Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

28 mar 2011

VEN POR FANNY JEM WONG.mpg

El ecologismo triunfa entre las estrellas de Hollywood

."En España apagaron muchos edificios públicos en la Hora del Planeta... Si se pudiera deberíamos hacerlo al menos una vez al mes".
Así expresaba el cantante Alejandro Sanz en la red social Twitter su compromiso con el medioambiente la noche del sábado, cuando 4.500 ciudades de todo el mundo desconectaron sus luces durante una hora para combatir el cambio climático.





Además del cantante, son muchos los famosos comprometidos con el medioambiente que tratan de dar ejemplo con su actitud.
Así, los actores Julia Roberts, Cameron Díaz, Leonardo DiCaprio o George Clooney ya conducen coches híbridos o eléctricos.
 De hecho, Clooney fue uno de los instigadores de la campaña Oil Change, que trata de disminuir la dependencia de combustible de EE UU.



Roberts también es una ferviente defensora del medioambiente. La casa de Malibú de la protagonista de Pretty woman fue construida con materiales que no dañan entorno, y sus hijos usan pañales desechables especiales.
La cantante Sheryl Crow también tiene paneles solares en su hogar, y ha creado una marca de ropa respetuosa con el medio ambiente, Bootheel Trading Co.



El actor Woody Harrelson va más allá.
Además de vivir en una comunidad sostenible en Maui (Hawai) que se abastece totalmente con energía generada por el sol, es vegano, cultiva su propia comida y lucha activamente para legalizar la marihuana y el cáñamo.

Alegato contra la indiferencia

Stéphane Hessel y José Luis Sampedro debaten en Madrid sobre los jóvenes con motivo de la publicación de '¡Indignaos!', el último fenómeno editorial del escritor francés .

Dos adolescentes de 93 años se han encontrado en Madrid para "alentar a la indignación juvenil a través de la no-violencia y conseguir un efecto contagio por todo el mundo", ha dicho esta mañana Stéphane Hessel (Berlín, 1917), antiguo miembro de la Resistencia y último fenómeno literario en Francia y España.
¡Indignaos! (editorial Destino) es el "librito", como lo llama el autor, de 32 páginas que trata de despertar conciencias con la ayuda de José Luis Sampedro (Barcelona, 1917), firmante del prólogo.




¿Por qué los jóvenes españoles no se indignan?

El héroe que escribió un 'best seller'

¡


Desde que se publicara hace un mes en España en castellano, catalán, euskera y gallego -con un precio de cinco euros- se han vendido 120.000 copias.
En Francia va ya por los 1,7 millones de ejemplares.
"Hay que reeducarse para no ser meros productores y consumidores como pretende el sistema.
Hay que razonar primero y crear después. Si hay libertad de pensamiento, habrá libertad", ha dicho Sampedro.
 El economista y autor de obras como El mercado y la globalización reconoce el letargo en el que se encuentran los jóvenes españoles y lo justifica por el desinterés que muestran por "un sistema que, por suerte, está en decadencia".



Hessel, que se rebeló contra el régimen colaboracionista de Vichy y fue detenido por la Gestapo, ha encontrado en la cultura española el modelo que los indignados deben seguir: Don Quijote, "la figura más representativa de la lucha contra el mal que veo reflejada en la persona de mi amigo Jorge Semprún".
Ambos compartieron calvario en Buchenwald (Alemania), uno de los tres campos de concentración a los que sobrevivió el autor.



La actualidad a ambos lados del Mediterráneo ha estado muy presente durante el debate. "La violencia en forma de terrorismo es una abominación en contra de la dignidad humana", ha manifestado Hessel, uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
 "La única alternativa es la convivencia cultural". Aunque el que fuera también embajador de Francia ante la ONU ha justificado la intervención militar en Libia arguyendo el voto mayoritario del Consejo de Seguridad.



Al final de la charla, los escritores han hecho un rápido viaje en el tiempo y han pasado de tener espíritu adolescente a reencarnarse en dos jóvenes de 19 años.
Sampedro ha cambiado de edad pero no de filosofía: "Yo era un aprendiz de mí mismo y lo sigo siendo.
 Todos tenemos el derecho a vivir y desarrollarnos para conseguir más libertad.
Y así podremos terminar con la contradicción de la humanidad: vivir en paz en lugar de repetir las mismas guerras que insisten en la competitividad en lugar de la armonía".



Hessel ha decidido volver a su escuela, a L`Ecole Normale Supérieure de la calle Ulm en París, donde conoció a Sartre.
 Emocionado, sin dejar de sonreír, ha congregado en una reunión imaginaria a sus compañeros de pupitre para convencerles de "la responsabilidad tan grande" que tienen por su nivel de conocimiento del mundo.
"Contactaríamos con los que no pueden disfrutar de las mismas ventajas y juntos conseguiríamos hacer progresar el mundo".

Contra el tópico ROSA MONTERO

Los estereotipos son unos parásitos mentales de lo más persistentes.
 Es más fácil multiplicar por doce la renta per cápita de un país (en los últimos cuarenta años, la de España ha pasado de 2.413 dólares a 29.651) que acabar con los prejuicios con que nos contemplan los vecinos y que a veces nos llegamos a creer nosotros mismos. Tomemos el caso de las muertes de mujeres: estoy cansada de repetir, para pasmo de los extranjeros pero también de muchos españoles, que si la violencia doméstica está tan omnipresente en nuestra sociedad no es porque seamos los reyes de la degollina y matemos a más mujeres que en ningún otro sitio, sino, por el contrario, porque España es un país pionero en la toma de conciencia para combatir esta barbarie.






Es más, según el III Informe Internacional de Violencia contra la Mujer del Centro Reina Sofía, que analiza a cuarenta naciones (los demás países, algunos tan importantes como Francia, no han sido incluidos porque ni siquiera publican los datos de la violencia machista), en España estamos a la cola en cuanto a número de mujeres asesinadas. Y, así, aquí hay 3,5 muertes por millón de habitantes.
 Pero en Estados Unidos matan a 9,1 por millón, en Alemania a 4,6, en el Reino Unido a 4,4... Aún más: en Noruega asesinan a 5,5 mujeres y en Finlandia a 9,6... Sorprendente, ¿no? Resulta que en los fríos, civilizados y poco sexistas países del Norte hay muchas más víctimas.
Ya sé que quedaría más redondo que la España torera y cañí destacara en el apuñalamiento de hembras ardientes, como en la ópera Carmen (escrita, no lo olviden, por un francés), pero la realidad es de una tozudez inquebrantable: los nórdicos matan mucho más; quizá, se me ocurre, por una mezcla fatal entre el elevado consumo de alcohol y el resquemor que ha producido, en algunos hombres desequilibrados y malvados, la rapidísima evolución feminista de esos países. Pero éste sería el tema de otro artículo.



Es verdad que España ha sido hasta hace poco una sociedad muy machista y atrasada, pero también es cierto que en los últimos 40 años hemos cambiado muchísimo.
 Hoy estamos tan cerca de la Carmen de Mérimée como de las tribus nómadas de Mongolia: o sea, nada.
 Somos un pueblo muy poco puritano en materia sexual y de costumbres, entre otras cosas quizá porque, en realidad, y déjenme romper con otro tópico, tampoco somos muy religiosos.
De quince años para acá, las vocaciones han bajado en un 30% y las clases de religión católica han perdido más de 500.000 alumnos. Y sólo un 34% de las declaraciones de impuestos dan un porcentaje para el mantenimiento de la Iglesia.



En este contexto, sucesivas leyes han ido normalizando algo que, en general, creo que corresponde al sentir mayoritario de los españoles.
 Como la Ley de Igualdad, que regula desde el permiso de paternidad hasta la paridad por sexos en las listas electorales; como la última y polémica ley del aborto, que permite interrumpir el embarazo en las doce primeras semanas sin necesidad de justificación; o como la Ley del Matrimonio Homosexual, que cuenta con el apoyo del 66% de la población y que sólo en el primer año de vigencia originó 4.500 bodas.
La verdad es que hoy España no destaca por su machismo dentro de la media europea; lo cual no está nada mal, si tenemos en cuenta que, hasta el mes de mayo de 1975, la mujer casada española no podía comprarse un coche, abrir una cuenta en un banco o trabajar sin el permiso de su marido. Hemos cubierto a todo correr un largo trecho.



Los vertiginosos cambios sociales se han incrementado en la última década con el aluvión de inmigrantes.
En poco más de diez años han entrado 5,7 millones de extranjeros (un 14% de la población) y hemos pasado de una España homogénea y cerrada a una sociedad de múltiples culturas.
En números absolutos, somos el décimo país del mundo con más inmigrantes y, como es natural, todo esto va cambiando el perfil del español. ¡Pero si ni siquiera los toros son lo que eran! Y no sólo porque en Cataluña hayan promulgado una ley prohibiendo las corridas, sino porque las estadísticas muestran un claro descenso de la afición.
La fiesta declina y es, en cualquier caso, minoritaria (la apoya entre un 28% y un 37% de la población, dependiendo de las encuestas).



Sólo hay un valor cultural tradicional español que parece seguir indemne: con 340.000 bares, doblamos la media de la UE.
 Hasta hace muy poco estábamos a la cabeza de Europa en número de bares por habitantes, pero la entrada de Chipre en la UE en 2004 nos hizo descender al segundo puesto. Maldita sea.