Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

27 ago 2012

Y la cortesana puso Francia a sus pies

Zahia Dehar dejó muy poco espacio a la imaginación en la presentación de su firma de lencería en la Semana de la Moda de París. / CORDON PRES
Zahia Dehar saltó a la fama por la sórdida historia de prostitución en torno a un local chic parisiense que salpicó de lleno al equipo de fútbol francés en pleno Mundial de Sudáfrica en 2010.
 La joven, que hoy tiene 20 años, entonces contaba 17; y sostiene que mantuvo relaciones tarifadas con los jugadores Franck Ribéry y Karim Benzema. La semana pasada se anunció que el juez encargado del denominado caso Zahia rechazaba el sobreseimiento de ambos por falta de pruebas y decidía continuar adelante con su procesamiento por recurrir a los servicios de una menor.
Pero la interesada no acudirá al juicio. Zahia ha pasado a otra vida.
 En apenas dos años, se ha elevado como icono moderno, musa de fotógrafos fetiche y diseñadora de lencería apadrinada por el siempre extravagante Karl Lagerfeld. Una verdadera it-girl con una cuenta en Twitter que suma cerca de 38.000 seguidores.
Detrás de la transformación de esta joven nacida en 1992 en la localidad de Ghriss, en Argelia, que creció en la periferia parisiense con su madre y su hermano pequeño y caída en la prostitución en la adolescencia, se encuentra la mano experta de todo un estratega de la comunicación: Marc Francelet, exasesor de Jean-Paul Belmondo y de Johnny Hallyday, que la tomó bajo su protección cuando saltó el escándalo y oficia ahora de Pigmalión.
El primer paso fue negociar una entrevista con Paris Match, en mayo de 2010, que pasará a la posteridad por su titular: “Fui el regalo de cumpleaños de Ribéry”.
 Así arrancó una larga operación de promoción con entrevistas destiladas, preferentemente a grandes revistas de moda extranjeras, donde la imagen de la joven no está tan asociada al escándalo.
Copó así la portada de Vanity Fair en Italia, acompañada en la web de un clip coprotagonizado por Eric Roberts, hermano de Julia Roberts, o de la revista V en España, para la que posó ante el objetivo de Sebastian Faena caracterizada como una moderna Brigitte Bardot.
 Es “cándida como Marilyn, atrevida como Bardot y tiene las agallas de Madonna”, resume en la web el fotógrafo Alix Malka, autor de la sesión para Vanity Fair.
Al mismo tiempo, la rubia explosiva, que soñaba de pequeña con tener su propio salón de belleza, fue registrando marcas con su nombre –Pretty Zahia, Zahiadora, Zahiadise, A Dream by Zahia– para multitud de productos, desde la lencería hasta aceites de masaje, pasando por juguetes eróticos y hasta programas de tele.
En marzo de 2011 lanzó su web, muy estilizada y depurada, que sirve de fiel reflejo de su universo pastel y etéreo.
 Un portal consagrado a reforzar la imagen que quiere proyectar al mundo, donde sube fotos de Pierre et Gilles retratándola como “la nueva Eva” o imágenes sacadas del corto futurista en el que el realizador Greg Williams la convierte en una poderosa mujer robot que huye de su condición de objeto sexual.
Lagerfeld la consagró con su varita en febrero, fotografiando su colección de lencería, emparentándola con Coco Chanel y proclamando que encarna “una tradición de la galantería muy francesa”.
 Aunque el modisto no acudió a su presentación en la Semana de la Moda de París, en un palacio de Chaillot a rebosar. Ella misma salió de una enorme caja de muñeca Barbie luciendo un vestido transparente cubierto con pétalos y cristales que apenas esconden las partes más íntimas, y que la actriz Vanessa Paradis se ha atrevido a lucir en un reciente reportaje.
La aventura en la moda de Zahia está financiada por un misterioso fondo de inversión con sede en Hong Kong, el First Mark Investments, del que poco se sabe, salvo que ve en ella la encarnación “del made in France”, según explicó entonces al Journal du Dimanche la abogada del grupo Anne-Marie Pecoraro.

Las mujeres de Emily Dickinson Del blog Mujeres

Las mujeres de Emily Dickinson

Por: | 27 de agosto de 2012
ED-dag-case-720dpiDaguerrotipo de Emily Dickinson de Amherst College
Emily Dickinson es para algunos una escritora puritana, conservadora y retraída.
 Para otros (o quizás para otras) es explosiva, moderna y profunda. Unos la ven ingenuamente enamorada del reverendo Charles Wadsworth con quien tuvo escasos encuentros a lo largo de su vida.
 Otros la describen como una ferviente admiradora de su cuñada, Susan Hungtinton Dickinson, quien con el tiempo se dedicaría a ser una de las editoras de su trabajo.
Unos la ven como la autora de poemas bucólicos sobre la naturaleza y motivos de escasa profundidad.
 Otros creen que las flores, los atardeceres y el cielo eran solo metáforas que le valían para hablar de erotismo, filosofía y hacer una defensa de la paz en tiempos en que la mujer estaba, en el mejor de los casos, relegada a las labores del hogar.
Ana Mañeru, quien con María Milagros Rivera se ha dedicado a recopilar y traducir los poemas de la escritora y quien, también con Rivera, ha publicado Poemas 1- 600, está convencida que Dickinson era lo segundo.
 Que a través del tiempo y por motivos morales y económicos, se la ha interpretado de forma errónea, que se la ha censurado y que se ha construido en torno a ella un mito que no solo no le hace justicia, sino que la despoja de su verdadero valor.
Emily Dickinson nació en 1830 en Amherst, un pueblo de Massachusetts, Estados Unidos, en el seno de una familia acomodada y sobre todo instruida.
 Ella misma, tal como cuenta Mañeru, tuvo acceso a una buena educación, a diferencia de la falta de preparación que ocasionalmente se le achaca.
 Sabía de geología, de botánica, de filosofía. Tenía contacto con la comunidad literaria de la época y “estaba al día” gracias a su contacto con editores y periodistas.
Era progresista y no respondía a convenciones.
 Pero esa faceta de la autora es reciente y contraria a la que desde antiguo se ha tejido en torno a ella. Según Mañeru, el problema está en cómo se ha ido leyendo a la poeta. En cómo se ha manejado su obra —que no fue publicada hasta después de su muerte— y en cómo la censura y las traducciones equivocadas han incidido en la visión que se ha heredado de la estadounidense.
“La han empequeñecido mucho, la han querido llevar a una dimensión convencional y ella no se deja. Ella se adelantó muchísimo a su tiempo
. Generalmente le han editado tanto el significado, como la forma. La han llevado al canon”, asegura Mañeru.
En Poemas 1- 600, Mañeru explica que las traducciones que se han hecho de la escritora estadounidense habitualmente no respetan el género escogido por ella.
 Por eso para Mañeru es clave conocer la biografía de la autora, estudiar su cercanía con su cuñada, Susan Hungtinton Dickinson, revalorar la figura de su madre, poner en duda la relevancia de su padre, descartar su romance con el reverendo Wadsworth y minimizar la influencia de Thomas W. Higginson en su poesía.
Mañeru muestra a Dickinson como una filósofa, como una pacifista y como la portadora de una bandera de libertad femenina.
 Asegura que si alguien influyó en su vida fue Susan Hungtinton Dickinson, a quien conoció de joven y quien se encargó de amortajarla una vez muerta. Cuenta que Dickinson le expresa con vehemencia su amor a Hungtinton, a quien le dedicó más de 300 poemas, cosa que hasta hace unos años se intentó ocultar.
“Hay un amor absoluto y correspondido” dice Mañeru y añade que esa relación, que no calzaba con el esquema patriarcal de la época, fue ocultada y censurada.
“Se trató de una relación entre mujeres que desbordó el canon poético masculino del siglo XIX”, escribe Mañeru. Además, Hungtinton fue, como ninguna, la destinaria de la mayor cantidad de cartas de Dickinson. En ellas, la poeta se refiere a Susan en términos íntimos y cariñosos.
También lo hace en su poesía:
“Apilarse como el Trueno hacia su final
Luego desmigajarse grandiosa lejos
Mientras todo lo creado se escondió
Esto —sería Poesía—
O Amor —una y otro al tiempo llegan—
Nosotras ambas y ni una ni otra demostramos—
Experimentamos cualquiera de las dos y nos consumimos—
Pues nadie ve a Dios y vive—“.
La relación de Dickinson con Huntington solo aparece si las palabras escogidas por la poeta se traducen respetando el género femenino en el que fueron escritas, si se la lee teniendo en cuenta su vida. “A lo que hay que acudir es al contexto y la traducción se hace como una hipótesis”, plantea Mañeru.

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La casa de Emily Dickinson en Amherst
“Cuando empecé a leer sus poemas me pasaba que no la entendía. Interpretaba que ella estaba reprimida, cuando en realidad era la bandera de la libertad femenina”, cuenta la escritora.
Para eso empezó a investigar. A leer a Dickinson por capas, a descubrir su ironía sutil, su libertad, su genio y su dedicación.
Se encontró con una mujer más aguda, que utiliza formas asombrosas y que fuerza el significado de las palabras y lo estira. Descubrió más y más capas en sus poemas y filosofía en cada uno de ellos. Eso sin contar el hallazgo de sus verdaderas pasiones y afectos.
Mañeru, junto con María Milagros Rivera Garretas, ya ha publicado 600 de los 1789 poemas que se le atribuyen a la escritora. Piensa traducir otros 600 para 2013 y los siguientes 600 para 2014.
 Eso, siempre entendiendo a la autora desde la libertad femenina. “No como una oprimida, sino como una grande”, remata.

¿Qué tiene de raro conocerse en Internet? del Blog Eros

¿Qué tiene de raro conocerse en Internet?

Por: | 03 de septiembre de 2012
Cuando llevas mucho tiempo en pareja ya casi nadie te pregunta cómo has conocido a tu compañero/a.
 Pero cuando cuentas que has empezado a salir con alguien o lo presentas, la primera demanda de los amigos y familiares va acerca de dónde y cómo.
Desde que existe internet o, más bien, digamos que desde que se popularizó su uso, bien entrados los 90, la gente entabla relaciones por la red.
 Mucha gente conoce a su pareja (circunstancial o estable) en la web, mucha más de la que lo admite.
Leandro lamas
Ilustración de Leandro Lamas.
No cabe duda de que el cruzarse casualmente, en vivo, con un otro que nos mueve el alma y todos los instintos y hacer de ello una situación narrable, linda y sexy no tiene parangón.
 Seguirá ocurriendo… o seguiremos inventándonos películas románticas para tapar el verdadero origen de algunos romances: unas letritas en la pantalla del ordenador.
No sabemos el porqué del desprestigio digital, pero lo cierto es que casi todos (por las dudas) hemos ocultado alguna vez que un pionero “hola” y los primeros flirteos han ocurrido entre comentarios en algún foro, a través del chat de un website de encuentros o en una red social, por amigos de amigos (o sin amigos por medio), por pura coincidencia de opiniones sobre algo, un mismo libro leído hace poco, una foto que contagia buena onda, un director de cine favorito, dos “me gusta” al unísono o varios retweets como para llamar la atención. Estas nuevas formas de ligar cada día suenan menos raras y menos de frikis, pero las sospechas de los enemigos del amor digital siempre se posan sobre los afortunados que continúan y refuerzan su relación de pareja, la amistad o el deseo en la vida real.
Podemos aventurar que conocerse por internet da más vergüenza que hacerlo en una reunión de Alcohólicos Anónimos, como les sucede a dos chicos guapos de la inspirada Café de Flore del canadiense Jean-Marc Vallée, estrenada hace algunas semanas en España. El relato de un encuentro cibernético costará mucho más, sobre todo si el interlocutor es una de esas personas que lleva casada desde antes de la Commodore 64 o de cuando todavía usábamos sistemas operativos DOS.

Por ejemplo, a poco de salir juntos, un periodista me pidió que pensáramos en  una supuesta rueda de prensa en la cual hubiéramos podido coincidir para no pisarnos al responder el “cómo os conocisteis” a sus amigos. Me explicó, mientras íbamos hacia una cena de colegas, que quería evitar suspicacias porque sus amigos desconfiaban de los individuos y las relaciones provenientes de internet.
Al parecer, falseando ciertos aconteceres podemos parecer más interesantes siendo los mismos, es decir, los que somos en este mismo instante, tanto delante como detrás de esta pantalla.
¿Alguien cree, de verdad, que somos más atractivos y perspicaces resistiéndonos a las redes sociales y a la vida social, en general, vía web?
Con un buen amigo llegado a mi existencia desde el amplio mundo digital siempre bromeamos con la que fue nuestra cita a ciegas en un parque, algo que acordamos por chat (aunque en varios años de vínculo, casi no hemos vuelto a chatear). Como, casualmente, ambos hemos residido en las mismas distintas ciudades europeas, jugamos a imaginar que, si nos preguntan, diremos alternativamente que nos conocimos en tal parque de una ciudad o en tal de la otra, porque nadie podrá ponerlo en duda y siempre sonará más cool que el chat.
Y es que el momento digital suele ser solo un preludio de las relaciones verdaderas: ineludiblemente será el mundo de carne y hueso el que nos permita constatar afinidades y probar (o no) la piel de quien nos tentó en letritas.



Mientras sigamos en la vida, tomando aviones, metros y buses, yendo al cine, a presentaciones de libros y a bares, a estudiar y a trabajar, a la casa de un amigo y a buscar los niños al colegio, habrá ocasiones y sensuales encuentros para evocar, algunos por muchos años. Puede que internet sea un espacio más prosaico que los mencionados, quizá incluso menos literario (o cinematográfico) que el conocerse comprando artículos de limpieza en el supermercado, pero ¿quién no necesita jabón, lejía o un cepillito para lustrar los zapatos?