Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

22 abr 2011

Los 100 más influyentes en 2011

Wael Gohnim, ejecutivo de Google en Egipto, encabeza la lista de este año de la revista 'Time' .
La lista de la revista Time de las 100 personas más influyentes en 2011 no la coronan políticos famosos o empresarios de éxito.
El número uno es alguien cuyo nombre ha sido prácticamente desconocido antes y después de la gesta por la que le honra Time.
Se trata de Wael Gohnim, ejecutivo de Google en Egipto que, con el uso de las redes sociales, desafió a la censura del régimen que controlaba aquel país y provocó una oleada de cambio que ahora mismo sigue viva en Oriente Próximo.






En la lista vuelve a estar el presidente norteamericano Barack Obama, pero bastante por debajo de una mujer a la que ha homenajeado abundantemente en 2010: la congresista Gabrielle Giffords, herida de gravedad por un tiroteo en su Arizona natal.
 Obama, de hecho, escribió el texto con el que se la honra: "El de Gabrielle Giffords puede no haber sido un nombre muy familiar. Pero la razón por la que siempre ha sido admirada por gente de todas las tendencias políticas es que encarna lo mejor de lo que debe ser el servicio público: arduo trabajo, juego limpio, esperanza y resistencia, la voluntad de escuchar y la determinación para hacer lo mejor en este mundo".



Los números dos y tres de la lista los ocupan el economista Joseph Stiglitz y Reed Hastings, el director de Netflix, la empresa de alquiler de vídeos online. En un sorprendente número cuatro aparece la actriz y comediante Amy Poehler, de la factoría de Saturday Night Live, cuya serie Parks & Recreation ha sido uno de los éxitos televisivos de la temporada. Tras Angela Merkel, presidenta alemana, y Mark Zuckerberg, presidente de Facebook, aparece Julian Assange, fundador de la página de revelación de secretos WikiLeaks. El año pasado, Assange dejó a la diplomacia norteamericana y al Pentágono al desnudo al publicar cientos de miles de cables clasificados de las redes secretas del Pentágono.



En la lista de las 100 personas más influyentes del mundo aparecen únicamente dos latinoamericanos, entre los que se eleva en primer lugar la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia del país, al colocarse en el número 27 de la lista.
Y, el futbolista argentino Lionel Messi, que se posiciona como la persona número 86 de las 100 más influyentes del globo, justo por debajo del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que ocupa el puesto 85.

¿Qué será de las librerías? JUAN CRUZ

La era electrónica convierte el futuro de la creación en papel en una incógnita - Los lobreros reflexionan sobre su porvenir, entre la pasión y la incertidumbre .

La librería es un centro cultural. En muchos lugares son los únicos centros en los que sirven de altavoz a las inquietudes de la sociedad a la que sirven.




"Quien está en una librería está en el centro del mundo"

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El 41% de la población afirma que nunca lee libros



En España resisten 4.500 establecimientos, y el número baja



El futuro pasa por ligar la oferta a otros componentes culturales



La experiencia de leer en pantalla es esencialmente distinta

En algún tiempo, en España, las librerías tuvieron tanta importancia social (y política) que resultaron objeto del odio de los que, como Goebbels, veían en la cultura una amenaza. En la revista Texturas (marzo 2011) Lola Larumbe, de la Librería Rafael Alberti (Madrid), recuerda cuando su establecimiento fue asaltado por terroristas que entonces, en el inmediato posfranquismo, tenían los libros en el punto de mira de su odio nostálgico.



Ahora los problemas de las librerías no son esos, dice Larumbe. Ahora el problema de las librerías se encierra en una pregunta: ¿Resistirán? Los libreros dicen que sí, pero tienen muchos problemas, y en primera fila está el que afecta a la edición de libros, a la música, al cine y a la prensa: ¿resistirán el desafío tecnológíco? ¿Resistirán, sobre todo, a la piratería?



Los datos no animan al optimismo. Actualmente quedan en en España 4.500 librerías. Desde 2005 el sector vive una cierta estabilidad (los años anteriores cerraban 90 por cada 60 que abrían), pero se espera que su número vuelva a bajar.



En la Feria Internacional de Guadalajara dijo el escritor Fernando Vallejo, autor de La virgen de los sicarios: "Cuando cunda en serio el libro electrónico esta profesión tan honorable [la de editor] que empezó algo después de Gütenberg hace 500 años va a quedar más descontinuada que la de relojero o la de deshollinador".





Para los libreros no es menos preocupante la situación. Por lo menos, dice Paco Goyanes, de la librería Cálamo (Zaragoza), es "enrevesada". Dice Goyanes, en cuya librería se juntaron 125 libreros, editores y distribuidores para hablar de estos asuntos: "Sufrimos (literalmente: casi nadie subraya la carga de dolor que supone la crisis para la mayoría de la población) la crisis económica y social que soportamos todos los españoles, aderezada con algunos elementos propios del sector".



Esos elementos son preocupación común de los libreros: la fuerte caída de las compras institucionales (bibliotecas, centros de enseñanza, Ayuntamientos); un mercado sobredimensionado, con un exceso de oferta que estrangula las librerías y que, dice Goyanes, "recuerda la crisis inmobiliaria".

Tampoco las cifras de lectores son buenas. Un 91,1% de la población declara leer, pero de ellos solo el 55% dice que libros. Eso sí, de estos, el 41,3% afirma que lo hace a diario.

Goyanes ve la situación "enrevesada". Pere Duch, de Babel (Castellón), la ve "mal, muy mal". "Nunca habíamos vivido una situación tan crítica". Los bajos índices de lectura, la progresiva implantación de las nuevas teconologías y su incidencia en el mundo de las librerías, los sistemas de venta de libros de texto impuestos por la Administración, la "desmesurada" competencia en una ciudad pequeña, y la crisis económica son los que convierten en "muy mala" esta situación "enrevesada".


Ese es el presente. ¿Y el futuro? Duch cree que "es muy incierto"; para seguir, "las librerías habrán de dar cabida al libro de papel y a los contenidos digitales" y "deberán buscar la fuerza del asociacionismo, librerías interconectadas que serán capaces de proporcionar mayores ventajas y servicios a sus clientes". Para sobrevivir, dice Concha Quirós (Cervantes, Oviedo), lo que han de hacer los libros es "ejercer su función, que no es otra que ejercer de asesor e intermediario entre el autor y el lector. Las librerías independientes, las que quedamos, tenemos asegurada nuestra pervivencia si somos capaces de ejercer como libreros".










Rodrigo Rivero (Lé, Madrid) añade un sustantivo a la lista de adjetivos fatales: la situación actual, dice, es "de incertidumbre". Pero él es optimista. En primer lugar, "el libro en papel seguirá teniendo durante un gran plazo de tiempo un papel preponderante con respecto al libro electrónico". Pero, para que se cumpla esa versión optimista, "lo que tendríamos que hacer las librerías es adecuarnos a los tiempos, reformar nuestros sistemas informáticos, tener potentes webs de venta para todos los formatos, aparecer en las redes sociales, ofertarnos como espacios culturales para dinamizar las zonas geográficas donde nos ubicamos..." Y, además, "maridarel libro con otros componentes culturales como la gastronomía, la fotografía, la pintura, los viajes... Y, por supuesto, estar muy pendientes del desarrollo e incoporación a la demanda del libro electrónico".










Juan Manuel Cruz, de la librería Rayuela (Málaga), dice que "la situación es bastante complicada". El libro ha perdido mercado, al menos "en un 30%" en los últimos tres años, lo cual ha puesto en riesgo "la viabilidad de las empresas". Las librerías han sido dañadas por "políticas demagógicas" como las que hablan de "la gratuidad de los libros de texto que han convertido a estos libros en mercado de votos electorales".










Hace aún más complicada esta situación lo que Cruz llama "cruzadacontra el libro papel y la alabanza al libro digital". Dice que "lo que durante siglos ha sido un valioso objeto social, se ve degradado a un objeto obsoleto que hay que sustituir con urgencia"; esa prisa para sustituir el libro tradicional deja "como marginales" los problemas de la piratería y la pérdida de derechos de autor.



El presente es, afirma Cruz, "tan tormentoso como atractivo". Ya se ve por qué es tormentoso, "pero también supone un reto. Hasta hoy, el mundo de la librería independiente ha sido capaz de superar las amenazas de muerte que han significado los distintos cambios tecnológicos (como el CD-ROM)".



Fernando Valverde, presidente de la Confederación de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal), considera que "el impacto de la crisis ha tardado algo más en llegar" al mundo del libro que a otros sectores. Pero la crisis convierte la situación "en un momento complicado a la vez que interesante". Se nota "el descenso en las adquisiciones de libros para las redes bibliotecarias" y "ha descendido la venta directa en las librerías".



"La alarma" ante la llegada de los formatos digitales es como una gota malaya; se ha suavizado a medida que ha habido más información sobre los dispositivos de lectura. Valverde cree que las pequeñas y medianas librerías "están soportando mejor estos momentos que las cadenas y las grandes tiendas".



Según él, "tienen una mayor capacidad de adaptación a los momentos duros"; saben, además, "que no es posible crecer siempre y a cualquier precio"; cree que "las dificultades de grandes cadenas en Estados Unidos e Inglaterra, caso de Borders; el cierre de las librerías Crisol en España, y la reciente absorción de la cadena Bertrand por Casa del Libro, hablan por sí solo de las dificultades de soportar estructuras gigantescas, en donde el elemento humano, la calidez del trato, la integración con los entornos es más complicada que en la red de librerías independientes".



Esas sombras no le hacen perder el optimismo. "Nunca como ahora se ha leído tanto. Abren nuevas librerías, con gente joven al frente... En la última década también han irrumpido en el mercado nuevos editores, jóvenes, haciendo apuestas por literatura de calidad, haciendo objetos bellos y apetecibles".



El miedo está ahí. Paraliza, dice. "Pero no debemos perder energías en intentar enfrentar los soportes. No son excluyentes porque la experiencia de leer en papel y la de hacerlo en pantalla son esencialmente distintas.
Y las dos son buenas. Y las dos pueden y deben y creo que convivirán mucho tiempo".



"La peor amenaza", afirma, "es no hacer nada.
Es resistirse numantinamente a los cambios que se están produciendo. Junto a esto es obvio que el anuncio de la llegada de plataformas como Amazon, o la irrupción en el mercado digital de operadores ajenos hasta ahora al sector del libro suponen nervios y expectación, y, por qué no decirlo, algo de miedo.
 Es imprescindible que la actitud de la Administración y de los editores sea inequívoca a la hora de buscarse los mejores aliados". Y él cree que los mejores aliados "son los libreros españoles".



Montse Moragas, de Laie (Barcelona), pone énfasis en los peligros que trae la piratería al mundo del libro, "ese es el problema más grave", pero avisa de otra amenaza: "La desintermediación", que el librero "se quede fuera de juego, que no sepa evolucionar para seguir jugando un papel determinante en el mundo de la cultura; que adopte una actitud defensiva y victimista y deje pasar la oportunidad de posicionarse claramente en el mundo digital".
Según ella, esa oportunidad llevará al librero "a nuevos públicos, que hasta ahora no frecuentaban las librerías.
Las librerías tienen que vender libros en todos los formatos, y además de la presencia física tienen que vender virtualmente".



¿Y qué puede hacer la Administración? La respuesta es unánime: tomarse en serio las librerías como centros de agitación cultural, como otra forma de bibliotecas, algo así como lo que dice Luis Landero: recuperar las librerías "como centro del mundo".



A eso apunta Lola Larumbe: "Creo que la salud de las ciudades, de los barrios, de los pueblos de un país se debería estimar por el número de librerías que alberga y por la calidad de éstas.
Parece que no ha habido mucha gente con capacidad de decidir que haya visto esto, que le haya importado el empobrecimiento paulatino que han sufrido los barrios de una ciudad tan importante como Madrid con el despojamiento de sus librerías.
Librería y biblioteca, formando un núcleo duro de actividad, deberían estar siempre en el horizonte de los gestores culturales públicos".



"Ir a la librería", concluye Larumbe, "es un signo de humanismo, de humanidad, y es la pérdida de ésta la gran amenaza".
Tal y como tratan a sus clientes algunas librerías les será una bendición que cierren, así no tendrás de forma antipática de molestarse cuando vas a comprar alguno.

Las tradiciones

Las tradiciones




En este país, en el que buena parte de la población dice que el Estado debe ser laico, la Semana Santa es una de las vacaciones clásicas.
No he visto que haya movimientos para suprimir estas fiestas en el calendario laboral, y resulta contradictorio puesto que tanto estas vacaciones como la Navidad y las fiestas de los santos patronos y la mil vírgenes que pueblan España son las que rigen no sólo el calendario laboral, sino la guía de las tradiciones de muchas comunidades.
Aparte de la significación religiosa que puedan tener para los creyentes, estas fiestas, como otras muchas, son el referente de asuntos culturales y artísticos (es inmenso el arte que hay en las iglesias) y de tradiciones seculares que han ido conformando unas sociedades europeas en las que sin duda el cristianismo es una de sus columnas culturales.
También es cierto, que con motivo de esta o aquella festividad, hay costumbres que podríamos ir desterrando, porque por mucha tradición que haya es una salvajada martirizar un toro en una vega de Valladolid, realizar encierros y espectáculos con toros en los que suele haber accidentes mortales o lanzar cabras desde los campanarios.
La religión es una cosa, la tradición otra y la cultura otra, aunque, como ocurre en Semana Santa, se dan la mano.

Sacado de Bardinia de Emilio González Déniz

21 abr 2011

El milagro de la aparición VICENTE VERDÚ

.En el discurrir de la vida cotidiana hay un momento, sea dentro de la habitación, en la calle o en un museo, donde repentinamente se produce un fulgor.
 Un desconocido o desconocida llega a la sala donde nos encontramos reunidos y su prestancia nos encandila, una pintura se pone inesperadamente ante nuestros ojos y su presencia nos deslumbra.
Son circunstancias en las que el instante, la comparecencia y su impacto se funden para crear lo que la religión llama "aparición".




La obra maestra no tiene amo, no tiene justificantes ni posee explicaciones racionales

Martin Seel ha publicado hace poco en español un libro muy sesudo, muy académico y muy nutrido que se titula Estética del aparecer (Katz. Buenos Aires, 2010), donde se habla de este fenómeno hermoso.
 La obra de Seel pertenece a ese género de ensayos en los que el pilar de su discurso o la idea pilar se planta nítida y enhiesta, mientras a su alrededor, sea por cumplir con la atmósfera de la academia o los rituales del doctorado, crece una arboleda, una foresta y una selva de consideraciones atufantes que deslucen la intuición primordial.





Efectivamente, "lo verdaderamente importante (de los objetos artísticos) es presentarse". Cuando alguien pinta un cuadro o compone una música, la calidad primordial de esos productos radica en su capacidad de sorpresa y de captura.
 No son cuadros o composiciones medidas como las armas de precisión, pero poseen la máxima precisión para dejar al corazón paralizado en su éxtasis.
No todo sujeto ni todo objeto logran esa virtud ni voluntariamente ni tampoco profesionalmente.
 Gran número de sujetos y objetos bellos pueden circular alrededor sin atarnos o atenernos.
 Para que, entre todos ellos, uno alcance la virtud de "presentarse" hay que esperar sentado.






En la pintura, "la presentación" del cuadro, su verdadera "aparición", hace inútiles las palabras del crítico. Esa aparición enmudece el lenguaje y comunica no mediante una articulación ajustada o erudita, sino tan solo siendo así. Los poemas, especialmente, no son mejores o peores de acuerdo con su sentido, sino mediante el retumbo imparable que inopinadamente recibe el cuerpo. Inopinadamente: es decir, sin opinión, la obra maestra asume al maestro y a su crítico, a la escuela de donde procede y al curso que la rodea.






La "aparición" opera como el accidente, sin un antes ni un después. No solo llama la atención, sino que la roba. No solo mueve a la curiosidad, sino que, precisamente, hace banal la indagación y ocuparía, en la tesitura de un juicio, el papel de la pieza de convicción.






Este suceso trastorna el orden del pensamiento y la cadena que va del menos al más o del más al menos. Al margen de esa línea de penetración en el conocimiento artístico, "la aparición" es la alternativa a la escala del saber y constituye por sí sola "el acontecimiento".






El discurso en la Estética del aparecer no es lo inverso al libro La estética de la desaparición que redactó, hace años, Paul Virilio. En la desaparición y sobre el solar exento brotaría un género de numerosas y diferentes naturalezas. Por el contrario, en "la estética del aparecer" el fenómeno produce una obra única e insólita, tal como la vida repentina de la célula o la explosión del terrorismo.






En el tiempo de trabajo de un pintor, unas horas son ambulaciones, otras son ensayos grandes o pequeños, otras se ocupan con elaboraciones manuales o mentales y otras, finalmente, coinciden con los vistazos críticos que llevan a la culminación. En este largo proceso puede o no darse la aparición.
De hecho, en la mayor parte de las obras que termina un artista suele soportarse, a la manera de un rabo, una oscilante e insoportable duda sobre su verdadero valor.



Solo en un caso no existen vacilaciones ni las valoraciones tienen ningún valor: este es el caso de "la aparición".
 La obra maestra no tiene amo, no tiene justificantes ni posee explicaciones racionales; sobreviene del trabajo, pero como una criatura liberada del trabajador.
Lo suyo, en suma, no será precisamente el resultado natural de una operación esmerada ni tampoco el destino de una "re-presentación", sino pura y duramente, casi mágicamente, "la presentación".