Como cada mañana
Ahora sé
que estas calles nos han hecho solitarios
y nuestro corazón
tiene el pulso amarillo
de las maderas lentas de un tranvía.
Sobre su cuerpo viejo
andábamos despacio, de forma irregular,
con una simetría parecida a los árboles.
Era hermoso acudir
cada mañana
y respetar la cita con la hiedra
del muro,
los ropajes cansados de las casas estrechas
y de las calles sucias. Agradable
cruzar sobre algún puente,
detenerse lo exacto
para ver cómo el agua discute en las orillas.
En su jardín olimos
los primeros inviernos, su curso indefinido
por entre las palmeras.
Casi nadie pasaba,
sólo había
cuarenta sillas rojas
de los bares cerrados y alguna soledad
definitiva.
Durante muchos años,
durante tantos días que pasaron
el uno tras el otro,
el deber era un cierto paseo solitario,
la cita con un rumbo que sólo desviamos
para pisar las horas que caían,
los sueños que faltaban,
la superficie helada de los charcos,
para saltar los setos
o besamos las uñas moradas por el frío.
Y llegando a la puerta solíamos comprar
pequeños caramelos de nata o de violetas.
Entrábamos por fin para mezclamos
como cada mañana de la vida
con el paso cansado, los azulejos fríos
de un mundo hecho en latín
y números romanos.
Ahora sé
que en aquella ciudad deshabitada
la gente andaba triste,
con una soledad definitiva
llena de abrigos largos y paraguas.
Garcia Montero
26 sept 2011
Resistencia
RESISTENCIA
El alarido encuentra su límite en el eco,
la sombra se cobija, subrepticia, en la noche,
el abrazo se esconde detrás de las cortinas
y la risa se enroca impasible en el rostro.
Las lágrimas se ocultan debajo de la lluvia,
las miradas se quedan prendidas en el aire,
las consignas esperan condiciones propicias,
los relojes se mueren de infarto en la muñeca.
Los árboles adoptan posiciones fetales,
los pájaros fabrican sus nidos con arcilla,
las voces se atrincheran detrás de los silencios
y las flores esconden su perfume en la tierra.
Un amor para luego aguarda su momento.
(2005)
Jose Miguel Junco Ezquerra
El alarido encuentra su límite en el eco,
la sombra se cobija, subrepticia, en la noche,
el abrazo se esconde detrás de las cortinas
y la risa se enroca impasible en el rostro.
Las lágrimas se ocultan debajo de la lluvia,
las miradas se quedan prendidas en el aire,
las consignas esperan condiciones propicias,
los relojes se mueren de infarto en la muñeca.
Los árboles adoptan posiciones fetales,
los pájaros fabrican sus nidos con arcilla,
las voces se atrincheran detrás de los silencios
y las flores esconden su perfume en la tierra.
Un amor para luego aguarda su momento.
(2005)
Jose Miguel Junco Ezquerra
25 sept 2011
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