Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 jul 2012

Yo de mayor quiero ser exmodelo

‘About faces’, el documental del fotógrafo Timothy Greenfield-Sanders, muestra el mundo de la moda desde el punto de vista de las tops del siglo pasado.

La modelo Carmen Dell´Orefice, de 81 años, sigue en activo desde que empezara su carrera en 1947. / TIMOTHY GREENFIELD-SANDERS
La moda no pasa de moda.
 Los creadores de las firmas han conseguido en las últimas décadas lo que otros sectores no han logrado: reinventarse, recuperar viejas tendencias, crear lo que aún no está inventado y volver a ponerse de moda. Otra historia muy distinta es la de las modelos que, aunque a veces creamos que no pertenecen al género humano, no les queda más remedio que envejecer como el resto de los mortales.
 Y cuando esto sucede, los rostros más bellos y los cuerpos más perfectos se devalúan y terminan finalmente siendo reemplazados por otros más frescos. ¿Qué ocurre con esas mujeres que un día fueron iconos de belleza? ¿Han perdido realmente el físico prodigioso que un día las hizo subir al olimpo de la moda? ¿Conservan su belleza natural o han sucumbido al bótox y demás sustancias pseudoadictivas para conseguir la eterna juventud?
El fotógrafo Timothy Greenfield-Sanders (Florida, 1952) aborda todas estas cuestiones a través de esas mujeres que coparon los ranquin de belleza desde los años cincuenta a los ochenta, en su documental About face, que se estrenará mañana miércoles, a las 22.35 en Canal + 1, y que pondrá fin a la primera temporada de #Canalplusestademoda
. El maratón se extenderá hasta la mañana siguiente con la recuperación de los mejores contenidos ofrecidos hasta el momento.
La idea de producir este documental surgió hace poco más de dos años en una fiesta en Nueva York a la que acudió el famoso fotógrafo. Allí coincidió con varias súpermodelos de los ochenta.
“Me fui de la recepción pensando en lo bellas e interesantes que eran esas todas esas mujeres, que superan ahora el medio siglo de edad, y siguen incluso más vivas y vibrantes que cuando tenían 20 años”, cuenta el fotógrafo a través del teléfono.
Producida por HBO y presentada en la pasada edición del festival de cine independiente Sundance, la cinta repasa, en 72 minutos, la evolución del mundo de las modelos en las últimas cinco décadas
. Una profesión que, asegura el director de About faces, ha dado un vuelco rotundo: “En los años cincuenta las modelos estaban consideradas casi como prostitutas, mientras que hoy es un trabajo muy glamuroso y con el que se puede ganar mucho dinero”.
Beverly Johnson (izq.), Timothy Greenfield-Sanders y Cheryl Tiegs (dcha.).
Isabella Rossellini, Jerry Hall, Marisa Berenson, Christie Brinkley, Cheryl Tiegs o China Machado hablan, en el entorno íntimo del estudio de Greenfield-Sanders, sobre sus experiencias personales como modelos y exmodelos, repasan, desde la madurez, la industria de la moda y revelan sus opiniones sobre las operaciones estéticas.
Se habla mucho de la cirugía en el documental.
 Algunas mujeres, como Isabella Rossellini, se muestran en contra de esta práctica alegando que es una forma de decirles a las mujeres que no son bellas y de crear estereotipos imposibles de alcanzar.
 A otras entrevistadas, en cambio, les seduce la idea de pasar por el quirófano porque les hace sentirse más jóvenes: “¿Si el techo de tu cuarto de estar se estuviera cayendo a rozos, no lo repararías?", se pregunta Carmen Dell’Orefice para justificar las intervenciones de estética que luce en su octogenario rostro.
Dell’Orefice, una de las mujeres con más protagonismo del documental, fue una de las caras más fotografiadas en los años cuarenta y cincuenta.
 Comenzó su carrera de modelo en 1947, y todavía hoy, a sus 81 años, sigue trabajando
. “Hacer este documental ha sido mucho más sencillo para mi que trabajar con modelos jóvenes. Todas estas mujeres conocen bien la cámara, se saben comunicar contigo muy rápido, entienden lo que es estéticamente bueno”, asegura el director de About faces.

 

Una idea feliz para cuidar el cuerpo


El creador de Airfit, el madrileño Nacho Larriba. / SAMUEL SÁNCHEZ
Nacho Larriba tenía 16 años cuando empezó a aficionarse a ir al gimnasio.
 Conocía todos los secretos de esos templos del fitness donde la gente, además de ponerse en forma e intentar perder peso, se mira una a otra disimuladamente para comparar bíceps.
 “Me di cuenta de que muchas personas no lograban adelgazar.
 Por un lado, no todo el mundo puede permitirse pagar las mensualidades para ir a un gimnasio
. Y, por otro, en un gimnasio no siempre se dice la verdad sobre hábitos saludables por temor a ser juzgado por la falta de actividad física”, asegura Larriba.
Este joven madrileño de 31 años, sonrisa arrolladora y vitalidad espídica, estudió Ingeniería Informática, primero becado en la Universidad de Comillas (ICAI) y después en la Politécnica, pero soñaba con montar su propio negocio.
 A punto de abandonar la carrera y abrir un gimnasio, su novia Virginia y un profesor de la universidad le animaron a continuar y a llevar a cabo la idea que desde hacía tiempo rondaba por su cabeza: crear un cerebro inteligente que diseñara un programa personalizado capaz de adecuar el ejercicio físico a las necesidades reales de cada usuario.
Tenía la idea, las ganas y unos cuantos amigos que le ayudarían a desarrollar el proyecto, aunque le faltaba algo esencial: dinero. Pero no sería eso lo que le impidiese llevar a cabo su sueño.
 Así que decidió que si los bancos no le facilitaban financiación, iría puerta por puerta, despacho por despacho, hasta que alguien depositase su confianza en él.
Aprovecharon el material que la universidad desecha, y fueron contenedor por contenedor recogiendo monitores, pantallas, sillas, mesas, CPU.
 Con eso, y con 3.006 euros, empezó a construir Airfit, una empresa que hoy cuenta con 14 personas en nómina y está valorada nada menos que en cinco millones de dólares (4,10 millones de euros).
Gracias a herramientas como las que facilita Amazon, Airfit consiguió presencia a nivel mundial.
 Después, los gimnasios se interesaron por este cerebro de inteligencia artificial que es capaz de programar en tres segundos una clase de pilates para una mujer de 30 años embarazada o diseñar una tabla de ejercicios para un hombre de 50 años, fumador y que mantiene una vida sedentaria.
 Ahora Airfit estudia expandirse hacia el mundo del videojuego, las redes sociales y las aplicaciones de móviles y tabletas.
La de Nacho Larriba es una historia de ambición, lucha y optimismo.
 “Me han dado con la puerta en las narices 99 millones de veces, pero el otro millón no”, recuerda orgulloso este ya exitoso hombre de negocios, que reconoce que le han intentado comprar la empresa en más de una ocasión pero siempre lo ha rechazado.
Para Nacho Larriba el valor de la compañía que ha levantado con sus propias manos no radica exclusivamente en lo económico, sino también en la satisfacción de ser testigo de su desarrollo, del esfuerzo de quienes han trabajado para su evolución constante y sobre todo en salir adelante en una situación tan complicada como la que hoy se vive en el país.

¡Pecadores, arrepentíos! Por: Paul Krugman

¡Pecadores, arrepentíos!

Por: | 23 de julio de 2012
A principios de este mes, 160 economistas alemanes, organizados por Hans-Werner Sinn –podríamos llamarlos sinners [pecadores]-firmaban un manifiesto que se opone a una unión bancaria europea.
El 9 de julio, VoxEU, el portal de Internet dirigido por el Centro de Investigación en Política Económica, publicaba un contramanifiesto, firmado por más de 100 economistas del mundo germanoparlante, que a efectos prácticos sostenía que el euro no puede sobrevivir sin dicha unión bancaria.
“En el transcurso de la crisis, se está recurriendo a los presupuestos fiscales para refinanciar sistemáticamente instituciones financieras importantes”, decía el segundo manifiesto.
 “Al mismo tiempo, las instituciones financieras siguen desempeñando una función crucial en la financiación de los Gobiernos nacionales, ya que les prestan dinero y guardan su deuda.
 Una consecuencia inevitable es que las quiebras bancarias han provocado crisis de la deuda soberana, y las crisis de la deuda soberana han provocado crisis bancarias, lo que ha conducido a una desconfianza cada vez mayor hacia los sistemas bancarios nacionales y las finanzas públicas.
 La situación se agrava por el hecho de que los inversores internacionales, movidos por el miedo a una debacle absoluta, han retirado la financiación a los países con problemas, tanto a los Gobiernos como a los bancos".
Y prosigue: “Solamente rompiendo el vínculo entre la refinanciación de los bancos y la solvencia de los Gobiernos nacionales será posible estabilizar el suministro de crédito en los países en crisis”.
Tienen razón, por supuesto. Pero los pecadores se hallan en una situación ventajosa ante la opinión pública alemana.
Me resulta más difícil que nunca imaginar posibles situaciones plausibles en las que el euro sobreviva.

¿Que se jodan? Por: Miguel Lorente Acosta | 21 de julio de 2012


QUE SE JODAN
En cuestión de un par de semanas hay quien ha pasado del “a por ellos” deportivo al “que se jodan” político, pero en el fondo no hay tanta distancia entre ambas expresiones ni en entre los dos escenarios, quizás sólo sean momentos diferentes de un mismo proceso y, con toda seguridad, de una misma idea.
Quien plantea la competición con la única referencia del “a por ellos” como grito de guerra inicial, algo parecido a aquello de “al ataque”, para después lanzar todas las huestes contra quien considera su enemigo, con frecuencia termina con la rúbrica de una falta de respeto al contrario. El “que se jodan” es la consecuencia del “a por ellos” tras la victoria de los malos deportistas. No todo el mundo lo puede decir, sólo quien está en la posición de privilegio que da el triunfo y el poder, y quien busca más la humillación del rival que el éxito propio. Nadie lanza un improperio de ese tipo contra quien está en una situación mejor que la suya, salvo que sea un iluso.
Las palabras de Andrea Fabra en el Congreso el pasado día 11 de julio fueron dirigidas contra quienenes consideraba que merecían sufrir las consecuencias de las medidas que Rajoy estaba anunciando. Ella después ha dicho que se lo dijo a la bancada socialista, concretamente a un diputado, pero habló en plural y en tercera persona, no dijo nada parecido a “joderos”, “ahora os jodéis”, “no tenéis nada que hacer, daros por jodidos”… en fin, múltiples posibilidades que no se produjeron, ni en plural ni en singular. Pero, además, hay otra cuestión, ¿por qué se iban a joder los socialistas por las medidas del Gobierno?, cualquier impacto que tuvieran sobre ellos sería el mismo que tendría sobre los diputados y diputadas del PP y del resto de partidos, la subida del IVA es para todos y la bajada de los servicios también. Es más, lo que se deduce del contenido de la comparecencia del Presidente y de toda la información que ha surgido tras ella, incluyendo declaraciones de los propios líderes del PSOE, es que desde el punto de vista político les facilitan mucho la tarea de oposición por el significado de las medidas, por el momento de anunciarlas, por coincidir con lo contrario a lo planteado hasta un día antes de tomarlas, por no explicar todo lo que conllevan, por dirigirlas a un sector mayoritario de la sociedad formado por las clases medias y las más desfavorecidas, por la improvisación y la sensación de no saber muy bien cómo afrontar la situación general…  
Todo son elementos para hacer la oposición al Gobierno más sencilla, no para estar políticamente jodidos. 
Las palabras de Andrea Fabra son impresentables e inadmisibles, las dirigió contra quienes hacen posible que ella esté sentada en la sede de la soberanía del pueblo, contra quienes viven las consecuencias de una crisis planificada para el enriquecimiento económico de unos y el enriquecimientos ideológico de otros.
 Contra quienes sufren la tenaza del paro, muchos de ellos votantes del PP más allá de la ideología, hombres y mujeres (conozco algunos) que decidieron no votar al PSOE ante la creencia de que el PP les devolvería el trabajo que perdieron, pero lo único que han escuchado han sido excusas, referencias a una herencia que cobraron como argumento, y el “que se jodan” para todos. Unas palabras pronunciadas por quien se cree superior a quien las dirige, y por quien sabe que no se verá afectado por las medidas que las motivaron.
Y sorprende que el PP, un partido que presume de defender la buena educación, el respeto, la consideración al prójimo, la ayuda al necesitado.
 Que reivindica el mérito y el esfuerzo para alejarse de la vulgaridad, que quiere políticos con curriculum como ejemplo de lo que debe ser (aunque luego confunde el currículo con la alcurnia), y busca empatía con los más afectados por la situación económica, sólo haya respondido con una amonestación. Eso sólo puede significar que hace suyas las palabras, no su pronunciación, pero sí su significado.
 Quizás sería bueno recordar la dimisión de Rafael Centeno, parlamentario del PSOE en Andalucía cuando dijo aquello de “Los moros que se vuelvan a Marruecos, que es donde tienen que estar” (febrero de 2001), frase criticable en cualquier circunstancia, pero inadmisible en un Parlamento, la frase y quien la pronuncia. 
Da la sensación que Andrea Fabra y quienes aplaudían, reían y jaleaban cada una de las medidas anunciadas por Rajoy como si fuera la alineación del equipo momentos antes de comenzar al partido, viven en otro mundo o les importa muy poco este.
 Y el PP olvida que para ser representante del pueblo hacen falta dos condiciones básicas, una ser elegido, y la otra merecer haber sido elegido. Nadie duda de la primera en el caso de Fabra, pero la segunda, a mi entender, la ha perdido.