Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

11 jul 2012

Una pasarela para todos

Ya era hora de que alguien lo dijera: la vida es chula. En estas circunstancias, más que un lema, este es un grito de guerra, un reto que asume Desigual. Quizá —bueno, casi seguro— la vida no es chula, pero hay que saltar a la calle con ese espíritu. Así lo ha hecho, sobre la pasarela, esta firma de moda y, además, con un poco de “sex, fun and love” (sexo, amor y diversión). La casa no solo da alegría a sus colecciones, también a su ciudad, Barcelona, apostando una vez más por sacarla de las fronteras catalanas para ventilarla por el mundo. Acabará el año con 300 tiendas.
 Y con Desigual y no menos arrojo, Mango, otra marca nacida en Cataluña pero con escaparates de Shanghai a Nueva York.
Ellas, las grandes, comparten esta semana la pasarela en el 080 Barcelona Fashion, un proyecto para diseñadores emergentes e independientes que llega hoy a su X edición.
Una modelo luce una creación de la diseñadora Miriam Ponsa en el segundo desfile de la 080 Barcelona Fashion / ALBERT OLIVÉ (EFE)
Y no en cualquier parte. La organización ha elegido un lugar poco habitual para desfilar, el Palacio de Pedralbes de Barcelona. 080 nació como un proyecto de moda emergente, pero ha decidido abrir la puerta a las marcas más comerciales en un intento por unir el talento que empieza con la industria. “080 debe ser diferente a todo lo que pasa en el resto del mundo”, explica Miquel Rodríguez, responsable del 080 en la Generalitat.
 El presupuesto de esta edición es un millón de euros, un 30% llega del patrocinio privado.
El 080 arrancó ayer en una tienda de la estrecha calle de Minerva. Allí madre e hija mostraron al público su última colección. La madre es Lydia Delgado y su hija, Miranda Makaroff. Ambas presentaron la tercera colección de Miranda Makaroff para Lydia Delgado, unas prendas básicamente jóvenes, coloridas y con vocación internacional.
Vivimos momentos complicados. Lo reconocen muchos de los diseñadores. “Solo de España no se puede vivir”, sentencia Delgado, al apuntar que las oportunidades están fuera. Una vocación que no le falta a la manresana Miriam Ponsa, que ayer tarde inauguró el palacio con la moda del próximo verano, ropa muy “llevable” que apuesta por formas convencionales y por colores “orgánicos”.
La semana de la moda en Barcelona se inició el lunes con el desfile que recorrió parte de la plaza Reial. Expertos en moda, turistas y vecinos curiosos asomados a sus balcones para ver las propuestas de una veintena de jóvenes diseñadores de las mejores escuelas españolas que aspiran al premio ModaFAD
. Ayer le llegó el turno al 080. Del 10 al 13 ocupará el Palacio de Pedralbes, con desfiles de Celia Vela, Guillermina Baeza, Miriam Ponsa, Gori de Palma o Manuel Bolaño, entre otros.
El 080 exhibe lo último en materiales. La industria textil con el valor añadido de la tecnología. Si China puede producir camisetas a precios imbatibles, quizás la competencia esté en ropa que no se mancha, que no se moja, que aspira el sudor o que detecta la música del vecino.
 Toda una apuesta por las nuevas tecnologías. Lunáticos, en 080, ofrecerá a los asistentes la oportunidad de ver las novedades tecnológicas del sector textil. La semana acabará con las marcas más urbanas en la feria The Brandery. El salón vuelve a apostar por una mezcla de consumidor final y compradores para así acaparar todo el circuito de venta.

Una mirada que Inquieta?


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Plagiando a Faulkner

Lauren Bacall en un fotograma de 'Tener y no tener', de Howard Hawks, con guión de William Faulkner
Para el común de los españoles, William Faulkner es ese escritor al que fusilaba el intelectual argentino en Amanece que no es poco y que por tanto era recriminado por el guardia civil en el cuartelillo: “Le gustan a usted las extravagancias […].
Pero esto.... Ahora vienen estos amigos a contarme que usted ha plagiado Luz de agosto, de Faulkner.
 Hombre, Faulkner, William Faulkner. ¿Es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por William Faulkner?”.
A él esta referencia le daría bastante igual.
Su visión del mundo del cine fue dolorosa, aburrida y, finalmente, acabó hastiado. Faulkner intentó usar al cine como su teta alimenticia (no lograba muchos ingresos como escritor), pero el cine le devoró a él durante los años treinta y cuarenta.
 Y desde luego, siempre porfió contra su maquinaria. Es legendaria la leyenda -y como leyenda hay que tomarla- sobre el encuentro del escritor con un ejecutivo de la 20th Century Fox.
Paseaba el escritor por los alrededores del edificio de los guionistas en el campus de la major cuando el directivo se cruzó en su camino y le preguntó qué hacía. Nada. ¿No tiene ideas? “Sí”, respondió el escritor, “pero las escribiría mejor en mi casa que en el edificio de los guionistas”.
 Al ejecutivo le pareció bien, y le permitió irse… sin sospechar que Faulkner no se refería a su casa en Hollywood, sino a su hogar en Oxford (Misisipi).
El premio Nobel nunca se adaptó. “Yo soy un granjero que cuenta historias”, se defendía. Nunca logró que su talento brillara.
 Pero firmó seis libretos, cinco de ellos para un genio, Howard Hawks (El sueño eterno, Tener y no tener, Tierra de faraones, El camino de la gloria y Vivimos hoy), y metió mano en un puñado más, en algunos de los trabajos de Raoul Walsh o John Ford. Además en Hollywood hizo dos buenos amigos, dos grandes bebedores como él: Humphrey Bogart y el ya mencionado Howard Hawks, un par de almas gemelas muy cercanas a sus gustos, y muy alejadas del oropel del cine
. Como muestra de lo que le resbalaba ese ambiente, del centenar de cuentos de Faulkner solo uno, Tierra dorada, se desarrolla en la meca del celuloide.
En injusta correspondencia, ninguna de las adaptaciones de las obras de Faulkner está a la altura del autor. Tal vez Martin Ritt fue el que más se acercó con El largo y cálido verano (1958), aunque no estuviera muy brillante en El sonido y la furia (1959).
En la pantalla, nunca hemos podido vivir a gusto en el condado de Yoknapatawpha, y para las nuevas generaciones, Faulkner es ese personaje secundario rebautizado como W. P. Mayhew en Barton Fink.