Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

25 oct 2011

Pastora Soler - Bendita locura (Video clip)

Pastora Soler - Por si volvieras

LUNES DE LUJO GRATIS BORIS IZAGUIRRE PROTAGONISTAS

La crisis parece ir estableciendo su protocolo.
 Una de las primeras reglas es que nos acostumbramos a ella, ya no nos sorprende, asusta menos.
 Moody's arremetió contra nuestra calificación y sin embargo las Bolsas registraron ganancias y una cierta estabilidad luego alterada por los temores que genera la cumbre europea de este fin de semana.






Los 'partygoers' esperaban una fiesta como la de Dior en Madrid el lunes. con crisis o sin ella, adoran cualquier fecha rara para disfrutar lujo gratis


Lo que de verdad mete miedo es que los líderes se reúnan un domingo. Nos olvidamos que era el día favorito de Churchill para reunir su gabinete de guerra.
Pero habrá que acostumbrarse a que el domingo sea ese día de reajustes y pavor. El protocolo de la crisis gusta mucho de cambiar los días.
 En la década de la riqueza, el jueves era el día chic para salir de fiesta.
Ahora, en la pobreza, es el lunes.
Dar una fiesta a principio de semana garantiza que sea más corta y, por ende, más económica.






Los partygoers, los que van a fiestas, que tanto en crisis como sin ella adoran cualquier fecha rara para disfrutar lujo gratis, comentan este reajuste.
 Esos partygoers llevaban buena parte del año esperando una fiesta como la que ofreció Dior el lunes pasado en Madrid. "Nunca había estado en una fiesta con tanto mono de divertirme", declaró uno de los asistentes mientras más de cien personas bailaban New Order en la pista instalada en el Palacio de Cibeles de la capital, el lugar de moda para los grandes saraos.
Si en Madrid hay tres cirujanos plásticos relevantes, dos estaban en la fiesta.
Si hay igual número de diseñadores que soñaban con conocer al todopoderoso anfitrión, Sidney Toledano, muy conocido por ser el hombre que sentenció profesionalmente a John Galliano, también estaban presentes tres aspirantes nacionales para cubrir su vacante.
Si existen más de seis actrices españolas que hacen cine y televisión sin problema, las seis estaban presentes y vestidas con trajes de la firma. Igual con las estrellas sociales, las editoras de moda y los galanes televisivos.






"Todo el mundo necesita una fiesta como esta", proclamó la misma partygoer, y agregó: "Dior no hará un evento como este en los próximos cuatro años".
 O sea, la crisis va a durar al menos ese tiempo, y la fiesta Dior pasará a ser la última fiesta gorda para toda una generación.






El señor Toledano hizo otras afirmaciones en la cena que ofreció a un puñado de afortunados.
Nacido en Casablanca, pero "con vínculos familiares con Toledo; la ciudad me entregó las llaves de la casa de mis ancestros", afirmó orgulloso.
Sus comensales, en cambio, querían preguntarle por otra llave: ¿quién sustituirá a John Galliano al frente de Dior? Seguramente porque es otra de esas reglas no escritas del nuevo protocolo de crisis, la pregunta jamás consiguió materializarse.
 En tiempos como este, cenar gratis en un restaurante cinco estrellas llena y calla todas las bocas, descose cualquier curiosidad.





Nadie se atrevió tampoco a confirmarle al señor Toledano que Castilla-La Mancha ha visto la calificación de su deuda reducida a bonos basura.
En la fiesta, con barras libres hasta las dos y media, se dirimía el verdadero debate: ¿cuál es el motivo de una fiesta tan generosa? Mientras se proyectaba el espectacular vídeo en formato mapping, que es una revisión del video wall, el entorno de Toledano admitió: "Ninguna".
Era un fiestón para comprobar que en tiempos de calificaciones a la baja, aquellos fiesteros de la década pasada reconocen mono de fiesta gratis, sin copago.






En la crisis, el clima será una cosa seria, pero al mismo tiempo mucho más impredecible que de costumbre.
Por ejemplo, el día que el PP y Mariano Rajoy hicieron su foto de familia, la contaminación decidió acompañarlos con una nube negra detrás. Para los políticos conservadores, el cambio climático no existe, es, como se dice ahora, un relato.
 Para la concejala de Medio Ambiente y futura alcaldesa de Madrid, Ana Botella, no asfixia tanto como el paro, pero, sin embargo, consiguió ahumar la alegre foto de familia y convertirlos en unos partygoers vestidos de ahora, pero en una fiesta estilo años ochenta, donde el humo artificial era casi tan congestionante como la nube real que avanza sobre Madrid con ganas de asfixia.



Twitter se llenó de fotomontajes divertidos. En uno de ellos, Godzilla emergía de la nube para casi convertirse en un candidato más.






Con todo, nadie puede acusar a este futuro Gobierno de no ir con la sonrisa por delante y el humo detrás.
 El mensaje de la foto es claro: algunas caras nuevas en el poder, pero la nube de la crisis inamovible.
 Algo de lluvia, por favor.






Al día siguiente de la superfoto, murió ETA y murió Gadafi. ¿Extraña coincidencia? Y nació la pequeña Sarkozy-Bruni, con la ausencia del padre que, además, estaba con otra señora, Angela Merkel, y en otro parto: salvar el euro.
En Madrid, los partygoers fueron al estreno de El Rey León.
Si en Estados Unidos releen Moby Dick para enfrentar la crisis como Ahab lo hace frente a la gran ballena, en España tenemos a Timón, el amigo de Simba, cantando "Hakuna Matata, una forma de ser, nada que temer, sin preocuparse es como hay que vivir".
 La crisis impone sus protocolos. Mientras todo humea, los partygoers continúan bailando, protegidos en su nube de contaminación, esperando otro lunes de lujo gratis.

La asesina de Gucci prefiere su celda a la vida en libertad

Patrizia Reggiani, entre rejas desde 1997, rechaza optar a la condicional .
La reclusa tuerce la nariz y declina con firmeza la invitación del juez.
No quiere comenzar los trámites para obtener la libertad condicional.
Y eso que, tras cumplir 14 años de encierro en la cárcel de San Vittore en Milán -lo que supone más de la mitad de los 26 a los que fue condenada por haber pagado a un hombre para que asesinara a su marido-, Patrizia Reggiani tendría derecho a pasar sus días fuera de la penitenciaría: trabajar sus ocho horas y volver entre rejas por la noche.
"Nunca en mi vida he trabajado.
No pienso empezar ahora", se justificó.
Ella, que no es una detenida corriente.
La señora Reggiani, con unos ojos de un intrigante color violeta a lo Liz Taylor, estaba casada con Maurizio Gucci, el último heredero de una de las dinastías más famosas y acaudaladas de la moda italiana.






El juez le propuso trabajar en un gimnasio o en un bar. Lo rechazó.






Nada más entrar en prisión dijo: "¡si al menos pudiera maquillarme!"

Cuando en 1995, a pocos metros de su casa, su marido fue asesinado de dos tiros por un matón al que ella misma pagó varios millones de liras, para Reggiani se acabó el mundo brillante y despreocupado de las pasarelas, las compras, las cenas benéficas y las inauguraciones de exposiciones artísticas.
Se abrieron, en cambio, las puertas del sexto brazo de la cárcel milanesa en la que, desde cuando fue condenada, en el año 1997, comparte celda con otras presas y pasa las horas cuidando de dos macetas y de un hurón.
Al primero que tuvo, Bambi, lo colgaron de una litera sus compañeras.



El juez le propuso elegir entre trabajar en un gimnasio y en un restaurante. Reggiani rechazó la oferta, y prefirió quedarse en su pequeña habitación.
Su abogado, Danilo Buongiorno, afirma que hay que respetar su decisión sin caer en la trampa de sarcasmos simplones.
 No es que doña Patrizia, gran animadora de la vida mundana de Milán, esté contenta entre rejas: "Mi clienta está abatida, sufre todavía por la operación cerebral que le fue realizada hace unos años y, además, la convivencia con sus compañeras de celda no es nada fácil".
Efectivamente, muy bien no debe haberles caído si -como contaron los diarios- al entrar en prisión su primer comentario fue: "¡Ay de mí! ¡Si por lo menos pudiera maquillarme!".



Se murmura que en la época en que Reggiani preparó el asesinato de su marido, multimillonario y playboy incorregible, se gastaba 20 millones de liras al mes (unos 10.000 euros) en orquídeas.
"Desde 2005, de todos modos, mi clienta goza de permisos para visitar a su anciana madre", explica Buongiorno.
 Reggiani sale 12 horas dos veces al mes.
Un tiempo el que vuelve a vivir en el pasado: su madre reside junto a sus sirvientes en la lujosa mansión de cinco plantas que pertenecía a su marido y que heredaron sus dos hijas.



Son 12 horas cada 15 días.
 Lo que le basta del mundo a doña Patrizia, exseñora endiosada por el dinero y las fiestas de la rica burguesía.
La vida fuera de la cárcel, la que le obliga a volver a empezar de cero y a percibir cómo aún quema el fracaso, aterra. Incluso si el sistema carcelario es tan inhumano y superpoblado como el italiano.
Justo este fin de semana un recluso se suicidó en una prisión de Génova.
Le faltaban dos meses para ser libre.
En el mundo al revés, encerrado entre rejas, la libertad puede dar vértigo.