Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

30 jul 2011

Contra la Familia....Vicente Verdú

Es difícil, por no decir imposible, encontrar una institución más mostrenca, opresiva y anacrónica que la familia actual.
 La misma veneración sagrada con la que sus defensores la tratan, da idea de la que se nos viene encima.
En medio de una sociedad laica, construida siglo a siglo, en busca de la libertad, la familia sigue entronizada como una piedra bendita a la que se atribuye, tanto en los fascismos como en cualquier régimen autoritario, la categoría de célula de la sociedad. Una sociedad compuesta acaso por células familiares o células madre que operan como recias sucursales del orden, las obligaciones jerárquicas, el vínculo de sangre y cosas así.





En esta institución bendita los padres no entienden a los hijos, más bien los soportan

Estar en familia resguarda, no cabe duda.
Estar en la familia encarcela, no hay la menor vacilación.
 Una familia en sentido amplio, una fratría o un campamento de amigos serían una familia sana y actual pero la otra familia, la estricta familia, lleva en su seno un paralizante riego sanguíneo que impone, por ese conducto venoso (venenoso) respetos, órdenes y subordinaciones que en nada tienen que ver con el proyecto de ser individuos enteros. Seres íntegros para lo que sea y no seres demediados, dirigidos y humillados por la institución.



No es amor lo que construye una familia en la mayoría de los casos sino, sencillamente, cemento hormonal, herencia burguesa. No es, de ninguna manera, afinidad electiva lo que produce ese artefacto, bendecido por los Papas, una y otra vez.



El Papa bendice a la familia porque si antes obtenía su cénit rezando juntas y emitiendo una felicidad de purpurina dominical, ahora acoge a los parados, da socorro a los divorciados, ayuda a la hipoteca del que empieza a trabajar y, encima, los resigna económicamente a todos.
Con estos elementos funcionales, monetarizados y beatos, la familia hace las veces de un banco natural sin intereses, sin comisiones, todo en nombre de la parentela.



¿Un querido y hasta divertido familiar?
 Esto ya importa menos porque la familia pertenece a la prehistoria del amor cortés y seriamente se cimentaba en intereses ajenos a la voluntad personal.
No había que quererse para casarse ni para tener hijos, no había que reunirse por ganas de disfrutar una conversación.
Sencillamente, la familia operaba como una máquina cuya característica fundamental, determinante y eficiente, era crear lazos que además de ensartar a los sujetos bajo un patriarcado, convertía esa autoridad, a la manera divina, en indiscutible trueno de Dios.



Este constructo que tanto hizo por articular espacios rurales y guanxis internacionales permanece ahora tanto como un estafermo para el amor como, todavía, un posible ingenio para el negocio.



Siempre, en las épocas de cambio como la actual, aparecen flotando conceptos e instituciones arrastrados por el naufragio del pasado, pecios inútiles o zombis de a actualidad.
En esta institución bendita los yernos no aman a las suegras, o más bien las odian; los padres no entienden a los hijos, más bien los soportan; los hijos no saben como emanciparse de los padres y, en el intervalo, los explotan;
los hermanos se ignoran o envidian entre sí y las parejas de los hermanos, salvo excepciones, ni se hablan. ¿El padre? ¿La madre?
El padre, antes cabeza de familia, ha perdido su gloriosa potestad mientras la madre, paño de lágrimas de otros tiempos, apenas tiene un fin de semana libre para enjugar las penas.
Y todo ello, en el caso de que unos y otros se encuentren lo bastante cerca como para reconocerse y saber quiénes son.



Los padres se declaran tan impotentes para comprender los intereses de los hijos como los hijos se reconocen a una distancia sideral del pensamiento paterno.
Y no sólo porque haya llegado el diablo de Internet sino porque internamente, en el interior de la familia, no queda casi nada que comunicar.
Los chicos tienen sus pandillas y los padres las cenas de matrimonios más sus amantes.



Los primeros rechazan pasar las vacaciones con los padres, las Navidades o el Fin de Año.
Pero encima tampoco los respetan o necesitan espiritualmente.
 Definitivamente, los hijos no ven el momento de emanciparse y ese momento, ahora difícil, ayuda poco a que la relación sea cordial.
 Los padres desean proteger a los hijos y los hijos, muy pronto sienten como una insoportable humillación depender de los padres.
No significa esto que no se quieran.
O no se quieran a su manera. Prácticamente todo el mundo se quiere porque siempre es más grato amarse que aborrecerse. No significa pues que la familia cree un odio adicional.
Crea el odio o el malquistamiento propio de vivir encerrados en un mismo piso personas que no han elegido al compañero y, encima, un señor o señora mayor pretende dar consejos y tener una razón superior.



Si el autoritarismo se soporta muy mal, todavía más aquel que se entromete en tu intimidad.
 Los chicos forman agrupaciones, se sienten apegados a las bandas o tribus urbanas, se hacen colegas de otros que no viven en los metros cuadrados inmediatos a su habitación. La fratría regresa sustituyendo a la jerarquía.
Gracias a Dios. Dios mismo, sin ir más lejos, solo es una figura simpática cuando no es ni Padre ni Amo sino tan sólo un educado amigo más.

El Erizo

¿Alguna vez has visto un cachorro de erizo?.



A unque sea en foto, me ha gustado y mucho más la moraleja.



Muchos besos





































La fábula del erizo



Durante la Edad de Hielo, muchos animales murieron a causa del frío.



Los erizos dándose cuenta de la situación, decidieron unirse en grupos. De esa manera se abrigarían y protegerían entre sí, pero las espinas de cada uno herían a los compañeros más cercanos, los que justo ofrecían más calor. Por lo tanto decidieron alejarse unos de otros y empezaron a morir congelados.



Así que tuvieron que hacer una elección, o aceptaban las espinas de sus compañeros o desaparecían de la Tierra. Con sabiduría, decidieron volver a estar juntos. De esa forma aprendieron a convivir con las pequeñas heridas que la relación con una persona muy cercana puede ocasionar, ya que lo más importante es el calor del otro.



De esa forma pudieron sobrevivir.

Moraleja de la historia

La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y admirar sus cualidades.

Viejas Cartografías de Amor - La Discreta.mp4

Entre copas y piedras con Simon Rattle

El director de la Filarmónica de Berlín repasa sus pasiones durante un retiro vacacional en Santiago .
.Margaret Thatcher nunca sintió que algún jefe de Estado tuviera más poder que ella. Envidió siempre, eso sí, el que ostentaban algunos directores de orquesta.
Esa aura de dominación, la elevación del podio, su energía.
A Simon Rattle (Liverpool, 1955), director de la mejor formación musical del mundo, todo ese ritual de poder y fascinación le importa un pimiento.
Llega a la cita con sus hijos de seis y tres años.
Trae un balón de playa bajo el brazo y camina balanceándose sin ninguna solemnidad. Cruza los pórticos de la rúa do Vilar de Santiago, sonríe y pide cinco minutos para dejar a los niños al cuidado de un hermano mayor en el hotel.
"Solo puedo pedirle que se ocupe de ellos una hora. Luego me toca hacer de niñera a mí", advierte. Lleva un mes viajando por España con su familia. Su mujer, la cantante Magdalena Kozená, actuó en junio en la Carmen que se representó en Valladolid. "Hemos aprovechado para ver este país y que los chicos pudieran explorar un poco e ir a la playa".





"Hay demasiada corrupción", dice a propósito del caso 'News of the World'



"Era imposible seguir en Salzburgo. Ha estado al borde de la bancarrota"

Son cinco minutos exactos. De vuelta, Rattle desmonta los endebles planes del entrevistador y el fotógrafo y toma el mando de la cita. "Acompáñeme, conozco aquí al lado una tienda de vinos maravillosa".
El músico más reconocido de Liverpool (con permiso de aquellos cuatro, claro) dobla la esquina y se cuela en un pequeño local repleto de botellas. Se acomoda en una mesa de madera, deja que le aconsejen. Albariño: Bouza do Rei de 2010.



El Rattle que alza la copa anda horrorizado estos días con los escándalos que azotan su país natal. "Demasiada corrupción", suelta a propósito de las escuchas de News of the World.
"Hace unos años, cuando saltó el escándalo, todo el mundo estaba demasiado asustado para responder contundentemente a lo que sabían: ¡la prensa pagaba a policías!". Termina la frase y se queda un rato pensando, ensimismado.



No está cómodo con el tema. Cree que los artistas tienen que dedicarse a lo suyo. Prefiere hablar de música. De fútbol -"aunque sea de Liverpool no soy demasiado hooligan"-. O incluso de la bebida. "Qué suerte tienen de tener estos vinos", lanza mientras promociona las bondades de algunos caldos alemanes que toma en Berlín, donde vive desde hace nueve años. Aterrizó ahí cuando los miembros de la Filarmónica le eligieron a mano alzada, por delante de Daniel Barenboim, para suceder a Claudio Abbado. Y ha comprobado en sus carnes lo que Herbert von Karajan le contó un día: controlar esta orquesta cuesta, al menos, cinco años de transición.



"La Filarmónica es una democracia en todos los sentidos.
 Los músicos votan al director, pero también se votan entre ellos. Así obtenemos un mayor compromiso.
 Pero también exige discutir lo que tocamos, cómo y la frecuencia con la que lo hacemos. Al final, hay que buscar un centro".
Y la intersección es él. El cerebro encargado de que 128 superdotados de 25 nacionalidades distintas piensen en la misma dirección. Difícil, ¿no? "Sobre todo que crean que la idea es suya... ja, ja, ja. Encima, de repente les veo cambiar de dirección a la vez, como una bandada de pájaros. Y eso es lo mejor. La sorpresa es la base de la interpretación ideal".



Rattle se refiere a sus músicos como "un grupo conservador", donde a veces los mayores son los que sostienen la apuesta musical más radical. Las resistencias suelen venir de los jóvenes, de los veinteañeros. "La gente de los sesenta pasó por cosas muy diferentes, especialmente en Alemania.
 Pero hay músicos jóvenes a los que no les interesa nada el arte contemporáneo, creen que se metieron en esto por otro motivo".



Sus razones se moldearon en Liverpool escuchando los viejos vinilos de Furtwängler y Bruno Walter. "No podría imaginar mi vida musical sin ellos".
 Nunca les vio. Pero más adelante pudo observar de cerca la fuerza y el sentido de la destrucción de Pierre Boulez y la opuesta ortodoxia y rigor de Giulini.
Sus dos grandes mitos de adolescencia.



Aquellos directores no tenían nada que ver con la joven y brillante generación que ahora despunta.
"Hoy existe un sentido de comunidad y generosidad de espíritu mayor. Una vez le pregunté a uno de mis primeros maestros qué pensaría alguien de la generación de Mahler sobre los directores de entonces. Contestó:
 'Quedaría fascinado por la increíble técnica y habilidad física, y horrorizado por la falta de cultura musical y drama'. Ja, ja, ja... Ya lo tiene".



Gustavo Dudamel es la punta de lanza de ese florecimiento.
El venezolano es la segunda persona más googleada de su país y el reflejo más luminoso de la eficacia del Sistema de Orquestas de José Antonio Abreu. Y, zas, es pronunciar su nombre y Rattle abre de golpe los ojos y comienza a agitar la nube de pelo gris que le cubre la cabeza. "Es, simplemente, un éxito asombroso.
Será fascinante ver qué sucede en Escocia, donde se está desarrollando una versión del sistema, aunque no tengo claro que funcione en una cultura rica.
Lo increíble de todo esto es el gran nivel técnico de los estudiantes. Estoy seguro de que hay países más musicales que otros. Pero el secreto es invertir en educación. Hay más de 250.000 personas en el Sistema... y todos los niños deberían tener las mismas posibilidades que tuvo Gustavo".



Precisamente, algunos ven ya a Dudamel, a quien Abbado y el propio Rattle han tutelado cuidadosamente, como el hombre de futuro para encargarse de la Filarmónica de Berlín. "Por supuesto que le veo. Ha sido una ascensión meteórica, pero basada en una gran experiencia: ¡Ha dirigido cinco orquestas al día desde que tenía 12 años! Será uno de los grandes de la historia. Me fascina comprobar cómo solventará los siguientes pasos. Me recuerda mucho a Carlos Kleiber". Pero Rattle corta el baile de elogios al venezolano y señala el talento de otro joven director: el español Pablo Heras Casado, que dirigirá a la Filarmónica en octubre. "Me interesa mucho que trabaje con música contemporánea, pero si le preguntas por su compositor favorito te dirá que es Mendelssohn. Eso me da mucha esperanza".



Fuera del bar, el día se tuerce y empieza a levantar viento. Rattle se remueve en su asiento y mira el reloj.
Apura el vino.
Su hijo adolescente ya se debe estar cabreando. Ay, alguien le va echar una bronca a sir Simon, que visto así parece el hombre más bueno del mundo. Pero cuando trabaja, no tolera rebajas en el compromiso de los que le rodean.
 Quizá por eso le ha costado al Festival de Pascua de Salzburgo perder a la mejor orquesta del mundo tras 45 años de productiva e histórica colaboración. "Era imposible seguir construyendo una compañía de ópera desde una orquesta sinfónica, sin coro, sin nada de lo que se necesita.
 No hay festival en el mundo que pueda funcionar sin un apoyo financiero de la Administración. Pero en Salzburgo no existe. Nunca. Y llegamos a un punto donde no había futuro en el que pudiéramos creer. Ha estado al borde de la bancarrota tres o cuatro veces. Pero el problema es antiguo. ¡Desde Karajan! No tiene ninguna lógica estrenar una producción nueva de ópera para solo dos funciones. En Baden-Baden tenemos un apoyo de verdad. Empezaremos de cero".



El viaje a España de Rattle no acaba este verano.
 A partir del año próximo, y durante tres cursos, volverá con su otra familia -la de 128 genios-, con una ópera para el Teatro Real. "No podía creerlo cuando Gerard [Mortier] vino a nosotros con esa idea.
 Soy muy feliz. Es muy fácil trabajar con él. Y una de las cosas más importantes para nosotros es que la orquesta de Madrid nos haya recibido bien.
Pero lo mejor de trabajar en óperas es que mis chicos sentirán que alguien es más importante que ellos sobre el escenario". Y así, derruyendo el mitificado imaginario de la Dama de Hierro, el gran maestro se marcha a hacer de niñera.