Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

29 jul 2011


Guárdate, mariposa, de los lagos de mi memoria
que, para ti, crueles encantos y riesgos entrañan.

Cuídate de no mirarte en ellos como en mis ojos
y no te ofrezcas desnuda a sus oscuras aguas
por ver en ellas el milagro de mirarte reflejada
en tu propia pasión sin recato ni pudor arrebatada.

Vuela sobre mi y tráeme, aunque sea por los pelos,
al lugar donde los nombres se entrelazan sin reparo
en el que, la locura, nos posee de igual a igual.

Déjame allí a la vista tu prodigioso torso amado,
levantada a los cielos tu dorada cabeza altiva,
desvelado sobre tibios lienzos de lino blanco,
sonrojándose tu espléndida belleza anacarada
al mostrarme el recorrido de las salvajes laderas
que culmina donde tu cuerpo se abre como floresta
y el rizado vello se enreda y rebela en contra mía
con el olor del lirio desvestido y el ámbar silente.

Guárdate que, como ves, te amo desde el miedo
escapándome -como sabes- por la tangente dorada
de tu talle donde crecen mis estériles palabras.

Procura amarme, mariposa, otra vez arriesgadamente
como una fiera que me abre la boca con su boca,
provocando el hermoso dolor sin laúdano del deseo,
y arráncandome de mis labios, con tus uñas,
los puentes de plata que nos une de mis versos.

Sería hermoso tenerte, así, apresada y sofocada,
hambriento de ti y sediento de tu sangre y saliva
hasta que se ilumine el alba más allá de la noche
y sin dejar amanecer del todo bajo las sábanas
deshojando la rosa roja y tibia -ofrenda- que perfuma
los temblores de la carne y el resplandor de tu cara.

Mariposa, guárdate de mi, o acéptame un trueque:
Un abrasador beso por cada humilde verso
que entiendas que contiene la savia del deseo,
o el fulgor de tu mirada por cada una de sus palabras,
y por un poema...¿qué te puedo pedir por un poema?
¿Que te transformes en rumor de hojas secas
que me persiga con el viento allá a donde yo vaya,
o en libélula que bate sus frágiles alas en el aire?

¡Ya lo sé! Por un poema...


¡Por un poema te pido tu cuerpo!




Quereres,

Quereres,
más bien sinrazones,
que surgen al dar rienda suelta
a esa especie de locura
que, en ocasiones, me posee,
para poder liberarme de ella,
como si catarsis fuera.
Vanidad o presunción,
tal locura la necesito
para poder imaginar tu mundo,
recrearlo, y hacerlo posible.
No, no puedo renegar de ella,
aún guardando las distancia.
En ella te reconozco
y gozo con tu utopía.
No hay mejor locura
que aquella en la que, para vivir,
no basta la realidad de la vida.
Sea sinrazón o desventura,
qué más da, admitámoslo,
mejor estar medio loco
que sumergirse en el lodo.
Sea divina locura
ocupada por el espacio ocupado,
imaginado, de tu ser,
que transforme mis obras,
y lo que no me he planteado nunca,
mi búsqueda y mis cuestiones.
Quereres o egocentrismo
que me lleva a hablar de mi mismo.
Locura
en la que te pongo voz
deseando pasar inadvertido
mientras pugno por hacerme oir.
Locura
como modo de percibir la vida,
una manera de ser y sentir,
un estado desgraciado
consustancial a mi mismo,
algo que es mío,
auténtica y genuinamente mío.
Así que por mis quereres
vago por tu mundo como loco,
preñándote con los genes negros
de las letras de mis versos;
aquellos en los que tú yaces
reteniéndolos como besos
susurrados junto a tus oídos.
Dichos, vividos...
Amalgama de sentimientos,
de colores, de sonidos.
Lecturas para la locura
que desfloran tus pensamientos,
robándote la virginidad
del cauce desbordado
en el que se debaten tus amores.
Quereres, locura, exasperación,
un sentimiento para el que no tengo
la palabra exacta para nombrarlo,
y para el que querría palabras
nuevas, únicas y singulares,
y entre las que tu nombre subyace.
Tú, mi locura insoslayable,
sin elección posible,
por la que decidí que lo más cuerdo,
nunca sabré si fué lo más sensato,
era desbrozarte el camino
por el que venías hasta mí
llamándome por mi nombre.
A él regreso, como esta noche,
dejándome seducir sin resistencia,
sin ofrecer condición alguna,
dejando mis versos
como sedimento que se deposita
en ese pozo repleto de quereres,
más bien sinrazones,
llámalos si quieres locura.

Ritmo y alegría

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