Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

11 dic 2012

El gato de perfil griego y sus amigos

Por: | 11 de diciembre de 2012
P. 42-43

Al escritor Luis Sepúlveda le gustan mucho los gatos. Porque son "misteriosos, muy dignos e independientes". Es más, hace años, un astrólogo chino le dijo que en una vida pasada había sido un gato muy feliz mimado por un mandarín.
De Mix, el gato que adoptó su hijo Max, le asombró -como a todos- su perfil estilizado, griego.
Este es Mix.
P. 29
Sepúlveda reconoce que en muchas ocasiones le preguntó: "¿En qué piensas, Mix?".
Naturalmente que no me respondió, y esta historia quiere responder a esa pregunta, ser la voz del silencio del gato Mix.
P. 31
Mix se convirtió primero en un hermoso gato joven de piel negra en la espalda y blanca en el pecho, y más tarde en un gato adulto fuerte y vigoroso.
[...]
El tiempo de los gatos es diferente al tiempo de las personas. Con el paso de los años, lentamente, Max se convirtió en un joven lleno de planes y sueños. Mix también cambió y de manera menos lenta se fue convirtiendo en un gato anciano.
P. 25
Un día de invierno un médico diagnosticó que Mix estaba ciego.
Mix, el gato ciego de perfil griego, dejó de subir por la escalera hasta la trampilla del techo, y aunque algo más lento por la ceguera no dejaba de moverse por el piso. Con la ayuda de su olfato y la buena memoria de los gatos encontraba sin problemas el camino hasta la caja de arena o hasta el plato de su pienso favorito.
Este es Mex.
P. 39
Apareció de repente, mientras Mix dormitaba junto al radiador.
Y se presentó como "un ratón guapo, [...], muy guapo, suave y tibio. Soy un ratón mexicano".
P. 45
No tardaron en hacerse amigos y sellar un trato: Mix le daría a Mex, siempre hambriento, los deliciosos cereales que Max guardaba en la alacena, y Mex treparía al alféizar y le contaría todo lo que veía al otro lado de la ventana a Mix.
P. 69
Max, Mix y Mex vivieron varios años en ese piso de Múnich. A veces, un cartero, mientras aparcaba su bicicleta amarilla, miró hacia la altura y creyó ver a un gato de perfil griego sentado al borde del techo junto a lo que le pareció un animalito de peluche.
Historia de Mix, de Max y de Mex de Luis Sepúlveda, con ilustraciones de Noemí Villamuza, está editado por Espasa. Todas las imágenes son cortesía de la editorial.

La gala de los Goya cambia de sede

Una imagen del Auditorio del Hotel Auditórium. / Hotel Auditórium
La gala de los Goya se traslada de sede ante el cierre del Palacio Municipal de Congresos de Madrid, decretado por el Ayuntamiento tras la tragedia del Madrid Arena.
 El lugar elegido, después de realizar una búsqueda por todo Madrid y que ha ocasionado más de un quebradero de cabeza a los directivos de la Academia de Cine, ha sido el Centro de Convenciones y Congresos Príncipe Felipe, ubicado en el hotel Auditorium de la ciudad, en la Avenida de Aragón.
 La gala se celebrará el próximo 17 de febrero
. En la elección de este centro de convenciones ha jugado la baza de disponer de un aforo de 2.200 butacas, además de un amplio dispositivo para alojar a toda la prensa acreditada.
El Palacio Municipal de Congresos, situado en los recintos feriales de Madrid, ha sido el lugar elegido en las últimas galas de los premios, a excepción de la del 25 aniversario que se celebró en el Teatro Real.
 Al estar cerrado por decisión del ayuntamiento de Madrid y desconocerse la fecha posible de apertura, la junta directiva de la Academia, ante la inminencia de los preparativos, ha decidido el cambio.
 El Centro de Convenciones y Congresos Príncipe Felipe está situado en la planta baja del hotel Auditorium.
Tiene una superficie de 23.600 metros cuadrados y da cabida a todo tipo de celebraciones y eventos.
La primera ronda de votaciones para los premios comienza hoy y finalizará el próximo 3 de enero. El día 19 de diciembre tendrá lugar un encuentro con la prensa para informar de todos los detalles del evento.

Aute o el futuro visto desde el pasado

Hubo un tiempo pasado —pero no tanto— en que a Luis Eduardo Aute le freían a este tipo de preguntas: “¿Y qué se siente más, pintor o músico?”. Ahora ya sobra la disyuntiva.
 Desde hace un tiempo —tampoco mucho—, este artista combina canciones con cuadros, dibujos con libros ilustrados en los que se mezclan poemas y aforismos con imágenes que no son lo que parecen y sus conciertos, como ahora, con la proyección de sus películas tal y como ocurrirá hoy y mañana en el Teatro Español de Madrid en el inicio de su nueva gira. Asunto resuelto.
También hubo un tiempo —este un poco más lejano— en que un niño se sentó a mirar el mar atentamente en el malecón de Manila. Corría el año 1945 y los estadounidenses comandados por McArthur habían bombardeado la ciudad entonces ocupada por los japoneses en plena guerra del Pacífico. Aquel niño no recuerda hoy las imágenes
. Aunque sí los olores. “Nos refugiamos en el hospital, creyendo que no lo bombardearían, pero lo hicieron, a su estilo”, comenta hoy Aute (Manila, 1943), que nació allí y nunca más volvió desde que regresó a España ya con nueve años.
 Donde sí ha regresado muchas veces Aute es a La Habana. Y allí, su hija Laura le tomó otra foto en el malecón. “Entre las dos imágenes, la que tomó mi hija en La Habana y la que me hizo mi padre en Manila, vi claramente que había una historia”. Parecía un círculo perfectamente trazado por la vida. Anduvo buscando las claves esquivas que aquello encerraba.
Primero se le apareció con esbozos de dibujos llamados a convertirse en película —con ayuda de su hijo Miguel— y después con nuevas canciones. El disco se titula El niño que miraba al mar y la película El niño y el basilisco. Pero lo que le ha salido también es un cuento ilustrado que ha publicado Demipage y que tiene algo de El principito y de Alicia en el país de las maravillas.
El tema es sencillo. Para ser taurinos, como a él le gusta, lo dejaremos en esto: lidiar con el mal. “Mira que por más que me he empeñado en ser malo, no me sale, no hay manera”, asegura.
 Y es que el artista, como tal, tiene todo de Peter Pan:
“No querer crecer, no someterse a lo que exige la realidad de la vida”.
En la lucha de ese niño con el basilisco, Aute cree que, al menos, ha logrado domesticarlo. “Me inquietan mucho los basiliscos, esos monstruos con cabeza de ave y cola de cocodrilo. Pero me gustaba la idea de establecer un pacto”
. En cuanto a él, a este Aute ya maduro pero a su vez poco domesticado en lo que se refiere a seguir protestando, las dudas, las preguntas prevalecen entre él mismo y el niño que fue. Una estrofa de la canción El niño que miraba el mar lo resume:
“Verse en el futuro desde todo su pasado”.
Le gusta pensar que aquel chavalillo miraba al horizonte porque encontraría algo mejor a lo que dejaba atrás: “La foto la tomó mi padre uno de los primeros días que pudimos salir a la calle después del bombardeo. Imagino que el niño miraba al horizonte porque le gustaba más que la destrucción que quedaba en las ruinas de la ciudad. Nuestra casa quedó arrasada”.
De todas formas le gustaría hablar con él. “Comprobar si soy lo que a él le hubiese gustado o pensado que iba a ser”
. Quizás lo haga obsesionado por esa búsqueda de la pureza a la que recurre una vez sí y otra también, lo mismo que les pasó a otros antes que a él: “Muchos poetas que admiro quisieron retornar en el último poema a ese estado: Machado, Pessoa, Whitman, Rilke...”.
 Eso es lo que ha tratado de indagar con este nuevo disco, con este libro, con estos dibujos y con esta película.
 Para que sobren las preguntas de antaño: esas que le atosigaban intentando imponerle prioridades cuando en realidad, más que canciones, dibujos, lo que le salen a Aute son historias que parecen cuentos.
“No había caído…”.

En lo más recóndito de Gran Canaria

Enrique Mesa
La casa rural El Patio de Agaete está situada en uno de los barrios de costa de más difícil acceso de Gran Canaria.
 En El Risco, a 50 kilómetros y una hora de coche desde Las Palmas de Gran Canaria.
 Para llegar hay que tomar la carretera que une Agaete con La Aldea y avanzar entre vertiginosos acantilados.
 Es el tramo de carretera más espectacular de la isla. 12 kilómetros, 20 minutos y 200 curvas.
Hasta que la visión de bañistas corriendo en una cala de arena negra nos hace suspirar de alivio. La playa del Risco. Más adelante aparecerá el bar Perdomo ocupando una curva.
 No nos habíamos perdido.
El Risco son 150 habitantes en el corazón de la cola del dragón, que es a lo que recuerda el perfil de las montañas que descienden desde la cumbre hasta el mar visto desde el pueblo de Agaete.
Una iglesia, el teleclub (hace 30 años que no lo hay, pero los lugareños siguen teniendo como referencia el local donde se ubicaba), el bar Perdomo y la tienda de comestibles Casa Lolo, señalizada con dos carteles escritos a mano sobre cartones amarrados al tronco de un laurel de la carretera. Casa Lolo, regentada por doña Paquita, su viuda desde hace siete años, será nuestro salvavidas durante la estancia. A ella podremos comprarle lo necesario.
 Y hasta obtener el favor de un tupperware con potaje de berros, gofio y queso del país incluidos.
El Patio de Agaete (El Risco, 51. Telf.: 0034 928 88 61 61) son 75 metros cuadrados de vivienda y 800 de jardines. Tiene piscina. Cuesta 135 euros por día y la estancia mínima son dos noches, aunque los propietarios dan preferencia a las estancias más largas.
Las han tenido hasta de tres meses. Está situada al final de una empinada carretera de asfalto, en lo que lo se conoce como el Risco de Arriba.
 El coche se deja aparcado en un margen de la calle y a la casa se accede por un estrecho pasillo delimitado por muros de piedras de medio metro de alto entre cañaverales.
Los lagartos nos hacen el paseíllo. Entramos en ella por una vieja puerta de madera de tea.
Está habilitada para recibir parejas con un niño y un bebé como máximo.
 Y cuidadosamente decorada. En el patio de entrada, una mesa de madera y cristal bajo un pérgola de madera frente a ventanas pintadas en verde turquesa invita a desayunos y sobremesas.
 Las paredes del interior de la casa son naranjas.
 Las ventanas y puertas de madera recia llaman la atención sobre lo demás. Un dormitorio con camas para dos, un salón, un baño con original plato de ducha integrado. Y cocina sin microondas pero por lo demás completamente equipada.
Solo zonas del exterior cuentan con señal telefónica móvil convencional.
 Ni rastro de wifi y 3G (caso de urgencia, el wifi del teleclub puede sacarnos del apuro). Así que la estancia en El Patio de Agaete se convierte en retiro forzoso también de Internet. Ideal para una cura de desintoxicación de redes sociales y para recuperar el placer de la lectura. La paz, y la piscina entre verodes, tabaibas y plantas de aloe con vistas a impresionantes montañas, llenas de penachos amarillos por la proliferación de cerrillo, lograrán que pasemos mejor el mono. También el rincón preferido de Branko -el arrendatario, junto a Virgina-, dos bancos rústicos junto al patio de entrada bajo flores rojas de flamboyán entre higueras, limoneros, guayabos y aguacateros.
Cuando el momento lo requiera es imprescindible una visita a la playa, siempre en bajamar por la potencia con que bate el mar.
 Los atardeceres son monumentales con el Teide, en la vecina isla de Tenerife, como telón de fondo. Y la guinda suprema, una excursión de 20 minutos a pie hacia el interior de las quebradas. El paisaje parece habitado por dinosaurios. El destino final está a un kilómetro.
 Es el Charco Azul, en la confluencia de tres barrancos: 300 metros cuadrados de agua al pie de la montaña. En temporada de lluvias es posible darse un chapuzón debajo de las cascadas que nacen a 1.500 metros de altura en el pinar de Tamadaba.
Esta salida no se la pierdan, es espectacular.