Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

31 mar 2011

Carlos Baute - De Mi Puño e Letra - Te Regalo

Uffffffffff MARUJA TORRES

Observen la frivolidad con que se sacuden, en la escena pública, principios sagrados del bien común -respeto, reflexión, búsqueda de soluciones-, como si el politiqueo indujera a los próceres a menear nuestros derechos cual bata de cola, y a los medios a hacer de palmeros.





Esto no es una feria ni una romería.
Esto es la gestión de un país y la gestión de una oposición a esa gestión.
Con el ejemplo que dan los vociferantes -unos más que otros- y los calumniadores -sobre todo, unos-, y con nuestro encogimiento de hombros, vamos hacia una anarquía de derechas tan ignorante como culpable, caldo de cultivo para que llegue un demagogo con mano dura.
Ah, si Fraga Iribarne estuviera en sus verdes años... No duden de que se le conduciría a hombros hasta La Moncloa.
Por las redes sociales transcurren los verdaderos problemas, las preocupaciones que nos agobian.
 No tenemos soluciones.
Ni de una forma ni de otra. Hacemos cosas insignificantes, que solo nos sirven a nosotros. Firmamos manifiestos, divulgamos injusticias. Y esperamos el regreso del sentido del bien común.



Pero lo que hay que hacer ya está inventado. Se llama democracia, y la tenemos, tan imperfecta como la de cualquier otro país democrático, aunque con una especial mala leche compartida. Se llama política, y eso es lo que hay que practicar. Se llama servicio público, derechos, deberes. Amar el país de todos.




En la antigua Mesopotamia, cuando los adivinos predecían una mala racha para el rey, buscaban a un delincuente en las prisiones y lo ponían en el trono, con objeto de que los hados se cebaran en él.
 Luego, el monarca verdadero volvía, y al pobre hombre lo ejecutaban.



Ahora el rey somos todos. Hay que pensar.
Y que los delincuentes ocupen su lugar: la cárcel, sea la de barrotes o la de nuestra indiferencia.

El odio al judío crece en España por la crisis económica

. ."No se están haciendo los deberes y la consecuencia es un peligroso crecimiento del antisemitismo". Es la queja de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE) y del Movimiento contra la Intolerancia.
Según un informe presentado ayer, España figura a la cabeza de la UE en actos violentos y manifestaciones de odio a los judíos, con un incremento constante por la crisis.






"Los judíos tienen mucho poder porque controlan la economía y los medios de comunicación", concluye una encuesta encargada por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Lo piensa el 58,4% de los consultados. Más de un tercio (34,6%) tiene una opinión "desfavorable o totalmente desfavorable" de esa comunidad, que en España apenas suma 40.000 personas.



El estudio se realizó sobre 1.012 entrevistas a mayores de 15 años. Estos datos avalan otros de una encuesta entre escolares realizada hace un lustro, según la cual la mitad de los estudiantes no querría tener a un chico judío como compañero de pupitre.



Curiosamente, es la extrema derecha la que menos rechazo tiene por las comunidades judías (un 34%, frente al 37,7% entre quienes se declaran de centro izquierda). "Si estos datos son correctos, España sería un caso único en Europa, y el país tiene un verdadero problema", destacó el presidente de la comunidad judía, Jacobo Israel Garzón.



El responsable del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra, subrayó esta percepción con una queja contra el Gobierno, por incumplir el compromiso ante la UE de reformar el Código Penal y castigar el odio racial o antisemita en cualquier manifestación.

"Cuando tienes una mirada más esencial de la vida, el éxito o el fracaso resultan igual de ridículos"

El escritor peruano, finalista del Premio Herralde 2008 y popular bloguero literario, publica 'Un sueño fugaz', novela de cuentos y reflexiones sobre la literatura, la vida y el fracaso .
A Iván Thays (Lima, 1968) no le preocupan el éxito y el fracaso. Ya no. Alejado de la idea que tenía en sus inicios de la literatura como una carrera "en la que había que ir ascendiendo por postas", el escritor peruano publica ahora una novela sobre el paso el paso del tiempo y, paradojas, el éxito y el fracaso en el arte y en la vida.




Iván Thays: "Los gerentes de las teles no piensan en la literatura"



Mi única vanidad es creer que siempre puedo hacer las cosas mejor



Desde niño siempre me dio miedo perderme en una feria o en el mercado. Ahora, le tengo pánico a perder la memoria, a no saber regresar a casa



Desde el año pasado las cosas para mí se han complicado y esa complicación hace que muchas cosas en que me fijaba más antes, sobre todo porque me aburría, ahora me interesen menos



Perú no esta de ninguna manera mejor que hace unos años

Un sueño fugaz (Anagrama) es una novela de cuentos, historias con personajes que han conocido la fama y la miseria. Mientras se recupera de la reciente muerte de su padre y de una grave lesión de rodilla, Thays nos habla de sus temores, de los trolls que pueblan Internet y que tantos paseos se han dado por su blog Moleskine Literario y del deseo de que el libro digital sustituya al de papel y calme el ansia que le produce ahora la espera para que las obras que quiere leer lleguen a Lima.



Pregunta ¿Qué le ha llevado a crear un universo literario, a modo de pequeño taller, en el que de una u otra manera están representados el éxito y el fracaso, la calidad y lo mediocre, la fama y el olvido en la literatura?



Respuesta: En la novela La disciplina de la vanidad, una suerte de retrato del artista adolescente, la obsesión por el triunfo era insistente. Por eso, decidí introducir un contrapunto con el fracaso. Y concluir que, cuando uno tiene una mirada más espiritual, más esencial o más mística, de la vida, el éxito y el fracaso resultan igual de ridículos o de vanos. De ahí el título Un sueño fugaz, que parte de un poema de Basho.



P: ¿Se ha encontrado en su vida literaria con muchos personajes como Tomás (uno de los protagonistas de la novela, el que ha llegado a la fama y la riqueza gracias a la literatura), henchidos de éxito, premiados por una literatura más bien dudosa?



R:Muchísimos. Y a veces resultan tan obvios que uno se pregunta si ellos, en lo profundo de sí mismo, no son capaces de verse a sí mismos como lo que son. Y deduzco que no, no lo ven. Duermen felices su sueño fugaz.



P: ¿Antes y después de ser finalista en el Herralde los elogios sobre su obra (Vargaso Llosa, Herralde, Cueto) se han sucedido ¿Cómo se vive, cómo se asume? ¿Teme ser devorado por la vorágine y olvidado si no publica de manera más o menos regular?



R: En realidad, el éxito literario me interesaba mucho más en la época en que empecé a publicar. Entonces nadie hablaba de mí y yo creía que la literatura era una carrera en la que había que ir ascendiendo por postas. Agradezco mucho la generosidad de lectores como los que menciona, y otros, algunos anónimos, pero ya no creo que la literatura sea esa carrera. Me interesa mucho más que mis obras representen de manera fiel, honesta, lo que hay dentro de mí, lo que tengo/quiero/debo decir.



P: ¿Qué tal se lleva con el éxito y el fracaso, "esos dos impostores", que diría Kipling?



R: La frase, que le gustaba repetir a Borges, es acertadísima. Todos los días estoy lleno de fracasos y éxitos en todos los ámbitos de mi vida. Uno se acostumbra a uno y al otro, y al final casi es difícil trazar la línea divisoria entre uno y otro.



P:¿Un sueño fugaz es una especie de road movie en el tiempo, con un final tristísimo, con el protagonista preguntándose "¿Tan viejo soy?" pero sin una línea cronológica claramente fijada ¿Por qué?



R: No quería hacer una línea cronológica obvia. Quería lograr que los lectores saltasen de cuento en cuento y sintieran que, más allá de la autonomía de cada relato, se les estaba contando una novela que avanzaba en el tiempo y que el protagonista de esa novela envejecía un poco más, de manera natural, con cada relato. Verlo envejecer casi sin darse cuenta, de manera que luego de leer el libro, al retroceder hasta el principio, tengan la sensación de que han visto a un hombre disminuirse, perder sus facultades, pero casi sin darse cuenta. Así sucede con las personas que envejecen a nuestro lado, ¿no?



P:¿En acabar Un lugar llamado oreja de perro tardó ocho años ¿Ha sido más fácil escribir Un sueño fugaz?



R: Un sueño fugaz es una novela en cuentos que estaba inserta en una novela mía anterior, no conocida en España, llamada La disciplina de la vanidad. Demoré un tiempo en afinar las referencias y aumentar algunos textos para hacer redondo el libro, pero el grueso ya estaba escrito.



P: ¿Ha escrito una novela generacional?



R: Me gustaría creer que sí, pero no soy yo quien debe decidirlo.



P: ¿En la vida del protagonista vuelve a estar presente el fantasma del hijo muerto, como en su anterior novela, de la que en su momento me dijo que no era una obra autobiográfica. ¿Y ésta? ¿Hay elementos de la tan manida autoficción?



R: No, ninguna autoficción felizmente. La pérdida del hijo, así como la pérdida de la identidad, es un tema que me angustia desde siempre. Desde niño siempre me dio miedo perderme en una feria o en el mercado. Ahora, le tengo pánico a perder la memoria, a no saber regresar a casa. Y desde luego, a perder a las personas que amo, lo que me acaba de suceder con mi padre y es una sensación extraña, indefinible.



P: ¿Hace unos meses decía en la entrevista que le hizo mi compañero Quino Petit que los blogs eran cosa del pasado. Y sin embargo, el suyo sigue a pleno rendimiento...



R: Bueno, por lo general soy una persona bastante anacrónica para ciertas cosas.



P: ¿Siguen 'acosándole' los trolls que, escudados en el anonimato de Internet, encienden cualquier tipo de debate?



R: Muchísimo menos. O me entero menos de esos ataques. Desde el año pasado las cosas para mí se han complicado mucho (de hecho, desde octubre tengo una fractura en la rodilla y usaré muletas por un año o más, y voy diariamente a la dolorosa rehabilitación) y esa complicación hace que muchas cosas en que me fijaba más antes, sobre todo porque me aburría, ahora me interesen menos.



P: ¿Por cierto, a pesar de dedicarse a la literatura, ninguno de los personajes de Un sueño fugaz tiene un blog. ¿Por qué excluyó el tema?



R: No sé por qué. Pero en la novela que estoy terminando ahora hay chats, blogs, tuits y facebook.



P: ¿El Perú real y político, con todas sus implicaciones, recorría la anterior novela, pero ahora han desaparecido de su relato. ¿Está mejor su país y ya no hay que hablar de esos temas? ¿Están agotados?



R: Es una novela completamente diferente. No siempre me dan ganas de escribir novelas con tema político, al contrario,Un lugar llamado Oreja de perro era una rareza en mi obra. Pero de ninguna manera está mejor el país. Y dudo que el tema político esté agotado.



P: ¿Cómo se encuentra el panorama literario en español actual? ¿Y su generación? ¿Qué relación tiene con sus compañeros de Bogotá 39 ?



R: Me interesa mucho lo que está pasando, las relaciones que se forman entre escritores de la misma generación pero de distintos países. Leo a Marcos Giralt, por ejemplo, y me siento identificado no solo literariamente sino anecdóticamente. Vidas paralelas. Los Bogotá 39 están haciendo cada uno lo suyo. Tres premios importantes, como los dos últimos Alfaguara y el actual Herralde, han sido ganado por miembros del B39, por ejemplo. Y he leído novelas estupendas de varios de ellos. Mantengo contacto con algunos de ellos aun, no con todos desde luego. Pero la buena vibra que nació en ese evento yo creo que se mantiene intacta. Y eso es maravilloso.



P: ¿De verdad cree, como dijo hace poco, que al libro de papel le quedan 10 años de vida, o incluso menos?



R:Lo creo y quiero que sea así. Eso de estar esperando que los libros lleguen a las librerías de Lima es una odisea. Siento que me pierdo de todo.
Y desde Perú no se puede comprar ni siquiera ebooks de muchos sellos en castellano. Las cosas tienen que mejorar y para eso, el libro en papel debe perder su fuerza.



P: ¿Y termino como hice hace dos años ¿Qué queda de la 'famosa vanidad de Iván Thays?



R: Un mito. Mi única vanidad es creer que siempre puedo hacer las cosas mejor. E insistir una y otra vez, hasta que el espejo me entregue una imagen al menos ligeramente parecida a lo que realmente creo que soy capaz de dar.
 Y luego, al releer lo publicado, siento que pudo ser mucho mejor. Mi vanidad, en ese sentido, es insaciable.