9 may 2011
Mel y Jodie: una insólita amistad
Ambos actores tienen una gran relación pese a ser antitéticos en todo .
Nadie describe Hollywood como la tierra de la amistad. Pero Jodie Foster es la anomalía en la industria.
Lo mismo que Mel Gibson. Ambos son estrellas y son amigos. Es difícil buscar dos personas más dispares.
Él, católico reaccionario y tan sonoro en sus éxitos como en sus escándalos y borracheras.
Ella, siempre elocuente pero discreta, estrella desde la más tierna infancia y madre soltera de dos hijos concebidos sin dar explicaciones sobre su paternidad.
Ni sobre su sexualidad.
"No encontrarías dos personas más diametralmente opuestas en religión o política", reconoció el mismo Gibson en una entrevista reciente. "Los dos llevamos caminos diferentes. Pero es más lo que tenemos en común", añadió el intérprete, que finalmente ha trabajado bajo la dirección de su amiga en El castor.
Son muchos los actores que loan a sus parejas de trabajo cuando llega el momento de promocionar un estreno, seguido luego del si te he visto, no me acuerdo, y la sonrisa falsa al cruzarse en la alfombra roja.
Este no es el caso de Foster y Gibson, la amistad más atípica de esta industria.
Se conocieron en 1994 durante el rodaje de Maverick y su amistad no ha hecho más que florecer desde entonces.
Con la misma naturalidad con la que por aquel entonces Foster posó a caballito a espaldas de un Gibson jovial, ambos se vuelven a fotografiar juntos; él más canoso y ajado, ella más madura pero igual de comprensiva.
"Te pondré un ejemplo.
No me acuerdo por qué, pero en una ocasión me tragué un árbol que había en mi casa y estaba sangrando cuando sonó el teléfono. Era Mel. No habíamos hablado desde hacía mucho.
Yo estaba desorientada y se lo dije, y le faltó tiempo para llegar a mi casa con un maletín lleno de ungüentos tibetanos que debe de llevar siempre encima y me vendó la cabeza. Ese es el Mel Gibson que conozco. La primera persona a la que llamaría si me pasara algo", describió la actriz a este periódico.
Una lealtad nada normal. Y menos cuando uno está en el punto más bajo de su carrera, como ocurre con Gibson, víctima de sus propios escándalos, desde esa borrachera en 2006 que acabó con comentarios antisemitas y machistas, hasta aquellas otras conversaciones telefónicas, grabadas y filtradas a la prensa no hace ni un año, donde se puede escuchar a un actor racista y verbalmente abusivo.
Foster no se mete en los problemas de su amigo.
Como dice, "no importa cuánto le quiera, no puedo hacer oídos sordos a su comportamiento". Pero como amiga, la actriz le ha dado todo su apoyo, al artista y a la persona.
Jodie Foster ha contado con Gibson para su nueva película sin preocuparle las consecuencias que pueda tener para su filme la presencia del actor más odiado del momento. Al contrario.
"Estoy muy orgullosa de su trabajo en esta cinta", subraya a quien la quiera escuchar. Y como persona, Foster también está a su lado, junto a él en todo momento, convenciendo al que quiera oírla de que Gibson es el actor más querido de la profesión.
"Pregúntale a cualquiera que haya trabajado con él", reta, sin aceptar que solo Whoopi Goldberg, Frank Darabont y ella han hablado públicamente a favor de Gibson desde que estalló el escándalo.
"Hay mucha gente que me ha expresado su apoyo, pero en momentos así uno sabe quiénes son sus verdaderos amigos", admitió Gibson. Y Jodie Foster es sin duda uno de ellos.
Nadie describe Hollywood como la tierra de la amistad. Pero Jodie Foster es la anomalía en la industria.
Lo mismo que Mel Gibson. Ambos son estrellas y son amigos. Es difícil buscar dos personas más dispares.
Él, católico reaccionario y tan sonoro en sus éxitos como en sus escándalos y borracheras.
Ella, siempre elocuente pero discreta, estrella desde la más tierna infancia y madre soltera de dos hijos concebidos sin dar explicaciones sobre su paternidad.
Ni sobre su sexualidad.
"No encontrarías dos personas más diametralmente opuestas en religión o política", reconoció el mismo Gibson en una entrevista reciente. "Los dos llevamos caminos diferentes. Pero es más lo que tenemos en común", añadió el intérprete, que finalmente ha trabajado bajo la dirección de su amiga en El castor.
Son muchos los actores que loan a sus parejas de trabajo cuando llega el momento de promocionar un estreno, seguido luego del si te he visto, no me acuerdo, y la sonrisa falsa al cruzarse en la alfombra roja.
Este no es el caso de Foster y Gibson, la amistad más atípica de esta industria.
Se conocieron en 1994 durante el rodaje de Maverick y su amistad no ha hecho más que florecer desde entonces.
Con la misma naturalidad con la que por aquel entonces Foster posó a caballito a espaldas de un Gibson jovial, ambos se vuelven a fotografiar juntos; él más canoso y ajado, ella más madura pero igual de comprensiva.
"Te pondré un ejemplo.
No me acuerdo por qué, pero en una ocasión me tragué un árbol que había en mi casa y estaba sangrando cuando sonó el teléfono. Era Mel. No habíamos hablado desde hacía mucho.
Yo estaba desorientada y se lo dije, y le faltó tiempo para llegar a mi casa con un maletín lleno de ungüentos tibetanos que debe de llevar siempre encima y me vendó la cabeza. Ese es el Mel Gibson que conozco. La primera persona a la que llamaría si me pasara algo", describió la actriz a este periódico.
Una lealtad nada normal. Y menos cuando uno está en el punto más bajo de su carrera, como ocurre con Gibson, víctima de sus propios escándalos, desde esa borrachera en 2006 que acabó con comentarios antisemitas y machistas, hasta aquellas otras conversaciones telefónicas, grabadas y filtradas a la prensa no hace ni un año, donde se puede escuchar a un actor racista y verbalmente abusivo.
Foster no se mete en los problemas de su amigo.
Como dice, "no importa cuánto le quiera, no puedo hacer oídos sordos a su comportamiento". Pero como amiga, la actriz le ha dado todo su apoyo, al artista y a la persona.
Jodie Foster ha contado con Gibson para su nueva película sin preocuparle las consecuencias que pueda tener para su filme la presencia del actor más odiado del momento. Al contrario.
"Estoy muy orgullosa de su trabajo en esta cinta", subraya a quien la quiera escuchar. Y como persona, Foster también está a su lado, junto a él en todo momento, convenciendo al que quiera oírla de que Gibson es el actor más querido de la profesión.
"Pregúntale a cualquiera que haya trabajado con él", reta, sin aceptar que solo Whoopi Goldberg, Frank Darabont y ella han hablado públicamente a favor de Gibson desde que estalló el escándalo.
"Hay mucha gente que me ha expresado su apoyo, pero en momentos así uno sabe quiénes son sus verdaderos amigos", admitió Gibson. Y Jodie Foster es sin duda uno de ellos.
Dos vestidos de la princesa Diana alcanzan los 190.000 euros en una subasta
La identidad de los compradores no ha sido desvelada, aunque se sabe que es un museo .
Pese a su muerte hace casi 14 años, la princesa Diana de Gales sigue provocando expectación.
Si las pasadas semanas su figura ha estado presente a causa de la boda de su hijo, el príncipe Guillermo de Inglaterra, con Catalina Middleton, esta semana es ella misma la protagonista.
Y es que dos de sus vestidos se han vendido en una subasta en Beverly Hills (Los Ángeles, California, EE UU) por casi 200.000 euros. El comprador es un museo, aunque se desconoce cual.
Vestido de chiffon de seda azul, perteneciente a la princesa Diana, subastado en Los Ángeles, y que ha sido vendido por 92.000 euros.-
Las dos piezas son vestidos largos, de noche, y han sido conservados desde la muerte de Diana (en agosto de 1997, en París) en una cámara con control de temperatura.
El primero de ellos, en crepé negro con adornos de brillantes en el cuerpo, ha sido vendido por 144.000 dólares (100.000 euros).
Fue utilizado por la princesa en 1992, durante una visita de estado a India junto al que todavía era su marido, el príncipe Carlos.
El segundo vestido, en chiffon de seda azul claro y con una larga estola anudada al cuello, ha sido vendido por 132.000 dólares (unos 92.000 euros). Lady Di lo utilizó para acudir al festival de cine de Cannes en 1987, así como para una representación de Miss Saigon en el Teatro Real de Londres.
La venta ha tenido lugar en la casa de subastas Julien's Auctions. Su presidente, Darren Julien, explicó a la agencia Reuters que había "gente interesada y participando en la subasta de todas partes del mundo". "Es fantástico tenerlos en un museo, donde van a ser expuestos y apreciados por el público", explicó Julien.
Ambos vestidos ya habían sido subastados antes por la propia Diana tres meses antes de morir con fines benéficos.
Sus propietarios decidieron volver a venderlos coincidiendo con la boda de Guillermo y Catalina del pasado 29 de abril. Una parte de la recaudación se donará a las ONG con las que colaboraba la princesa.
Pese a su muerte hace casi 14 años, la princesa Diana de Gales sigue provocando expectación.
Si las pasadas semanas su figura ha estado presente a causa de la boda de su hijo, el príncipe Guillermo de Inglaterra, con Catalina Middleton, esta semana es ella misma la protagonista.
Y es que dos de sus vestidos se han vendido en una subasta en Beverly Hills (Los Ángeles, California, EE UU) por casi 200.000 euros. El comprador es un museo, aunque se desconoce cual.
Vestido de chiffon de seda azul, perteneciente a la princesa Diana, subastado en Los Ángeles, y que ha sido vendido por 92.000 euros.-
Las dos piezas son vestidos largos, de noche, y han sido conservados desde la muerte de Diana (en agosto de 1997, en París) en una cámara con control de temperatura.
El primero de ellos, en crepé negro con adornos de brillantes en el cuerpo, ha sido vendido por 144.000 dólares (100.000 euros).
Fue utilizado por la princesa en 1992, durante una visita de estado a India junto al que todavía era su marido, el príncipe Carlos.
El segundo vestido, en chiffon de seda azul claro y con una larga estola anudada al cuello, ha sido vendido por 132.000 dólares (unos 92.000 euros). Lady Di lo utilizó para acudir al festival de cine de Cannes en 1987, así como para una representación de Miss Saigon en el Teatro Real de Londres.
La venta ha tenido lugar en la casa de subastas Julien's Auctions. Su presidente, Darren Julien, explicó a la agencia Reuters que había "gente interesada y participando en la subasta de todas partes del mundo". "Es fantástico tenerlos en un museo, donde van a ser expuestos y apreciados por el público", explicó Julien.
Ambos vestidos ya habían sido subastados antes por la propia Diana tres meses antes de morir con fines benéficos.
Sus propietarios decidieron volver a venderlos coincidiendo con la boda de Guillermo y Catalina del pasado 29 de abril. Una parte de la recaudación se donará a las ONG con las que colaboraba la princesa.
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