Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

21 feb 2011

Rivalidad DAVID TRUEBA

Los publicitarios saben que la rivalidad entre dos productos mejora sus ventas.
 El deporte enseña que las grandes rivalidades fortalecen.
En el fútbol americano, los Green Bay Packers se odian con los Chicago Bears desde 1921.
En el béisbol la rivalidad entre los New York Yankees y los Red Sox de Boston deja las relaciones entre Barça y Madrid en una carantoña amistosa.
 Mis adorados Corinthians, que fueron gloriosos en los tiempos de ese cerebro con botas de fútbol llamado Sócrates, alimentan su odio hacia el Palmeiras desde 1914.






Pero la rivalidad en los medios muchas veces no estriba en hacerlo mejor, sino peor. Alimentar la información con la pasión sin matices de un Boca-River desnuda al ejercicio periodístico de toda su complejidad.
Lo llaman periodismo de trinchera, pero es más bien periodismo de barra brava, aunque el hooligan lleve corbata y tenga carrera.
 El fan da más satisfacciones que el espectador exigente.
 En esas batallas, pierden el periodista y la sociedad; uno se descalifica como árbitro; el otro se queda sin campo de juego.



La Academia de la Televisión ha homenajeado al periodista Luis Mariñas, fallecido en diciembre.
Como símbolo de su labor recordó el debate que moderó entre Felipe González y Aznar en mayo de 1993. En aquella Telecinco, Mariñas armó un rincón para poner a las rivalidades en el lugar donde más rinden, en la exigencia, el debate, la seducción.
 Quizá por culpa del resultado de aquel cara a cara, estuvimos castigados sin debate entre candidatos, hasta que Zapatero aceptó sentarse frente a Rajoy tras sus primeros cuatro años de Gobierno.
 Saquen la cuenta de los años transcurridos y del pánico al debate.



En recuerdo a Mariñas, los organizadores convocaron a González y Aznar, pero ni la agenda ni las ganas les permitieron volverse a reunir.
 Les ampara el derecho a una jubilación tranquila.
 Si las rivalidades no encuentran el terreno donde enfrentarse con limpieza, terminan por monologar para fieles y convencidos: la hinchada. La gente prefiere el fútbol, porque cada dos semanas, hasta la estrella más mimada está forzada a jugar en campo rival.

El español Collet-Serra conquista la taquilla de Hollywood

Un español se le ha subido a las barbas a Hollywood y parece que no tiene intención de bajarse de allí.
Unknown, la última demostración de que Liam Neeson es uno de los actores más listos de la meca del cine, se ha colocado número uno en la siempre desconcertante taquilla estadounidense, y su director, Jaume Collet-Serra, parece dispuesto a asumir una importante subida en su caché.
 Esto último lo dicen los 21 millones de dólares (15 millones de euros) que han llevado a su película a lo más alto y el hecho de que competía con un enemigo de aupa, I am Number tour, una de esas películas para jovenzuelos que acostumbran a arrasar entre los adolescentes.
Sin embargo, ni el hecho de estar producida por Michael Bay (Transformers) ni sus apabullantes efectos especiales fueron suficientes para acabar con el tándem Neeson/Collet-Serra.
 El barcelonés ya es un veterano de Hollywood, con cintas como La huérfana, Gol 2 y Casa de cera.





Y es que la reconversión de Neeson de actor con carácter a repartidor de tortas ha sido uno de los fenómenos más extraños que el cinéfilo ha presenciado en décadas: primero fue Venganza, aquel filme con zapatones de serie B donde el irlandés interpretaba a un ex-espía que ponía Paris patas arriba para encontrar a su hija, dejando en el esfuerzo docenas de cadáveres, electrocuciones varias, tiros de gracia y un sinfín de mandobles.



Ahora llega Unknown, otro traje a medida para Neeson (hasta en el cartel se huele la influencia de Venganza) en el que éste interpreta a un hombre que despierta del coma solo para descubrir que alguien se ha agenciado su vida y se pasea por ahí con ella.
El doctor Martin Harris (nombre del protagonista de Neeson) no se andará con chiquitas para recuperar lo suyo.
 En España Unknown llegará a finales de abril con el título de Sin identidad.



Crítica dividida



La crítica se ha dividido por la mitad y mientras unos reconocen que la película es un impecable vehículo de entretenimiento puro y duro otros la azotan por su infumable guión y los inacabables giros de la trama.
 La cuestión, diga lo que diga la crítica, es que el filme ha triunfado, superando las expectativas de sus responsables y colocando a un exiliado español en el punto de mira de los grandes estudios, ansiosos por disponer de un cineasta que igual sirve para un roto que para un descosido, con obvias habilidades para la dirección de actores y que nunca levanta la voz ni causa problemas.



Seguramente en el éxito de la película también tendrá que ver aquello que contaban hacen dos semanas en The Hollywood Reporter, cuando hablaban de cómo los veinteañeros habían abandonado en masa la costumbre de acudir a las salas.
 Eso deja espacio a producciones más maduras, con actores cuya entidad es de sobras conocida y que buscan refugio en la parte más veterana de la audiencia.
De momento la teoría y la práctica se han dado la mano.
En el futuro Dios dirá.