25 may 2011
Tronos DAVID TRUEBA
.El comentario definitivo al género del peplum lo realizó Groucho Marx cuando en una carta afirmó que Sansón y Dalila, protagonizada por Victor Mature y Hedy Lamarr, era la primera película que había visto donde el actor tenía pechos más grandes que la actriz. El género no ha muerto y la televisión lanza series de época, que a ratos parecen una clase de historia explicada durante la fiesta fin de curso.
Juego de tronos llega publicitada como la sensación del año.
Adaptación de la novela serializada de George R. R. Martin, ha merecido críticas demoledoras de medios como The New York Times.
En la prestigiosa revista Slate, la crítica llevaba el título de Mierda cuasi medieval de fantasía con dragones.
Aunque el autor explicaba que no se refería tanto a la calidad de la serie como a su género.
Inmediatamente se ha desatado la guerra por la consideración que merece la literatura fantástica.
No sé si la batalla del prestigio merece tantas espadas desenfundadas, cuando hoy la audiencia y la propaganda son la única variable que rige el gusto.
De todas formas, bienvenida sea la pelea.
La base literaria de la serie es el epicentro de la polémica, como lo fue aquel desplante de Harold Bloom al cargarse los libros de Harry Potter tildándolos de mala literatura o la eterna trifulca entre fieles y escépticos de El señor de los anillos.
Los dos primeros episodios de la primera temporada de Juego de tronos están tan condimentados de lo que hace rentable una hora de televisión, que para unos es un fenómeno adictivo y para otros una banalidad con trascendencia de época.
Para sus críticos, el sexo es de fantasía Playboy, con el pene como bastión de un poder letal, siempre invisible, frente a los bien presentes culos y tetas femeninos.
En este caso no se cuela tanta silicona, todo un detalle de rigor en la ambientación.
La apuesta satisface a degüello al amante de las cabezas cortadas; se apiolan contrincantes y se matan niños y animales a tal velocidad que parece que tuvieran prisa por darlo todo antes de que HBO se piense si le conviene a su sello este estandarte.
Juego de tronos llega publicitada como la sensación del año.
Adaptación de la novela serializada de George R. R. Martin, ha merecido críticas demoledoras de medios como The New York Times.
En la prestigiosa revista Slate, la crítica llevaba el título de Mierda cuasi medieval de fantasía con dragones.
Aunque el autor explicaba que no se refería tanto a la calidad de la serie como a su género.
Inmediatamente se ha desatado la guerra por la consideración que merece la literatura fantástica.
No sé si la batalla del prestigio merece tantas espadas desenfundadas, cuando hoy la audiencia y la propaganda son la única variable que rige el gusto.
De todas formas, bienvenida sea la pelea.
La base literaria de la serie es el epicentro de la polémica, como lo fue aquel desplante de Harold Bloom al cargarse los libros de Harry Potter tildándolos de mala literatura o la eterna trifulca entre fieles y escépticos de El señor de los anillos.
Los dos primeros episodios de la primera temporada de Juego de tronos están tan condimentados de lo que hace rentable una hora de televisión, que para unos es un fenómeno adictivo y para otros una banalidad con trascendencia de época.
Para sus críticos, el sexo es de fantasía Playboy, con el pene como bastión de un poder letal, siempre invisible, frente a los bien presentes culos y tetas femeninos.
En este caso no se cuela tanta silicona, todo un detalle de rigor en la ambientación.
La apuesta satisface a degüello al amante de las cabezas cortadas; se apiolan contrincantes y se matan niños y animales a tal velocidad que parece que tuvieran prisa por darlo todo antes de que HBO se piense si le conviene a su sello este estandarte.
"Tuve un tumor en la espalda hace dos años"
Antonio Banderas revela la situación que vivió con preocupación en la intimidad familiar y recuerda la operación que le extirpó el bulto beningo .
Antonio Banderas tuvo un tumor hace dos años, según ha revelado en exclusiva en una entrevista con la revista italiana Ok la salute prima di tutto (Ok, la salud ante todo).
El actor fue intervenido quirúrgicamente para extirparle un bulto en la espalda que tras ser analizado resultó ser benigno.
Banderas reparte solidaridad
Carmen Thyssen inaugura su museo de Málaga
"En EE UU tuve que explicar que el capirote no es del Ku Klux Klan"
Melanie Griffith ingresa en un centro de desintoxicación
Melanie Griffith operada de un cáncer de piel en la cara
Banderas relata que un día, al secarse tras una ducha, se dio cuenta de que tenía un extraño bulto en la espalda.
Enseguida contactó con su médico. "Al cabo de dos días ya estaba en la sala de operaciones para que me lo quitaran", asegura a la revista italiana el actor. La biopsia reveló que se trataba de un tumor benigno aunque, según relata Banderas, el cirujano le dijo: "Ten en cuenta que tenías un bulto, igual de grande que mi puño, metido dentro de la espalda".
Fueron días de preocupación que ahora han salido a la luz.
"Suerte que me di cuenta a tiempo de que tenía una cosa rara en la espalda", añade.
Es la primera vez que Antonio Banderas, de 50 años, cuenta públicamente que tuvo un tumor. El actor quiso mantener para él "esa pesadilla" y solo se la contó a su familia y sus amigos más cercanos.
Meses antes de este problema, Banderas había perdido a su padre.
Antes de concluir la entrevista, el protagonista de La piel que habito lanza un consejo a los lectores: "Escuchad con atención a vuestro cuerpo.
Tocaros y, si tenéis dudas, corred a hablar con vuestro médico. Un diagnostico precoz os puede salvar la vida".
Hasta ahora solo habían trascendido los problemas de salud de su esposa Melanie, que ha ingresado en varias ocasiones en clínicas de rehabilitación para abandonar sus adicciones y que tuvo un cáncer de piel en 2009.
Aunque la enfermedad no estaba muy avanzada, la actriz prefirió operarse para solucionar el problema cuanto antes.
Antonio Banderas tuvo un tumor hace dos años, según ha revelado en exclusiva en una entrevista con la revista italiana Ok la salute prima di tutto (Ok, la salud ante todo).
El actor fue intervenido quirúrgicamente para extirparle un bulto en la espalda que tras ser analizado resultó ser benigno.
Banderas reparte solidaridad
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"En EE UU tuve que explicar que el capirote no es del Ku Klux Klan"
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Melanie Griffith operada de un cáncer de piel en la cara
Banderas relata que un día, al secarse tras una ducha, se dio cuenta de que tenía un extraño bulto en la espalda.
Enseguida contactó con su médico. "Al cabo de dos días ya estaba en la sala de operaciones para que me lo quitaran", asegura a la revista italiana el actor. La biopsia reveló que se trataba de un tumor benigno aunque, según relata Banderas, el cirujano le dijo: "Ten en cuenta que tenías un bulto, igual de grande que mi puño, metido dentro de la espalda".
Fueron días de preocupación que ahora han salido a la luz.
"Suerte que me di cuenta a tiempo de que tenía una cosa rara en la espalda", añade.
Es la primera vez que Antonio Banderas, de 50 años, cuenta públicamente que tuvo un tumor. El actor quiso mantener para él "esa pesadilla" y solo se la contó a su familia y sus amigos más cercanos.
Meses antes de este problema, Banderas había perdido a su padre.
Antes de concluir la entrevista, el protagonista de La piel que habito lanza un consejo a los lectores: "Escuchad con atención a vuestro cuerpo.
Tocaros y, si tenéis dudas, corred a hablar con vuestro médico. Un diagnostico precoz os puede salvar la vida".
Hasta ahora solo habían trascendido los problemas de salud de su esposa Melanie, que ha ingresado en varias ocasiones en clínicas de rehabilitación para abandonar sus adicciones y que tuvo un cáncer de piel en 2009.
Aunque la enfermedad no estaba muy avanzada, la actriz prefirió operarse para solucionar el problema cuanto antes.
Indignados ELVIRA LINDO
. .¡Como que no iban a faltar los que en tono burlesco se refieren ahora a la protesta en las plazas de España! El Partido Popular hizo su lectura del asunto: son jóvenes que van a castigar al Partido Socialista.
Es una manera torcida de interpretarlo; dentro de esa multitud de indignados estaba gente como yo, que no estuvo físicamente en una plaza, pero comparte en esencia esa indignación.
En mi caso, y en el de algunos otros, sin aspirar a la revolución y conformándonos con algo más modesto: una democracia insulsa en la que no se permita el aprovechamiento del poder público, en la que no se ahogue a la sociedad civil a fuerza de convertir un país en el huerto de uno u otro partido; una democracia en la que se respire decencia.
Decencia, esa es la palabra que resumía el sentir popular, y justicia, para que la crisis no recaiga sobre los hombros de los desfavorecidos.
Con esto vengo a decir que esa indignación ha castigado a Zapatero, por su empecinada falta de reconocimiento de la crisis, por la frívola manera en que tomó algunas medidas populistas, por su temperamento errático, por pasar, en un abrir y cerrar de ojos, de ofrecer sin sentido a quitar sin justicia.
Pero, cuidado, eso no libra al Partido Popular de nuestra indignación.
Las razones están bien claras: basta con leer los nombres que conforman su lista electoral; la burda manera en que ve refrendado sus capítulos de corrupción gracias al voto popular.
Y casi diría que todos los partidos han contribuido a este desencanto.
Cada uno, a su nivel, ha practicado el sectarismo y lo ha contagiado. La indignación sigue, aunque se desalojen las plazas.
Sería de agradecer que al definir al indignado no se echara mano del grueso estereotipo. Algunos ni tenemos flauta ni perro ni rastas.
A mí, personalmente, me gustan esos tres complementos.
Eso sí, por separado.
Es una manera torcida de interpretarlo; dentro de esa multitud de indignados estaba gente como yo, que no estuvo físicamente en una plaza, pero comparte en esencia esa indignación.
En mi caso, y en el de algunos otros, sin aspirar a la revolución y conformándonos con algo más modesto: una democracia insulsa en la que no se permita el aprovechamiento del poder público, en la que no se ahogue a la sociedad civil a fuerza de convertir un país en el huerto de uno u otro partido; una democracia en la que se respire decencia.
Decencia, esa es la palabra que resumía el sentir popular, y justicia, para que la crisis no recaiga sobre los hombros de los desfavorecidos.
Con esto vengo a decir que esa indignación ha castigado a Zapatero, por su empecinada falta de reconocimiento de la crisis, por la frívola manera en que tomó algunas medidas populistas, por su temperamento errático, por pasar, en un abrir y cerrar de ojos, de ofrecer sin sentido a quitar sin justicia.
Pero, cuidado, eso no libra al Partido Popular de nuestra indignación.
Las razones están bien claras: basta con leer los nombres que conforman su lista electoral; la burda manera en que ve refrendado sus capítulos de corrupción gracias al voto popular.
Y casi diría que todos los partidos han contribuido a este desencanto.
Cada uno, a su nivel, ha practicado el sectarismo y lo ha contagiado. La indignación sigue, aunque se desalojen las plazas.
Sería de agradecer que al definir al indignado no se echara mano del grueso estereotipo. Algunos ni tenemos flauta ni perro ni rastas.
A mí, personalmente, me gustan esos tres complementos.
Eso sí, por separado.
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