Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

13 mar 2011

"El poder pasa del editor al lector"

. .Lo primero que dice Riccardo Cavallero cuando se sienta ante la mesa del comedor de su casa, un edificio en el que vivió el fundador de Mondadori, Arnoldo Mondadori, en Milán, es que este cambio va en serio; aquello que siempre se dijo, que un día iba a cambiar este universo, es por fin verdad. Y en una frase muy simple ("El poder pasa del editor al lector"), este mánager de editoriales que ha cruzado de Europa a América y luego ha hecho el viaje de vuelta, pasando por España, propone actuaciones ante la nueva situación. Gutenberg está todavía por ahí, y seguirá, pero Internet, "lo digital", como dice él, marca ya el futuro.




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"El 'e-book' como tal no vale nada. Ya nace viejo. Lo importante es cambiar nuestra forma de trabajar contando con el lector"



"Ser pirateado es casi una satisfacción para el autor, porque significa que vende mucho. El pirata nunca se equivoca"

Cavallero es director general de Libros de Mondadori para Italia, España y América Latina; Mondadori engloba los sellos Einaudi, Piemme, Sperling a Kupfer, Mondadori y Random House Mondadori. Él nació cerca de Turín, tiene 48 años; está casado con Teresa, toscana, y tiene un hijo, Giulio, de 13 años, nacido en Barcelona. Además del amor a Cadaqués, dejó en España (donde ocupó diversos cargos editoriales, primero en Grijalbo y después en Random House-Mondadori) muchos afectos (entre otros, el de su añorado maestro Toni López) y experiencias que ahora forman parte de su memoria de editor... La suya ha sido una tarea ejecutiva, como consejero delegado de Random House-Mondadori primero en Nueva York y después en Barcelona...



Es economista y nadador. Acaso esas dos características le sirvan ahora para saber cómo se nada en las aguas del futuro en el que aún flota el universo Gutenberg.



Pregunta. Es la primera vez que cambia algo de verdad, parece.



Respuesta. Sí, por primera vez está cambiando el mundo editorial. El digital supone un gran impacto porque el poder pasa del editor al lector. Desde Gutenberg no cambia nada. Hubo cambios mecánicos, pero el proceso y el negocio no cambiaban. Los editores tenían el poder de decidir lo que se leía en un país. Esto conllevaba que los editores malentendieran su actividad, que la hayan confundido con la de impresor o distribuidor, olvidándose de la de editor.



P. Y con el libro digital, esto cambia.



R. El poder pasa al lector, que es quien decide lo que quiere, cuándo lo quiere, cómo lo quiere y a qué precio. Podríamos compararlo con la revolución de Copérnico. No es el mundo el que da vueltas alrededor de la Tierra, sino que la Tierra es un planeta que da la vuelta alrededor de un sol, el consumidor, el lector. Este es el gran cambio.



P. ¿Y se recibe naturalmente?



R. El mundo editorial no está listo para esto. Lo que marcará la diferencia -como con los dinosaurios- es que para sobrevivir hay que cambiar de hábitat. Y hay muchos que en este momento no tienen la fuerza mental para cambiar su forma de trabajar...



P. Al menos ya está el e-book ocupando su terreno..., y las editoriales son las que los están adoptando...



R. El e-book como tal no vale nada. Ya nace viejo. Lo importante es la revolución digital, cambiar nuestra forma de trabajar contando con el lector que está al otro lado. Tenemos que entender por primera vez lo que el lector quiere. Hasta ahora hemos vivido en una burbuja de lujo donde podías casi prescindir de lo que el lector quería.



P. ¿El editor tiene que ser distinto?



R. Lo será sin duda. Ha habido un momento en que no se sabía si el editor era impresor o distribuidor... Cambia la forma de vehicular y entregar un contenido. Creo que en cinco o diez años el editor será un bibliotecario. Manejaremos un contenido que tendremos que alquilar. Ya no seremos propietarios de algo, sino que poseeremos lo que nos sirvan en el momento.



P. Entonces, el papel del editor será menos importante.



R. Seguirá siendo muy importante, pero no será el mismo, será un poco diferente. La revolución digital es un cambio impresionante, pero lo que no cambiará durante un tiempo largo de este camino es la forma de creación, de escribir. Lo digital no va a influir en esto a corto plazo. El escritor hará experimentos. Ya se han hecho libros de SMS, libros para móviles... En esta primera fase hay una gran borrachera: el autor está convencido de que el editor ya no le sirve, que es el agente el que tiene que hacer su labor. Lo que ocurre es que hoy día encuentras un montón de informaciones disponibles, montones de libros que uno se puede autoeditar sin ningún problema, pero no sabes cómo manejarlo... El editor encontrará y mantendrá su papel, que es el de enseñar a hacer una selección, y por otro lado tendrá que estar muy atento a lo que los lectores quieren... Si no, se quedará fuera. Las posiciones de privilegio de estos últimos siglos, reducidas básicamente a la distribución física, se acaban... En diez años, esto no existirá. Los editores de grandes grupos, que han basado su éxito en la distribución, tendrán que buscar nuevas ventajas competitivas porque todo esto se va a liberar...



P. ¿Qué va a pasar con los derechos de autor? ¿Se escurrirán como el agua en la cesta, como cantaba Harry Belafonte?



R. ¡Ja, ja, ja! Más o menos. Sí es verdad que cambia el papel del editor. Será un editor que no venderá algo, sino que lo prestará. Creo que en el mundo digital, el editor tendrá lo que hoy día es una televisión de pago, con unos canales que venderá por suscripciones... Entonces inevitablemente tiene que buscar también la fórmula de liquidar los derechos. Estamos acostumbrados a hacerlo de una manera simple: liquidamos los derechos por cada ejemplar vendido. Esto ya no puede ser así, como en las películas de cine. La entrada generaba unos derechos para la película. Creo que eso tendrá que cambiar también con respecto a los libros. Es más complicado, porque el cambio se producirá en unos veinte años, posiblemente. Y hoy día el digital ya está generando muchos problemas para los abogados porque es difícil cuantificar el dinero necesario para pagar los derechos. Ese es el problema.



P. ¿Usted cree que se entenderá que no compramos el libro, sino que lo tenemos en préstamo?



R. Cuidado. Como editores, el partido lo ganará quien consiga trabajar sobre el contenido. Mi objetivo es vender, y por eso no creo que desaparezca el libro en papel. Como en los periódicos, creo que estamos en el amanecer del digital. Si yo compro el Financial Times desde la suscripción digital, tengo también derecho a recibir la copia en papel. Igual que un libro. Si quiero venderte el último libro de Murakami y tú compras el libro físico, con el precio que me estás pagando por ese libro tienes derecho a otras opciones: lo tienes en papel, lo tienes en digital. Y esta es una forma de comprar que seguirá existiendo, pero conectadas ambas formas, porque el papel sin digital no se podrá hacer a corto plazo...



P. Y luego está el alquiler...



R. Sí, la forma por la que opta otro tipo de lector que no quiere comprar ese libro, sino que quiere alquilarlo, como en una biblioteca. El que dice: "Yo quiero una suscripción de diez euros al mes con la que tenga acceso a una oferta de libros". Y esos libros pueden ser todas las novedades, o toda la novela rosa, o lo que sea... Son dos clientes diferentes, pero, cuidado, son dos formas de disfrutar de un libro... Puede ser que mucha gente quiera comprar libros de Murakami, García Márquez o Vargas Llosa para conservarlos en la biblioteca y prefiera otros libros de entretenimiento, como la novela histórica, con la que disfrute leyendo pero que no quiere guardar en casa...



P. El editor parece el capitán de un barco, y el mar convoca dos sensaciones: soledad y miedo. ¿Tiene usted ahora alguna de esas dos sensaciones?



R. Si me permite bromear, soy muy bueno en natación y por eso el mar no me da mucho miedo. El mar te produce una sensación de profundo respeto porque sabes que tienes delante una ola muy fuerte que te puede arrastrar. En el mundo literario ocurre más o menos lo mismo... Producir libros es la cosa más simple. El trabajo de un editor es entregar los libros al lector de una forma clara e inteligible y eso solo lo puedes hacer a través de tus colecciones y de tus sellos. Y desde el punto de vista de la gestión, de la que también me encargo como publisher [el responsable global de una editorial], de eso es de lo que me encargo. La empresa se construye alrededor de la figura de los editores; ellos son el corazón del negocio. Mi receta es muy simple, es la única que conozco y es la que aplico en América, en Europa, y hasta ahora ha funcionado. Nada de soledad o de miedo. El miedo empieza cuando empiezas a olvidarte de esto y subes la producción para llegar a una facturación que es efímera, a recoger devoluciones...; es entonces cuando el mar te hunde y acabas como en la película La tormenta perfecta.





P. ¿Estamos en una tormenta?



R. No, no es ninguna tormenta. Estamos en el momento del gran cambio por lo que ocurre con el digital. Un momento en el que debemos tener las agallas de renunciar a los privilegios que hemos conseguido, y que nos han mantenido como líderes hasta ahora; es un momento para reinventar nuestro trabajo; como todos los momentos de cambio, este puede ser doloroso, incómodo, porque como mínimo hasta ahora lo controlabas todo, lo sabías todo de tu mundo. Ahora hay que asumir riesgos, hay que tener mucha curiosidad, experimentar y, sobre todo, estar entrenados para equivocarnos.
Quien en los próximos cinco años no se equivoque, y no se equivoque de manera importante, creo que no llegará a los diez años.



P. Ya hay riesgos. El pirata está ahí esperando a que sea rentable robar libros.



R. Sí. La piratería es un hecho muy serio, muy doloroso, en algunos países más que en otros. Pero, si me lo permite, los piratas son los únicos que conocen de verdad los best sellers. Para un autor, ser pirateado es casi una satisfacción porque significa que está vendiendo mucho. ¡El pirata nunca se equivoca...! Ahora, hablando seriamente, el asunto de la piratería es correcto combatirlo todo lo que se pueda, pero si le digo la verdad, la responsabilidad de la piratería (hablo de la digital sobre todo) la tienen los editores... La música no tenía barreras de idioma, la vendían muy cara, te obligaban a comprar un cedé para que terminaras escuchando una sola canción. A nivel comercial, esto era sin duda un estímulo para piratear. Todos hemos pirateado música; a los doce o a los quince años hemos grabado una canción de un disco para darle una casete a una novia que nos gustaba. Creo que no hay nadie en el mundo que no lo haya hecho. Por tanto, no hay que asustarse por eso.



P. Pero es un problema para el editor...



R. Cuando la piratería se convierte en un fenómeno económico tan relevante, no es la policía la que lo tiene que solucionar. Hay que buscar una solución económica a nivel editorial. Para el libro, sin duda, ha sido la edición de bolsillo, que no ha tenido hasta ahora un desarrollo completo ni en el mundo de habla hispana ni en el italiano. Pasará lo mismo con el libro digital. Piratear el digital es mucho más fácil. Y además, si el consumidor digital quiere algo, lo quiere ya, no está dispuesto a aceptar los planes de la editorial
. Lo quiere ya, y si lo encuentra en otro sitio, lo piratea.



P. ¿Así de fácil?



R. Yo no soy un pirata, pero me cargo los Beatles en mi iPod si no los puedo comprar. En el digital, lo que los editores tienen que entender cuando digo que perdemos el poder es esto: nosotros no mandamos ya, ya no decimos: "Esto te lo doy, esto no te lo doy". Alguien dice: "Si no me lo das, lo encontraré, existe en algún lugar del mundo...". Tenemos que cambiar nuestra actitud, perder el poder significa que no mandamos nosotros y que tenemos que respetar de verdad al consumidor. Respetarlo significa darle lo que quiere y al precio que quiere. Tenemos que cambiar nuestra mentalidad, saber construir una estructura económica que pueda aguantar este cambio. Si no somos capaces, no mereceremos seguir como editores. Eso se llama selección natural. ¡Creo que Darwin sigue siendo mi luz!



P. ¿Todo el poder es del consumidor?



R. No. El poder lo tienen el escritor y el consumidor.
El editor es un intermediario, un contacto. Lo que hará es poner en contacto al escritor con su público, que también cambiará porque es un público que tiene una comunidad de intereses, ya no es el público de antes que todos conocíamos.
No. Se sabía quiénes eran aquellos a los que les gusta la novela rosa en la que hay sexo... Con la novela digital estamos vendiendo mucho más el sello de la novela rosa porque hay mucha gente que se avergüenza de ir por la calle con un libro rosa. Y se lo lee en el digital. Como pasaba con el porno, que lo llevabas dentro del Financial Times... Por volver al principio, ¿pierde poder el editor? Sí, por supuesto, tiene que perderlo. El poder lo tiene el autor que escribe, y mi trabajo como publisher es ponerle en contacto con su público. Si no, el autor me dejará por otro que sabe cómo llegar a su público. Antes el problema principal era saber distribuir y llegar con la distribución, y eso era verdad tanto para el editor grande como para el pequeño. Ahora no hay distinción entre el editor grande y el pequeño. La herramienta ha bajado tanto el coste que ya no existe esa diferencia. Ahora no hay excusas para decir que uno no consigue ser exitoso porque es pequeño y los grandes grupos lo están matando. Ahora se va a ver de verdad quién vale algo.



La selección

Le pedimos a Riccardo Cavallero una selección de sus preferencias como lector. Su estantería es un reflejo de su gusto, "pero no la puedo poner toda". Así que le faltan, en esta lista, "Faulkner, Lobo Antunes, Primo Levi, Dickinson, Phalaniuk, Orwell, David Foster Wallace, Pamuk y muchos, muchos más".



Y del uno al diez nos enumeró estos como los libros de su preferencia:



1. El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger.



2. Moby Dick, de H. Melville.



3. El coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez.



4. Desgracia, de J. M. Coetzee.



Lo primero que dice Riccardo Cavallero cuando se sienta ante la mesa del comedor de su casa, un edificio en el que vivió el fundador de Mondadori, Arnoldo Mondadori, en Milán, es que este cambio va en serio; aquello que siempre se dijo, que un día iba a cambiar este universo, es por fin verdad. Y en una frase muy simple ("El poder pasa del editor al lector"), este mánager de editoriales que ha cruzado de Europa a América y luego ha hecho el viaje de vuelta, pasando por España, propone actuaciones ante la nueva situación. Gutenberg está todavía por ahí, y seguirá, pero Internet, "lo digital", como dice él, marca ya el futuro.






"El 'e-book' como tal no vale nada. Ya nace viejo. Lo importante es cambiar nuestra forma de trabajar contando con el lector"



"Ser pirateado es casi una satisfacción para el autor, porque significa que vende mucho. El pirata nunca se equivoca"

Cavallero es director general de Libros de Mondadori para Italia, España y América Latina; Mondadori engloba los sellos Einaudi, Piemme, Sperling a Kupfer, Mondadori y Random House Mondadori.
Él nació cerca de Turín, tiene 48 años; está casado con Teresa, toscana, y tiene un hijo, Giulio, de 13 años, nacido en Barcelona. Además del amor a Cadaqués, dejó en España (donde ocupó diversos cargos editoriales, primero en Grijalbo y después en Random House-Mondadori) muchos afectos (entre otros, el de su añorado maestro Toni López) y experiencias que ahora forman parte de su memoria de editor... La suya ha sido una tarea ejecutiva, como consejero delegado de Random House-Mondadori primero en Nueva York y después en Barcelona...



Es economista y nadador. Acaso esas dos características le sirvan ahora para saber cómo se nada en las aguas del futuro en el que aún flota el universo Gutenberg.



Pregunta. Es la primera vez que cambia algo de verdad, parece.



Respuesta. Sí, por primera vez está cambiando el mundo editorial. El digital supone un gran impacto porque el poder pasa del editor al lector.
Desde Gutenberg no cambia nada. Hubo cambios mecánicos, pero el proceso y el negocio no cambiaban. Los editores tenían el poder de decidir lo que se leía en un país. Esto conllevaba que los editores malentendieran su actividad, que la hayan confundido con la de impresor o distribuidor, olvidándose de la de editor.



P. Y con el libro digital, esto cambia.



R. El poder pasa al lector, que es quien decide lo que quiere, cuándo lo quiere, cómo lo quiere y a qué precio. Podríamos compararlo con la revolución de Copérnico. No es el mundo el que da vueltas alrededor de la Tierra, sino que la Tierra es un planeta que da la vuelta alrededor de un sol, el consumidor, el lector. Este es el gran cambio.



P. ¿Y se recibe naturalmente?



R. El mundo editorial no está listo para esto. Lo que marcará la diferencia -como con los dinosaurios- es que para sobrevivir hay que cambiar de hábitat.
Y hay muchos que en este momento no tienen la fuerza mental para cambiar su forma de trabajar...



P. Al menos ya está el e-book ocupando su terreno..., y las editoriales son las que los están adoptando...



R. El e-book como tal no vale nada. Ya nace viejo. Lo importante es la revolución digital, cambiar nuestra forma de trabajar contando con el lector que está al otro lado. Tenemos que entender por primera vez lo que el lector quiere. Hasta ahora hemos vivido en una burbuja de lujo donde podías casi prescindir de lo que el lector quería.



P. ¿El editor tiene que ser distinto?



R. Lo será sin duda. Ha habido un momento en que no se sabía si el editor era impresor o distribuidor... Cambia la forma de vehicular y entregar un contenido. Creo que en cinco o diez años el editor será un bibliotecario. Manejaremos un contenido que tendremos que alquilar. Ya no seremos propietarios de algo, sino que poseeremos lo que nos sirvan en el momento.



P. Entonces, el papel del editor será menos importante.



R. Seguirá siendo muy importante, pero no será el mismo, será un poco diferente. La revolución digital es un cambio impresionante, pero lo que no cambiará durante un tiempo largo de este camino es la forma de creación, de escribir.
Lo digital no va a influir en esto a corto plazo. El escritor hará experimentos. Ya se han hecho libros de SMS, libros para móviles... En esta primera fase hay una gran borrachera: el autor está convencido de que el editor ya no le sirve, que es el agente el que tiene que hacer su labor. Lo que ocurre es que hoy día encuentras un montón de informaciones disponibles, montones de libros que uno se puede autoeditar sin ningún problema, pero no sabes cómo manejarlo... El editor encontrará y mantendrá su papel, que es el de enseñar a hacer una selección, y por otro lado tendrá que estar muy atento a lo que los lectores quieren... Si no, se quedará fuera. Las posiciones de privilegio de estos últimos siglos, reducidas básicamente a la distribución física, se acaban... En diez años, esto no existirá. Los editores de grandes grupos, que han basado su éxito en la distribución, tendrán que buscar nuevas ventajas competitivas porque todo esto se va a liberar...



P. ¿Qué va a pasar con los derechos de autor? ¿Se escurrirán como el agua en la cesta, como cantaba Harry Belafonte?



R. ¡Ja, ja, ja! Más o menos. Sí es verdad que cambia el papel del editor. Será un editor que no venderá algo, sino que lo prestará. Creo que en el mundo digital, el editor tendrá lo que hoy día es una televisión de pago, con unos canales que venderá por suscripciones... Entonces inevitablemente tiene que buscar también la fórmula de liquidar los derechos. Estamos acostumbrados a hacerlo de una manera simple: liquidamos los derechos por cada ejemplar vendido. Esto ya no puede ser así, como en las películas de cine. La entrada generaba unos derechos para la película. Creo que eso tendrá que cambiar también con respecto a los libros. Es más complicado, porque el cambio se producirá en unos veinte años, posiblemente. Y hoy día el digital ya está generando muchos problemas para los abogados porque es difícil cuantificar el dinero necesario para pagar los derechos. Ese es el problema.



P. ¿Usted cree que se entenderá que no compramos el libro, sino que lo tenemos en préstamo?



R. Cuidado. Como editores, el partido lo ganará quien consiga trabajar sobre el contenido. Mi objetivo es vender, y por eso no creo que desaparezca el libro en papel. Como en los periódicos, creo que estamos en el amanecer del digital. Si yo compro el Financial Times desde la suscripción digital, tengo también derecho a recibir la copia en papel. Igual que un libro. Si quiero venderte el último libro de Murakami y tú compras el libro físico, con el precio que me estás pagando por ese libro tienes derecho a otras opciones: lo tienes en papel, lo tienes en digital. Y esta es una forma de comprar que seguirá existiendo, pero conectadas ambas formas, porque el papel sin digital no se podrá hacer a corto plazo...



P. Y luego está el alquiler...



R. Sí, la forma por la que opta otro tipo de lector que no quiere comprar ese libro, sino que quiere alquilarlo, como en una biblioteca. El que dice: "Yo quiero una suscripción de diez euros al mes con la que tenga acceso a una oferta de libros". Y esos libros pueden ser todas las novedades, o toda la novela rosa, o lo que sea... Son dos clientes diferentes, pero, cuidado, son dos formas de disfrutar de un libro... Puede ser que mucha gente quiera comprar libros de Murakami, García Márquez o Vargas Llosa para conservarlos en la biblioteca y prefiera otros libros de entretenimiento, como la novela histórica, con la que disfrute leyendo pero que no quiere guardar en casa...



P. El editor parece el capitán de un barco, y el mar convoca dos sensaciones: soledad y miedo. ¿Tiene usted ahora alguna de esas dos sensaciones?



R. Si me permite bromear, soy muy bueno en natación y por eso el mar no me da mucho miedo. El mar te produce una sensación de profundo respeto porque sabes que tienes delante una ola muy fuerte que te puede arrastrar. En el mundo literario ocurre más o menos lo mismo... Producir libros es la cosa más simple. El trabajo de un editor es entregar los libros al lector de una forma clara e inteligible y eso solo lo puedes hacer a través de tus colecciones y de tus sellos. Y desde el punto de vista de la gestión, de la que también me encargo como publisher [el responsable global de una editorial], de eso es de lo que me encargo. La empresa se construye alrededor de la figura de los editores; ellos son el corazón del negocio. Mi receta es muy simple, es la única que conozco y es la que aplico en América, en Europa, y hasta ahora ha funcionado. Nada de soledad o de miedo. El miedo empieza cuando empiezas a olvidarte de esto y subes la producción para llegar a una facturación que es efímera, a recoger devoluciones...; es entonces cuando el mar te hunde y acabas como en la película La tormenta perfecta.





P. ¿Estamos en una tormenta?



R. No, no es ninguna tormenta. Estamos en el momento del gran cambio por lo que ocurre con el digital. Un momento en el que debemos tener las agallas de renunciar a los privilegios que hemos conseguido, y que nos han mantenido como líderes hasta ahora; es un momento para reinventar nuestro trabajo; como todos los momentos de cambio, este puede ser doloroso, incómodo, porque como mínimo hasta ahora lo controlabas todo, lo sabías todo de tu mundo. Ahora hay que asumir riesgos, hay que tener mucha curiosidad, experimentar y, sobre todo, estar entrenados para equivocarnos. Quien en los próximos cinco años no se equivoque, y no se equivoque de manera importante, creo que no llegará a los diez años.



P. Ya hay riesgos. El pirata está ahí esperando a que sea rentable robar libros.



R. Sí. La piratería es un hecho muy serio, muy doloroso, en algunos países más que en otros.
Pero, si me lo permite, los piratas son los únicos que conocen de verdad los best sellers.
 Para un autor, ser pirateado es casi una satisfacción porque significa que está vendiendo mucho.
¡El pirata nunca se equivoca...! Ahora, hablando seriamente, el asunto de la piratería es correcto combatirlo todo lo que se pueda, pero si le digo la verdad, la responsabilidad de la piratería (hablo de la digital sobre todo) la tienen los editores...
La música no tenía barreras de idioma, la vendían muy cara, te obligaban a comprar un cedé para que terminaras escuchando una sola canción. A nivel comercial, esto era sin duda un estímulo para piratear.
Todos hemos pirateado música; a los doce o a los quince años hemos grabado una canción de un disco para darle una casete a una novia que nos gustaba. Creo que no hay nadie en el mundo que no lo haya hecho. Por tanto, no hay que asustarse por eso.



P. Pero es un problema para el editor...



R. Cuando la piratería se convierte en un fenómeno económico tan relevante, no es la policía la que lo tiene que solucionar.
Hay que buscar una solución económica a nivel editorial. Para el libro, sin duda, ha sido la edición de bolsillo, que no ha tenido hasta ahora un desarrollo completo ni en el mundo de habla hispana ni en el italiano. Pasará lo mismo con el libro digital. Piratear el digital es mucho más fácil.
 Y además, si el consumidor digital quiere algo, lo quiere ya, no está dispuesto a aceptar los planes de la editorial. Lo quiere ya, y si lo encuentra en otro sitio, lo piratea.



P. ¿Así de fácil?



R. Yo no soy un pirata, pero me cargo los Beatles en mi iPod si no los puedo comprar. En el digital, lo que los editores tienen que entender cuando digo que perdemos el poder es esto: nosotros no mandamos ya, ya no decimos: "Esto te lo doy, esto no te lo doy". Alguien dice: "Si no me lo das, lo encontraré, existe en algún lugar del mundo...". Tenemos que cambiar nuestra actitud, perder el poder significa que no mandamos nosotros y que tenemos que respetar de verdad al consumidor.
Respetarlo significa darle lo que quiere y al precio que quiere.
Tenemos que cambiar nuestra mentalidad, saber construir una estructura económica que pueda aguantar este cambio.
 Si no somos capaces, no mereceremos seguir como editores.
 Eso se llama selección natural. ¡Creo que Darwin sigue siendo mi luz!



P. ¿Todo el poder es del consumidor?



R. No. El poder lo tienen el escritor y el consumidor. El editor es un intermediario, un contacto.
Lo que hará es poner en contacto al escritor con su público, que también cambiará porque es un público que tiene una comunidad de intereses, ya no es el público de antes que todos conocíamos. No. Se sabía quiénes eran aquellos a los que les gusta la novela rosa en la que hay sexo...
Con la novela digital estamos vendiendo mucho más el sello de la novela rosa porque hay mucha gente que se avergüenza de ir por la calle con un libro rosa. Y se lo lee en el digital.
Como pasaba con el porno, que lo llevabas dentro del Financial Times...
Por volver al principio, ¿pierde poder el editor? Sí, por supuesto, tiene que perderlo.
El poder lo tiene el autor que escribe, y mi trabajo como publisher es ponerle en contacto con su público.
 Si no, el autor me dejará por otro que sabe cómo llegar a su público.
Antes el problema principal era saber distribuir y llegar con la distribución, y eso era verdad tanto para el editor grande como para el pequeño. Ahora no hay distinción entre el editor grande y el pequeño.
La herramienta ha bajado tanto el coste que ya no existe esa diferencia. Ahora no hay excusas para decir que uno no consigue ser exitoso porque es pequeño y los grandes grupos lo están matando. Ahora se va a ver de verdad quién vale algo.

12 mar 2011

Rodajes malditos con final feliz o todo lo contrario

La historia del cine está llena de películas gafadas desde su origen. En la primera década del siglo XXI son varias ya las que se unen a la lista, como 'El hobbit' o 'El capitán Trueno' .
En las entrañas de la Montaña Solitaria vive un dragón que custodia un tesoro.
Un grupo de enanos y un pequeño ser, un hobbit, van en su busca.
Tratan también de recuperar de las garras de la bestia las tierras que pertenecieron a un legendario rey enano.
Es la Tierra Media de J.R.R. Tölkien en El hobbit, la novela que precedió y que sirve de prólogo a la trilogía de El Señor de los Anillos y que, desde hace seis años, Peter Jackson trata de convertir en dos películas.
En la novela, según avanzan en su camino, los personajes se encuentran con impedimentos cada vez más complicados en su búsqueda de Smaug, el dragón. Obstáculos díficles como los que se ha encontrado Jackson con la adaptación al cine de este libro publicado en 1937.
Es uno de esos proyectos malditos, enredado, que parece que nunca saldrá adelante. La historia del celuloide está llena de películas gafadas memorables. En algunos casos con desenlace feliz, como Lo que el viento se llevó.
En otros tantos, con el abandono definitivo y un final en el olvido -el Napoleón de Stanley Kubrick-. Llevamos solo una década de siglo XXI, pero hay ya una lista de películas infortunadas famosas: El Hobbit, El hombre que mató a Don Quijote, la nueva de James Bond, El Capitán Trueno...




Con El Hobbit, primero fue una disputa legal, ya resuelta, sobre los derechos de la producción.
 Después llegaron los retrasos en la escritura del guión y la dificultad para encontrar financiación y director.
Cuando éste apareció -Guillermo del Toro-, harto por los retrasos, se salió del proyecto para desarrollar otras películas y no estar ligado al rodaje en Nueva Zelanda durante tres años más. Al menos le dio tiempo a participar de forma activa en la escritura de los guiones junto al equipo habitual de Jackson.
Entonces la crisis económica se asentó con fuerza y las arcas del estudio Metro Goldwyn Mayer (MGM) se hundieron.
 Mientras duró el parón por la cuestión económica, llegó el momento de buscar un nuevo director (sonaron nombres como David Yates, Neil Blomkamp o Sam Raimi).
Contra todo pronóstico, sobretodo el suyo, Jackson asumió por completo el mando para dirigir él las películas.



El acuerdo alcanzado en 2010 entre MGM y Warner Bros para sacar adelante el rodaje parecía poner fin a la travesía por la Tierra Media en busca de Smaug, pero no. Ya instalados del todo en Nueva Zelanda, un incendio destrozó parte de las miniaturas para la película. Los problemas continuaron cuando un sindicato de actores intentó boicotear el inicio del rodaje durante las negociaciones de las condiciones laborales. Esto hizo que Warner se planteara llevar el rodaje a Irlanda, lo que causó un gran revuelo y numerosas manifestaciones en Nueva Zelanda. Resuelta de forma favorable el convenio, cuando parecía que por fin iba a comenzar el rodaje, a Peter Jackson le operaron de urgencia de una úlcera el miércoles 26 de enero.
Nuevo parón hasta que se recupere -a mediados de febrero le dieron el alta- y última incidencia hasta la fecha. Según 3Foot7, una de las compañías productoras, el rodaje comenzará a finales de este mes el 21,fecha elegida "considerando distintos puntos de interés del rodaje, la disponibilidad de los actores y la estación en la que estaremos en Nueva Zelanda".
 El estreno está previsto para 2012. Si el gafe lo permite.



"¡Por Santiago y cierra España"!



En España también las superproducciones se complican.
Ha pasado más de medio siglo desde que Victor Mora y Miguel Ambrosio crearan al Capitán Trueno.
 Un personaje tan cinematográfico (debe mucho a las versiones de Hollywood de Ivanhoe y demás aventuras medievales) que parece increíble que no llegara antes a la gran pantalla. No ha sido por falta de ganas.
 En los años 90, el cineasta Juan Piquer Simón (Slugs, muerte viscosa),intentó impulsar un proyecto que nunca salió a la luz. Al inicio del siglo XXI fue Juanma Bajo Ulloa el que decidió implicarse en el proyecto, con la escritura de un guión que nunca se rodó.



En 2002, Maltés Producciones se hizo con los derechos.
 Su fundador, Pau Vergara dirigiría la película (finalmente es el productor). Pero hasta 2010 no se consigue plantear el rodaje. A poco de empezar el rodaje, con título definitivo El Capitán Trueno y el santo grial, el baile de nombres no cesa.
Para la dirección se habla de Daniel Calparsoro (Salto al vacío), pero finalmente toma el mando Antonio Hernández (En la ciudad sin límites).
Para Trueno sonó al principio Álex González, pero finalmente es Sergio Peris-Mencheta. Para la rubia protagonista, Sigrid, firman a Elsa Pataky, pero al final es Natasha Yarovenko. El único que se ha mantenido desde el principio es el deportista Manuel Martínez, que es Goliath. En agosto de 2010 comenzó el rodaje, que ya está en posproducción. Tras más de una década de tiras y aflojas, y con un presupuesto de diez millones de euros, está previsto que en octubre de este año oigamos en el cine la famosa frase del personaje: "¡Por Santiago y cierra España"!. Y será en 3D.



En España hemos visto otros proyectos importantes que también han costado lo suyo, como El embrujo de Shangai o la producción de Manolete.
La primera cambió de las manos de Victor Erice a Fernando Trueba tras diversos problemas con la productora, lo que causó cierta polémica cuando Trueba decidió no usar el guión que tenía preparado Erice a partir de la novela de Juan Marsé.
 Los tres años en los que Erice trabajó en la película quedaron patentes con la publicación del guión que nunca se rodó.
La segunda, producida por Andrés Vicente Gómez y con Adrien Brody y Penélope Cruz al frente del reparto, nunca ha llegado a estrenarse en España (en Francia lo hizo hace un año y en otros países ha salido directamente en DVD).
 Rodada en 2006 con un gran presupuesto, se anunció en numerosas ocasiones su estreno: para el 60 aniversario de su muerte en 2007, para Cannes en 2008, 2009, para marzo de 2010.
De fondo parece que hay graves problemas de financiación y una deuda de la productora que impide su estreno en nuestro país.



Gilliam y su Quijote



Uno de los ejemplos más claros de un proyecto maldito es el de Don Quijote del director Terry Gilliam. Dos veces ha intentado sacar adelante su particular visión de los personajes de Miguel de Cervantes con El hombre que mató a don Quijote y dos veces se ha dado de bruces encontrando molinos inamovibles donde él solo veía gigantes que vencer.
En septiembre de 2010 Gilliam anunció su segundo fracaso en el Festival de cine americano de Deauville (Francia), cuando ya tenía cerrado el reparto con Robert Duvall y Ewan McGregor.
Problemas financieros para una película que cuando comenzó a rodarla por primera vez en 2000 se encontró con adversidades imposibles de superar: la enfermedad del entonces protagonista Jean Rochefort (tenía 73 años), tormentas, riadas que destrozaron los decorados, instalaciones poco preparadas, aviones militares que sobrevolaban el rodaje e interrumpían el mismo...
Todo está registrado perfectamente en el documental Lost in La Mancha, de Keith Fulton y Louis Pepe, que se presentó en el Festival de San Sebastián de 2002.

La intención estaba ahí BORIS IZAGUIRRE

. .En mayo de 1989, Isabel Preysler acudía a una visita con su médico, embarazada de su hija con Miguel Boyer. En un coche próximo, otra hija esperaba.
Al divisarla, Paloma Ruiz-Mateos salió rauda y arrojó contra la futura madre una tarta de crema. Preysler, ágil, ya había entrado a la consulta y la tarta impactó contra la puerta.
Paloma sostendría después que "hubiera deseado que la tarta le alcanzara la cara, solo llegó al vestido".






Una hija de Ruiz-Mateos intentó agredir a Preysler hace 22 años



Las monjas de Zaragoza guardan su dinero con la estética de 'Casino'

La prensa conservadora opinó que los problemas de la familia Ruiz-Mateos con Miguel Boyer por la expropiación de Rumasa deberían dirimirse en los tribunales.
En el país de las polémicas, muchos dudaban del resultado de la intentona y deseaban ver la prueba. Isabel salió de la consulta, impecable.
 Preguntada por el incidente, observó que restos de la tarta afeaban la acera. "La intención estaba ahí", fue su respuesta.



Ruiz-Mateos ha vuelto a la quiebra, 22 años después del incidente.
Fiel a su histrionismo escénico, el anuncio rodeado de sus hijos varones, similares al punto de la clonación, ofrecía una imagen que por momentos parecía sustituir a las vírgenes soldados de Gadafi por este blindaje de encorbatados.
 En los días siguientes los protagonistas de la foto decidieron hacer públicas las cartas no siempre respondidas entre los empresarios y sus banqueros, Emilio Botín y Javier Peralta.
Su lectura ha descubierto un filón para entender las vicisitudes de una familia muy católica en un mundo dominado por el mal.



Las cartas pueden dividirse entre las que se escriben en ordenador, que evidencian engaños amparados en mercadotecnia, y las más jugosas, escritas en tarjetones con membrete neoaristocrático y a mano por el propio Ruiz-Mateos.
También pueden dividirse entre las que se envían a Botín y las que recibe Peralta, donde el tono es siempre halagüeño pero matizando el nivel de importancia de cada uno. Botín es propietario, Peralta, aunque jefe de riesgos, no deja de ser empleado.



Y también pueden dividirse entre las que se escriben en los últimos años de bonanza económica y las que suceden después de la hecatombe de septiembre del 2008.
En las fechadas en aquel todavía feliz 2007, Ruiz-Mateos envía unos DVD de fiestas familiares en Córdoba.
A medida que todos nos hundimos en la crisis, las cartas se oscurecen, las amenazas subyacen más reveladoras, las peticiones más ahogadas.
La única cosa que permanece igual son los tarjetones.
En uno de ellos se cuela que la familia al completo ha concedido una misa en nombre del banquero en la capilla de su residencia, orando no se sabe si para bien o para mal a un banquero amigo que insiste en distanciarse.



En el mundo pagano, algunos dioses tenían la dualidad de otorgar el bien o infligir el mal. En esas misas privadas de los Ruiz-Mateos esta dualidad se exhibe envuelta en incienso. En marzo del 2010, los Ruiz-Mateos obsequian a Peralta con una talla de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, de donde es la abuela de Peralta.



Atrapados en el sincretismo (la inoculación de lo divino con lo mágico), los Ruiz-Mateos asocian que la coincidencia puede indicar: "1) Probablemente a Castro le quede poca vida. 2) Probablemente abriréis una sucursal en la isla, y 3) Propaguéis allí la fe mariana". Ruiz-Mateos aparece como un empresario religioso que cree en los milagros, de la misma manera que un chamán amazónico cree en el aliento del tigre para enfrentar defensas territoriales.
Cuando en el panorama no hay más que desolación, su febril mano en tinta negra suplica a Botín "no nos dejes caer" casi emulando aquella misiva también desesperada de la administradora de Gescartera, Pilar Giménez-Reyna, anotando en su agenda "Dios, asístenos" ante el dedo de la ley apuntándola directamente.



En un país mayoritariamente católico, es lógico que sus millonarios también lo sean. Seguramente, no solo en la familia Ruiz-Mateos se cohesionen la fe y la acumulación de riqueza.
No solo a ellos les suceden desgracias.
Unas monjas de Zaragoza han visto esfumarse alrededor de 450.000 euros de su convento.
En un principio denunciaron el robo de 1,5 millones en "ahorrillos" en billetes de 500 y guardados en bolsas negras, adoptando una estética entre el Casino de Martin Scorsese (1995) y Entre Tinieblas de Pedro Almodóvar (1983).



El dinero, que no es nuestro Dios, era fruto de sus trabajos de encuadernación, sin duda milagrosos.
Y también de las pinturas de una de ellas, Isabel Guerra, conocida como "la monja pintora".
La confusión de números es entendible al carecer de conocimientos serios de arquitectura financiera, aunque probablemente más de un inversor quiera saber cómo se consigue este milagro económico.
El dinero ha querido unirlo todo, a los Ruiz-Mateos y a las monjitas.
 Apena sospechar del entorno de las monjitas en el robo; uno desearía para ellas mejores compañías.
Y qué mejor compañía que la compañía de Jesús.

Un Sónar con aroma americano

Más Sónar, más electrónica, pero con acento yankee.
El compositor Steve Reich abrirá el día 16 de junio en el Auditorio Barcelona la 18 edición del Festival Internacional de Música Avanzada y Arte Multimedia Sónar 2011, y durante tres días concentrará el mapamundi de la electrónica actual, mientras que el Sónar Galicia se desarrollará en A Coruña los días 17 y 18 con treinta artistas, y según la organización "es un evento homologable totalmente al de Barcelona".








Para desmenuzar temática el festival valga esta lista: La música estadounidense, la evolución de los ritmos urbanos británicos y la esencia techno de muchas de las propuestas son algunos de los ejes sobre los que se articulará la programación del Sonar. Por partes, primero Estados Unidos.
 Además de Steve Reich, el pabellón norteamericano estará representado por Janelle Monáe, Atmosphere, los miembros del sello Tri Angle, Dominique Young Unique, The Gaslamp Killer, el experimental Tyondai Braxton, así como A-Trak, responsable del éxito bailable Barbara Streisand, con el grupo Duck Sauce.



Techno y variedad



Como ejemplo del salto de la bass music británica a la electrónica de masas estarán en el Sonar Magnetic Man, Pearson Sound, Ms. Dynamite, Floating, Africa Hitech y una de las nuevas figuras, Katy B. La esencia techno está asegurada con Aphex Twin, Scuba, Silent Servant, Shackleton, Actres, Apparat, Surgeon, Global Communication, Lory D.



La programación, como acostrumbra a pasar, realiza un juego de equilibrios entre figuras consagradas como Underworld, Aphex Twin, The Human League, M.I.A., Global Communication o Chris Cunningham, y talentos emergentes como Nicolas Jaar, el colectivo Numbers, Floating Points, Dominique Young Unique o Toro & Moi.



Finalmente, los tres directores del festival, Enric Palau, Sergi Caballero y Ricard Robles, han mostrado su solidaridad con el director del Festival de Sitges, Ángel Sala, por la situación que vive por proyectar la película A Serbian film.
"Desde el festival apoyamos al director del festival de Sitges porque está pasando por una situación absurda", ha dicho Ricard Robles en nombre de los tres.
No han querido decir nada más.



A nivel económico, y ante la crisis económica, el Sónar ha revelado que la presente edición del evento cuenta con un presupuesto de 3,7 millones, muy similar al del pasado año.