudeza sociológica o por resumir la psicología de un grupo humano sin que eso suponga infravalorarlos.
Cuando veía al enorme Darín interpretando al marido engañado que espía a su mujer, que desea encontrarse con ese otro hombre que le ha robado lo que consideraba suyo, soy capaz, por ese parecido que finalmente tenemos los seres humanos en nuestros aspectos más elementales, de meterme en su pellejo, de ser él, sentado enfrente del edificio en el que se supone que está ella teniendo un encuentro sexual clandestino con un hombre al que todavía no ha puesto cara.
 También soy capaz de sentirme como el personaje que interpreta Javier Cámara, el marido que se fue con otra y que al cabo de un tiempo se da cuenta de que se equivocó, de que la ha cagado, y hace un intento desesperado de declarar su amor a su mujer, a ver si cuela, a ver si se puede encender la antigua llama
. Y sí, también entiendo al personaje de Noriega, aunque parezca el más ridículamente masculino de todos, el tío que se acerca, a la desesperada, a una compañera de la oficina para echar un polvo urgente, salvador de la propia vida en la que sin darse cuenta se ha visto atrapado.
Cuando las historias están bien narradas, cuando los actores están a la altura de los diálogos y los diálogos tan bien escritos que parece que jamás fueron aprendidos de memoria, cualquier espectador puede colocarse en los zapatos de otro, aunque no comparta el mismo sexo, ni la edad, ni la condición social. Varias veces he leído eso de que en esta película las mujeres salen airosas y los hombres representan el despiste generalizado que viven en su relación con las mujeres
. Debo ser una rara en este mundo en el que parece que cada uno debe asumir su rol para diferenciarse de otros seres humanos, porque no siento la obligación de identificarme con el personaje que interpreta una mujer.
 Más bien, influirá un carácter poco gregario, suelo entender más a quien mete la pata, a quien lleva las de perder.
 Si en esta película los patosos, los desairados, los ridículos son los hombres, a ellos me uno.
 No hay mensaje que pueda conmigo.

El color dorado se consagra para los fastos navideños

Esta temporada el oro produce el mismo efecto que el adminículo psicodélico de un hipnotizador. Como urracas, la moda apuesta todo al metal y lo mezcla en un armario que bien podría ser de un noble de Versalles, una urbanita neoyorquina o Mick Jagger.
La llegada de las fiestas no solo contribuye a la explosión del brillo, sino que servirá de reválida para saber si como pasa en los mercados bursátiles, el oro es un valor seguro o una tendencia más que solo desbancará al rojo mientras dure el cotillón.
  • ¿Qué? Los dorados mandan en los complementos. Zapatos y bolsos se consagran al brillo sin tregua para otros materiales como sucede en las propuestas de Marni y Roger Vivier. Cuando estampan faldas y jerséis se configuran en tapices barrocos propios de un cuadro de Rubens y Rembrandt.
  • ¿Quién? El maestro de este nuevo romanticismo versallesco sigue siendo Olivier Rousteing en la firma francesa Bailman. Valga como ejemplo sus chaquetas coraza y faldas lápiz donde la filigrana se explota como si se tratara del atuendo de Luis XIV. La inspiración del modisto proviene de un elemento tan rococó y atemporal como los huevos Fabergé, con sus regueros de perlas y preciosistas bordados. Al otro lado del vestidor, Dolce & Gabbana y Versace hacen resistencia a la fotofobia con una propuesta tan brillante que no duda en cubrir vestidos largos con este metal, en una constante búsqueda de imprimar con refinamiento el otoño y el invierno.
  • ¿Cómo? Los clones se multiplican en los escaparates con la excusa de la Navidad. Antes de que el revival del lema más es más se pierda en la sencillez de los patrones dominantes, el oro reclama su sitio, hasta en la lencería. El concepto reina de las compras adopta su dimensión más polisémica al incorporarse a la rutina -día y noche- con dejes de los siglos XVII y XVIII, traducidos en tejidos de terciopelo, sedas y brocados.
  • ¿Dónde? El palacio de Versalles, a las afueras de París, sería el escenario perfecto para pasear con cualquiera de las invenciones de Naeeem Khan y Michael Kors. El diseñador indio, habitual del armario de Michelle Obama, cree con convicción que "el oro no pasa de moda y siempre da un toque de lujo y riqueza". Stefano Gabbana y Domenico Dolce ven en sus brillos el sol siciliano, la tradición y al mismo tiempo el dramatismo. 
  • ¿Por qué? Antes de que el oro se encierre en una burbuja, deje de sustentarse en la sólida coletilla "un valor seguro" y explote, se esparcirá por el asfalto rompiendo esas delirantes estadísticas tan propias de la creatividad en período de crisis. Esos estudios que aseguran que cuanto más deprimido el ser human, más colchones compra y labiales rojo consume. Como haces de luz, las prendas de este invierno llaman la atención como el brillo hipnotiza a una urraca.