Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

30 ago 2011

Orígenes de la medicina

Orígenes de la medicina
Artículo principal: Medicina en la prehistoria y la protohistoria







Cráneo datado en el Neolítico, con gran orificio de trépano, descubierto en Nogent-les-Vierges (Seine-et-Oise, Francia).
Conservado en el Musée de l'Homme, París.Para hablar de los orígenes de la medicina, es preciso hacerlo antes de los rastros dejados por la enfermedad en los restos humanos más antiguos conocidos y, en la medida en que eso es posible, de las huellas que la actividad médica haya podido dejar en ellos.






Mark Armand Ruffer (1859-1917), médico y arqueólogo británico, definió la paleopatología como la ciencia de las enfermedades que pueden ser demostradas en restos humanos de gran antigüedad.






Dentro de las patologías diagnosticadas en restos de seres humanos datados en el Neolítico se incluyen anomalías congénitas como la acondroplasia, enfermedades endocrinas (gigantismo, enanismo, acromegalia, gota), enfermedades degenerativas (artritis, espondilosis) e incluso algunos tumores (osteosarcomas), principalmente identificados sobre restos óseos.






Entre los vestigios arqueológicos de los primeros homo sapiens es raro encontrar individuos por encima de los cincuenta años por lo que son escasas las evidencias de enfermedades degenerativas o relacionadas con la edad.






Abundan, en cambio, los hallazgos relacionados con enfermedades o procesos traumáticos, fruto de una vida al aire libre y en un entorno poco domesticado.






La excepción a esta norma la encontramos en la tuberculosis, considerada por varios autores como la enfermedad humana más antigua que se conoce.






Una de las hipótesis más aceptadas sobre el surgimiento del Mycobacterium (el germen causante de esta enfermedad) propone que el antepasado común denominado M. archaicum, bacteria libre, habría dado origen a los modernos Mycobacterium, incluido el M. tuberculosis.[2]






La mutación se habría producido durante el Neolítico, en relación con la domesticación de bóvidos salvajes en África.






Las primeras evidencias de tuberculosis en humanos se han encontrado en restos óseos del Neolítico, en un cementerio próximo a Heidelberg, supuestamente pertenecientes a un adulto joven, y datados en torno a 5000 años antes de nuestra era.[3]






También se han encontrado datos sugestivos de tuberculosis en momias egipcias datadas entre los años 3000 y 2400 a. C.[4]










Chamán esquimal fotografiado en Nushagak, Alaska en 1890 por Frank G. CarpenterEn cuanto a los primeros tratamientos médicos de los que se tiene constancia hay que hacer mención a la práctica de la trepanación (perforación de los huesos de la cabeza para acceder al encéfalo).






Existen hallazgos arqueológicos de cráneos con signos evidentes de trepanación datados en torno al año 3000 a. C. en los que se postula la supervivencia del paciente tras la intervención.






Los más antiguos se han hallado en la cuenca del Danubio, pero existen hallazgos similares en excavaciones de Dinamarca, Polonia, Francia, Reino Unido, Suecia, España o Perú.






La etnología, por otra parte, extrapola los descubrimientos realizados en culturas y civilizaciones preindustriales que han conseguido sobrevivir hasta nuestros días para comprender o deducir los modelos culturales y conductuales de las primeras sociedades humanas.






En general, las sociedades nómadas, recolectoras y cazadoras, no poseen la figura especializada del sanador y cualquier miembro del grupo puede ejercer esta función, de manera principalmente empírica.






En cambio, las sociedades asentadas, que han abandonado patrones trashumantes y comienzan a aprovechar y modificar el entorno en su provecho, tienden a especializar a un miembro del grupo en funciones de brujo, chamán o sanador, con frecuencia revestido de algún poder o influencia divina.






Estos sanadores suelen ocupar una posición social privilegiada y en muchos casos se subespecializan para tratar diferentes enfermedades, como se evidenció entre los aztecas, entre los que podía encontrarse el médico chamán (ticitl) más versado en procedimientos mágicos, el teomiquetzan, experto sobre todo en heridas y traumatismos producidos en combate, o la tlamatlquiticitl, comadrona encargada del seguimiento de los embarazos.






Por otra parte, las sociedades primitivas suelen considerar al enfermo como un «impuro», especialmente ante procesos patológicos incomprensibles, acudiendo a la explicación divina, como causa de los mismos.






El enfermo lo es porque ha transgredido algún tabú que ha irritado a alguna deidad, sufriendo por ello el «castigo» correspondiente, en forma de enfermedad.



La evolución de la medicina en estas sociedades arcaicas encuentra su máxima expresión en las primeras civilizaciones humanas: Mesopotamia, Egipto, América precolombina, India y China.
En ellas se expresaba esa doble vertiente, empírica y mágica, característica de la medicina primitiva.

CRISTO VELADO CAPILLA SAN SEVERO NAPOLES.wmv

Luciano Pavarotti Il Trovatore (with endless C!!!)


29 ago 2011

El calvario de Miguel de Molina en 140 minutos


Seis jóvenes reviven a través de un viaje musical los momentos que marcaron un antes y un después en la vida del tonadillero malagueño.- Fue el último exiliado del franquismo en 1942,

Corrían tiempos muy difíciles. Eran principios de los años 40. Era la España ya franquista. Sabía que lo intentarían matar, pero Miguel de Molina (Málaga, 1908) estaba ahí. Con sus coplas se paseaba libremente sobre el escenario al compás del flamenco. No tenía miedo a su libertad insultante: gozaba de fama, belleza y arte, pero poseía tres condiciones que el franquismo no toleraba: era republicano, homosexual y amigo de Federico García Lorca. Una noche, sus años de gloria en tierra española llegaron a su fin: tres desconocidos lo apalearon, le desprendieron varias piezas dentales y le desfiguraron su cara mientras le gritaban "esto por rojo y maricón". Le prohibieron volver actuar en España y lo confinaron en Cáceres y Buñol.
      Miguel de Molina y su vida
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      Ojos verdes recrea la vida de Miguel de Molina antes y después de la Guerra Civil.- A. GALÁN

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      "Es una obra muy modesta, es un montaje muy honesto, que intenta reinvindicar la canción popular que injustamente se relacionó con el franquismo"
      "Miguel de Molina es inimitable. Se debe encontrar un equilibrio entre su carácter sensible, pero a la vez muy fuerte. Tenía el ego muy subido"
      La obra ha sido capaz de reunir hasta 3,000 espectadores en una misma noche
      Fue así como el creador de El día que nací La bien pagá es obligado al destierro y a su patria nunca más volvió. Así comienza Ojos verdes: Miguel de Molina in memoriam, una apuesta escénica que se presentará en Madrid del 8 de septiembre al 2 de octubre en el teatro Fernán Gómez .
      La obra, que nació hace cinco años y que ha recibido numerosos reconocimientos, propone un viaje musical por la crónica de España. Lo hace a partir de los hechos que marcaron la vida personal y artística de De Molina. Su infancia rodeada de miseria, su lucha por alcanzar la fama y su exilio es revivida magistralmente en esta retrospectiva de 140 minutos. "Es una obra muy modesta, es un montaje muy honesto, que intenta reinvindicar la canción popular que injustamente se relacionó con el franquismo", afirma vía telefónica Marc Vilavella, director y creador de la pieza.
      La vida del tonadillero malagueño, que murió a los 86 años en un barrio de Buenos Aires tras 50 años de exilio, es recreada por seis catalanes. Entre la sombra y un escenario minimalista , los actores recorren la vida de De Molina. Solo les acompaña una vieja radio, una bandera republicana, varios títeres y las célebres coplas del artista. Vilavella encarna al intérprete deOjos Verdes que durante los años 30 se paseaba con un clavel en la oreja, camisa de lunares anudada a la cintura de avispa, pantalón ajustadísimo, botines y cabello revuelto.
      "La historia te lleva al momento del exilio. Y entonces a partir de ahí hacemos una especie de salto y vamos a su infancia y luego el final de su vida", explica Vilavella que vio nacer la obra como un proyecto académico. De la vida y obra del tonadillero, el también director de la compañía Barni Teatre reconoce que no sabía nada.Ojos verdes: Miguel de Molina in memoriam "nació por casualidad" en el seno del Instituto del Teatro de Barcelona.
      Una amiga del dramaturgo fue quien marcó la pauta de este periplo teatral. "Marc tú tienes que hacer de Miguel de Molina'; y yo le dije '¿de quién?'. No tenía idea de quién era. Me dejó el libro y empecé a leer y la verdad es que me enamoré de la historia del personaje y de su mundo musical". Rápidamente Vilavella se nutrió de Botín de Guerra, un libro escrito por el mismo Miguel de Molina. También se alimentó de las distintas películas y libros que abordan la vida del tonadillero, entre ellos Las cosas del querer (1989) del cineasta español Jaime Chávarri.
      Un personaje difícil de imitar
      Interpretar a De Molina, sin embargo, no resulta fácil. Es un personaje complejo. No solo en el escenario, sino también en su vida cotidiana. Era multifacético, resentido, extrovertido, provocador y egocentrista. "Miguel de Molina es inimitable. Se debe encontrar un equilibrio entre su carácter sensible, pero a la vez muy fuerte. Tenía el ego muy subido. Él se encantaba porque también supongo que las apuestas que hacía con su vida eran muy fuertes", afirma Vilavella, quien también ha actuado y dirigido El projecte dels bojos. Una utopía musical .
      En la obra se escenifica uno de los momentos claves del creador de Compuesto y sin noviala Orden Isabel la Católica que el Rey Juan Carlos le impuso ya en el ocaso de su vida, en 1992. En esa ocasión el artista aseguró que España estuvo "siempre en su corazón", pero afirmó que el reconocimiento le llegaba tarde. Sus palabras fueron un presagio. Al año siguiente murió. La medalla le fue entregada en la embajada española en Argentina, país donde cosechó éxitos y que adoptó y amó como si fuera su tierra. Así lo dejó plasmado en su poema Yo te adoro Buenos Aires .
      Pero la España de ahora, no la que un día desterró del escenario y de su patria al artista, se resiste a dejar morir su legado. "La copla forma parte de la cultura popular española. Aunque las nuevas generaciones no tengamos las coplas muy grabadas en nuestra piel, en algún sitio de nuestro ADN o nuestra memoria colectiva están", asegura Vilavella. "Las canciones De Molina no sólo están pensadas para grandes voces sino también para grandes intérpretes. Era un personaje muy expresivo en el escenario".
      Era tan compleja la vida y obra de Miguel de Molina, que seleccionar las coplas y melodías que formarían parte del musical tampoco fue fácil. "Fue un largo proceso. Fue un trabajo lento. Se fueron escogiendo a medida que el drama se fue construyendo".
      Cada uno vive y respira su personaje
      No solo la interpretación de Miguel de Molina resulta compleja en la obra. También lo es para los otros tres artistas que acompañan a Vilavella. En cuestión de minutos el papel de cada uno de los actores varía según el momento que se quiere representar. Gracia Fernández bien lo sabe. En principio Fernández hace de coro, luego encarna a la madre del tonadillero, posteriormente personifica a una prostituta que intenta acostarse con De Molina de cuando era joven, y finalmente figura de pueblo durante la escena que recrea la Guerra Civil.
      "En el discurso de Marc Vilavella los actores muchas veces respiramos. Cada uno vive a su manera su interpretación, pero todos comparten un mismo fin: revivir la vida de De Molina. Cada uno interioriza y respira su personaje a su manera cada momento". Además de Vilavella y Fernández, el reparto de la pieza está integrado por Elía Corral, Nacho Melús y Anais López.
      "Es un trabajo muy interno. Marc tiene muy claro lo que quiere de cada actor, pero te deja poner de tu propia cosecha, de tu propio talento. Te va invitando para que tú respires los sentimientos y la manera de entender lo que le está pasando a ese personaje", afirma Fernández.
      Y aunque en un inicio la obra fue pensada como un proyecto académico para una sola representación, lo cierto es que el espectáculo ya lleva cinco años en el escenario y ha reunido hasta 3.000 espectadores en una misma noche. Además fue nominada a dos premios Butacasy ganó dos premios de teatro musical en Madrid al mejor protagonista y mejor actor secundario. Esta vez vuelve a Madrid.