3 mar 2012
Y ahora ¿Dónde vamos?
Y ahora, ¿adónde vamos? (Et maintenant on va où?), Líbano 2011
Nadine Labaki ya nos había endulzado el año 2007 con su primera película, Caramel (Premio del Público y de la Juventud del Festival de San Sebastián) y su segunda realización promete encontrar una amplia y calurosa acogida entre el público con esta versión actualizada de la comedia de Aristófanes, Lisístrata (que, por cierto, este año cumple los 2400 años de su estreno).
Con Galiano se fue el Riesgo
Con Galliano, se fue el riesgo 
Eugenia de la Torriente - hace 16 horas
En el mismo lugar, el museo Rodin, en el que justo hace un año se escenificaba el divorcio entre Dior y John Galliano se presentó ayer la tercera colección de prêt-à-porter femenino ?anónima? de la firma.
La gente abarrotaba la puerta, pero no está claro qué esperaban poder atisbar. Tan poco probable era que vieran allí a Galliano como a su sucesor. Aunque Bill Gaytten (el director del estudio) ejerce ya un papel muy cercano al del director creativo, se mantiene la incertidumbre sobre quién será el sucesor oficial en ese cargo. A estas alturas ni siquiera está claro si se va a contratar a alguien externo y la lista de los candidatos que se han considerado incluye prácticamente a cualquier diseñador en activo. A pesar del escándalo ?o quizá precisamente por él? las ventas en Dior se incrementaron un 22% en 2011.
Un dato que finalmente explica por qué la compañía alarga esta situación. Para otoño/invierno 2012, Gaytten y su equipo mantienen la fórmula que mejores resultados les ha dado: no complicarse la vida. La herencia de Christian Dior es repasada una vez más (y van?) esta vez con el foco puesto en su gusto por los tejidos masculinos, como la pata de gallo, combinados con la estética de las bailarinas.
El resultado es tan contenido y correcto como carente de la clase de personalidad y carisma que se espera de una casa como Dior. Cuando se cumple el primer aniversario de la caída en desgracia de Galliano, la semana de la moda de París está todavía profundamente marcada por las elucubraciones acerca del estado de la industria y su gestión de los creadores. En estos momentos, ni el creador británico, ni Raf Simons, ni Christophe Decarnin, ni Stefano Pilati tienen un lugar en el que diseñar para mujer. Y todos ellos han sido despachados de las casas en las que trabajaban (Dior, Jil Sander, Balmain y Saint Laurent) con pocas ceremonias. Según fuentes cercanas a la situación, Raf Simons conoció su despido de Jil Sander por correo electrónico.
Los cambios de diseñador en las grandes firmas de moda no son una novedad. Yves Saint Laurent supo que le echaban de Dior mientras estaba en el hospital. Y era 1961.
Mucho se escribió también en 2009 acerca de la salida de Oliver Theyskens de Nina Ricci. Un drama del que parece hoy completamente alejada la casa, propiedad de Puig. Peter Copping ha traído la calma y ha ido progresando con mimo, elegancia y cautela. El británico cerró la jornada del miércoles, marcada por las reflexiones sobre el tiempo, con una propuesta que cavila sobre la relación entre el pasado y el presente. Copping imagina a una chica que entra en el armario familiar y reescribe la historia al remodelar y adaptar al gusto actual la ropa de sus antepasadas. Metáfora de lo que debe hacer un diseñador al frente de una casa histórica. El riesgo de asfixia que entraña la aceleración de los ritmos de la industria para los creadores preside la negativa de Isabel Marant a expandir su marca a base de productos aledaños
. La diseñadora francesa goza hoy de una popularidad que le ha hecho incrementar su facturación en un 44% en 2011. Tiene previsto abrir seis nuevas tiendas este año, pero rechaza lanzar un perfume o producir más complementos.
Ayer entregó otra colección que no cambiará la historia de la moda pero que volará de las casi 700 tiendas en el mundo que ofrecen sus productos. La fijación recurrente de la diseñadora con Estados Unidos emboca el género country con camisas y botas de cowboy. Pero el tema en Marant no es más que un pretexto para desarrollar una y otra vez las mismas ideas. Algo de lo que sus clientas no parecen tener ninguna queja. Los problemas de la moda en París son, desde luego, de un orden muy distinto a los de España.
Buscando un nuevo horizonte, Amaya Arzuaga vino a la capital francesa, donde ayer presentó por cuarta vez su colección principal. Es la única española en un calendario surcado por decenas de nacionalidades.
Hay múltiples franceses y japoneses, pero también hay nombres procedentes de Brasil, Portugal, Corea, Holanda, Turquía, India, Gran Bretaña, Alemania o Líbano. Inspirada en el colorista trabajo de la artista Sonia Delaunay, Arzuaga entregó una colección en la que nervios de colores surcan las superficies de mohair. Los escotes en las sisas y las siluetas sin talle emparentaban, por primera vez, a esta línea con la que presentó en Madrid hace unas semanas.
Un gesto no exento de peligros ya que induce a cuestionar la auténtica necesidad de organizar dos desfiles. Pero, ¿es que hay algo estos días que no entrañe algún riesgo?
Eugenia de la Torriente - hace 16 horas
En el mismo lugar, el museo Rodin, en el que justo hace un año se escenificaba el divorcio entre Dior y John Galliano se presentó ayer la tercera colección de prêt-à-porter femenino ?anónima? de la firma.
La gente abarrotaba la puerta, pero no está claro qué esperaban poder atisbar. Tan poco probable era que vieran allí a Galliano como a su sucesor. Aunque Bill Gaytten (el director del estudio) ejerce ya un papel muy cercano al del director creativo, se mantiene la incertidumbre sobre quién será el sucesor oficial en ese cargo. A estas alturas ni siquiera está claro si se va a contratar a alguien externo y la lista de los candidatos que se han considerado incluye prácticamente a cualquier diseñador en activo. A pesar del escándalo ?o quizá precisamente por él? las ventas en Dior se incrementaron un 22% en 2011.
Un dato que finalmente explica por qué la compañía alarga esta situación. Para otoño/invierno 2012, Gaytten y su equipo mantienen la fórmula que mejores resultados les ha dado: no complicarse la vida. La herencia de Christian Dior es repasada una vez más (y van?) esta vez con el foco puesto en su gusto por los tejidos masculinos, como la pata de gallo, combinados con la estética de las bailarinas.
El resultado es tan contenido y correcto como carente de la clase de personalidad y carisma que se espera de una casa como Dior. Cuando se cumple el primer aniversario de la caída en desgracia de Galliano, la semana de la moda de París está todavía profundamente marcada por las elucubraciones acerca del estado de la industria y su gestión de los creadores. En estos momentos, ni el creador británico, ni Raf Simons, ni Christophe Decarnin, ni Stefano Pilati tienen un lugar en el que diseñar para mujer. Y todos ellos han sido despachados de las casas en las que trabajaban (Dior, Jil Sander, Balmain y Saint Laurent) con pocas ceremonias. Según fuentes cercanas a la situación, Raf Simons conoció su despido de Jil Sander por correo electrónico.
Los cambios de diseñador en las grandes firmas de moda no son una novedad. Yves Saint Laurent supo que le echaban de Dior mientras estaba en el hospital. Y era 1961.
Mucho se escribió también en 2009 acerca de la salida de Oliver Theyskens de Nina Ricci. Un drama del que parece hoy completamente alejada la casa, propiedad de Puig. Peter Copping ha traído la calma y ha ido progresando con mimo, elegancia y cautela. El británico cerró la jornada del miércoles, marcada por las reflexiones sobre el tiempo, con una propuesta que cavila sobre la relación entre el pasado y el presente. Copping imagina a una chica que entra en el armario familiar y reescribe la historia al remodelar y adaptar al gusto actual la ropa de sus antepasadas. Metáfora de lo que debe hacer un diseñador al frente de una casa histórica. El riesgo de asfixia que entraña la aceleración de los ritmos de la industria para los creadores preside la negativa de Isabel Marant a expandir su marca a base de productos aledaños
. La diseñadora francesa goza hoy de una popularidad que le ha hecho incrementar su facturación en un 44% en 2011. Tiene previsto abrir seis nuevas tiendas este año, pero rechaza lanzar un perfume o producir más complementos.
Ayer entregó otra colección que no cambiará la historia de la moda pero que volará de las casi 700 tiendas en el mundo que ofrecen sus productos. La fijación recurrente de la diseñadora con Estados Unidos emboca el género country con camisas y botas de cowboy. Pero el tema en Marant no es más que un pretexto para desarrollar una y otra vez las mismas ideas. Algo de lo que sus clientas no parecen tener ninguna queja. Los problemas de la moda en París son, desde luego, de un orden muy distinto a los de España.
Buscando un nuevo horizonte, Amaya Arzuaga vino a la capital francesa, donde ayer presentó por cuarta vez su colección principal. Es la única española en un calendario surcado por decenas de nacionalidades.
Hay múltiples franceses y japoneses, pero también hay nombres procedentes de Brasil, Portugal, Corea, Holanda, Turquía, India, Gran Bretaña, Alemania o Líbano. Inspirada en el colorista trabajo de la artista Sonia Delaunay, Arzuaga entregó una colección en la que nervios de colores surcan las superficies de mohair. Los escotes en las sisas y las siluetas sin talle emparentaban, por primera vez, a esta línea con la que presentó en Madrid hace unas semanas.
Un gesto no exento de peligros ya que induce a cuestionar la auténtica necesidad de organizar dos desfiles. Pero, ¿es que hay algo estos días que no entrañe algún riesgo?
Cuando Leonor Watling es un cuadro de Leonardo da Vinci
Si Leonardo da Vinci fuera uno de nuestros contemporáneos, no hubiera conocido a la adolescente Cecilia Gallerani, y probablemente se hubiera inspirado en Leonor Walting para pintar La Dama del Armiño.
Si Juan Diego Botto hubiera nacido en el siglo XVII podría haber servido de modelo para El Greco a la hora de retratar a El caballero de la mano en el pecho. Si Durero hubiera nacido cinco siglos después, hubiese utilizado una cámara de fotos para autorretratarse, y no la técnica de óleo sobre lienzo que se exhibe hoy en el Louvre. Así, El País Semanal les regalará este domingo hasta diez cuadros.
¿Cómo se hizo? ¿Con quién?
La imaginación de Manuel Outumuro, el fotógrafo que ha roto las barreras del arte clásico y la fotografía actual, le ha llevado a meter a diez actores y actrices españoles en la piel y la mirada de El dios Marte de Velázquez, La reina María Tudor de Antonio Moro, La condesa de Chinchón de Goya o El muchacho con pipa de Picasso. Outumuro ha convertido a María León, a Jan Cornet, a Blanca Portillo, Quim Gutiérrez, Aitana Sánchez-Gijón, Macarena Gómez, Juan Diego Botto, Francesc Colomer, Leonor Watling y Paco León en personajes eternos, que habitan dentro de los lienzos que cuelgan en los grandes museos.
Este vídeo muestra el trabajo que hay detrás de la obra fotográfica: los fondos no son imágenes sobre cromas (esa tela verde) a los que nos tiene acostumbrados la fotografía digital, sino pinturas murales; el vestuario fue encargado a María Araujo, que elaboró los trajes originales.
En este trabajo Outumuro consigue darle la vuelta a todo y nada es lo que parece: no son fotografías que tratan de parecer cuados, sino cuadros que quieren ser fotografías
Pasen y vean… Esto también es arte.
Si Juan Diego Botto hubiera nacido en el siglo XVII podría haber servido de modelo para El Greco a la hora de retratar a El caballero de la mano en el pecho. Si Durero hubiera nacido cinco siglos después, hubiese utilizado una cámara de fotos para autorretratarse, y no la técnica de óleo sobre lienzo que se exhibe hoy en el Louvre. Así, El País Semanal les regalará este domingo hasta diez cuadros.
¿Cómo se hizo? ¿Con quién?
La imaginación de Manuel Outumuro, el fotógrafo que ha roto las barreras del arte clásico y la fotografía actual, le ha llevado a meter a diez actores y actrices españoles en la piel y la mirada de El dios Marte de Velázquez, La reina María Tudor de Antonio Moro, La condesa de Chinchón de Goya o El muchacho con pipa de Picasso. Outumuro ha convertido a María León, a Jan Cornet, a Blanca Portillo, Quim Gutiérrez, Aitana Sánchez-Gijón, Macarena Gómez, Juan Diego Botto, Francesc Colomer, Leonor Watling y Paco León en personajes eternos, que habitan dentro de los lienzos que cuelgan en los grandes museos.
Este vídeo muestra el trabajo que hay detrás de la obra fotográfica: los fondos no son imágenes sobre cromas (esa tela verde) a los que nos tiene acostumbrados la fotografía digital, sino pinturas murales; el vestuario fue encargado a María Araujo, que elaboró los trajes originales.
En este trabajo Outumuro consigue darle la vuelta a todo y nada es lo que parece: no son fotografías que tratan de parecer cuados, sino cuadros que quieren ser fotografías
Pasen y vean… Esto también es arte.
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