Les voy a contar como se hace un buen potaje canario que es una comida muy sana y facil de preparar.
Se prepara únicamente con verduras siendo la estrella la calabaza.
En una cazuela grande se pone agua a hervir con sal y se añade:
Todas las verduras que es voy a decir picadas:
Un trozo grande de calabaza.
Un manojito de judias verdes.
Un puerro.
Una zanahoria.
Dos papas.
Un bubango (calabacin)
Esto como base, si alguien quiere añadir alguna verdura más puede hacerlo al gusto.
2 ajos muy picados.
perejil
Aceite de oliva virgen
Y para rematar una piña de maiz.
Se deja hervir bastane rato, hasta
que toda la verdura está perfectamene cocida.
Queda espesito pues la calabaza al hervir, se derrite totalmente y queda un caldo muy cremoso.
Es un primer plato muy sabroso al tiempo que natural y con muchas vitaminas.
15 mar 2011
Mario Testino, en la piel de Kate Winslet
Pese a su continua defensa de la belleza natural, Kate Winslet se ha rendido al uso del retoque digital en publicidad, como muestra su sensual anuncio de Lancôme.
Tanto en el vídeo como en las fotos la actriz, de 35 años, luce una piel perfecta.
La campaña realizada por el fotógrafo Mario Testino busca destacar la feminidad asociada al uso de un pintalabios, tal y como ha explicado la propia Winslet.
En los términos de la vieja Winslet, una de las mejores actrices de su generación, feminidad solía ser sinónimo de curvas, como ha reiterado varias veces en manifestaciones públicas.
Tanto en el vídeo como en las fotos la actriz, de 35 años, luce una piel perfecta.
La campaña realizada por el fotógrafo Mario Testino busca destacar la feminidad asociada al uso de un pintalabios, tal y como ha explicado la propia Winslet.
En los términos de la vieja Winslet, una de las mejores actrices de su generación, feminidad solía ser sinónimo de curvas, como ha reiterado varias veces en manifestaciones públicas.
Sueños
Solo aspiro a seguir soñando, aunque la vida enrede mis sueños.
A veces parece que navego en una embarcación sin capitán, con el timón inutilizado, con el ancla perdida, con el velamen deshilachado.
A veces siento que la borrasca me zarandea y hace que la nave –pequeña y liviana- zozobre en mares peligrosos, mares nocturnos, preñados de monstruos indecibles y asesinos…
Sólo aspiro a que mi voz encuentre su hueco, ese espacio pequeño –casi de ameba- en el que pueda entonar las tres o cuatro notas que le hayan sido asignadas, poco más que la aparición de un meritorio en la función de su estreno.
A veces siento que es inútil este afán, esta brega diaria; pero al contemplar la fuente diminuta que me espera cada jornada, compruebo que el agua que mana, es la misma que fluye de las fuentes monumentales, inabarcables, tan bellas, tan lejanas. Y al cruzar el silencio del jardín donde se ubica, al acercarme a ella, le noto más niña, más accesible, y la sed se sacia, y la piel se limpia, y el sudor se alivia, y, al escucharla, compruebo que su sonido también es una canción… Sólo aspiro seguir siendo un eslabón –lo he repetido tantas veces-, un eslabón en una cadena infinita.
No porque su final no exista, sino porque está tan lejos ese extremo que es inalcanzable para mi imaginación, por mucho que la estire.
A veces una farola iluminada, como un pomelo escarchado e insípido, me impide contemplar cómo las estrellas besan los párpados y los labios y la piel entera del cosmos… Sólo aspiro a no ser labio de Judas.
A veces las voces golpean a mi alrededor, seduciendo con brillos que deslumbran, atacan a las retinas con sonrisas incólumes, en apariencia, y siento que debo columpiarme en ellas, hasta que descubro que hay demasiadas grietas en demasiadas pupilas como para emplear el latido de una tarde en mecerme ante un espejo cuyo azogue desgastado sólo devuelve, aburrido, el eco de mi efigie…
Sólo aspiro a medir el tictac de mis horas en caricias regaladas sin imposiciones.
A veces las horas se tornan disputas palaciegas, donde sólo se venden y compran cortesías con guadañas camufladas, o se vuelven diálogos de charcutería, donde sólo se mercadean vísceras cubiertas por lágrimas y olvidos, y me doy cuenta de que me convertiré en cáscara podrida o en caníbal insaciable o en aburrido mojón sin camino, cuando mi destino es ser caricia, cauce o puente…
Sólo aspiro a seguir labrando sueños con mi torpe cincel de letras y silencios sobre los corazones que me encuentren en este trayecto tan hermoso y, ay, tan breve.
Publicado por Amando Carabias
A veces parece que navego en una embarcación sin capitán, con el timón inutilizado, con el ancla perdida, con el velamen deshilachado.
A veces siento que la borrasca me zarandea y hace que la nave –pequeña y liviana- zozobre en mares peligrosos, mares nocturnos, preñados de monstruos indecibles y asesinos…
Sólo aspiro a que mi voz encuentre su hueco, ese espacio pequeño –casi de ameba- en el que pueda entonar las tres o cuatro notas que le hayan sido asignadas, poco más que la aparición de un meritorio en la función de su estreno.
A veces siento que es inútil este afán, esta brega diaria; pero al contemplar la fuente diminuta que me espera cada jornada, compruebo que el agua que mana, es la misma que fluye de las fuentes monumentales, inabarcables, tan bellas, tan lejanas. Y al cruzar el silencio del jardín donde se ubica, al acercarme a ella, le noto más niña, más accesible, y la sed se sacia, y la piel se limpia, y el sudor se alivia, y, al escucharla, compruebo que su sonido también es una canción… Sólo aspiro seguir siendo un eslabón –lo he repetido tantas veces-, un eslabón en una cadena infinita.
No porque su final no exista, sino porque está tan lejos ese extremo que es inalcanzable para mi imaginación, por mucho que la estire.
A veces una farola iluminada, como un pomelo escarchado e insípido, me impide contemplar cómo las estrellas besan los párpados y los labios y la piel entera del cosmos… Sólo aspiro a no ser labio de Judas.
A veces las voces golpean a mi alrededor, seduciendo con brillos que deslumbran, atacan a las retinas con sonrisas incólumes, en apariencia, y siento que debo columpiarme en ellas, hasta que descubro que hay demasiadas grietas en demasiadas pupilas como para emplear el latido de una tarde en mecerme ante un espejo cuyo azogue desgastado sólo devuelve, aburrido, el eco de mi efigie…
Sólo aspiro a medir el tictac de mis horas en caricias regaladas sin imposiciones.
A veces las horas se tornan disputas palaciegas, donde sólo se venden y compran cortesías con guadañas camufladas, o se vuelven diálogos de charcutería, donde sólo se mercadean vísceras cubiertas por lágrimas y olvidos, y me doy cuenta de que me convertiré en cáscara podrida o en caníbal insaciable o en aburrido mojón sin camino, cuando mi destino es ser caricia, cauce o puente…
Sólo aspiro a seguir labrando sueños con mi torpe cincel de letras y silencios sobre los corazones que me encuentren en este trayecto tan hermoso y, ay, tan breve.
Publicado por Amando Carabias
Los idus de marzo aquí no funcionan
El ciego con el que tropezó Julio César cuando entraba en el Senado le había dicho muchas semanas antes que tuviera cuidado con los idus de marzo. La fecha venía a ser el 15 de ese mes, y cuando llegó ese día, César volvió al Senado; al entrar, le dijo al ciego que ya habían llegado los idus de marzo y nada había ocurrido; el ciego le contestó: "pero aún no han acabado". Minutos después Julio César era acuchillado por los senadores.
Esta historia, mil veces contada y que seguramente es más leyenda que realidad, debía funcionar en los tiempos en que los actos de los políticos tenían consecuencias, aunque no sé si en el vasto territorio de Roma la provincia de Hispania se movía con parámetros distintos. Y es para creerlo, porque aquí los políticos pueden hacer lo que sea, y todo se resuelve con unas declaraciones que básicamente se resumen en tres palabras: "Y tú más".
En un país democrático (incluso en la Roma antigua), Camps no podría ser candidato mientras estuviese encausado, un ministro como José Blanco tendría que haber dimitido por no haber resuelto de un vez la conflictividad del transporte aéreo, alcaldes imputados, concejales caciquiles y políticos inanes en general perderían la posibilidad, no ya de ser elegidos, sino de que sus partidos los presentaran como candidatos.
Hay ayuntamientos endeudados por procesos judiciales ocasionados por la ineptitud (a veces por malas praxis deliberadas) de personas que, aunque ya no estén en esos cargos, siguen en la política a veces en escalones superiores.
Está claro, los Idus de marzo no funcionan en la provincia romana de Hispania.
Sacado de Bardinia de Emilio González Déniz
En un país democrático (incluso en la Roma antigua), Camps no podría ser candidato mientras estuviese encausado, un ministro como José Blanco tendría que haber dimitido por no haber resuelto de un vez la conflictividad del transporte aéreo, alcaldes imputados, concejales caciquiles y políticos inanes en general perderían la posibilidad, no ya de ser elegidos, sino de que sus partidos los presentaran como candidatos.
Hay ayuntamientos endeudados por procesos judiciales ocasionados por la ineptitud (a veces por malas praxis deliberadas) de personas que, aunque ya no estén en esos cargos, siguen en la política a veces en escalones superiores.
Está claro, los Idus de marzo no funcionan en la provincia romana de Hispania.
Sacado de Bardinia de Emilio González Déniz
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