30 jul 2012
Todas las cartas del amor de Fernando Pessoa y Ofélia
El escritor Fernando Pessoa en 1914, a los 26 años de edad.
“Fernando: Hoy no tuve suerte.
Mis cosas son últimamente así, siempre salen mal. Deseaba tanto que llegara la hora... y al final usted llegó aburrido de su vida y de mí. ¿Ya no le gusto Fernandito?”.
“Ofélia: Toda mi vida gira en torno a mi obra literaria, buena o mala, lo que sea, lo que pueda ser. Todos (…) tienen que convencerse de que soy así, de que exigirme sentimientos —que considero muy dignos, dicho sea de paso— de un hombre común y corriente es como exigirme que sea rubio y con los ojos azules”.
El primer fragmento de carta (escrito en septiembre de 1929) pertenece a Ofélia Queiroz, por entonces de 29 años.
El segundo, escrito días después, a un Fernando Pessoa de 40, ya alcoholizado, que se dirigía a la única mujer de la que se enamoró en su vida y con la que iba a cortar para siempre poco después.
La especialista portuguesa Manuela Parreira Da Silva acaba de reunir en un único volumen (Cartas de amor de Fernando Pessoa e Ofélia Queiroz, editorial Assírio & Alvim), las cartas que se cruzaron (a veces de usted, a veces de tú) el mayor poeta de la literatura portuguesa y una chica bien de una familia burguesa lisboeta.
Ambos se conocieron a finales de 1919, en una oficina comercial donde Ofélia, por entonces de 19 años, entró a trabajar de secretaria y donde Pessoa, de 31, se empleaba por horas traduciendo al inglés cartas de negocios.
A los pocos meses, en febrero de 1920, el poeta, enamorado por primera vez en su vida, montó una escena de folletín a la chica, declarándose melodramáticamente una tarde de invierno en la que estaban los dos solos en la oficina
. A la chica, aunque salió despavorida, la teatral prueba de amor exagerado le gustó.
Y le escribe la primera carta: “Pienso mucho en usted, en que estoy despreciando a un chico [su novio de entonces], que me adora (…) voy a serle franca: temo mucho que esos transportes de amor suyos sean de poca duración (…) si Fernandito nunca pensó en tener familia, le pido que me lo diga…” A esta carta inquisitiva y clara Pessoa respondió así:
“Quien ama verdaderamente no escribe cartas que parecen requerimientos de abogado.
El amor no estudia tanto las cosas, ni trata a los otros como acusados”.
Con todo, la relación se entabla.
La pareja vive diez meses como novios. Parreira da Silva asegura que del lenguaje de algunas cartas se desprende que no fueron unos amores tan platónicos como se pensaba y que hay giros que dejan entrever algún que otro escarceo erótico nunca demasiado aclarado.
Hay paseos, reticencias de Pessoa a conocer a la familia de ella, cursiladas (“todas las cartas de amor son ridículas”, escribió más tarde, en un poema célebre) y un constante deseo de ella para que él se comprometa más.
Pessoa llega incluso a fantasear con ganar un premio millonario participando en unos pasatiempos ingleses a los que es muy aficionado con la intención de casarse
. Pero, entre otros problemas, entre los dos se interpone la figura de Álvaro de Campos, uno de los heterónimos de Pessoa, una de las personalidades en las que transmutaba el poeta.
Hay incluso cartas firmadas por A. de C. A Ofélia le resultaba particularmente odioso el personaje: “No me gusta, es malo”, escribe en junio de 1920. En noviembre dejan de verse
. Pessoa se despide con una carta enigmática y triste: “Mi destino pertenece a otra Ley, de cuya existencia Ofelita nada sabe, y está subordinado cada vez más a Maestros que no conceden ni perdonan”.
Nueve años después, el azar les une de nuevo. Ofélia ya es una mujer de 28 años y Pessoa, un hombre adicto al aguardiente obsesionado con terminar una obra que es un laberinto inacabable.
Ella ya no habla de boda.
Y él vuelve a distanciarse y al final, las cartas se convierten en un desesperado monólogo de ella pidiendo, casi inútilmente, al otro que le escriba, anticipando una ruptura que se produce a finales de 1929.
En 1935, meses antes de morir, Pessoa vio su único libro publicado en vida, el soberbio poema Mensaje. “Un día, llamaron a la puerta y la criada fue a abrir”, —relató la misma Ofélia, muchos años más tarde—. “Era alguien que traía un libro.
Al abrirlo vi que era Mensaje, con una dedicatoria.
Cuando pregunté quién lo había traído, por la descripción de la chica, me di cuenta de que lo había hecho el mismo Fernando.
Corrí hacia el portal, pero ya no lo vi”.
Mis cosas son últimamente así, siempre salen mal. Deseaba tanto que llegara la hora... y al final usted llegó aburrido de su vida y de mí. ¿Ya no le gusto Fernandito?”.
“Ofélia: Toda mi vida gira en torno a mi obra literaria, buena o mala, lo que sea, lo que pueda ser. Todos (…) tienen que convencerse de que soy así, de que exigirme sentimientos —que considero muy dignos, dicho sea de paso— de un hombre común y corriente es como exigirme que sea rubio y con los ojos azules”.
El primer fragmento de carta (escrito en septiembre de 1929) pertenece a Ofélia Queiroz, por entonces de 29 años.
El segundo, escrito días después, a un Fernando Pessoa de 40, ya alcoholizado, que se dirigía a la única mujer de la que se enamoró en su vida y con la que iba a cortar para siempre poco después.
La especialista portuguesa Manuela Parreira Da Silva acaba de reunir en un único volumen (Cartas de amor de Fernando Pessoa e Ofélia Queiroz, editorial Assírio & Alvim), las cartas que se cruzaron (a veces de usted, a veces de tú) el mayor poeta de la literatura portuguesa y una chica bien de una familia burguesa lisboeta.
Ambos se conocieron a finales de 1919, en una oficina comercial donde Ofélia, por entonces de 19 años, entró a trabajar de secretaria y donde Pessoa, de 31, se empleaba por horas traduciendo al inglés cartas de negocios.
A los pocos meses, en febrero de 1920, el poeta, enamorado por primera vez en su vida, montó una escena de folletín a la chica, declarándose melodramáticamente una tarde de invierno en la que estaban los dos solos en la oficina
. A la chica, aunque salió despavorida, la teatral prueba de amor exagerado le gustó.
Y le escribe la primera carta: “Pienso mucho en usted, en que estoy despreciando a un chico [su novio de entonces], que me adora (…) voy a serle franca: temo mucho que esos transportes de amor suyos sean de poca duración (…) si Fernandito nunca pensó en tener familia, le pido que me lo diga…” A esta carta inquisitiva y clara Pessoa respondió así:
“Quien ama verdaderamente no escribe cartas que parecen requerimientos de abogado.
El amor no estudia tanto las cosas, ni trata a los otros como acusados”.
Con todo, la relación se entabla.
La pareja vive diez meses como novios. Parreira da Silva asegura que del lenguaje de algunas cartas se desprende que no fueron unos amores tan platónicos como se pensaba y que hay giros que dejan entrever algún que otro escarceo erótico nunca demasiado aclarado.
Hay paseos, reticencias de Pessoa a conocer a la familia de ella, cursiladas (“todas las cartas de amor son ridículas”, escribió más tarde, en un poema célebre) y un constante deseo de ella para que él se comprometa más.
Pessoa llega incluso a fantasear con ganar un premio millonario participando en unos pasatiempos ingleses a los que es muy aficionado con la intención de casarse
. Pero, entre otros problemas, entre los dos se interpone la figura de Álvaro de Campos, uno de los heterónimos de Pessoa, una de las personalidades en las que transmutaba el poeta.
Hay incluso cartas firmadas por A. de C. A Ofélia le resultaba particularmente odioso el personaje: “No me gusta, es malo”, escribe en junio de 1920. En noviembre dejan de verse
. Pessoa se despide con una carta enigmática y triste: “Mi destino pertenece a otra Ley, de cuya existencia Ofelita nada sabe, y está subordinado cada vez más a Maestros que no conceden ni perdonan”.
Nueve años después, el azar les une de nuevo. Ofélia ya es una mujer de 28 años y Pessoa, un hombre adicto al aguardiente obsesionado con terminar una obra que es un laberinto inacabable.
Ella ya no habla de boda.
Y él vuelve a distanciarse y al final, las cartas se convierten en un desesperado monólogo de ella pidiendo, casi inútilmente, al otro que le escriba, anticipando una ruptura que se produce a finales de 1929.
En 1935, meses antes de morir, Pessoa vio su único libro publicado en vida, el soberbio poema Mensaje. “Un día, llamaron a la puerta y la criada fue a abrir”, —relató la misma Ofélia, muchos años más tarde—. “Era alguien que traía un libro.
Al abrirlo vi que era Mensaje, con una dedicatoria.
Cuando pregunté quién lo había traído, por la descripción de la chica, me di cuenta de que lo había hecho el mismo Fernando.
Corrí hacia el portal, pero ya no lo vi”.
El PSOE anuncia una campaña para que se mantengan los 400 euros a los parados
Rubalcaba dice que "cada día" pedirá al Gobierno que mantenga las ayudas que finalizan el 15
El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, durante su intervención en la Menéndez Pelayo.
Así ha anunciado el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, su intención de mantener “una campaña diaria” para que no se retire la ayuda de 400 euros mensuales a los parados que hayan agotado la prestación por desempleo. Las personas que se encuentren en esta situación dejarán de cobrar este subsidio el próximo 15 de agosto.
Rubalcaba, que ha participado en un curso en la Universidad Menéndez Pelayo, ha recordado que las personas que perciben esta ayuda “es gente que no tiene nada” y si se quedan sin ninguna ayuda del Estado no podrán subsistir.
El socialista ha acusado de nuevo al Gobierno de llevar siete meses “cometiendo un error detrás de otro”. “Sus errores”, ha recalcado.
Para el líder de la oposición la política económica del Gobierno provoca el “sufrimiento” en los ciudadanos.
“En una economía en recesión, si metes recortes sociales, lo que conduces es a la injusticia, a más recesión y más desempleo. Esa es la política del Gobierno.
Y esto es precisamente lo que está pasando”, ha añadido.
El ex ministro de Interior ha insistido en criticar la política económica del Gobierno.
“El problema es que hace recortes y no se lo cuenta a nadie ni pacta con nadie”, ha dicho.
“He hablado del plan PERAPARA, pero podríamos hablar del desempleo o la dependencia que afecta a los sectores más débiles”, ha añadido.
Respecto a los ajustes que tendrán que realizar las comunidades autónomas para cumplir con el déficit, el líder de la oposición ha pedido a Rajoy a que “olvide el ordeno y mando” y dialogue.
Los planes de ajuste, según Rubalcaba, tienen que acordarse con las comunidades para que “sean lo menos costosos en términos sociales”.
La comunicación era un arma contra ETA
El ex ministro de Interior ha desvelado cómo la política de comunicación “a favor de la democracia” del Gobierno formaba parte de la estrategia global contra ETA.“Estaba pensada, meditada y acordada con las fuerzas de seguridad del Estado”, ha dicho. “Nada de lo que yo dijera era ajeno a la política antiterrorista. Era una parte importante”, ha añadido.
En la conferencia inaugural del curso de periodismo Juantxu Rodriguez en la UIMP, que trata este año sobre terrorismo y prensa, el líder socialista ha recordado el reto que supuso para su equipo elaborar una comunicación que contrarrestara la propaganda terrorista
. Ha asegurado que también fue un método de lucha contra la organización. Rubalcaba ha recordado cuando ETA distribuyó un vídeo sobre sus actividades a principios de 2010. “Se veía que tenían la necesidad de decir a los suyos que no estaban acabados. Pero fracasé.
No conseguí que los medios de comunicación no lo pusieran.
Algunos lo pusieron varias veces, que parecía que tenían interés en que lo de ETA no se acabara nunca”, ha contado.
Esa no fue la única batalla mediática que ganó ETA, según Rubalcaba.
La imposición de su propio lenguaje militar contaminó a los medios de comunicación y políticos.
“Es un lenguaje que no es el nuestro y no deberíamos haber usado. Yo soy el primer contaminado”, ha dicho.
Rubalcaba también ha destacado que los medios de comunicación no pueden ser neutrales respecto al terrorismo. “Tienen que ser beligerantes”, ha señalado.
En este sentido el ex ministro ha explicado cómo se esforzó por contrarrestar uno de los principales mensajes de ETA: que nunca fallaban. “Si ellos decían que eran imbatibles, nosotros decíamos que no lo eran”.
También ha recalcado el cambio de rumbo respecto a la comunicación del Gobierno a nivel internacional. Rubalcaba ha defendido su gestión respecto a su intervención en los foros internacionales a los que acudía ETA:
“Defender la nuestra, donde ellos defendían la suya.
Muchos países creían que era un movimiento de liberación nacional, cuando era pura y sencillamente terrorismo. Sin más.
El Estado español tenía que explicar la política antiterrorista allí donde estaba el mundo abertzale”. “No puedes tratar de encapsular un problema cuando tus enemigos están fuera”, ha subrayado.
El líder de la oposición ha recordado cómo vivió el día en el que ETA anunció el final de la violencia el pasado 20 de octubre 2011.
“Fue un momento muy emotivo.
Me acordé de esas mañanas que empezaban con un atentado
. Tantas horas de incertidumbre entre las ocho y las diez de la mañana se habían acabado”, ha dicho.
Para Rubalcaba aquel comunicado no solo fue la “derrota de ETA” sino también era el documento en el que la democracia “certificaba su victoria”.
El ex ministro ha aprovechado su conferencia para agradecer su labor a “todos lo que han hecho posible esta victoria” y recordar a las víctimas. Para ello, ha leído los nombres de todos los periodistas muertos y heridos en atentados.
“La ETA que hemos conocido ya no va a volver”, ha dicho.
No cree Rubalcaba que en “este momento” exista un riesgo de que aparezca una nueva ETA, como ha ocurrido recientemente en Irlanda con el IRA. Pero ha reconocido que en casi 40 años de atentados la banda terrorista ha hecho “mucho daño”. Y ha concluido:
“A veces uno piensa: ¡tanto dolor para esto!”.
Si no lo viese no lo creía.
-Buenos días, me han violado y estoy embarazada, así que tengo un daño psicológico que me lleva a abortar.
-Hum, vamos a ver.
Desde La Moncloa han dado un toque al ministro de Justicia para que recoja velas, según fuentes populares. Porque no todo el partido respalda sus planteamientos, aunque la divergencia se lave en casa, como los trapos sucios. Y las encuestas ya le dan un buen coscorrón incluso por parte de sus votantes: se ha convertido en el quinto peor valorado, con un desplome espectacular.
Ni siquiera sus votantes respaldan su planteamiento de impedir la interrupción voluntaria en caso de malformación: el 65% lo rechaza, una proporción similar de oposición muestran quienes se declaran católicos.
Ayer domingo, algunas de las más de 200 personas que se manifestaron en Madrid contra el recorte del aborto se quitaban treinta años de encima al retomar lemas que, durante décadas, cayeron en el olvido: "Nosotras parimos, nosotras decidimos", "fuera el aborto del Código Penal".
Como si fuera el túnel del tiempo. Pero no lo era.
Y había quien se preguntaba por qué, ahora que las cosas van tan mal, se echa leña a este fuego
.
Quizá habían leído antes a Soledad Gallego-Díaz. "Misógino" era el calificativo más suave que se escuchaba a sobre Ruiz-Gallardón
-Hum, vamos a ver.
Desde La Moncloa han dado un toque al ministro de Justicia para que recoja velas, según fuentes populares. Porque no todo el partido respalda sus planteamientos, aunque la divergencia se lave en casa, como los trapos sucios. Y las encuestas ya le dan un buen coscorrón incluso por parte de sus votantes: se ha convertido en el quinto peor valorado, con un desplome espectacular.
Ni siquiera sus votantes respaldan su planteamiento de impedir la interrupción voluntaria en caso de malformación: el 65% lo rechaza, una proporción similar de oposición muestran quienes se declaran católicos.
Ayer domingo, algunas de las más de 200 personas que se manifestaron en Madrid contra el recorte del aborto se quitaban treinta años de encima al retomar lemas que, durante décadas, cayeron en el olvido: "Nosotras parimos, nosotras decidimos", "fuera el aborto del Código Penal".
Como si fuera el túnel del tiempo. Pero no lo era.
Y había quien se preguntaba por qué, ahora que las cosas van tan mal, se echa leña a este fuego
.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)