Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

28 abr 2011

Piedritas en la ventana. Mario Benedetti








Piedritas en la ventana.



De vez en cuando la alegría

tira piedritas contra mi ventana

quiere avisarme que ahí está esperando

pero hoy me siento calmo

casi diría ecuánime

voy a guardar la angustia en su escondite

y luego a tenderme cara al techo

que es una posición gallarda y cómoda

para filtrar noticias y creerlas

quién sabe dónde quedan mis próximas huellas

ni cuándo mi historia va a ser computada

quién sabe qué consejos voy a inventar aún

y qué atajo hallaré para no seguirlos

está bien no jugaré al desahucio

no tatuaré el recuerdo con olvidos

mucho queda por decir y callar

y también quedan uvas parra llenar la boca

está bien me doy por persuadido

que la alegría no tire más piedritas

abriré la ventana

abriré la ventana.

Si tu me olvidas Pablo Neruda



Si tu me olvidas.



Si tú me olvidas

quiero que sepas

una cosa.



Tú sabes cómo es esto:

si miro

la luna de cristal, la rama roja

del lento otoño en mi ventana,

si toco

junto al fuego

la impalpable ceniza

o el arrugado cuerpo de la leña,

todo me lleva a ti,

como si todo lo que existe,

aromas, luz, metales,

fueran pequeños barcos que navegan

hacia las islas tuyas que me aguardan.





Ahora bien,

si poco a poco dejas de quererme

dejaré de quererte poco a poco.





Si de pronto

me olvidas

no me busques,

que ya te habré olvidado.





Si consideras largo y loco

el viento de banderas

que pasa por mi vida

y te decides

a dejarme a la orilla

del corazón en que tengo raíces,

piensa

que en ese día,

a esa hora

levantaré los brazos

y saldrán mis raíces

a buscar otra tierra.





Pero

si cada día,

cada hora

sientes que a mí estás destinada

con dulzura implacable.

Si cada día sube

una flor a tus labios a buscarme,

ay amor mío, ay mía,

en mí todo ese fuego se repite,

en mí nada se apaga ni se olvida,

mi amor se nutre de tu amor, amada,

y mientras vivas estará en tus brazos

sin salir de los míos.

Vergüenza MARUJA TORRES

El cordial encuentro, en Roma, del marido de Carla Bruni con el duce pos-Viagra, produce una irremediable sensación de desconsuelo.
 No me cabe duda de que Europa puede caer aún más bajo, y de que el vertiginoso descenso a que su inoperancia, como ente común, nos arrastra tiene por delante una brillante trayectoria de largo desaliento.
Oportunidades de perpetrar vulgares atropellos no faltarán.
 Ahora bien, desde el punto de vista de la ética y de la estética -de por sí tan vapuleadas por ambos estadistas en el reciente pasado-, la reunión de Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi constituye un hito digno de figurar en los anales de la producción euroanal más pestilente de los últimos tiempos. Vergogna.










Ahí están, defendiendo codo a codo, con palabras inútiles, una de las pocas cosas decentes que aún nos quedaban en el viejo continente: la libre circulación de personas. Acarician el bajo vientre de sus más retrógrados votantes y aliados y lo hacen, con orgulloso desparpajo, en nombre de Europa.
Nunca el idioma francés sonó más hueco, rococó y putrefacto que en labios de Sarkozy. Y nunca la bella lengua italiana resultó más profanada que en esta nueva regurgitación a cargo del bótox de Berlusconi. Vergogna.






No es una bufonada más de dos impresentables de la política europea -claramente sobrada de incompetentes, ya sea nación por nación, o de eso con sede en Bruselas-, sino de un claro intento de establecer las bases para que el nacionalismo más reaccionario y el ensimismamiento de cada país en las pelusas de su ombligo produzcan réditos electorales.
Verán qué poco tarda en unírseles el Partido Popular, en la estela de su consentida Juanita de Arco Sánchez Camacho. Vergogna.



Ya ven adónde hemos llegado, por ahora. Un perseguidor de gitanos y un corruptor de jovencitas diciéndonos lo que tenemos que hacer. Vergogna.

Mozart - Greensleeves