Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

8 jun 2012

Gigabyte, el portátil más ligero

Fabricado con fibra de carbono pesa 975 gramos, menos que el MacBook Air.

 

Gigabyte ha presentado en Taipei "el portátil más ligero del mundo", según su anuncio. Al menos en la gama de ordenadores con pantalla de 11,6 pulgadas, las mismas que el pequeño MacBook Air de Apple.
El modelo X11 está fabricado en fibra de carbono, y tienen un grosos de entre 3 milímetros y 16,5.
 Lleva un procesador de Intel, Ivy Bridge (sin especificar), dos puertos USB de 2.0 y 3.0, webcam de 1,3 megas 4GB no ampliables como tampoco su memoria. El precio va de 999 a 1.299 dólares y se pondrá a la venta el próximo mes en un único color negro.
Gigabyte presentará el modelo la próxima semana en la feria Computex de Taipei, una de las más importantes del mundo.

En el país de Evita, el petróleo es cosa de hombres

La presidenta Cristina Fernández suele iniciar o concluir sus discursos dirigiéndose a todos y a todas, a los argentinos y a las argentinas
. A menudo evoca la figura de Evita y comparece en público ante la imagen de la gran impulsora en el país del voto femenino.
Sin embargo, esta semana Fernández hizo un flaco favor a la lucha por la igualdad de género cuando declaró que el petróleo es más bien cosa de hombres.
 No sé qué repercusión habría tenido esa frase en caso de que la hubieran pronunciado Barack Obama o Hugo Chávez. Entre los medios argentinos pasó inadvertida.
 Y eso, a pesar de que para justificar el hecho de que entre los 17 consejeros recién nombrados de la nueva YPF no haya ni una sola mujer, Fernández se basó en las extremas condiciones de trabajo de algunos campos petroleros.
 Tampoco hubo mujeres en ese órgano durante los 14 años en que Repsol controlaba la empresa. Si bien, Repsol cuenta en España con dos mujeres entre los nueve integrantes de su consejo de dirección y otras dos entre los 15 de su consejo de administración. Pero Fernández ha desaprovechado una buena ocasión de hacer historia.
 O, al menos, una excelente óportunidad para guardar silencio
. Veamos sus palabras, pronunciadas el pasado martes 5 de junio en un hotel de Buenos Aires ante cientos funcionarios y altos cargos del Gobierno argentino que no ahorraban energía a la hora de aplaudir:
En el directorio hemos colocado… Oh, no hemos colocado a ninguna mujer ahora que me doy cuenta

Uyyy, Díos... Bueno, duran un año, así que mejor que se porten bien
porque si no va a venir una mujer.

Ahora que me doy cuenta hoy, no hay ninguna
mujer, son todos hombres... Pero el petróleo es más de los hombres. La verdad que
hay que conocer un campo petrolero, no es ir a hacer…con todo respeto para todo
el mundo, hay que ir a un campo petrolero, estar en el campo petrolero, con
temperaturas…hoy en mi provincia, en el sur, en la cuenca austral, había
temperaturas en el campo de 15 grados bajo cero y para cementar un pozo estaban
tirándole no sé qué cosa para que no se les congele porque si no era imposible
cementar el pozo. Entonces, es una tarea muy fuerte, es una tarea difícil y por
eso son tan duros. En general son muy duros todos aquellos de tareas
extractivas, mineros, petroleros, porque por la propia característica, por eso
también somos duros los del sur, por el frío y el viento. Y claro, que el
hábito no hace al monje, pero que el trabajo y el lugar donde vivís te hace, no
tengas ninguna duda. (APLAUSOS)
De modo que Fernández empezó reconociendo que no había mujeres entre los consejeros de la mayor empresa del país; lo justificó porque las condiciones de trabajo son muy duras... Y concluyó la parrafada arrancando aplausos porque ella vive en el sur y la gente de sur son duras, "por el frío y por el viento".

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Cristina Fernández al anunciar la expropiación de Repsol. / REUTERS

En Brasil, la revista Veja se hizo eco de la declaración de Fernández. "O petróleo é coisa de homens". La frase tiene su aquel si se recuerda que apenas hace cuatro meses que la presidenta Dilma Rousseff colocó al mando de Petrobras, la mayor compañía de Latinoamérica (la mayor de todas las petroleras de la región) y la octava del mundo, a la ingeniera química Graça Foster
. De niña, Foster recogía cartones y latas entre las favelas de Río. A los 24 años entró a trabajar como becaria en la gran petrolera. Y ahora, a los 53, dirige a 61.000 empleados, de los cuales el 84% son hombres. Foster ha declarado que prefiere promover la diversidad en el sector antes que reclamar la paridad. Pero nunca ha dicho que el petróleo, ni su gestión, ni su extracción, deba ser cosa de hombres.

En un mundo donde ya hace lustros que triunfan mujeres astronautas, soldados, alpinistas... ¿Sigue siendo creíble ampararse en la dureza de las condiciones de trabajo para justificar el hecho de que no haya ninguna mujer en la dirección de la principal empresa del país?  Sirva de respuesta esta pequeña acotación:
Siempre nos están poniendo a prueba y siempre tenemos que dar muestras y pruebas de que podemos ser mejores que los hombres. Creo que en algunas cosas estamos demostrando que, en algunas cosas, somos un poco mejores que algunos hombres.
Fueron palabras pronunciadas el 7 de marzo de 2008 por la presidenta Fernández durante la cumbre de jefes de Estado del Grupo de Río en Santo Domingo.

“No creo que vuelva a rodar con Almodóvar. Es tenso”

Carmen Maura, recientemente galardonada con el premio Cesar por 'Las chicas de la sexta planta' habla de este y otros proyectos.

Carmen Maura, en Madrid.
A Carmen Maura (Madrid, 1945) le hacen los ojos chiribitas cuando habla de Francia, los franceses y su dominio del francés.
 Por su lado, está encantada: “Me han dado el César [a mejor actriz de reparto] más que por esta película, Las chicas de la sexta planta, por el conjunto de mi carrera.
 Va, era un papel pequeño y superfácil”.
 Por otro, no puede con ellos: “Me ha costado 20 años que me respeten. Y les he aguantado... Te tratan mal por española. Ahora ya les monto números en cuanto me gruñen. Me convierto en una de ellos: burguesa gruñona. Hasta he comprado un vestido sin saber el precio por llevar la contraria a una dependienta”.
Hoy, Maura —que graba estos días una serie de televisión— defiende esta historia de las criadas españolas en las casas de los ricos burgueses parisienses en los años sesenta
. “Está bien que no haya ahondado más en el drama porque así ha hecho mucha pasta. Porque ha arrasado allá donde hemos estrenado”.
 En Las chicas de la sexta planta “hay una carta de amor del director, Le Guay, por España, porque adora España”. Es más, “ha luchado mucho por rodarla, lo ha hecho incluso sin coproducción con España, respetando los idiomas de los personajes”.
 Maura se dedicó en el rodaje a medias entre españoles y franceses: “Mis compañeras españolas debían entender lo importante que era que lo hiciéramos bien. Por los papeles y por nosotras. A cambio, el equipo técnico nos adoraba, porque somos más sencillas que las intérpretes francesas”.
 Y pone como ejemplo al protagonista, Fabrice Luchini: “Su presencia salvó la producción.
 Y es muy divertido, con un vocabulario flipante, pero a la vez un pesado que solo hablaba de dinero”.
La actriz dice pasar del físico: “No veo las tomas diarias. Para qué. Me da igual que me saquen hecha un cristo. Lo que importa es la autenticidad”. Por eso, le atrae ser bruja.
 “El 3 de septiembre empiezo Las brujas de Zugarramurdi, con Álex de la Iglesia. Me apetece todo, con un papel maravilloso y complicado: levito, camino por el techo, me convierto en cucaracha.
Soy la hija de Terele Pávez y madre de Carolina Bang. Álex es mi debilidad española”
¿Y Almodóvar? “Nos tomamos un café para Volver, rodé y ya está.
 No creo que vuelva a trabajar con él. Porque sus rodajes son tensos, y no me apetece. Álex es más joven y simpático, no hay color.
 Eso sí, es un juguetón y te magulla en el rodaje... Entiendo su sentido del humor, cercano al mío, no como el de...”
. Y hasta ahí llega.

 

La agonía de morir

La alemana 'Stopped on track', nueva película del siempre interesante Andreas Dresen, es una radiografía del cáncer terminal. Y no ahorra nada.

 

Fotograma de 'Stopped on track'
Primera secuencia: un hombre joven, cuarenta y tantos, en compañía de su esposa, escucha en boca de su médico que tiene un tumor maligno, muy extendido, inoperable, y que apenas le quedan tres meses de vida. Última secuencia: bueno, ya saben.
 Entre medias: la quimioterapia, el dolor, los vómitos, la radioterapia, los desmayos, los olvidos, los gritos, la morfina, los llantos, la destrucción, física y mental, de él, de su mujer y de sus dos hijos.
 La alemana Stopped on track, nueva película del siempre interesante Andreas Dresen, es una radiografía del cáncer terminal.
Y no ahorra nada.

STOPPED ON TRACK

Dirección: Andreas Dresen.

Intérpretes: Milan Peschel, Steffi Kühnert, Talisa Lilli Lemke, Mika Nilson Seidel, Ursula Werner.
Género: drama. Alemania, 2011.
Duración: 110 minutos.
A través de un hiperrealismo casi documental, acrecentado por la cámara en mano y una imagen en digital cercana a la del vídeo casero, la película solo escapa de la crudísima cotidianidad en un par de secuencias, entre el onirismo, la comedia negrísima y el surrealismo; una en la que la radio informa en sus boletines de noticias acerca del estado de la enfermedad del protagonista, y otra en la que un personaje de comedia grotesca, que interpreta al propio tumor cerebral aunque sin disfraz alguno, acude a un programa nocturno de variedades como invitado para una entrevista
. Dos atrevimientos narrativos, en la cuerda floja de la heterodoxia suicida, que, sin embargo, se encuentran entre lo mejor de un guion que, por otra parte, es puro realismo
. Porque, más allá de estas dos secuencias, el resto es simplemente desolador; una radiografía del horror difícil de soportar en la que todo lo que ocurre resulta moralmente responsable por parte del director, con una única excepción, sin duda lo peor de una función en general notable: colocar a un enfermo del cerebro con problemas de memoria a armar una litera de Ikea parece un capricho del director y guionista, un modo cruel y poco plausible de maltratar al enfermo para, de paso, poner aún más de los nervios al espectador.
Dresen, objeto estos días de una retrospectiva sobre su obra en el Festival de Cine Alemán celebrado en Madrid (en España solo se han estrenado comercialmente las meritorias Encuentros nocturnos, de 1999, y En el séptimo cielo, de 2008, aunque aún mejor era Halbe treppe, exhibida en la Seminci de 2002), es un cineasta acostumbrado al realismo social de impacto, sin envoltorios formales
. No en vano, con En el séptimo cielo se había atrevido a romper el tabú del sexo en la ancianidad, incluyendo momentos de desnudos y orgasmos de gran autenticidad, aunque en una película sensible, cálida y respetuosa dentro de su evidente transgresión.
Además, sin ser un cineasta moral, Dresen siempre tiene un toque en el último minuto que le hace tomar partido, llevando al espectador hasta el debate ético
. Aquí, con una última frase, pronunciada por la hija mayor del protagonista casi como el que pasaba por allí, al mismo tiempo comprensible y atroz, desvergonzada pero profundamente humana.
Lejos de películas sobre temas semejantes más o menos recientes, caso de la francesa Declaración de guerra (Valérie Donzelli, 2011) o el documental español Las alas de la vida (Antoni. P. Canet, 2006), en las que junto a la claudicación y la desesperación se abrían las puertas a la alegría de vivir, Stopped on track es la muerte sin aditivos.
Algo, por desgracia, mucho más extendido.