Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

6 mar 2011

Amparo y desamparo ELVIRA LINDO


La suerte, la salud, las buenas compañías, las malas, el dinero de la familia, la educación, el cariño, el país de origen, la suerte, la voluntad, los genes, la cobardía, la suerte, el carácter, el físico, la inteligencia práctica, la creativa, la emocional, la historia, la historia íntima, la valentía o la temeridad, la combinación de todos estos factores y de mil factores más.

Ah, ¿qué determina una vida? Existen ideologías absolutas que proclaman que la vida solo estaba supeditada al factor económico
; hay religiones que nos ven como peones en manos de la voluntad divina; hay culturas, como la americana, en las que se carga sobre los hombros del individuo toda la responsabilidad del éxito o el fracaso, y otras, que tienden a aliviar el peso y a poner el destino en manos de la suerte; hay fanáticos de la genética que piensan que el destino del individuo está escrito en su ADN.Una vida o un hecho están sometidos a tal multiplicidad de factores que las predicciones resultan imposibles
Amparo Muñoz era un espíritu cándido, sin astucia para dosificar su belleza y entregarla a quien la mereciera
Y qué estrecha es cualquiera de estas visiones, por mucho que algunas estén disfrazadas de racionalidad.
 La visión más sofisticada que los científicos nos transmiten hoy sobre la realidad es que una vida o un hecho están sometidos a tal multiplicidad de factores que las predicciones resultan imposibles.
 Lo pienso mientras leo las necrológicas, las crónicas bienintencionadas o los comentarios morbosos sobre la vida, pasión y muerte de Amparo Muñoz.
Solo la vi una vez, a principios de los ochenta, creo que entrando en los estudios de la radio. Entonces pensé, es la mujer más guapa que he visto nunca. Ahora pienso, es la mujer más guapa que recuerdo
. Solo me pareció comparable a otra belleza que contemplé al natural, la de Whitney Houston, en una hamburguesería de Los Ángeles, vestida con vaqueros y gabardina y coronada con una especie de tocado africano. Esta imagen de diosa era previa, por cierto, a su deterioro físico por el consumo de crack.
Siempre me ha perturbado el destino fatal de las personas bellas.
 Tal vez porque entre todos los factores que intervienen en nuestro destino el atractivo físico es una carta de presentación al mundo como hay pocas. ¿Qué hay en la desventura vital de Amparo Muñoz (o lo que sé de ella) que tanto me conmueve?
 Imagino que algo hay en esta historia que me recuerda a la de algunas mujeres que he conocido.
Decía un personaje de Érase una vez en América que se reconoce a los ganadores desde el puesto de salida. No estoy de acuerdo.
 En esa generación cuya juventud atravesó los años ochenta había posibles ganadores que se quedaron tirados a mitad del camino, o que tuvieron una vejez prematura, de dientes perdidos e innumerables enfermedades asociadas a la mala vida.
¿Eran mejores que los que no cayeron en la droga? En absoluto, puede que fueran los más temerarios, que les faltara el necesario instinto de autoprotección o que su adicción estuviera estrechamente relacionada con una pasión amorosa o con una malentendida camaradería. Pero buscar culpables es no haber conocido la época.
 La droga estaba por todas partes y el discurso que frivolizaba sobre su uso era el signo de los tiempos. Conocí algunas jóvenes como Amparo Muñoz, no de belleza tan apabullante, pero sí con un atractivo como para que los hombres volvieran la cabeza
. O la perdieran.
Cuántas veces recordando a aquellas chicas he tenido la sensación de que había algo en la mezcla de belleza y carácter audaz que las predestinaba desde la niñez a una ruina prematura.
 Pero es absurdo, esos espíritus valientes podrían haber empleado su exceso de audacia en algo para lo que también hace falta un gran valor: construirse una existencia sólida y verdadera. En los últimos días de su vida una Amparo ya fantasmal recorría las desoladas calles del barrio de la Palmilla en Málaga.
Algunos cámaras televisivos acudieron al olor de la desgracia y especularon sobre un desenlace fatal. Cuando hablaban en los corrillos rosas sobre la misteriosa enfermedad que padecía se hacía un silencio que pretendía revelar aquello que no podía nombrarse. Ya en los años ochenta hubo quien tuvo prisa por matarla. Le diagnosticaron una fase terminal de sida. Así, en titulares. Qué asco. Como si fuera una acusación de la que la víctima debiera defenderse.
Los mismos que la mataron hace más de veinte años ahora rumiarán su muerte. Es el personaje perfecto para los rumiantes. 
No se acaba nunca de masticar: la Miss Universo que lanza la corona por la ventana, la vividora, la drogadicta, la actriz, la mujer de amores frustrados, la que vuelve a un barrio humilde después de una larga y desdichada aventura a esperar la muerte. 
Y yo añadiría, y puede que hasta no me equivoque, la del espíritu cándido, inocente, que no tiene la astucia o la picardía como para dosificar su belleza y entregarla a quien la merezca, y que en esa falta de criterio o de mecanismos naturales de defensa se deja llevar de la mano del más cretino hacia el peor de los mundos.
Todo lo que las demás chicas envidiaron de ella, la belleza y el arrojo, se vuelve en su contra. Esto es lo que yo añado o invento de esta historia, por creerla parecida a la de otras Amparos que conocí de cerca. El escritor, a fuerza de hacer conjeturas, a veces acierta.Si no has sido bella nunca sino del monton, por no decir fea, nunca entenderàs lo dificil que es evitar la envidia y buscas un refugio, en este caso a Amparo su nombre la llevo al lado contrario, Desamparo.
Y que felices son las feas viendo el declive de una mujer que hasta la pareja más pintada la miraba sin verte a ti.

Amparo Muñoz

 Ya lo dijo Machado:"Se miente más de la cuenta/ por falta de fantasía:/ también la verdad se inventa".

Pe

Penélope es Bella

Arte feliz DAVID TRUEBA

La guerra de los Balcanes continúa alzándose como una señal de aviso para todos aquellos que se creen resguardados de los conflictos bélicos por pertenecer a la aburrida vieja Europa. Llega a Canal + el documental Hermanos y enemigos (Once brothers), que cuenta la ruptura entre los antiguos compañeros en la brillante selección yugoslava de baloncesto. El reportaje televisivo es una producción del canal temático ESPN para conmemorar algunas de las hazañas deportivas más memorables de los últimos 30 años. Vlado Divac, desde el retiro dorado tras triunfar en los Lakers de Los Ángeles, repasa sus relaciones con Drazen Petrovic, aquel fenómeno irrepetible que murió en 1993 en un accidente de tráfico cuando viajaba dormido en el coche que conducía su novia por una autopista alemana, mientras los rumores aseguraban que el dueño del equipo griego Panathinaikos había firmado un cheque en blanco a los Nets de Nueva Jersey por su traspaso.

La distancia entre ambos jugadores se impone, pese a los triunfos de aquella selección mítica que ganó el Europeo de 1989 y el Mundial de 1990 derrotando a los soviéticos en Buenos Aires. Petrovic, croata, y Divac, serbio, ejemplifican la insultante sinrazón que la guerra impone. Las banderas, los discursos inflamados, los deseos de secesión, los agravios soberanistas, no está de más recordar lo fácil que es incendiar la convivencia. El vestuario de la selección yugoslava es una metáfora perfecta de la destrucción de vínculos, de la perversa tentación del odio.
La tumba de Petrovic en Mirogoj puede que sea un símbolo nacional croata, pero para Divac es el epicentro de la imposible reconciliación. La muerte con tan solo 28 años de Petrovic hace imposible restañar las heridas. Aquel jugador que en un año en el Real Madrid puso patas arriba nuestras canchas nunca podrá darse la mano con el viejo compañero Divac. El documental muestra el reencuentro de Divac con Toni Kucoc o Dino Radja, también jugadores croatas y compañeros en la antigua selección, o con los padres de Petrovic.
Robert Graves escribió que la guerra es la extinción de todo arte feliz. Incluyamos por un día el baloncesto entre esas artes rotas por la guerra, esa que impone, siempre en versos de Graves, el deber de volverse locos.

Vargas Llosa triunfa en México

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Tras recibir del presidente Calderón la Orden Mexicana del Águila Azteca, el escritor dijo sentirse especialmente conmovido al ser agasajado en un país al que él criticó duramente en el pasado llamándolo "la dictadura perfecta". Vargas Llosa, que sigue dispuesto a inaugurar la Feria de Buenos Aires mientras no le retiren la invitación, estuvo acompañado por el escritor mexicano Carlos Fuentes y por el historiador Enrique Krauze.