Una exposición en La Pedrera explica el diálogo entre gastronomía y arte .
Muchos libros acaban en películas, unos pocos en exposición.
Es el caso de Comida para pensar, pensar sobre el comer, una reflexión escrita sobre el universo creativo de Ferran Adrià, la cocina de vanguardia y su relación con el mundo del arte, que en 2009 firmaron el artista Richard Hamilton y Vicente Todolí, por entonces director de la Tate Modern de Londres. Catalunya Caixa le ha puesto imágenes al libro reuniendo 130 obras de 76 artistas para la exposición El arte del comer.
De la naturaleza muerta a Ferran Adrià, que se puede ver en La Pedrera hasta el 26 de junio y que recorre cinco siglos de relación entre gastronomía y arte desde los bodegones del siglo XVII hasta nuestros días. "Adrià no es la causa de la exposición, sino el efecto de esa relación de siglos que desemboca cuando el cocinero fue invitado por la Documenta de Kassel en 2007 con el consiguiente debate que se generó", explicó Àlex Susanna, director de la Obra Social de Catalunya Caixa, durante la presentación.
La exposición empieza con dos abigarrados bodegones flamencos creados en el siglo XVII: Bodegón con sirvienta, de Paul de Vos, en el que los animales muertos y a punto de ser cocinados llenan la tela, y Puesto de frutas con pareja, de Pieter van Boucle, en el que las frutas activan la salivación y los jugos gástricos del espectador, seguidos de otros más austeros como Bodegón con granadas, del rey del bodegón español Luis Meléndez. Junto a ellos y con la intención de subvertir que destila toda la exposición, el espectador descubre otros bodegones actuales de la mano de Sam Taylor-Wood y su videolienzo Naturaleza Muerta (2001) en la que unas apetitosas frutas acaban descompuestas en tres minutos, y el de Ori Gersht, en la que un disparo fulmina una granada que forma parte de una composición con estética que recuerda a las de Zurbarán.
Plinio el Viejo aseguró que el bodegón era un arte menor y su opinión ha perdurado durante los siglos.
"Los retratos y la pintura religiosa estaban mejor pagados, pero los artistas no hacían ascos al bodegón para ganarse la vida", aseguró la comisaria Cristina Giménez.
Pese a eso, casi todas las épocas y pintores se han acercado al género. Es el caso de grandes como Isidre Nonell (Naturaleza con arenques), René Magritte (Souvenir de viaje), Salvador Dalí (Dos trozos de pan expresando el sentimiento del amor), Juan Gris (Mesa delante de un edificio), Picasso (Frutero) y los tomates y pimientos que Barceló pintó en 2010, todas en la exposición. La selección de Giménez deja ver que el interés no ha decaído en nuestros días. Sardinas, cebollas, panes y huevos son los objetos que fotografió Wols a mitad del siglo pasado, mientras que Mona Hatoum ?cuyo biombo de acero formado por tres ralladores es la imagen de la exposición?, fotografió a una docena de cabritos y un par de vacas tras ser descuartizados en un matadero.
A lo largo de la exposición varias obras sorprenden al visitante.
Es el caso del sillón de carne cruda creado por Jana Sterbak para la exposición.
La autora diseñó en 1987 Vanitis, un vestido de carne que ha inspirado, años después, el atuendo que Lady Gaga lució recientemente atribuido a Franc Fernández; una de las 90 latas de la polémica obra de Manzoni Mierda de artista (1961), que el autor dijo haber llenado con sus excrementos y que ha acabado alcanzando una gran cotización en el mercado del arte, y El invitado, un poema objeto de Joan Brossa en el que junto a una mesa preparada para un rico banquete hay un garrote vil como silla. Mientras que las botellas de Coca-Cola con mensajes ocultos de Meireles, las de aceite de Beuys, la tostadora de Richard Hamilton, la olla con mejillones de Broodthaers, la estantería de Suboth Gupta y la carta de amor de Wim Delvoye, escrita en árabe con piel de patatas, tampoco pasan desapercibidas.
La exposición recoge el ejemplo de tres artistas metidos a cocineros en las décadas de 1970 y 1980 que postularon la actividad del restaurante como un hecho artístico. Es el caso de Spoerri en Düsseldorf, donde creó cuadros a partir de los restos de comidas, el Food de Gordon Matta-Clark y El Internacional del catalán Miralda, "el primer tapas-bar de Nueva York", dijo el propio artista durante la inauguración.
El recorrido concluye "reivindicando la figura de Adrià y su papel como generador de arte, no por sus creaciones, sino por ser fuente de inspiración", aseguró Susanna.
Es el caso de Hans Gissinger, que ha fotografiado texturas del agua, Bruno Montovani, que compuso una suite de 35 piezas tras cenar en El Bulli y Francesc Guillamet, cuyas imágenes de los platos creados por Adrià "tienen un valor artístico pero también histórico", según Susanna.
15 mar 2011
"¿Novela gráfica? ¿Qué es eso?"
Ibáñez, que hoy cumple 75 años, dibuja el álbum 'Jubilación a los 90'
Francisco Ibáñez (Barcelona, 1936) cumple hoy 75 años. Otros se habrían retirado hace tiempo, pero él sigue al pie del cañón. Poniendo coña a la actualidad, está trabajando en un nuevo álbum de Mortadelo y Filemón titulado 'Jubilación a los 90', que Ediciones B publicará en octubre. De seguir así, será un título profético, porque Ibáñez es el gran currante de la historieta española. Lo dicen sus palabras: "Si escribiera una autobiografía sería un libro muy breve. Me bastaría con dos líneas y diría algo así: '¿Quién fue Ibáñez? Pues un tipo que trabajó, trabajó y trabajó y no hizo nada más'.
Esto no tiene ningún interés. Si ni siquiera he cambiado nunca de esposa, ni de hijos".
Ya que estamos de cumpleaños, le recuerdo que ha celebrado muchas efemérides históricas en sus tebeos. Es más, la última entrega de Mortadelo y Filemón, aparecida el pasado mes, se titulaba ay, 'Chernóbil... ¡qué cuchitril!' "Calla, calla", contesta Ibáñez.
Ahora lanza tres álbumes de Mortadelo y Filemón al año (el próximo, titulado 'A reciclar se ha dicho', sale en mayo), pero hubo épocas en las que hacía hasta seis.
"En nuestra profesión, lo normal para el que quería dedicarse a esto era un promedio de cinco o seis páginas semanales
. Hacer 10 era una heroicidad. Llegar a 15 páginas semanales, imposible.
Pues yo estuve haciendo 20.
Ni vacaciones, ni fines de semana, ni nada", recuerda Ibáñez.
Y en esa obra, entre gag y gag, hay toda una crónica de la historia española reciente: "A mis lectores les hace gracia que saque a políticos.
Yo no me defino ni de izquierdas, ni de derechas. En mis tebeos reciben todos. Llevo más de 50 años en esto y, si se quita todo lo disparatado, es verdad que se podría seguir la historia reciente de España en las páginas de Mortadelo y Filemón. Ha salido todo, desde el Mundial de Fútbol 82 al paro actual.
Siempre he sido consciente de que hacía esa crónica singular".
Cuando habla, Ibáñez es una metralleta y gesticula mucho.
Los elogios todavía le sonrojan. "Me gustaría que existieran Mortadelo y Filemón para poder endosarles las entrevistas.
Es que soy muy tímido", se confiesa entre risas el creador de personajes tan populares como el botones Sacarino y Rompetechos, su favorito.
No obstante, ha tenido que pelear mucho por sus derechos de autor, porque en Bruguera no se estilaban nada.
"Era una explotación espantosa.
Todos los personajes pertenecían a la editorial.
Y más aún: eran los propietarios de las ideas, de los originales y si te dejabas, hasta de la mujer, de los hijos y del gato del autor...
Sin embargo, gracias a Bruguera conocí a grandes compañeros de la profesión, como Cifré, Conti, Peñarroya, Raf, Escobar, Vázquez, el rey del sablazo... ", explica Ibáñez, que no es muy dado a la nostalgia.
¿Y qué le parece la movida de la novela gráfica?
"Novela gráfica, ¿qué es eso?
Por no llamarles tebeos o historietas, se han inventado ese nombre pijo. Si con eso se consiguen mejores ventas, pues no me parece mal.
Sea como sea, los tebeos deben recuperar popularidad o morirán. Porque la historieta es eso, cultura popular.
Antes te cerraban una colección si bajaba a 50.000 ejemplares y ahora cualquier editor se daría con un canto en los dientes por conseguirlos.
Ojalá las historietas volvieran a inundar los quioscos", concluye con un deseo el maestro Ibáñez, antes de soltar con un resoplido: "buf, ¡75 tacos!".
Francisco Ibáñez (Barcelona, 1936) cumple hoy 75 años. Otros se habrían retirado hace tiempo, pero él sigue al pie del cañón. Poniendo coña a la actualidad, está trabajando en un nuevo álbum de Mortadelo y Filemón titulado 'Jubilación a los 90', que Ediciones B publicará en octubre. De seguir así, será un título profético, porque Ibáñez es el gran currante de la historieta española. Lo dicen sus palabras: "Si escribiera una autobiografía sería un libro muy breve. Me bastaría con dos líneas y diría algo así: '¿Quién fue Ibáñez? Pues un tipo que trabajó, trabajó y trabajó y no hizo nada más'.
Esto no tiene ningún interés. Si ni siquiera he cambiado nunca de esposa, ni de hijos".
Ya que estamos de cumpleaños, le recuerdo que ha celebrado muchas efemérides históricas en sus tebeos. Es más, la última entrega de Mortadelo y Filemón, aparecida el pasado mes, se titulaba ay, 'Chernóbil... ¡qué cuchitril!' "Calla, calla", contesta Ibáñez.
Ahora lanza tres álbumes de Mortadelo y Filemón al año (el próximo, titulado 'A reciclar se ha dicho', sale en mayo), pero hubo épocas en las que hacía hasta seis.
"En nuestra profesión, lo normal para el que quería dedicarse a esto era un promedio de cinco o seis páginas semanales
. Hacer 10 era una heroicidad. Llegar a 15 páginas semanales, imposible.
Pues yo estuve haciendo 20.
Ni vacaciones, ni fines de semana, ni nada", recuerda Ibáñez.
Y en esa obra, entre gag y gag, hay toda una crónica de la historia española reciente: "A mis lectores les hace gracia que saque a políticos.
Yo no me defino ni de izquierdas, ni de derechas. En mis tebeos reciben todos. Llevo más de 50 años en esto y, si se quita todo lo disparatado, es verdad que se podría seguir la historia reciente de España en las páginas de Mortadelo y Filemón. Ha salido todo, desde el Mundial de Fútbol 82 al paro actual.
Siempre he sido consciente de que hacía esa crónica singular".
Cuando habla, Ibáñez es una metralleta y gesticula mucho.
Los elogios todavía le sonrojan. "Me gustaría que existieran Mortadelo y Filemón para poder endosarles las entrevistas.
Es que soy muy tímido", se confiesa entre risas el creador de personajes tan populares como el botones Sacarino y Rompetechos, su favorito.
No obstante, ha tenido que pelear mucho por sus derechos de autor, porque en Bruguera no se estilaban nada.
"Era una explotación espantosa.
Todos los personajes pertenecían a la editorial.
Y más aún: eran los propietarios de las ideas, de los originales y si te dejabas, hasta de la mujer, de los hijos y del gato del autor...
Sin embargo, gracias a Bruguera conocí a grandes compañeros de la profesión, como Cifré, Conti, Peñarroya, Raf, Escobar, Vázquez, el rey del sablazo... ", explica Ibáñez, que no es muy dado a la nostalgia.
¿Y qué le parece la movida de la novela gráfica?
"Novela gráfica, ¿qué es eso?
Por no llamarles tebeos o historietas, se han inventado ese nombre pijo. Si con eso se consiguen mejores ventas, pues no me parece mal.
Sea como sea, los tebeos deben recuperar popularidad o morirán. Porque la historieta es eso, cultura popular.
Antes te cerraban una colección si bajaba a 50.000 ejemplares y ahora cualquier editor se daría con un canto en los dientes por conseguirlos.
Ojalá las historietas volvieran a inundar los quioscos", concluye con un deseo el maestro Ibáñez, antes de soltar con un resoplido: "buf, ¡75 tacos!".
Los japoneses dan ejemplo de civismo ante la tragedia
No hay ni alzas de precios ni olas de saqueos, solo colas .
Japón se hunde cada día un poco más, empujado por la infernal suma de terremoto, tsunami y alerta de catástrofe nuclear.
Sin embargo, en medio de esta tragedia que ha dejado miles de muertos, la sociedad japonesa es un ejemplo de civismo.
Sendai, con más de un millón de habitantes, ha recuperado parcialmente la electricidad pero lleva ya cuatro días sin agua.
Miles de japoneses pacientes y silenciosos hacen colas a una veintena de kilómetros de la ciudad para abastecerse de víveres y combustible.
No ha habido apenas intentos de saqueos, y ningún comerciante o transportista ha subido los precios.
No en vano entre otras corrientes filósoficas saben la sabiduría Zen.
Fukushima se descontrola
Sin trenes, sin móviles, sin gasolina, sin agua
Unas 9.500 personas sin localizar en un pueblo de Miyagi
La larga fuga desde el epicentro
Japón admite fugas radiactivas "que pueden afectar a la salud" tras un incendio y una nueva explosión en Fukushima
"Tenemos hambre y frío por las noches", se queja un campesino
Las aguas devolvieron ayer cientos de cadáveres sobre las playas de la península de Oshika y del pueblo de Minami Sanriku, al norte de Sendai, mientras cientos de miles de soldados, policías y miembros de equipos de rescate profesionales o voluntarios se afanaban en desescombrar la línea de costa devastada por el tsunami. Aún sigue habiendo aldeas incomunicadas.
En Minami Sanriku, donde han desaparecido la mitad de sus 18.000 habitantes, la esperanza de encontrarles vivos comienza a desvanecerse.
Aún sigue siendo casi imposible llegar a Sendai: no hay trenes, el aeropuerto tiene las pistas dañadas y las carreteras están cortadas porque el terremoto dañó el firme y derribó los puentes.
Desde ayer se ha establecido un servicio especial de autobuses desde Niigata —en la costa noroccidental, que recorre la isla de Honshu de oeste a este a través de montañas cubiertas de nieve. Desde Niigata salen equipos de rescate, grupos de voluntarios y periodistas.
Los autobuses vuelven cargados de gentes con niños que buscan refugio en otras partes de Japón.
Cada trayecto supone más de seis horas de viaje.
Keio Nakamura, catedrático de Informática de la Universidad de Keio, en Tokio, tenía hoy una reunión muy importante en la capital pero fue uno de los miles de japoneses que quedaron atrapados en Sendai, su tierra natal, a la que vuelve cada viernes.
El pasado día 11, el taxi que le llevaba de la estación a su casa "comenzó a bailar". "Pensé que volcaríamos, pero finalmente el taxista lo paró y pude bajarme mientras la tierra seguía temblando", recordaba ayer.
El domingo pudo restablecerse el Shinkansen (tren bala) entre Tokio y Niigata, de manera que la normalidad se ha ido restableciendo en el país con excepción del noreste de Honshu, que tardará meses, si no años en recuperarse de la catástrofe.
Y no solo por el terremoto y el tsunami, sino también porque los daños sufridos por la planta nuclear de Fukushima frenarán la producción eléctrica —cuatro millones de personas aún siguen si luz y retrasarán la recuperación económica. Toyota y Nissan anunciaron que pararán toda su producción nacional por unos días. Honda se sumó a la medida de forma parcial.
A primera vista nadie diría que Sendai ha sufrido un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter. La ciudad se mantiene casi intacta.
La mayoría de los edificios son posteriores al terremoto de 1978 y, por tanto, construidos con las mejores técnicas antisísmicas.
Solo se ven algunos tejados y cornisas dañados.
La costa, sin embargo, quedó arrasada por el tsunami que, con olas de hasta 10 metros, penetró varios kilómetros tierra adentro y arrancó de cuajo todo lo que encontró a su paso.
Los campos de cultivo que se extienden tras las playas se han convertido en un lodazal en el que se mezclan sofás con un sinfín de coches, electrodomésticos y enseres destrozados.
Todos arriman el hombro.
Azotados por la naturaleza desde tiempo inmemorial, los japoneses son conscientes de que si hoy es tu vecino el que sufre los daños, mañana te puede tocar a ti. Sato, campesino de 26 años y procedente de Tsanbonzuka, una de las aldeas más devastadas, se afana en retirar el lodo de una casa de Sendai. A él no le dejan volver a su casa.
Fue trasladado con los cinco miembros de su familia a una escuela junto con otras 500 personas.
"La ayuda no es suficiente", se queja, "tenemos hambre y frío por las noches".
Según la agencia Kyodo, más de 600.000 personas han sido evacuadas a causa de la tragedia.
Están en edificios públicos, escuelas y centros deportivos, pero en la mayoría de estas instalaciones no hay electricidad, ni gas, ni agua.
El Gobierno ha distribuido 120.000 mantas pero ha quedado desbordado por la magnitud de la catástrofe.
Japón se hunde cada día un poco más, empujado por la infernal suma de terremoto, tsunami y alerta de catástrofe nuclear.
Sin embargo, en medio de esta tragedia que ha dejado miles de muertos, la sociedad japonesa es un ejemplo de civismo.
Sendai, con más de un millón de habitantes, ha recuperado parcialmente la electricidad pero lleva ya cuatro días sin agua.
Miles de japoneses pacientes y silenciosos hacen colas a una veintena de kilómetros de la ciudad para abastecerse de víveres y combustible.
No ha habido apenas intentos de saqueos, y ningún comerciante o transportista ha subido los precios.
No en vano entre otras corrientes filósoficas saben la sabiduría Zen.
Fukushima se descontrola
Sin trenes, sin móviles, sin gasolina, sin agua
Unas 9.500 personas sin localizar en un pueblo de Miyagi
La larga fuga desde el epicentro
Japón admite fugas radiactivas "que pueden afectar a la salud" tras un incendio y una nueva explosión en Fukushima
"Tenemos hambre y frío por las noches", se queja un campesino
Las aguas devolvieron ayer cientos de cadáveres sobre las playas de la península de Oshika y del pueblo de Minami Sanriku, al norte de Sendai, mientras cientos de miles de soldados, policías y miembros de equipos de rescate profesionales o voluntarios se afanaban en desescombrar la línea de costa devastada por el tsunami. Aún sigue habiendo aldeas incomunicadas.
En Minami Sanriku, donde han desaparecido la mitad de sus 18.000 habitantes, la esperanza de encontrarles vivos comienza a desvanecerse.
Aún sigue siendo casi imposible llegar a Sendai: no hay trenes, el aeropuerto tiene las pistas dañadas y las carreteras están cortadas porque el terremoto dañó el firme y derribó los puentes.
Desde ayer se ha establecido un servicio especial de autobuses desde Niigata —en la costa noroccidental, que recorre la isla de Honshu de oeste a este a través de montañas cubiertas de nieve. Desde Niigata salen equipos de rescate, grupos de voluntarios y periodistas.
Los autobuses vuelven cargados de gentes con niños que buscan refugio en otras partes de Japón.
Cada trayecto supone más de seis horas de viaje.
Keio Nakamura, catedrático de Informática de la Universidad de Keio, en Tokio, tenía hoy una reunión muy importante en la capital pero fue uno de los miles de japoneses que quedaron atrapados en Sendai, su tierra natal, a la que vuelve cada viernes.
El pasado día 11, el taxi que le llevaba de la estación a su casa "comenzó a bailar". "Pensé que volcaríamos, pero finalmente el taxista lo paró y pude bajarme mientras la tierra seguía temblando", recordaba ayer.
El domingo pudo restablecerse el Shinkansen (tren bala) entre Tokio y Niigata, de manera que la normalidad se ha ido restableciendo en el país con excepción del noreste de Honshu, que tardará meses, si no años en recuperarse de la catástrofe.
Y no solo por el terremoto y el tsunami, sino también porque los daños sufridos por la planta nuclear de Fukushima frenarán la producción eléctrica —cuatro millones de personas aún siguen si luz y retrasarán la recuperación económica. Toyota y Nissan anunciaron que pararán toda su producción nacional por unos días. Honda se sumó a la medida de forma parcial.
A primera vista nadie diría que Sendai ha sufrido un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter. La ciudad se mantiene casi intacta.
La mayoría de los edificios son posteriores al terremoto de 1978 y, por tanto, construidos con las mejores técnicas antisísmicas.
Solo se ven algunos tejados y cornisas dañados.
La costa, sin embargo, quedó arrasada por el tsunami que, con olas de hasta 10 metros, penetró varios kilómetros tierra adentro y arrancó de cuajo todo lo que encontró a su paso.
Los campos de cultivo que se extienden tras las playas se han convertido en un lodazal en el que se mezclan sofás con un sinfín de coches, electrodomésticos y enseres destrozados.
Todos arriman el hombro.
Azotados por la naturaleza desde tiempo inmemorial, los japoneses son conscientes de que si hoy es tu vecino el que sufre los daños, mañana te puede tocar a ti. Sato, campesino de 26 años y procedente de Tsanbonzuka, una de las aldeas más devastadas, se afana en retirar el lodo de una casa de Sendai. A él no le dejan volver a su casa.
Fue trasladado con los cinco miembros de su familia a una escuela junto con otras 500 personas.
"La ayuda no es suficiente", se queja, "tenemos hambre y frío por las noches".
Según la agencia Kyodo, más de 600.000 personas han sido evacuadas a causa de la tragedia.
Están en edificios públicos, escuelas y centros deportivos, pero en la mayoría de estas instalaciones no hay electricidad, ni gas, ni agua.
El Gobierno ha distribuido 120.000 mantas pero ha quedado desbordado por la magnitud de la catástrofe.
El seísmo desplaza a Japón cuatro metros
Mapas de carreteras, catastros y cartas náuticas deberán ser modificados .
. .El terremoto que sacudió Japón el viernes pasado ha sido tan violento que ha desplazado al país hacia el este, además de modificar el eje de la tierra.
Afectados por radiactividad 17 soldados de EE UU
Un accidente muy grave
El último balance estima en 4.000 los muertos en Japón
Ansia de noticias sobre Japón
"Esto no es Japón, esto es otra cosa"
Japón admite fugas radiactivas "que pueden afectar a la salud" tras un incendio y una nueva explosión en Fukushima
Rescatada una mujer de 75 años cuatro días después del terremoto
Los datos facilitados por más de mil estaciones de GPS de la red japonesa Geonet -la mayor del mundo- muestran que la línea costera más cercana al epicentro, en el noreste del país, ha avanzado cuatro metros hacia el oriente (es decir, en dirección a Estados Unidos).
En esa zona, señalan los expertos, Japón es más ancho que antes.
En el resto del litoral, el desplazamiento ha sido mucho menor.
Como consecuencia inmediata, señalan los expertos, tanto los mapas de carreteras como los catastros deberán ser modificados. Lo mismo sucede con las cartas naúticas, ya que la profundidad de las aguas costeras ha cambiado.
Las autoridades japonesas han propuesto elevar la magnitud del terremoto de 8,9 a 9 grados, lo que convertiría al seísmo en el quinto mayor registrado en el mundo desde que existen instrumentos de medida.
Además, el temblor ha tenido consecuencias planetarias: el eje de la tierra se ha desplazado 6,5 pulgadas (16,7 centímetros) y aceleró el movimiento de rotación, acortando la duración del día en 1,8 millonésimas de segundo.
No es algo inédito: el terremoto de Chile del año pasado, de una magnitud de 8,8, movió el eje unos 7,6 centímetros y acortó el día 1,26 millonésimas de segundo.
Y el terremoto de Sumatra en 2004 lo hizo en 6,8 millonésimas de segundo.
El desplazamiento de Japón hacia el este se deriva del reajuste de dos placas tectónicas: la del Pacífico y la Norteamericana, donde se asienta Japón.
El terremoto fue provocado por un violento movimiento de la placa del Pacífico, que se desplaza hacia el oeste unos nueve centímetros al año y está incrustada por debajo de la placa Norteamericana.
La sacudida ocasionó la brusca elevación de la placa de Norteamérica y el movimiento de grandes masas oceánicas, que derivaron en el tsunami posterior.
. .El terremoto que sacudió Japón el viernes pasado ha sido tan violento que ha desplazado al país hacia el este, además de modificar el eje de la tierra.
Afectados por radiactividad 17 soldados de EE UU
Un accidente muy grave
El último balance estima en 4.000 los muertos en Japón
Ansia de noticias sobre Japón
"Esto no es Japón, esto es otra cosa"
Japón admite fugas radiactivas "que pueden afectar a la salud" tras un incendio y una nueva explosión en Fukushima
Rescatada una mujer de 75 años cuatro días después del terremoto
Los datos facilitados por más de mil estaciones de GPS de la red japonesa Geonet -la mayor del mundo- muestran que la línea costera más cercana al epicentro, en el noreste del país, ha avanzado cuatro metros hacia el oriente (es decir, en dirección a Estados Unidos).
En esa zona, señalan los expertos, Japón es más ancho que antes.
En el resto del litoral, el desplazamiento ha sido mucho menor.
Como consecuencia inmediata, señalan los expertos, tanto los mapas de carreteras como los catastros deberán ser modificados. Lo mismo sucede con las cartas naúticas, ya que la profundidad de las aguas costeras ha cambiado.
Las autoridades japonesas han propuesto elevar la magnitud del terremoto de 8,9 a 9 grados, lo que convertiría al seísmo en el quinto mayor registrado en el mundo desde que existen instrumentos de medida.
Además, el temblor ha tenido consecuencias planetarias: el eje de la tierra se ha desplazado 6,5 pulgadas (16,7 centímetros) y aceleró el movimiento de rotación, acortando la duración del día en 1,8 millonésimas de segundo.
No es algo inédito: el terremoto de Chile del año pasado, de una magnitud de 8,8, movió el eje unos 7,6 centímetros y acortó el día 1,26 millonésimas de segundo.
Y el terremoto de Sumatra en 2004 lo hizo en 6,8 millonésimas de segundo.
El desplazamiento de Japón hacia el este se deriva del reajuste de dos placas tectónicas: la del Pacífico y la Norteamericana, donde se asienta Japón.
El terremoto fue provocado por un violento movimiento de la placa del Pacífico, que se desplaza hacia el oeste unos nueve centímetros al año y está incrustada por debajo de la placa Norteamericana.
La sacudida ocasionó la brusca elevación de la placa de Norteamérica y el movimiento de grandes masas oceánicas, que derivaron en el tsunami posterior.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
