Dumas (hijo) opinaba que la "vejez no podría soportarse sin un ideal o un vicio"
. Ambos elementos conviven en esta comedia, aparentemente previsible, pero con sorprendentes giros en su historia.
Soledad, vejez y enfermedad son temas que el cine suele transformar en comedias disparatadas o dramones de envoltorio tampoco nada original.
Aproximarse al mundo de la tercera edad (o la cuarta: las fronteras son difusas) exige tacto, ironía, amor sin falsa ternura y sentido crítico
. Así ocurre en este segundo largometraje escrito y dirigido por el cineasta francés Stéphane Robelin, que invirtió cuatro años en culminar un sueño: reunir el reparto adecuado y contar con la presencia de Jane Fonda. Ganadora de dos Oscar por Klute y El regreso, la última actuación de la actriz norteamericana en el cine francés se remontaba a 1972, cuando se puso a las órdenes de Godard para rodar Todo va bien al lado de Yves Montand.
Habitada por cinco consumados comediantes, ¿Y si vivimos todos juntos? es una película coral en la que nadie tiene un protagonismo absoluto. Fonda, Géraldine Chaplin, Guy Bedos, Claude Rich y Pierre Richard son cinco ancianos de espíritu juvenil que comparten amistad, secretos, rebeldía, complicidades y hasta amores ocultos desde hace más de cuarenta años.
Sufren angustias como la enfermedad, la proximidad de la muerte o el dolor de la ausencia, pero no renuncian a disfrutar, a pesar de sus carencias, de este último tramo vital.
La amenaza latente de verse recluidos en una residencia de ancianos, será el revulsivo que les lleva a formar una comunidad, trasladándose a la casa de campo de uno de ellos.
El quinteto (dos parejas y un viejo seductor) se transforma en sexteto cuando se les impone un cuidador para que controle a uno de ellos, con principios de alzheimer.
El encargado es un estudiante alemán que pronto deviene cómplice de estos viejos insumisos.
Sin buscar la trascendencia, esta comedia de resortes dramáticos logra evadirse de la banalidad que parecía presidir este tipo de historias.
2 jun 2012
Pobre Tita rica
JORGE ZAPATA (EFE)
Me ha pillado mi nuevo líder poniéndolo fino por el móvil en el baño.
En el lavabo no, no soy tan suicida, sentada en el retrete propiamente dicho, que hay que explicarlo todo y ya me han dado un toque para no ser tan gráfica
. Estaba yo despachándome a gusto, y veo por debajo de la puerta las Vans que se ha agenciado para dárselas de moderno.
Ahora él sabe que yo sé que él sabe, pero los dos hacemos que no sabemos nada por la cuenta que nos tiene. El derecho a la intimidad, la información es poder y todo eso. Eso le pasa por confraternizar con los esbirros en su terreno.
Un jefe es un jefe, por mucho que vaya de colega. Mucha sinergia, mucho compadreo y mucha vía de doble sentido, que le decía Sigourney Weaver a Melanie en Armas de mujer cuando la Griffith era la Griffith y no la señora de Banderas. Pero si se les mete entre ceja y ceja que les puenteas, te quieren cortar la cabeza, como Rubalcaba a Maru Menéndez.
Por eso Tita Thyssen no paga a voceros.
Tiene toneladas de pedruscos de los buenos, pero no se le caen los anillos por dar explicaciones.
Tenías que verla en Iroco, un restaurante finísimo, confesándole a la prensa así, en confianza: fíjaos qué apuro, chicos, pero me veo obligada a subastar un constable por 26 kilos de salida porque tengo muchos gastos y estoy sin efectivo.
Pobre Tita, yo la entiendo: una cosa es tener 300 cuadros, un yate de 38 metros, equis mansiones por el globo y 80 personas en nómina, y otra, no tener líquido ni para comprarles un Calippo a sus mellizas Carmen y Sabina con este calorazo. Borja y Blanca son otro asunto.
El cariño ni se compra ni se vende, pero desde que su primogénito biológico le exigió la herencia en vida, la baronesa viuda le ha cortado el grifo.
Por cierto que, pese a ser patrimonio nacional de primer orden, Carmen presume de pasaporte suizo. Tributar no sé dónde tributa, pero Tita mira el euro más que Guindos.
Que se peina sola, dice, no hace falta que lo jure.
Da igual que vaya a la lonja de Sant Feliú a por unas chirlas o venga de posar para Testino, ella se planta un quiqui con una pinza de los chinos que le descubrió su íntima Carmen Calvo y va tan casual y tan mona.
Con lo que ahorra en pelu podría pagar el amarre del Mata-Mua. Te lo digo yo, que sé lo que vale un peinazo de un peluquero estrella. No acaba de palmar Vidal Sassoon y ya hay varios postulantes al trono. El primero, el mío.
El mismo que peinó a Raquel Perera en su boda con Alejandro Sanz.
Otros millonarios que hacen sus apaños de crisis: bautizan al nene y se casan y ventilan dos sacramentos con un convite.
Luego lapidan a Letizia por repetir pantalón dos días. Ejemplo es lo que da la Princesa.Si no te manchas ni sudas, le das un fufú de colonia, un planchazo y arreando, que es gerundio. ¿O tú no tienes el armario lleno y vas siempre con lo mismo? Y me callo ya, que me comunican que me cambian de pupitre. Esto va a ser la venganza de mi primo.
De pensar en la mudanza, con mi síndrome de Diógenes, hiperventilo. Voy a echarme en el sofá del Huffpost español, que se acaban de instalar aquí al lado.
Creo que hay un diván en todas las sedes del Huffington para que los curritos se relajen y fluyan las ideas. A buenas horas viene Arianna Idem a enseñarle a su homóloga Montserrat Domínguez que una siesta resucita a un muerto.
1 jun 2012
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